Lo que más me apetecía cuando volvimos de viaje era ver a nuestro pequeño ahijadito, así que después de todo un día de descanso, llamamos para ir a verlo y nos dijo su papá que se habían ido unos días a la playa así que quedamos en que nos avisara para ir el día que le viniera bien para acercarnos a verlos.
Pasados unos días nos llamó y nos dijo que al día siguiente sería un buen día, y a pesar de que en dos o tres días estarían de vuelta, nos apetecía verlos, así que dejamos lo que teníamos que hacer y nos acercamos a verlos.
A nosotros nos dió mucha alegría verlo, pero él se volvía loco queríendonos enseñar todas las cosas que había descubierto esos días, donde se bañaba, donde jugaba, la piscina, los columpios, como se lavaba los pies después de la playa y las huellas que dejaban sus piececitos en las losas, sus zapatillas de cars, los nuevos cochecitos que le había comprado su madre, el vídeo con su cantajuegos que tantas veces hemos visto y oido y como bailaba con él, su habitacion, ….. En fin todo un mundo de sensaciones que para él, entre la novedad del sitio y la alegría de vernos eran como ir descubriendonos y compartiendo todo lo que había estado viviendo durante esos días.
Y bueno también me dió gusto ver a mi amiga-vecina, porque ese día aunque tenía una cara de puro cansancio, me pareció más relajada y menos distante, a pesar de pillarle por sorpresa nuestra visita ya que nuestro amigo-vecino no le había dicho nada, quizás para que pareciera más casual y la sorpresa se mantuviera hasta el final.
Estuvo bien. Paseamos, vimos las atracciones, nos reimos con el pequeño montado en el cochecito de cars dando vueltas, nos comimos un helado y ya de regreso, lo peor, ver como nuestro pequeñito ahijadito se enfadó y se puso lloroncito porque no quería que nos fuéramos. Menos mál que en unos días lo volveríamos a ver.
Está llegando el final del verano Ángela, y no quiero, no quiero que venga septiembre, no quiero que llegue octubre. Pero el tiempo no se para y sigue arrastrando nuestra pena. Te queremos.
Mostrando entradas con la etiqueta amiga-vecina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amiga-vecina. Mostrar todas las entradas
miércoles, 14 de diciembre de 2011
TODO CAMBIA EN UN MOMENTO
EN CASA TRAS NUEVE MESES
Me hubiera gustado escribir algún que otro día durante el mes de agosto, pero la verdad es que entre el cambio en los blog, mi dificultad para poder entrar algunas veces debido a ese cambio, los ajustes que no terminaban de solucionar y que el verano se me ha pasado super rápido, me encuentro hoy aquí día 1 de septiembre dispuesta a seguir relatando mis vivencias para desahogarme, para ayudarme a reflexionar, a darme cuenta de muchas cosas que a veces pasan desapercibidas y que es cuando te decides a dejarlas reflejadas por escrito cuando te das cuenta de muchas de ellas, para poder quizás, poder ayudar con ellas a verse reflejadas en algunas de las sensaciones que vivo a otras personas y como siempre y principalmente el objeto de este blog, que es servir de homenaje a la memoria de mi hija Ángela.Pues bién, continuando con el post anterior, diré que pasaron los días y llegó el día de vuelta de las dos que vendrían por la tarde y esa mañana estaba mi amigo-vecino poniendo todo en condiciones y ya en la puerta a punto de irse a recogerlas lo oi con mi pequeño ahijadito y salí a saludarlos. El pequeño al verme después de tantos días y supongo que con el cúmulo de cambios en tan poco tiempo, me miró, sonrió y salió corriendo hacía mi con su habitual alegría a darme un gran abrazo y recibir un millón de besos de su maina.
Después saludé a mi amigo-vecino y pregunté como estaban las dos, cosa que pude comprobar unos dias después cuando una vez ya instalados y descansados de los dias en el hospital me acerqué a verlas. Bueno en realidad a quien vi fue a mi amiga-vecina porque a la pequeña tenía que pasar algún tiempo hasta que yo pudiera estar preparada, pero en fin, me alegró verla y ver que estaba bien y recuperandose poco a poco.
Ella me preguntó como me encontraba yo, y le dije que bien, que en realidad después de los primeros días en los que voy asimilando y después del malentendido pues, bien. Y no sé si es por el biomágnetismo, porque es ella o incluso porque a pesar de haber estado más cerca de este embarazo que de cualquier otro hasta casi el final después de Ángela, no tenía verdadera conciencia de que la pequeña vidita estuviera ya con sus papas. Es gracioso, pero me cuesta verla como mamá de los dos pequeños. Sea por lo que fuera estaba mentalmente fuerte y haciéndome a la idea de ver a la pequeña en unos pocos días si me seguía encontrando así.
¡Ay mi pequeña! otra nueva esperanza en el mundo que viene en forma de bebita y tu mi amor, siendo mi mayor esperanza que lejos se fue. Te queremos.
DOBLE SATISFACCIÓN. POR MI, POR TI.
Veo continuamente bebés por la calle, más grandes, más pequeños, niños, niñas, riendo, llorando, durmiendo o disfrutando de sus primeros días de vida y no puedo evitar quedarme mirandolos, volverme incluso cuando ya han pasado para seguirlos con mi mirada hasta que los pierdo de vista.Sin embargo el primer paso para poder ver a un bebé de alguien conocido pasado poco tiempo desde el nacimiento fue con mi última sobrinita que pude verla con tan solo un mes y medio y que además cogí en brazos, pero creo que la barrera he terminado de pasarla con la hija de mi amiga-vecina ya que a pesar de tener más o menos una semana me decidí a verla y la verdad, me sentí bien, sin tristezas, sin agobios y además con el sentimiento de pensar que de esta forma también contribuía a ayudarlos y que se sintieran más a gusto sabiendo que no me causaba dolor el echo de verlos con la pequeña.
Mi satisfacción era doble, ya que por un lado había dado un paso más, bastante grande para mi, y por otro creía poder estar devolvíendoles un poco de tranquilidad a sus vidas al podernos ver afrontando esta nueva etapa con serenidad y alegría por ellos.
Y la ví y era clavadita a nuestro ahijadito, sólo que con el pelito negro y más grande que él cuando nació y me hizo gracia cuando mi amigo-vecino me hizo referencia a este echo diciéndome si había visto lo grande que era, cuando en realidad y a pesar de ser cierto que era más grande, yo como hacía tanto tiempo que no veía un bebé de tan poco tiempo tan cerquita me parecía super pequeñita.
Ya se lo dijemos en su momento, que nada podrá cambiar el dolor que sentimos por Ángela, pero es algo que nos acompañará en nuestras vidas a pesar de volver a vivir buenos momentos, momentos felices y alegrías como es el caso del nacimiento de su nueva hija y que sería igual aunque hubiéramos sido nosotros los que tuviéramos otro hijo, así que sólo espero que disfruten de su hija con la seguridad y tranquilidad de saber que no sufrimos al verlos con ella.
Te quiero mi pequeña, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Te queremos mi ángel.
QUERIA AYUDAR Y ALGO CAMBIO
Unos meses antes me enteré de que un ser querido para mi amiga-vecina se estaba muriendo y ante este echo y encima teniendo en cuenta que estaba embarazada quise estar un poco más pendiente de ella, preguntándole, visitándola, queriendo organizar reuniones, salidas o comidas para que pudiera estar entretenida.Aunque esa era mi intención, no pude estar todo lo pendiente que quise ya que me coincidió la dichosa intervención que me estaría dando la lata durante bastante tiempo y que me limitó a la hora de poder hacer ciertas cosas, sin embargo procuraba preguntarle con frecuencia para que supiera que si le apetecía hablar o quizás poder desahogarse podía contar conmigo.
En los primeros días de la pequeña, falleció esa persona y teniendo en cuenta que además yo ya había dado el paso para ver a la bebita y ya sin miedo a que me pudiera afectar pensé que quizás le haría bien mi ayuda para lo que quisiera, o simplemente se sentiría tranquila viendo mi actitud de superación.
Sin embargo parace que el efecto fue el contrario. Quizás por querer estar tan pendiente de ella, por querer o creer que la podía ayudar, porque no terminaba de sentirse relajada con la chiquitina cuando yo estaba, o bien por un poco de depresión post parto junto a la muerte de ese ser querido, o todo junto a la vez, ya no lo sé muy bien, la cuestión es que se ha sentido agobiada y de forma consciente o inconsciente se ha ido separando de mi.
Al principio pensé en hablar con ella, pero he preferido dejar pasar el tiempo y no agobiarla más si es eso lo que ha motivado ese alejamiento, y si es otra cosa pues supongo que en algún momento me lo dirá.
Lo cierto es que es una situación que me ha motivado una gran tristeza y ansiedad por no saber que lo genera, porque lo curioso de todo esto, es que desde que me enteré de la enfermedad de ese familiar, lo único que he querido es que me sintiera más cerca, igual que ella lo estuvo de mi. Es como la necesidad de poder devolverle un poquito del cariño y comprensión que me dió durante tantos meses. Pero supongo que a veces nuestras mejores intenciones no siempre son las más acertadas, ni las que más convengan a la otra parte.
Por las noches mi último pensamiento es para ti, Ángela, porque ojalá pudiera dormirme soñandote. Te queremos.
martes, 22 de noviembre de 2011
ENFRENTANDOME A LA VIDA
SENTIMIENTOS CONTRADICTORIOS
Los días seguían pasando. Había pasado un mes y volvimos a la casa en la que teníamos de vecinos pared con pared a nuestros amigos que habían tenido a su hijo dos semanas antes que mi hija. No nos habíamos visto, aunque un día sí y otro no, él llamaba a Juan Carlos. Para nosotros era duro, pero para ellos sé que fue horroroso, sé que lo pasaron realmente mal, por eso Juan Carlos habló con él y le dijo que habíamos pensado instalarnos, que aún no estábamos preparados para verlos pero que en ningún caso queríamos que ellos estuvieran violentos, y que si en algún momento se angustiaban nos lo dijeran.
Las semanas siguientes fueron de sentimientos contradictorios. Había momentos en los que el dolor era tan grande que mi forma de intentar soportarlo era pensar que no había estado embarazada, que no había ocurrido. Otras veces no podía aislarme y cada noche recreaba una y otra vez aquel tortuoso día, aquella pesadilla que le costó la vida a mi hija. Otros días quería estar de nuevo embarazada, como para pensar que todavía no había ocurrido nada, que aún había tiempo. Pero al final del día, la realidad volvía a mí.
Muchos días oía llorar al bebé de mi amiga-vecina y cuando no podía conseguir que se callara, sé que se ponía muy nerviosa y que incluso se lo llevaban a las habitaciones que quedaran más lejos de la casa para evitar que lo oyéramos. Pero en esos momentos, yo no sentía tristeza, mi único pensamiento y mi deseo era poder ir a cogerlo y consolarlo. Era un sentimiento de protección hacía él y no sé, como una necesidad para mí.
Todos los días hablaba con mi amiga-psicóloga, me desahogaba un rato y le contaba los sentimientos que iba teniendo y al comentarle lo de los llantos del bebé me dijo que posiblemente experimentaría los sentimientos que he descrito.
Ya después de tres meses, un día que psicológicamente me encontraba más fuerte, le dije a Juan Carlos de acercarnos a ver a nuestros amigos-vecinos. Los llamamos para comentárselo y fuimos. Nos abrió él, y nos abrazamos y nos dimos dos besos, acto seguido ella salió y se abrazó a mí llorando. Ya después al entrar al salón vimos al pequeño en la maquita. No lo habíamos visto desde hacía tres meses. Estaba tan cambiado. El pequeño volvió su pequeña cabecita y nos miró. Fue un momento duro, pero a la vez de sentimientos reconfortantes, por el apoyo y el cariño tan grande de ellos y porque quizás, ellos mejor que nadie, sabían como lo estábamos pasando. Hablamos, lloramos, nos abrazamos y su cariño y generosidad se fue haciendo más patente.
Ángela cielo mío, te habríamos hecho ¡tan feliz! Te quiero mi vida.
DEJARNOS COMPARTIR
Desde el reencuentro con nuestro amigos-vecinos, el contacto fue un poco más continuo. El llamaba a Juan Carlos para preguntarle y ella me llamaba a mí. Los dos a nuestro lado. Un día me llamó y me preguntó como estaba y si me encontraba con fuerzas para quedarme un rato con su hijo, poque ella iba a salir. Yo le dije que sí, que me lo dejara, que "me encontraba bien". Y se fue. Y me dejó a su hijo. Y sé que le costaría un mundo dejar a su hijo tan pequeño. Y sé que lo hacía para dejarme disfrutar el poder sentir el calor y el cariño del pequeño. Y esos ratos que pasaba con el chiquitín me reconfortaban. Me ayudaban a poder exteriorizar los sentimientos de amor que llevaba dentro. Y los disfrutaba, meciéndolo, mirándolo, sintiendo su contacto. Y sé que el estaba a gusto porque se dormía placidamente durante bastante rato y cuando se despertaba me miraba y no se extrañaba. Cuando Juan Carlos llegaba y oía la tele floja, ya sabía que el pequeñín estaba conmigo durmiendo. A él también le gustaba esa sensación. También le gustaba cogerlo y poder exteriorizar ese cariño. Y me lo dejó varias veces más. Y sé que es parte de su generosidad. Sé que de alguna forma intentaba poder compartir a su pequeño. Que pudiéramos poder sentir esas sensaciones que no nos habían dejado disfrutar de Ángela.
Cuando íbamos a su casa y pillaba la hora del baño, ella aprovechaba para dejarme a solas con él para que yo lo vistiera y pudiera hacerle cualquier carantoña o mimo y me sintiera con toda libertad. Incluso un día me dijo si quería bañarlo yo, pero la verdad no me atreví.
Me gustaba tanto ver a Juan Carlos con el pequeño en brazos. Lo había imaginado tantas veces con mi hija en brazos, y me dolía tanto que lo hubieran privado de eso y de tantas cosas.
Teníamos momentos malos, muy malos pero esos ratos que nuestros amigos-vecinos nos hacían compartir con su hijo, nos ayudaban a sacar las emociones, los sentimientos, a pesar de que la tristeza estaba ahí, el dolor estaba.
¡Cuantos sueños rotos, Ángela! Vida mía.
IR DANDO PASOS
Los días seguían pasando. Las semanas seguían pasando. Habían pasado las navidades. Las tristes y solitarias navidades. Había pasado el 27 de enero. Hacía un año que mi hija había empezado a crecer dentro de mí. Santa Ángela. Nunca podré olvidar ese día, igual que muchos otros en los que mi hija nos hizo sentir la felicidad plena. Y ahí seguíamos. Intentando luchar. Intentando vivir con el dolor. Intentando ser fuertes por ella y el uno por el otro.
Habían pasado casi cinco meses y aún no conocíamos a la hija de nuestros otros amigos (la pequeña que había nacido prematura 18 días después que mi hija). Hicimos un esfuerzo y con un nudo en el estómago fuimos a conocerla. La pequeña a pesar de tener casi cinco meses era chiquitina, como había nacido con casi dos meses de antelación, pero a la misma vez estaba gordita. En un momento en que mi amiga salió y la pequeña se puso a llorar, yo la cogí y al entrar ella y verme con la niña en brazos le dio mucho sentimiento y me dijo que se le hacía muy duro verme con la pequeña en brazos. Pero no me importó, aunque fuera duro tenía que ir intentando ir pasando obstáculos. Y ellos se lo merecían. Estuvimos poco tiempo y con el alma encogida le dije que comprara algo para su hija y nos lo dijera para darle el dinero. Lo que ella eligiera sería nuestro regalo. Y nos dijeron que el mejor regalo era que hubiéramos hecho el esfuerzo de ir a conocer a su hija. Para ellos era regalo suficiente. Y nos fuimos. Cogidos de la mano. Con la sensación de haber hecho algo bueno, pero con el corazón roto.
Y llegó febrero. Y para que me diera tiempo a recuperarme físicamente y estar psicológicamente un poco más fuerte, me habían citado en esas fechas en el juzgado para ratificar la querella y prestar declaración. Y fuimos Juan Carlos, una cuñada y nuestro abogado. Y ratifiqué la querella y como cada día volví a revivir aquel tortuoso día y se lo relaté a la funcionaria. Lloré, de dolor y de verme en aquel sitio pensando en el motivo por el que estaba allí. Pero había que hacerlo. Ya no quedaba otra cosa que intentar luchar porque se hiciera justicia. Yo ya no pensaba en mi dolor, en el de Juan Carlos, lo que más me torturaba era lo que le habían hecho pasar a mi hija, con lo fácil que hubiera sido salvarla.
Ángela, mi bebé, mi hija. El tesoro de tus padres.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)