Vivo el día a día, con mis tristezas, mis agobios, mis miedos e incertidumbres que aquel día me dejaron marcada y que me sobrevuelan y acechan sin dejarme tregua. Vivo y sobrevivo con todo ello como puedo y gracias a la constante ayuda de Juan Carlos y al ir y venir de muchos momentos buenos que intentamos arañar de donde podemos y en compañía de muchos buenos amigos.
Pero ahí vamos, como suelo decir a la gente que me pregunta como estamos, porque vamos, pero con el esfuerzo que cada día supone un recuerdo tan cruel y sin sentido y que hace que tu corazón no deje de sangrar nunca aunque siga latiendo, porque lo hace, porque junto al dolor conviven muchas buenas experiencias y muchos buenos ratos, y muchas cosas buenas, y mucho por lo que dar gracias, aunque a veces, muchas veces, me olvide porque el dolor me nuble la visión de la vida.
Y con eso, con lo que sé que tenemos que vivir cada día, se unen los sinsabores, desilusiones y decepciones con los que supongo, todos nos encontramos a lo largo de la vida por diversas cuestiones y que también contribuyen a traer tristeza a nuestra vida sin quererlo ni esperarlo.
He sido fuerte en muchas cosas y he dado grandes pasos a lo largo de este tiempo en los que la muerte de Ángela me dejó, nos dejó tan marcados y he esperado que a pesar de lo que llevamos pasado y sufrido haber podido hacer un poquito la vida más facil a los que nos rodean, sin dejar que nuestro modo de ver ciertas cuestiones en ciertas cosas puedan influirnos para cuestionar a otros, porque lo importante es conocer como son las personas y saber que en muchos casos su modo de actuar o de decir las cosas es inherente a su forma de ser y que no se ha actuado con maldad o con dobleces o con ánimo de hacer daño, aunque a veces te sorprendes y no terminas de entender.
A pesar de las circunstancias, de muchas dudas e incertidumbres, de muchas preguntas sin respuesta y de muchos interrogantes sin resolver han ido pasando los días y he procurado que el tiempo me diga y he pasado de encontrarme relativamente bien a sumirme en una profunda tristeza, ajena al dolor por la muerte de mi hija, cuando el tiempo me dijo. Y será algo que sé que me hará sufrir durante mucho tiempo y que quizás ya nunca pueda dejar de sentir esa tristeza y añoranza por lo que hubo y dejó de haber, porque en mi corazón sólo hay buenos deseos e intenciones por las personas que quiero, aunque a veces se olviden de nuestro dolor y malinterpreten comportamientos que quedan muy lejos de lo que ellos pensaron en un principio. Ojalá que el tiempo ayude, ¡pero duele tanto!.
A lo mejor mi pequeño ángel, esas cosas de la vida sólo contribuyen a poder alejar de mi mente por momentos que mi corazón sigue sangrando. Te queremos.