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jueves, 16 de octubre de 2014

6 AÑOS. MI PEQUEÑA DEL ALMA

Hoy de nuevo 16 de octubre. 6 años sin mi pequeña y parece mentira como el cuerpo guarda recuerdo del dolor, de los momentos malos vividos, de lo sufrido aquel día. Es como eso que dicen del sol cuando te quemas, que luego hay que llevar cuidado porque el cuerpo es como si lo fuera almacenando y lo mantiene en recuerdo para sucesivas veces; pues esto es así. A pesar de tener una temporada bastante larga de estabilidad de mejoría, de no sentir ese dolor que te ahoga, hoy sin querer pensar, sin querer sentir, mi cuerpo me lo recuerda, mi alma me chilla, mi corazón lo siente. Hoy las lágrimas caen solas y la tristeza me embarga, me asola. Hoy sin duda, es el día más triste de mi vida y mi cuerpo me lo recuerda en todo mi ser.

Hoy como hace ya seis años, mi pequeño homenaje a mi hija entre otras cosas, lo hago a través de una carta que mando al periódico La Verdad y que como cada año, me han publicado.

MI PEQUEÑA DEL ALMA

Otro año más, mi pequeña del alma. Otro año más sin poder disfrutar de ti, de tus risas, tus juegos, tus travesuras propias de la edad que hoy cumplirías.
Otro año más sin tener una razón del por qué de tu ausencia, del por qué sin motivo.
Otro año más y ya van seis, sin poder ir viéndote crecer y disfrutar de la vida, y de todas las cosas buenas que tiene.
Otro año más sin poderte enseñar que, a pesar de todo, hemos aprendido a ir viendo, valorando y saboreando cada cosa buena que tenemos cada día - por pequeña que sea - y que los momentos malos nos han enseñado que debemos buscar los momentos buenos. Y que hay personas malas, egoístas, rencorosas, sin valores; pero también personas buenas, generosas, entregadas a los demás y con una infinidad de virtudes y cualidades de las que tratamos de aprender para ser mejores personas.
Otro año más buscándote entre las estrellas y sabiendo que estarás aún mejor, porque la abuelita Charo ahora está también contigo para darte mimos y cariños y todos los besos que tampoco ella pudo darte.
Mi pequeña del alma, tu ausencia nos dejó devastados pero, hija, nos dejaste tanto amor que quizás de alguna forma nos hace compensar la balanza y hacer que el corazón siga latiendo.
Ángela, intentaremos ganarnos el cielo con todas nuestras fuerzas para no perderte nunca más.
Te queremos.
Tus papás, Juan Carlos y Mª del Mar.
 
 
 
 
 
 
Felicidades hija mía, en el día en el que hoy hubieras cumplido 6 añitos. Celebrálo en cielo con todos los ángelitos, y con la abuelita Manoli, Charo y el tito Miguel.
 
Te queremos vida mía.
 
 
 

viernes, 14 de febrero de 2014

UNA CONEXIÓN EN PAZ

Una de las cosas que me han marcado de aquel horroroso día de angustia y miedo, en el que perdí a mi hija por unos desalmados, a parte claro está, del hecho en sí de todo lo que tuvimos que vivir, fue mi decisión de no querer ver a mi hija.

En aquel momento, en el que me lo propusieron, en el que me dijeron si quería verla, después de darme la noticia, de confirmarme algo que yo ya sabia antes de entrar a quirófano, mi respuesta primera fue de duda, de no saber que hacer, de querer pero a la misma vez de darme miedo, o quizás simplemente eso, no saber que iba a sentir, si podría soportarlo, si me moriría de dolor, si..... no sé, realmente no puedo explicar que es lo que sentí, que pensamientos me pasaron por la cabeza. Simplemente después de dudar y de escuchar a mi marido que me decía que era mejor que no, decidí no verla. No sé si estaba en shock, si me dejé llevar por el miedo de mi marido a que la viera y no pudiera aguantarlo o qué, realmente no lo sé y aún hoy me lo sigo preguntando. ¿por qué no tuve la fuerza y la valentía para verla, para tenerla en mis brazos, si ya todo el miedo, toda la angustia, todo el horror de ir viendo como moría, ya lo había pasado durante las horas previas?
Le pregunté a Juan Carlos "si es que estaba mal y por eso no quería que la viera" y el me dijo que no, que era preciosa, gordita, con unos bonitos mofletes y mucho pelito negro rizado. Pero él lo pasó tan mal, tan, tan mal teniéndola en sus brazos y tan quietita, tan palidita, que no quiso que yo pasara por eso.

Sea por el motivo que fuera aquel día, hoy por hoy sigo pensando que me equivoqué y que tenía que haberla visto. Es algo que ya no puedo cambiar y que al menos eso, ese instante, si pudiera cambiaría. Lo cambiaría todo de aquel, día, pero si me dijeran que no puedo y que tan sólo me conceden unos segundos, sería ese instante.
Me ha quedado una pena muy grande, no ya por mi, sino por ella, porque pensara que su mamá no fue valiente hasta el final como para poder tomarla en brazos a pesar de ............

Y bueno, como he dicho, sé que ya no se puede cambiar, y he tratado de provocar sueños donde poder recuperar ese instante a pesar de lo duro, pero no he podido. No ha llegado a mi, y es algo que he ido llevando, y llevando y llevando, pero sabéis que, he podido hacerlo a través de la acupuntura. Sí. He aprovechado las sesiones que tenía de acupuntura para poder recrear ese instante, de verme con mi niña en brazos, de sentirla, de verla, de darle besitos y de acariciarla.
Mientras estaba allí, en la camilla acostada, con la relajación que te proporcionan las agujas, la música con el mar de fondo o el sonido de pajarillos cantando, la penumbra de la estancia y mi deseo de querer conciliarme con ella y aquel instante. 

Las primeras veces era realmente doloroso, insoportable, insufrible, y a pesar de tener los ojos cerrados, mis lágrimas caían sin cesar y aún no sintiendo mi corazón desbocado, por el efecto relajante de las agujas, si notaba una cierta tensión y angustia aunque podía soportarlo, quería soportarlo.
Poco a poco, sesión tras sesión, fui sintiéndome mejor y a pesar de seguir sintiendo dolor y una gran tristeza, a la misma vez me sentía reconfortada. La imaginaba en mis brazos, y la podía acariciar y sentir, aunque lo que más me costaba visualizar era su pelito rizadito, como decía su papá que tenía, y sin embargo veía sus mofletes, sus ojitos cerrados, su manita apoyada sobre mi pecho. Y lo que en un principio me causaba agitación y tensión, después se convirtió en una sensación de paz, de sosiego, con pena, con tristeza enorme, tremenda, pero sin tensión. 
Al final, pude convertir esas sesiones en un momento de poder encontrarme cara a cara con ella y hacerle saber que la quería con toda mi alma. Más que por mí, yo lo que quería era que ella supiera que la amaba, que la amo, y que siempre será así. Ojalá que a través de estas sesiones ella haya podido sentir también esa conexión conmigo y haya podido percibir y recibir todo mi amor. Yo sólo quería que ella lo sintiera. Para mi es duro, pero lo importante era ella, es ella y aquel día no pude, pero he querido de alguna forma intentar compensar esa decisión que me pesaba tanto.

La acupuntura me ayudaba, me ha ayudado a relajarme, a regular de alguna forma el desequilibrio iónico, electrostático, del yin y yan o como puñetas se quiera llamar todo eso, pero el caso es que me siento más equilibrada, y sobre todo he podido sentir esa conexión con mi pequeña.

Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero hija mía. Te queremos.


viernes, 27 de enero de 2012

LA MAGIA DE HACE 4 AÑOS

Hoy es un nuevo 27 de enero. Santa Ángela.
Hoy de nuevo mi corazón se estremece y mis lágrimas brotan porque hoy mi amor chiquitín, hace cuatro años ya que empezaste a crear unos lazos con papa y conmigo que ya nunca nada ni nadie podrán borrar.

Hoy hace cuatro años un mundo nuevo empezó para nosotros, ya que este día aunque ya tenías unos diitas como embrioncito, te posaron en mí,  para ya nunca jamás irte de nuestro lado.

Ese día la vida fue más vida, el amor fue más verdadero, la mágia se hizo personita, y el mundo giró más rápido y todo a nuestro alrededor cobró un color especial, porque ese día mi amor chiquitín empezamos a ser tres unidos por una fuerza que nunca nadie conoció.

Y sigo mirando aquel día con gran emoción y estremeciéndome con cada recuerdo de todo lo que aquel pequeño gran milagro ha cambiado nuestras vidas, porque desde ese instante ya supimos que tú, mi amor chiquitín serías especial en nuestro corazón.

Hoy el cielo está llorando, porque hay días en los que el dolor es más intenso y aunque todos los días nos acordemos y te llevemos en el corazón, siempre hay días especiales y de especial significado emotivo para nosotros.

Han pasado cuatro años pero sigo esperando que todo sea un sueño y poder despertarme , y poder sentir la alegría y la emoción de saber que te llevaba dentro y poder poner mi mano en mi barriga y acariciarla diciéndote que te queríamos, que ya formabas parte de nosotros, que eras especial, que te agarraras fuerte, fuerte a mamá y que ibas a ser nuestra campeona (aunque aún no sabíamos por supuesto que íbas a ser niña, nuestra niñita).

Tengo tan grabados todos y cada uno de todos aquellos momentos, porque era el principio de toda una vida, porque aunque hoy no estés con nosotros físicamente, no hay una sola célula de mi cuerpo que no te tenga presente y en la que no hayas dejado tu huella.

Para papa tampoco está siendo fácil. Él como hombre, se hace el fuerte y no deja que los demás vean sus emociones, pero él cada noche sigue mirando al cielo y buscando a la estrella más gordita para enviarle su beso de buenas noches lleno de el más puro y verdadero amor.

Sabes cariño, nadie podrá nunca hacerse una idea de lo mucho, mucho, muchíiisimo que significas para nosotros, el amor tan grande que nos diste y la ilusión de vovler a creer despues de mucho sufrido. Eres especial por muchos motivos, pero sobre todo y ante todo porque nos han enseñado a vivir, a pesar de los pesares. Seguimos aprendiendo cada día a recoger lo mejor de cada cosa, lo mejor de cada persona, lo mejor de nosotros mismos.

Un día nos encontremos de nuevo, y ese día mi amor chiquitín, prometo no volverte a soltar de mis brazos. Te queremos con todo el corazón hija mía.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

PRIMER DOMINGO DE MAYO

MADRES E HIJAS
Hoy es el día del más puro y verdadero amor. Amor de madre. Hoy el mundo debe rebosar alegría, felicidad, buenos sentimientos, paz, cariño, magia...., energía positiva en el ambiente, porque hoy el corazón de todas las madres se ilumina más que ningún día para celebrar el triunfo de la vida.
Hoy cualquier madre se siente dichosa porque con su amor desinteresado y puro contribuye a hacer del mundo algo mejor.
Hoy todas las madres reciben de vuelta ese amor que cada día regalan y al menos por un día son lo más importante, porque son vida y dan vida.
Hoy el mundo debería pararse para celebrar el cálido beso que sólo una madre puede dar, porque para ella ese beso nace de lo más hondo y mejor de su corazón.
Hoy la vida nos dá la oportunidad de poder decir con palabras, lo que una madre cada día da con hechos, con gestos, con mimos, con caricias, con besos, con miradas, con risas complices, con abrazos.
Hoy es importante no dejar que vuelva a pasar el día sin saber que puede que mañana ya no haya un hoy y que como madres o hijas debemos sacar lo mejor de nosotras y saber apreciar con el corazón el verdadero significado de esa palabra y todo el amor y el sacrificio que conyeva.
Sin esperar nada a cambio, cada día una madre se entrega en cuerpo y alma a lo más preciado que la vida le ha dado y es justo que hoy nos demos cuenta y apreciemos esa entrega que cada madre nos dá como hijas y damos como madres.
A ti mamá, por tu amor constante, tu sacrificio, tus risas, tus palabras, tus besos, tus abrazos. Por estar siempre ahí, mama. Te quiero gorda.
A ti hija mía, como tu madre me siento orgullosa de haberte llevado en mi vientre, de haberte sentido, de haber recibido tanto amor, y de haber podido descrubir y experimentar la sensación de llevar vida. El milagro de la vida, Tú mi amor chiquitín, vida mía. Mi estrella más gordita.
A todas las madres, felicidades en el día en el que el mundo les reconoce todo lo que son. AMOR.
Gracias mamá por todo, y gracías Ángela por hacerme tu mamá. Os quiero.
(no he podido poner el vídeo directamente desde youtube, pero os pongo el enlace de este bonito vídeo dedicado a las madres)
Dios creo a las madres. De Paulo Coelho. (precioso)


viernes, 9 de diciembre de 2011

LOS RECUERDOS DEL CORAZÓN

EL AMOR NO SE MIDE EN TIEMPO

Tenía ganas de poder compartir las reflexiones, hechos, verdades y porque no, curiosidades reflejadas en el anterior post sobre los mitos de la pérdida de un bebé. Cuando lo leí realmente me ví reflejada en todas las cosas que ponía y que de una forma u otra he ido experimentando. Unas me han afectado más y otras menos, pero al final te duele, te duele enormemente que ciertas personas que deberían entender, que deberían saber, comprender, o al menos respetar como te sientes, no entienden, ni saben, ni comprenden y ni siquiera respetan. Y es triste. Muy triste, creer que el amor por un hijo se mide en tiempo. EL TIEMPO SÓLO TE DÁ MÁS RECUERDOS, NO MÁS AMOR.

Pero, ¿como hacerles entender a estas personas?. ¿Por qué tenerles que hacer entender? Juan Carlos me dice muchas veces que no le dé vueltas a la cabeza, pero ¿como no darle? Es mi hija, nuestra hija, y por poco o mucho que estuviera con nosotros, nuestro amor por ella es infinito y nuestro dolor por ella siempre estará. Cada día aprendemos a andar llevando esa mochila, pero tenemos que llevarla pase el tiempo que pase. Entonces si no entienden, si no saben, si no comprenden, ¿por qué no se molestan en saber?. ¿es que no les importa?, ¿es que mi hija les da igual?, ¿es que no tenemos derecho a sufrir por la muerte de nuestra hija?

Cada día Juan Carlos y yo hacemos un esfuerzo por sonreírle a la vida, porque la gente no sufra por nuestro dolor viéndonos mal, por dar pasos hacía delante aunque alguno tengamos que retroceder, pero siempre intentando ser fuertes y mirar lo positivo de las cosas y la gente. Hacemos esto por nosotros, pero también por la gente que nos quiere y le importamos y por esa gente que se supone que nos quiere y a la que se supone le importamos.

La que nos quiere y le importamos se alegran de nuestro esfuerzo y saben y comprenden. La que se supone que nos quiere y se supone que le importamos, en nuestro paso hacía delante, en nuestra sonrisa por no hacerlos sufrir, en nuestro empeño por hacer planes constantemente por estar distraídos, quizás ven una disminución del dolor, un olvido, un cerrar la puerta y no mirar atrás?, y ya ves, que equivocados están, si tan sólo se pararan a mirar dentro de nosotros y no sólo la fachada, se darían cuenta de que con cada paso, con cada sonrisa, con cada plan, nuestra hija siempre va con nosotros. ¿No entienden que aunque tuviéramos un millón de hijos, cada uno sería único, igual que ella? Ojalá aprendan a ver más allá.

Ángela hija nos dejaste tanto amor, que quizás es difícil que ciertas personas entiendan, porque tú mi amor, a pesar de ser tan pequeña, eres una inmensidad en el universo, de puro amor. Te queremos.



YA PARA SIEMPRE

"Alas de Ángel"


Dicen que, cuando un niño cierra los ojos en el mundo,

un nuevo ángel nace en el cielo,

Que cuando sus manos se cierran en la tierra,

dos alas se despliegan en la eternidad,

Dicen, que cuando un niño deja de palpitar,

un corazón limpio y puro late junto al de Dios,

Que cuando dos pies virginales dejan de caminar

un gran sendero, con flores y plantas, espera en lo más alto de la cumbre,

Dicen, que cuando un niño deja de vivir,

Dios lo recoge para que siga viviendo eternamente,

Porque un niño, es promesa e ilusión,

Es futuro y es siembra,

Es mañana y es sonrisa,

Es juego y travesura

Y, por ello mismo, porque es esperanza,

Un niño nunca deja de existir, sino que vive,

Vive porque dios, como creador,

no permite una obra inacabada,

No quiere que algo suyo se quede injustamente en el olvido,

Desea, que este mundo nuestro,

sea adornado por la belleza y la candidez,

la alegría y la espontaneidad... de un niño.

Por eso, cuando un niño cierra los ojos prematuramente,

Un nuevo ángel nace en el cielo,

Dos alas se despliegan en lo alto,

Un canto angelical se oye en el firmamento,

Un susurro celestial sostiene la tristeza del momento.

Hoy, un ángel existe en nuestra familia,

en nuestro corazón,

en nuestra fe,

en nuestra esperanza,

Su nombre es.. ANGELA MORENO VICENTE


Eres tú, mi hija, nuestra hija, desde el primer instante y ya para siempre. Te queremos.


UNA CASA EN EL CORAZÓN

Había estado dando largas al echo de que el verano ya estaba aquí y que ello implicaba el ir a la playa. A mi casa de la playa. Había estado intentando hacerme a la idea de que tenía que ir, de que me apetecía ir. Había estado inventando planes y más planes para volver mi pensamiento todo lo positivo que pudiera, pero conforme se iba acercando la fecha de veraneo, de disfrute de la playa, el sol, la arena, las vistas al mar desde mi terraza, los paseos al atardecer, los saludos y explicaciones a la gente a la que no había vuelto a ver desde hacía dos veranos cuando era toda ilusión con la llegada de mi niña, se me fueron quitando las ganas, se me fue viniendo el mundo encima y un agobio se apoderó de mi. De nosotros, porque en realidad a Juan Carlos le pasaba lo mismo que a mi.

Por más que quería sentir el privilegio de poder disfrutar de una casa en la playa, no pude. No pudimos. Y entonces me dí cuenta que ya después de la muerte de mi madre fue un esfuerzo el volver a esa casa, pero lo hice con la ilusión de estar embarazada, de que mi hija disfrutara de la casa de su abuela, con la alegría de imaginarla jugando en la terraza y luciendo su precioso cuerpecito a la orilla del mar. Pero ahora ya no había motivo. Mi madre no estaba y mi hija tampoco, así que para Juan Carlos y para mí en estos momentos de nuestra vida, esa casa sólo nos supone un dolor muy grande por las dos ausencias tan grandes en nuestra vida.

Al principio me daba lástima no ir, no querer saber nada de esa casa, por todo lo que habíamos vivido en ella y lo que significaba para mi madre, pero al final me dí cuenta que la casa es sólo el caparazón, es lo material, que la esencia y los recuerdos se llevan donde uno va, sin importar donde estés, porque se lleva en la cabeza y en el corazón. Así que podía alejarme físicamente de ella para no agobiarme y sentir rechazo, pero seguía teniendo todo lo bueno que me dejó, en el corazón. De todos los buenos recuerdos que tengo de mi madre allí, me quedo con su imagen comiendo milhojas y llenándose de merengue y azúcar y las partidas que nos echábamos al parchís hasta las tantas. Con Ángela me quedo con los momentos en los que Juan Carlos le decía que mi madre estaría contenta viéndola disfrutar en la casa de su abuela.

La vida son momentos, y de esos momentos depende que nuestros recuerdos sean lo más positivos que podamos para que nos ayuden a vivir en los malos.

Hija, eres la estrella más gordita del firmamento por eso siempre siempre, brillas con tanto amor. Te queremos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ULTIMOS PREPARATIVOS

PREPARANDO LA HABITACION

Durante el mes de agosto, tuve que ir a dos revisiones más. Una en la Arrixaca y otra por lo privado. Todo seguía bien. En la privada además me hicieron otra ecografía y su crecimiento seguía siendo normal. Su corazoncito cada vez era más grande. Toda ella, era ya una pequeña gran muñequita.

De vuelta de la playa, empezamos a comprar las cosas para montarle la habitación. Aunque dormiría en nuestra habitación, en la suya la pintamos, de azul porque a pesar de ser niña me gustaba ese color por ser relajante, le pusimos la lámpara, las cortinas con motivos infantiles, el mueble bañera, un sofá pequeño donde poder darle las tomas con tranquilidad, sobre todo por las noches, el carricoche, de momento la mini cuna (aunque después la pasaríamos a nuestra habitación), y el armario con todas sus cositas, que poco a poco fui lavando para que todo estuviera recién limpio y con buen olor. Le compré suavizante nenuco y olía tan bien su ropita. Era tan gracioso ver el tendedero con toda su pequeña ropa, y luego a la hora de plancharla, como era tan pequeñita costaba un poco, pero al final todo quedó colgado en el armario y guardado en sus cajones.

Tantos años esa habitación vacía y ahora estaba tan bonita esperando la llegada de Ángela.

Ya era septiembre. Ya faltaba poco. Cada vez me costaba más trabajo dormir porque al estar más grande, la pobrecita intentaba ir buscando su hueco, su postura y a veces era como si notara que me empujaba las costillas hacia arriba. Otras entre el ardor y las veces que me levantaba al cuarto de baño era una odisea. Yo pensaba que qué sabio era el cuerpo, porque así de esta manera lo ibas acostumbrando a estar preparado para luego dormir poco. Y la verdad, no me importaba. Iba cansada pero estas horas que pasaba despierta, las empleaba en pensar en ella, en acariciarme la barriga, en disfrutar todos esos momentos. Se portaba tan bien durante la noche. ¡Era una dormilona!

Mi niña. Mi hija. Ángela vida mía. ¡Cuanto amor nos das!



CUIDÁNDOTE. ULTIMO MES

A lo largo del embarazo fui sintiendo, disfrutando, de cada momento con Ángela. Llevé un cuidado exagerado con ciertas cosas, como no llevar zapatos muy altos por miedo a caerme, ir bien alimentada para que ella fuera engordando bien y a la vez yo no cogiera mucho peso, no llevar el móvil cerca, hacer respiraciones profundas para que le llegara bien el oxigeno, no poner la tele o la radio fuerte. Algunas cosas sé que las llevé al extremo, pero me sentía mejor haciéndolas así. También procuraba hablarle mucho, decirle cuanto la quería, lo feliz que me hacía. Intentaba reírme con bastante frecuencia porque quería que mi hija notara esa felicidad y que sintiera que cuando llegara a este mundo íbamos a  hacerla muy feliz. Me acariciaba la barriga tanto, que a algunos amigos les hacía gracia y me decían- que la iba a marear con tanta vuelta-. Le ponía música clásica, porque decían que era bueno, sobre todo de Mozart. Juan Carlos se compró el CD de Mónica Naranjo y cuando lo ponía en el coche ella se movía. No sé si es porque le gustaba o porque no. Pero nos hacía gracia como respondía ante ciertas cosas.

A veces se estiraba tanto que parecía que la piel se mi iba a abrir. Entonces Juan Carlos me pasaba la mano, por lo que sería su pequeña espaldita y entonces se relajaba. Le encantaba cuando su padre le hablaba o la acariciaba. Aunque parezca increíble, es cierto, lo conocía muy bien.

Ya estaba hecha un ovillito. La cabecita la tenía hacia abajo, la espaldita en el lado derecho de mi barriga, el culito arriba y las piernecitas doblaban hacía abajo (en dirección a la cabecita). Su posición era buena. Ya faltaba poco. Después de tantos días, de tantos meses, estábamos tan cerca de cogerla en brazos. Pero teníamos paciencia, porque sólo queríamos que el embarazo llegara a su fín para que ella estuviera bien, aunque es cierto que el último mes se hace más pesado.

Era la recta final. Ya habíamos empezado con los monitores, tanto en la Arrixaca como en lo privado. Comprobaban sus latidos y como andaba de contracciones. De momento todo bien, todo tranquilo.

¡Estabas agustito! ¿Verdad hija? Mi tesoro.



LLEGANDO AL FINAL

Hacía tiempo que no hablaba ni veía a mi psicóloga-amiga, así que me llamó para preguntar como estaba y me dijo que tenía ganas de verme. Me pasé por su consulta y se alegró mucho de verme tan gordita y que a pesar de echar de menos a mi madre y pensar que no iba a estar en esos momentos tan maravillosos, yo estaba feliz. Después de tantas lágrimas, tanto dolor, me sentía feliz. Ella sabía que yo cumpliría el 14 de octubre, por lo que quedó en llamar.

Me acuerdo que no paraba de mirarme la barriga en el espejo. La acariciaba y le decía a Ángela que pronto estaría en mis brazos. Había visto en un reportaje un parto en el que relataban que cuando sale el bebé y cruza esa primera mirada con su madre, era un momento mágico. Yo soñaba con ese momento. Me imaginaba sus pequeños ojitos mirándome por primera vez. Sabiendo en ese momento que yo era su madre. Pensaba en la primera vez que oyera la voz de Juan Carlos, que tan bien reconocía dentro de mi barriga.

Llegó final de septiembre y mi amiga-vecina, se puso de parto. ¡Qué emoción! Su pequeñín ya llegaba al mundo. Fue un parto largo, con alguna complicación, de las que me hablaría con el tiempo porque no quería que me asustara cuando me tocara a mí. Fuimos a ver al pequeñín. Era precioso, y aunque era chiquitín tenía unos ojos muy grandes, muy vivos, que reflejaban aún, el miedo de estar en el mundo. Durante todo el embarazo le dijeron que sería un bebé grande, pero luego su peso fue normal. Estaba bien. Ella ya lo tenía, ya lo conocía, y yo estaba muy emocionada. Pronto yo tendría a mi hija.

En los días siguientes, seguí haciéndome monitores, y todo seguía tranquilo. Pero ¡sorpresa!, en la penúltima ecografía que me hicieron en la UDO de la Arrixaca, me dijeron que su peso era en torno a los 3,665 Kg. ¡Madre mía! y todavía me quedaban unos 10 días. Llamamos a nuestros amigos-vecinos y se lo dijimos. Nos reímos mucho porque decíamos que la que iba a ser una barraquica era nuestra hija, ya que para ser niña era grande.

Yo pensaba si la ropita que le había comprado le estaría, pero no me agobie. Pensé que ya tendría tiempo después, de ir con ella a comprar muchas más cositas.

Tu amiguito ya estaba en el mundo. Ahora te tocaba a ti vida mía. Quedaba ¡tan poquito!