Mostrando entradas con la etiqueta fuerzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fuerzas. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de marzo de 2012

DAME TU MANITA PARA DARME FUERZAS

Ángela sabes que te tengo presente cada día de mi vida. Cada mañana al despertarme y cada noche al acostarme. En los días en los que el sol sale para darnos luz y calor y el los días en los que la lluvia lo ensombrece todo, aunque a mi estos días no me disgustan especialmente, me siento como más recogida, más arropada.......

Y da igual si estoy en compañía o no, porque sola nunca estoy, tu siempre estás y además procuras que no se me olvide porque cuando parece que ando despistada, ahí que aparece una Hello Kitty, bien en un globo, bien en la ventanilla de algún coche, o en la camiseta de alguna niña, o en una piruleta, o unas galletas. ¡Madre mía, si es que ahora ya hay tanta cosa de Hello Kitty!, que mire donde mire ahí me dices tú: "¡mami sonríe porque estoy cerquita!"- y hace efecto, porque al instante sin darme cuenta mi cara dibuja una sonrisa de oreja a oreja y miro como una tonta alrededor esperando poder vislumbrar algo, una luz, una sensación, no sé, pero sé que tú estás ahí y eso me alegra.

Ahora mi amor, sabes que llevo una temporada que voy un poquito al trote entre dos vidas paralelas que me hacen querer estar fuerte fuerte para poder superar esta etapa, que sé que va a ser dura, lo sé, tanto una como la otra van a requerirme un esfuerzo mayor que el que llevo hecho hasta ahora y aunque yo quiera estar fuerte, y quiera luchar y quiera estar en lo más alto de la montaña rusa para poder superar estos obstáculos que ahora nos toca sortear, se que no puedo sola y que hay y habrá muchos momentos en los que las fuerzas me fallen y necesito, mi amor chiquitín, mi angelito del cielo, mi hija, mi pequeño gran tesoro, que no me sueltes, que me cojas fuerte con tu manita y no me sueltes hasta haber llegado al final, porque en una, hemos luchado y sufrido mucho para llegar donde estamos y en la otra nos hemos dado ésta última oportunidad y ha de ser con la mejor de nuestras energías. Una empieza ahora y la otra puede que empiece o puede que llegue al final, pero sea como sea quiero poder dar lo mejor de mi misma en las dos y podré conseguirlo si cuando me sienta flojear, tú me mandes un soplo de aire fresco que a mi me llegará como el más dulce y delicado besito de amor.

Y sabes, desde hace una semanas, al mirar por la noche al cielo para mandarte un besito a la estrella más gordita, me he fijado que en vez de una hay dos, aunque una es mayor que la otra y no están al lado, sino que una está por encima, como cuidando y vigilando a la otra y me ha dado por pensar que seguro que es mi madre, tu abuela, que como eres pequeñita y a ti solita te costará sostener mi mano, ella a decidido poner también su granito de arena para ayudarte a tirar de mi. Es como cerrar el círculo alrededor mío. Gracias mi vida por ser, por estar. Gracias por cada día en los que aunque no te vea puedo tener la oportunidad de saber que estás y gracias por todo el amor que haces que mi corazón pueda sentir.

Te queremos vida mía.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

ÁNGELA, DAME FUERZAS

Ángela, cuando pienso que lo tengo superado, que puedo vivir con ello, que tengo suficiente capacidad para borrar el recuerdo cuando viene a mi mente, que creo estar convencida de que en el fondo soy afortunada por todas las cosas que tengo, incluso llego a pensar que soy especial porque Dios me eligió para darle un ÁNGEL, entonces, mi amor, me doy cuenta de que no soy tan fuerte y necesito ayuda, necesito mi vida que me ayudes, desde allá arriba, necesito que le des fuerzas a mi corazón, necesito que me ayudes a vivir porque si no puedo, si este dolor sigue siendo tan intenso, entonces a veces me pregunto , "si no hubiera sido mejor morir aquel día".

Sí, después de convencerme de que siempre estará ahí y de decidir poder llevar los dos caminos paralelos, de querer llevarlos, de querer poder vivir, le pedí a mi hija que me ayudará. Le pedí que me diera fuerzas y me hiciera ver y sentir que ella está bien, que es feliz.

Le pedí que no se enfadara conmigo por haber tomado esa decisión, porque no haría cambiar mis sentimientos por ella, que no se trataba de olvidarla, de borrar lo que sucedió, de dejar de amarla como lo amaba, simplemente se trataba de poder vivir y necesitaba que ella comprendiera, que me apoyara.

Le pedí que se sintiera feliz cuando me viera alegre y que por ello no creyera que me olvidaba, todo lo contrario, quería que al sentirme feliz, al verme bien ella pudiera estar más cerca mio, participando de ese instante como una parte importante de mi corazón.

Recuerdo, que cuando empecé a recuperarme un poco de la muerte de mi madre, yo me decía que ella había sufrido mucho y que por lo tanto en esos momentos en los que yo sufría tanto no quería que ella me viera y se sintiera impotente por no poder hacer nada, asi que si me sentía feliz o tenía momentos de alegría ella estaría conmigo participando de ellos. Y ese mismo pensamiento es el que quiero tener con Ángela, porque cuando uno está bien, el corazón rebosa de todo lo bueno y parte de todo lo bueno son ellas, asi que, me agarraré a ese pensamiento con fuerza para poder sentirlas muy cerca cada vez más.

Nunca lo olvides hija mía, pase el tiempo que pase, y ocurra lo que ocurra en mi vida, siempre te querré con todo el alma. Te queremos.



REALMENTE, QUIERO Y DESEO

Creo que después de mucho tiempo intentando superar el día a día, intentando volver a la normalidad, intentando nuevos procesos para volver a ser madre, realmente fue cuando decidí llevar los dos caminos, cuando le pedí ayuda a Ángela, cuando por fin me di cuenta de cuanto deseaba volver a ser madre, volver a sentir vida en mi cuerpo.

Fue entonces cuando creo que por fin me sentí preparada para poder volver a afrontar un nuevo milagro de vida. Quería volver a ser madre. Realmente lo quería. Tenía miedo a lo que pudiera sentir pero estaba segura de que me haría feliz.

Puede que no vuelva a conseguirlo pero ahora ya estaba dispuesta a poder tener todas las maravillosas sensaciones que una vez tuve con Ángela. Ya no tenía que convencerme, ya no tenía que engañarme. Lo iba a intentar porque una vez Ángela me descubrió ese mundo, porque quería poder compartir tanto amor que quedó en mi corazón y que es ese amor que sólo a un hijo puedes darle, porque sé que lo tengo todo con Juan Carlos y por eso sé, que puedo ser fuerte, sin esperar nada, sin sorpresas, sin milagros pero queriendo, deseando y sabiendo que ahora estoy preparada.

Así que ahora más que nunca iba a desear con todo mi corazón al pequeño embrioncito congeladito que aún teníamos esperándonos y que ya formaba parte de nosotros, pero como siempre y a pesar del deseo, sabiendo como siempre hemos sabido que muchas veces no es lo que uno quiero, que es un proceso duro y que al final es la naturaleza la que decide. Pero yo quería poder ayudar a la naturaleza a través de mi corazón y del convencimiento.

Ese més nos iríamos al viaje que teníamos previsto y ya para la siguiente regla llamaríamos a la clínica. Sin embargo hubo una sorpresa que hacía mucho, mucho tiempo que no había vuelto a experimentar y en la que no había vuelto a pensar. Ese mes no sólo se me retrasó la regla sino que tuve todo tipo de síntomas y aunque no quería pensar en un embarazo, cada día de retraso me hacía ilusionarme un poco más, hasta el punto de terminar comprando un test de embarazo. Pero como no podía ser de otra forma, dió negativo. ¡Qué tonta, pensar que quizás......! Al final vino la regla, nos fuimos de viaje, nos olvidamos, nos reimos, cambiamos de aires.

Mi angelito del cielo, tu llama hace que mi corazón anhele volver a sentir esa sensación para poder compartir todo lo que nos quedó. Te queremos.



PALABRAS QUE SUENAN EN EL CORAZON

Mi pequeño ahijadito sigue dándonos motivos de alegría y felicidad. Siempre digo que tiene ángel, que es especial. Realmente lo creo porque tiene una sensibilidad especial hacía nosotros que nos hace llegar hasta lo más profundo de nuestro corazón y que consigue que olvidemos por momentos los duros recuerdos a pesar de tener a veces sentimientos compartidos.

Igual que para andar había sido muy adelantado, para hablar le estaba costando más, pero ahora que empezaba con sus primeras palabras era una risa porque como todos los pequeños cuando empiezan a hablar, lo hacen como se suele decir, con media lengua y el pobre se pone tan explicado hablando pensando en que tu lo entiendes todo y tienes que hacer malabares mentales para descifrar que te está diciendo y cuando no lo consigues él se queda mirándote como diciendo: "pero eres tonto, si lo estoy diciendo muy claro".

En cualquier caso hubo una palabra que empezó a entendérsele enseguida y que como siempre consiguió derretirnos, ya no sólo porque la dijera, sino por la efusividad con la que la decía y la alegría que demostraba por saber a quien llamaba y es que cuando empezamos a oir llamándo a su PAIIIIIIIIIIIINO, el corazón nos desbordó felicidad.

Entonces era "paino" para acá, "paino" para allá. " El paino se ha io", "el paino va veni". Todo el día así y era para comérselo. A mí le costó todavía algunos días más pero en cuanto le cogió el truco y se dió cuenta que sólo tenía que cambiar la m por la p, empezó a llamar a su MAINA.

Y es que al final lo consigue, consigue siempre que cualquier duda que podamos tener nos la haga más facil sabiendo como sabemos que con cualquier gesto de cariño de él, cualquier gracia dirigida a nosotros o cualquier palabra que nos haga mención nos hace pensar que quizás si sea posible que si tuviéramos otro hijo, pudiéramos volver a experimentar la alegría e ilusión que una vez vivimos con Ángela.

Realmente, como me dijo mi psicóloga-amiga, está consiguiendo que el embarazo de su madre, mi amiga-vecina lo pueda estar llevando de forma más natural y normal porque creo que el pobrecito va a pasar más calenturas con su nueva hermanita de las que podamos pasar sus PAINOS y eso nos dá mucha pena. Pero será una buena terapia para todos, porque tendremos que ayudarnos emocionalmente unos a otros.

Sé que estas a nuestro lado. Te haces sentir de las formas más inocentes, por eso se que intentas hacernos llegar tus sonrisas. Te queremos.

martes, 29 de noviembre de 2011

NO HUBO SUERTE

POCO TIEMPO DE ILUSIÓN
Esa misma noche de Noche Buena, llamé a mi hermano, el que se había ido de viaje con mi padre, para darle la noticia y que se sintiera feliz y contento por mí. De mis dos hermanos, este es el que más pendiente y preocupado ha estado de mí, y ha sufrido pensando que no tenía ninguna forma de poder ayudarme, de poder aliviar un poco nuestro dolor y por eso quise que ese día, aun estando lejos se sintiera más cerca de mí y de esos nuevos momentos de felicidad.
Yo me seguía encontrando contenta-triste, con la normal mezcla de sentimientos pero de nuevo intentando tener los mejores pensamientos positivos, intentando disfrutar de cada sensación que notaba, alegrándome si me tenía que levantar por la noche al cuarto de baño, si notaba los ruiditos que me hacían las tripas o los pequeños pinchacitos que sentía y aunque ya me movía un poquito seguía sin salir a la calle, sin pasear, sólo me movía por mi casa y tampoco mucho. Y por fin llegó el 31 de diciembre. Ese día me iban a hacer la primera ecografía pero el día anterior había manchado un poquito, a penas nada pero lo suficiente para ir preocupada y con miedo.
Ya en la consulta se lo comenté a la ginecóloga y al hacerme la ecografía me dijo que se veía un embrión con su vesícula biliar, pero era todavía chiquitín y ante mi sangrado me dijo que prefería repetirme la beta. Y me sacaron sangre. Y de nuevo la espera y la incertidumbre. Y llegó la llamada. No eran buenas noticias. La beta había subido, pero no lo suficiente para pensar que el embarazo iba bien. Y quedamos en hacerme otra dos días después.
Esa noche íbamos a cenar con los padres de Juan Carlos y uno de sus hermanos con su mujer y mis sobrinos que todavía no sabían nada. Cuando se lo dije, mi cuñada se alegro y se emocionó mucho, pero les tuvimos que decir que la cosa no iba bien y aunque nos dijeron que mantuviéramos la esperanza, en nuestro interior ya sabíamos que no acabaría bien. Estuvieron toda la noche pendientes y muy cariñosos con nosotros, sobre todo conmigo, y como nos llevamos muy bien, me hicieron pasar una buena noche y aunque estuve en reposo y sólo me levanté para cenar, consiguieron que por unos momentos, se borrara del pensamiento la idea de perder el embarazo.
Dos días después, me repetí la beta y se confirmó. La cifra estaba bajando. Me dijeron que dejara de ponerme la medicación y que en unos días empezaría a manchar. Estaba de cinco semanas y tendría un aborto natural. A pesar de lo que me habían dicho, yo seguía acariciándome la barriga y seguía hablándole, era como si no quisiera dejar de creer hasta ver la evidencia. No se hizo esperar, en dos días ya lo estaba perdiendo.
Mi pequeño gran tesoro, después de ti todo es más fácil porque tú eres la niñita de papa y mama. Te queremos.


MIRAR HACIA DELANTE
A pesar de la evidencia, me dijeron que tenía que ir repitiéndome la beta hasta que diera negativo para confirmar que todo hubiera seguido su curso natural y no hubiera ningún problema. En la consulta, al hablar con mi ginecóloga me dijo que lo sentía, pero que intentáramos ser positivos pensando en que todavía nos quedaba un embrioncito congelado. En ese momento me daba igual. Yo lloraba y le decía que si ya de por sí el proceso es psicológicamente muy duro, en nuestro caso todavía era mayor dadas las circunstancias. Ella me dijo que intentara no seguir pensando hacía atrás, que por desgracia ya no se podía hacer nada. Le dije que lo intentaba, que cada día era una lucha por mirar hacia delante, pero que en momentos como esos la muerte de mi hija me dolía si cabe con más fuerza, porque mi hija no había muerto de una enfermedad, mi hija estaba sana y había sido un proceso muy duro hasta llegar a ella. Ángela murió porque no se hizo nada por ayudarla a nacer. No hicieron nada y ahora podríamos tener a mi hija y sin embargo tenemos que estar pasando de nuevo por los miedos, las incertidumbres, las esperas, las ilusiones o decepciones. Y todo, todo, lo hubiera vuelto a pasar después de Ángela, pero de otra forma y con menos angustia, pero ahora era distinto.
Bueno, fueron unos días malos, sin embargo me acordé de lo que me dijo mi amiga de la misma calle unos meses antes, y es que "lo peor que nos podía pasar en la vida, ya nos había pasado", así que, aunque deseaba este embarazo, aunque estaba feliz de nuevo, aunque otra vez fue un palo y me sentía triste, realmente no lo pasé tan mal como en mi primer embarazo y primer aborto. Realmente, el golpe más duro ya nos lo habíamos llevado.
Ahora tocaba recomponerse, seguir luchando, seguir mirando hacía delante y pensar que dentro de lo malo, me había vuelto a quedar embarazada y que aún podíamos conseguirlo. Queríamos seguir creyendo y después de todo lo andado, ahora no debíamos rendirnos, no debíamos dejar de intentar salir adelante.
Iba a llegar reyes y aunque nos hubiera gustado regalarle el mundo a Ángela, no podíamos, pero teníamos tres ahijados y de nuevo por ellos hicimos un esfuerzo y les compramos a cada uno su regalito. Para nosotros nada. Nos bastaba con tenernos el uno al otro. Y para mi pequeña, lo único que podemos llevarle, un ramito de flores junto con nuestro amor más intenso. También los reyes pasaron por allí para llevarle otro ramito. Como no, mi amiga-vecina.
Ahora mi amor, tu eres la mayor, y como los chiquitines no quisieron quedarse conmigo, tu tienes que cuidarlos, igual que con todo nuestro amor lo hubiéramos hecho por ti y también por ellos. Te queremos mi vida.

INTENTARLO PARA HACERNOS FUERTES

NUEVA OPORTUNIDAD
Una vez que habíamos pasado el duro trance de llegar al primer aniversario sin Ángela e intentando renovar la ilusión y la esperanza, volvimos a retomar la decisión de intentar volver a ser padres y puesto que ya lo teníamos hablado con la clínica y ya me había puesto la medicación para preparar mi cuerpo, sólo faltaba que el embrión que estaba congelado sobreviviera a la descongelación. Esto sería el 19 de octubre.
Con la incertidumbre de no saber que habría pasado nos dirigimos a la IVI, con la mayor energía positiva de la que éramos capaces y la noticia fue buena. Podía someterme a la transferencia del embrión ya que sí había sobrevivido. De nuevo mi ginecóloga fue la que me asistió en quirófano y de nuevo se mostró muy cariñosa con nosotros deseándonos de todo corazón suerte y dándonos un emotivo abrazo.
Esta vez si lo sabían nuestros amigos-vecinos (nadie más), y ante un proceso nuevo para ellos, se mostraban expectantes, cautelosos, también en parte por no saber muy bien como mostrarse, ya que por un lado estaban contentos y por otro sabían nuestra mezcla de sentimientos y de nuevo el miedo al que nos enfrentábamos. A mi pequeño ahijado preferí no verlo en los primeros días porque me sería muy duro no poder cogerlo cuando me ofreciera sus bracitos. Y como dicen: ojos que no ven corazón que no siente", me resultaba más fácil así, pero lo echaba mucho de menos.
Pasaron los días, y como en las otras ocasiones, estuve de reposo, con precaución, intentando mantener mi ánimo lo más optimista posible, y aunque tenía miedo, está vez no fue tan duro como el otro intento que habíamos hecho antes del verano, en el que ya expliqué porque de ese temor, de ese pavor tan grande a no quedarme embarazada, ya que esa vez lo que yo quería era estar embarazada de nuevo de Ángela.
Unos días antes de la beta, oí a mi pequeño ahijado que estaba fuera con su padre y Juan Carlos, y ya no pude aguantar más y salí. Estaba en brazos de su padre y al verme se volvió como enfadado, pero al acercarme me volvió a mirar y me extendió sus brazos. Con la ayuda de Juan Carlos, que sostuvo su peso, abracé al pequeño que me devolvió un maravilloso abrazo que me estremeció hasta lo más profundo.
Y por fin llegó el día. Fui temprano a sacarme sangre y a media mañana, llamó mi ginecóloga para decirme que no había habido suerte. No había embarazo. Llamé a Juan Carlos y después le puse un mensaje a mi amiga-vecina porque sabía que estaban esperando. Lloré. Lloré y me desahogué y todo el optimismo que había intentado tener esos días se vino abajo. Sin embargo esta vez además de llorar por no conseguir el embarazo, lloraba por miedo. Tenía miedo a no poder quedarme embarazada de nuevo, a pensar que quizás Ángela era la única oportunidad que había tenido para poder tener un hijo. Mi amiga-vecina vino con el pequeño y al menos pude disfrutar de poder cogerlo, agacharme a jugar con el y verlo sonreír mientras lo zarandeaba en el aire. Ellos son la mejor medicina en muchos momentos.
Ángela, queríamos darte un hermanito, pero aún no es posible. Seguiremos luchando porque sé que siempre estarás con nosotros. Te queremos.


COGIENDO FUERZAS
Posiblemente el no quedarme embarazada con estos dos nuevos intentos nos iba a venir bien para ir encontrándonos, para ir volviendo al punto de origen donde una vez, la primera vez con el primer tratamiento, teníamos tan claro. Es decir, si me quedaba embarazada bien y sino, pues bueno dentro de todo teníamos suerte de tenernos el uno al otro, de querernos y llevarnos bien. Y además aunque no pudiéramos disfrutar de nuestra hija, ya éramos padres. Nos había hecho descubrir y disfrutar de ese amor durante nueve maravillosos meses. Nos había dejado soñar y a la misma vez vivir la realidad.
Sin embargo, ahora ese planteamiento que al principio teníamos tan claro, ahora se hacía mucho más duro. Ya no era lo mismo. Sí, nos teníamos el uno al otro, nos queríamos, nos llevábamos bien, pero ahora a pesar de tener miedo por no saber si volveríamos a tener un sentimiento tan grande como el que pudimos descubrir con Ángela, ahora, ya no era tan fácil, porque nuestro sueño lo tuvimos en la punta de los dedos, porque todo aquello que yo no conocía pero que gracias a mi hija pude experimentar, me llenó. Nos sobrepasó. Y es como si quisiéramos poder seguir disfrutando del resto de lo que tanto habíamos imaginado y que nos cortaron de raíz.
De todas formas, debíamos, necesitábamos, sobre todo yo, volver a poner los pies en la tierra. Necesitaba volver a ilusionarme, pero no a obsesionarme. Necesitaba saber que debía volver a luchar, desde el principio, intentando con todas nuestras fuerzas no atormentarnos por lo que ya sabíamos no tenía solución.
Si habíamos llegado hasta allí, si estábamos siendo fuertes a pesar de los pesares, queríamos volver a intentarlo. Mi cabeza empezó a hacer grandes esfuerzos por mirar lo positivo, por girar una y otra vez mis pensamientos hacía todo lo bueno, por intentar quitarme el miedo y por mirar hacia adelante.

¡Estas tan cerca mi amor y a la vez tan lejos! Te siento en mi corazón y en mis entrañas pero no puedo abrazarte ni besarte. Pero ESTAS vida mía, ESTAS. Te queremos.