Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de mayo de 2012

UN SÍ QUE TERMINÓ CON EL SUEÑO

Los días pasan lentos, muy lentos, y aunque he querido disfrutar de estos días al final el miedo me va venciendo y toda la euforia que me acompaña los primeros días, poco a poco va desapareciendo y es que no quiero hacerme demasiadas ilusiones. Siento cosas, pero no sé, hay momentos que me digo sí, sí, lo vamos a conseguir, pero al poco es como si me desinflara y esa euforia, ese ánimo se esfumara sin quererlo, sin darme cuenta. Y yo lo sé, todo lo que tengo es miedo, no quiero terminar de creármelo. Ya no queda nada.

Y por fin llega el día de la beta. Y sin quererlo se juntan en el mismo día una prueba de revisión de Juan Carlos a primera hora y luego la beta. Él está nervioso y aunque todavía pasaran unos días hasta que le den los resultados, no puede evitar sentir miedo, incertidumbre y ansiedad y es normal porque aunque todo salió bien, será algo que nos acompañará el resto de la vida, y aunque yo trate de darle seguridad, de darle tranquilidad, no puede evitarlo y es normal. Pero yo estaba tranquila, estoy tranquila, sé que todo irá bien, aunque no pueda transmitírselo. Ojalá pudiera porque sé lo que es llevar el miedo en el cuerpo cuando tu cuerpo, tu mente, guarda el recuerdo. Sólo puedo estar con él y procurar apoyarlo aunque a veces le parezca que no lo entiendo, y no es eso. Es lo mismo que él quiere para mí, no sufrir.

Luego llegó la beta. La chica que me saca sangre me dice que todos en la clínica están pendientes, que ya le han preguntado si he ido a sacarme sangre y que ella es la primera que está nerviosa. Me pregunta si noto algo, y yo le digo, que sí, que tengo algunos síntomas, me noto el estómago un poco revuelto, el pecho me lo noto crecido, sigo teniendo el estómago suelto, tengo pinchazos, en la cama cuando me doy la vuelta noto como si el útero se me desperezara, aunque sea pronto y parezca tontería, tengo una pequeña barriguilla, en fín que no sé si de verdad tengo tantos síntomas, o son las ganas de tenerlas. Y bueno, le pregunto que cuando llega mi gine y me dice que a medio día y le pido si no me puede llamar antes quien haya esa mañana de guardia y me dice que sí, que se lo va a decir, y me voy nerviosa y con el convencimiento de saber que al menos tendré que esperar unas dos horas antes de que me llamen.

Llego a casa. Juan Carlos me deja y él se va. Han pasado 45 minutos y suena el teléfono. Veo el número, es un móvil que no conozco, pero sé de quien es. Lo cojo. Es la gine de guardia y me dice que sí, que la beta es positiva, pero que es bajita. Es de 13 y me dice que para asegurarnos vamos a dejar pasar cuatro días y la vamos a repetir. Me dice que tengamos esperanzas que con Ángela la beta fue también muy baja, de 16 y también con ella tuvimos que repetirla 2 veces más porque además estuve manchando durante más de 10 días. Me quedo chafada porque la verdad, con tanto síntoma pensaba que sería positiva pero que además la beta sería alta. Pero no, para nosotros nada puede ser fácil, no podemos saltar de alegría a la primera, no podemos relajarnos y poder seguir soñando, disfrutando. No, nosotros no.

Llamo a Juan Carlos y se lo digo y él ya se muestra decepcionado, negativo, porque sabe lo que nos toca siempre sufrir para cualquier cosa y yo aunque quiero seguir creyendo, seguir esperanzada, lo veo también muy negro, pero les digo a ellos, que ahora les toca a ellos, que yo lo he puesto todo para que salga adelante pero que son ellos los que tienen que querer, los que deben luchar. Me llama mi gine más tarde y me dice que tengamos esperanza, que no tiremos la toalla, que mira con Ángela. Pero ya algo me dice que una vez más la suerte no va a estar de nuestro lado. Sin embargo hasta el final quiero intentar mantener una actitud lo más positiva y optimista que pueda, porque quiero que ellos lo sigan notando, pero creo que el miedo me está pudiendo.

Han pasado los cuatro días. Voy de nuevo a hacerme la beta. Esta vez no hay llamada rápida. Pasan los minutos, las horas. Ya sé que no. Y por fin, suena el teléfono. Es el director de la IVI que era quien estaba de guardia y me dice que no ha habido suerte. Que lo siente, pero la beta no va subiendo de la forma adecuada por lo tanto indica que el embarazo no progresa como debiera, así que me dice que me deje la medicación y es conveniente repetir la beta para asegurarse de que baja de forma normal y por tanto no se ha producido un embarazo ectópico. No puedo más. Estoy destrozada, psicológicamente, físicamente, moralmente, espiritualmente. Ahora mismo estoy en el limbo, fuera de mi, sin saber muy bien a qué, a donde, a quien agarrarme. Ángela, Ángela, Ángela. Es todo lo que se me viene a la cabeza. No puedo pensar, no puedo razonar. Me siento perdida.

Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, Ángela, Ángela hija mía. Ángela te quiero, te quiero, te quiero. Mi niñita, mi luchadora, mi pequeña. Te queremos.

lunes, 21 de mayo de 2012

YA ESTÁN CONMIGO


Me habían dicho que tenía que estar sobre las 11:15 en la clínica para hacerme antes la sesión de acupuntura y ya después la transfer, así que me puse el despertador a las 9:20 para ir tranquilita, desayunar, ducharme tranquilamente, e intentar no morirme de nervios hasta que llegáramos y nos dijeran si efectivamente iba a haber transfer o no. Hasta el último minuto es un sin -vivir, pero en fin no queda otra.

Todavía no me había sonado el despertador cuando oigo a Juan Carlos que entra en la habitación y me llama casi en susurros. Yo me desperté de sobresalto y le pregunté que pasaba, y él me dijo que habían llamado de la clínica. No le dí tiempo a más, nada más oir esto pensé: -"ya está, no hay transfer y no nos dán el disgusto cuando lleguemos"-, pero me equivocaba. Habían llamado para decir que se adelantaba todo media hora y que teníamos que estar allí a las 10:30 para la sesión de acupuntura y ......, sí, iba a haber transfer, pero además había muy buenas noticias, habían quedado 4 embrioncitos. 4, más que ninguna otra vez, y eso era maravilloso. Que contenta estaba, ¡que contenta!.

Desayuné, me duché y allí que nos fuimos tan contentos y cuando llegamos, las chicas de recepción, las enfermeras que iban saliendo, todos se iban acercando a nosotros para darnos la enhorabuena y demostrarnos su alegría y mientras esperaba en la sala de espera, ví pasar a mi gine que además era la que ese día estaba de guardia y me iba a hacer ella la transfer y se paró y se asomó y yo me fui para ella y se abrazó a mi emocionada y me dijo que todos estaban muy contentos, que el camino había sido duro, pero que había cuatro preciosos embriones, uno de ellos más precioso todavía y ella toda contenta me dijo que estaba tan eufórica que por ella pondría los 4, jajajajaja. Y bueno, me dió un beso y ya quedamos para vernos dentro.

En esto, la acupuntura llegó tarde. Total que al final se nos hizo la misma hora a la que en un principio nos habían citado, pero bueno. Todo controlado. Me puso mis agujitas para relajarme, me dejó otras puestas en la espalda y en la zona de la barriga para entrar a quirófano y ya. Ya estábamos dentro.
Otra vez, abrazos, besos, alegría entre el personal, me colocan, me ponen el cacharrito ese para hacer la eco y ver bien el lugar donde los van a colocar, me aprietan, me meten la canulita para abrir camino a la que vendrá con mis chiquitines, sale la bióloga, me pregunta mi nombre para asegurarse, y ya salen con ellos. Tensión, silencio, meten la cánula, miro a la pantalla, y los veo caer. Ya están ahí, ya están conmigo.

De nuevo abrazos, besos, mi foto con mis chiquitines, cambio de camilla, habitación, reposo, retirada de agujitas de acupuntora, y ahora reposito y tranquilidad durante unos días, los más largos de todo el proceso hasta la beta. Actitud positiva, miedo constante, soñar durante unos días y luego salir de dudas. Ya veremos. Estoy contenta, estoy optimista. Creo que puede ser. Ya ha pasado unos días y quiero creer.

Vuelvo a mirar al cielo y quiero dejar por unos instantes mi dolor y mi pena para pedirte ayuda Ángela, fuerza y protección para este camino que de nuevo hemos intentado. Te queremos.

jueves, 17 de mayo de 2012

OTRO PASO. YA NO QUEDA. ESTAMOS AHÍ.

En fín que me tenían que llamar para ver como iban evolucionando mis pequeñajos y yo mientras de los nervios. No me acostumbro, da igual los tratamientos, da igual que ya lo sepa, da igual. No puedo evitarlo por más que me lo repita y eso que esta vez estaba todo el tiempo super positiva y animada y viendo señales por todos lados. Pero da igual, al final la cabeza manda y eso es muy malo.

Estaba en IVI, esperando a la acupuntora, porque si todo iba bien, quería que el día de la transferencia me hiciera una sesión antes de entrar a quirófano y me dijeron que a ella antes le gusta tener una reunión con la paciente para saber más o menos como está. Ver su yin y yan. Y bueno, ahí estaba yo, de los nervios, y esperando en la sala de espera pues me suena el teléfono, y allí que salgo yo toda nerviosa al ver que era un móvil que no conocía y que ya sabía de quién podía ser. Hablan,  me dicen y sí, hay buenas noticias, de los 6 van evolucionando 5. Muy pero que muy bien. Entro y no pude aguantar, las chicas de recepción me vieron la cara de alegría y yo se lo dije: "es que me acaban de llamar y hay buenas noticias, de las 6 van evolucionando bien 5, así que estoy contenta. Y veo pasar a otra de las chicas de recepción con la que yo tengo más confianza y me voy para ella y se lo digo también, pero ya no puedo aguantar más y me pongo a llorar como una tonta, y en esto que me ve también la gine que me hizo la punción y se acerca y pregunta y la chica de recepción le dice y me abraza y yo les digo que es que es mucha tensión, que son muchos nervios y que no he podido aguantarme. Y ellas me consuelan y me dicen que demasiado, con todo lo que llevo que demasiado bien lo estoy llevando, que soy muy fuerte y muy valiente. ¡uf, cuanta tensión, cuanto miedo, cuantas emociones!.

Con tanta emoción se me ha olvidado llamar a Juan Carlos y salgo y lo llamo y le digo y él me dice,: "ves, si hay que tener confianza" y sí, eso esta muy bien y aunque yo me lo repito constantemente, al final me puede el miedo. Y bueno él se alegra. Otro paso más.

Vale, ya me he tranquilizado y al poco llega la acupuntora y me pasan a un despacho con ella y me dice que le cuente un poco, que la ponga al día, y yo le resumo desde el primer tratamiento hasta ese día y ella se queda muerta y me dice igual, que demasiado bien lo estoy llevando y me coge las manos y me oye por dentro, con mi pulso, mis latidos, mi ritmo y me dice que por ahí dentro lo tengo todo revuelto y que le gustaría que al día siguiente tuviéramos una sesión para poder mejorar la cosa un poco antes de la transfer (crucemos los dedos), y mientras me pone ya unas mini agujitas en la oreja derecha para que me vayan dando tranquilidad.

Voy a la sesión pre-transferencia de acupuntura y todo muy bien. Me pone el ciento y la madre de agujas, para regular lo referente al útero y para darme tranquilidad. Me parece genial y me siento bien. La verdad es que de todas las sesiones que había ido antes a mi otro acupuntor esta no se parece mucho. Me ha puesto más agujas, me ha dado calor en ciertos puntos por la espalda, y además me sigue dejando las agujitas que llevo en la oreja. Todo perfecto, ya no queda nada, sólo pasar la última noche de nervios hasta llegar al día D y saber en realidad se hay o no hay transfer. Ya estamos ahí mismo.

Tú fuiste el milagro Ángela y si tiene que acabar en ti, estoy preparada hija mía, porque siempre fuiste tú y si ha de venir otro milagrito será bien recibido y colmado de amor igual que tú vida mía. Te queremos.

martes, 24 de abril de 2012

NO ES JUZGAR, SOLO EMPUJAR

Con el post del otro día, no pretendía ni mucho menos, juzgar a nadie. No soy quien, tan sólo era una forma de desahogar una decepción, una desilusión.

No, no pretendo ni he pretendido nunca juzgar a nadie, porque cada uno sabe lo que puede haber detrás de una decisión, pero es cierto que pensé que con nuestra actitud, con nuestro ejemplo, con nuestra valentía por no dejarnos amedentrar, pisotear, ni dejar que se salgan con la suya, quizás podríamos ayudar a empujar a otras personas a tomar conciencia de que no hay porque callarse, porque tener miedo, porque dejarse acobardar, ni porque dejar que todo lo que nos hicieron quede sin un levantamiento de voz, al menos, como se dice, que no nos quiten el derecho al pataleo.

Y sí, puede que en muchos casos, no sirva para nada, puede que no se tengan pruebas, puede que se tapen entre ellos, puede que todo el papeleo, el jaleo sea muy duro, sea muy largo, y que uno piense, bueno y todo esto ¿para qué, si yo ya tengo a mi bebé conmigo, o si no lo tengo pero ya da igual?, Pues, no. No da igual. Nada da igual, porque de una forma u otra ya nada será como debío ser. Y fueron ellos, ellos los que nos robaron un momento mágico, único y feliz para convertirlo en un recuerdo horroroso, lleno de dolor y sufrimiento y sobre todo de miedo.

Dá igual que uno presente una querella criminal, una denuncia por lo civil, una queja al Defensor del Pueblo, una reclamación a Atención al Paciente, una carta a algún periodista que pueda haber estado informando sobre temas de reclamaciones/negligencias, no sé, cualquier cosa que haga llegar un número tal de quejas/reclamaciones/denuncias, que pueda hacer saltar las alarmas de alguien, ALGUIEN, y que diga: "esto no es normal, vamos a tomar cartas en el asunto", "vamos a intentar parar esto", "vamos a investigar", vamos a cambiar las cosas", - lo que sea. Pero para eso hay que poner cada uno un granito de arena.

Sin tener miedo. Tener miedo pero ¿por qué?, es que acaso nosotros hemos hecho algo malo, es que acaso tenemos que ocultarnos por algo. Pués solo faltaba eso, que despues de haber soportado una auténtica tortura, y ver como nuestros bebés sufren innecesariamente tengamos que callarnos y dejarnos que sigan tratándonos como quieran. No señor. Son ellos, los que tienen que bajar la cabeza, son ellos los que tienen que pedir perdón, son ellos los que deben cambiar su actitud y dejar su orgullo y su altanería para tratarnos con cariño, respeto y humildad.

Por eso no me callo, no debemos callarnos, porque todo merece la pena si hay un fin, y en este caso el fin es decirles que no estamos conformes y que basta ya de que hagan lo que quieran, tenemos derecho a quejarnos, a defendernos y a hacerles ver que no son Dioses, que si no están a gusto desempeñando esa profesión que se dediquen a otra cosa. Basta ya de tanto tabu, no son más que un policia, un bombero, un socorrista o cualquier otra profesión en la que se les pide responsabilidades por las consecuencias de una actitud que conlleva el sufrimiento o muerte de un ser humano. Si con ellos alzamos la voz, porque con estos no?.

En fin, sigo pensando que todo puede ayudar y que algún día, ojalá no muy lejano, algo pueda cambiar para mejor, porque habíendo tantos buenos profesionales, dedicados por y para atender al paciente, con cariño, humanidad y profesionalidad, no es justo que unos cuantos ensucien a otros muchos, por eso hay que tomar medidas y dejar de callarnos.

Mi pequeña, algún día te veré sonreir desde ese jardín de nubes de algodón y esa sonrisa me dirá que por fin algo cambió. Te queremos.

lunes, 12 de marzo de 2012

NO VA MUY BIEN. PERO QUIERO CREER

Tenía miedo desde hace algún tiempo y es cierto que si no se intenta no se sabe y de hecho me leí un libro que se titulaba "Aunque tenga miedo, hágalo", y en fin, sí,  lo estamos haciendo, lo estamos intentando y aunque tengo miedo, y aunque dije que no quería volver a ilusionarme, al final, es inevitable, aunque no sea como otras veces, al final algo de ilusión si que pones porque quieres que todo salga bien y porque sigues buscando señales que te indiquen que esta vez va a ser distinta.

Pero luego llega la realidad, y una vez más se confirma que era tontería querer ilusionarse y no ser realista, y supongo que puede ser compatible pero yo tengo que ir aprendiendo a saber hacerlo, y a seguir sacando la parte positiva de una situación que podría ser peor. Y es  que todo esto viene a cuento, porque no está yendo muy bien la estimulación, de hecho parece estar yendo peor que la vez anterior, y ya no sé si es por el estrés de estos días, por la edad, por el cambio de medicación o por un cúmulo de todo, o simplemente que tiene que ser así y me están dando señales para que luego el golpe sea menos fuerte.

Y bueno, en principio íbamos a hacer dos estimualciones y con la segunda seguiría el proceso, pero ante la evidencia de lo que vemos en la ecografía de control, ya nos estamos planteando una tercera, aunque esta si que sí, sería la última fuera como fuera.

No sé, no he solido tener problemas con las estimulaciones, he respondido bastante bien, pero ahora es como si volvieran a encenderse las luces de aviso, diciéndome, "no te hagas ilusiones, ve haciéndote a la idea", y si que es verdad que sólo se necesita uno bueno, y que conozco muchos casos, pero es que cuando llevas pasado tanto, es como si jugaras a la ruleta rusa y supieras que siempre, hagas lo que hagas, te va a tocar la bala.. En fin, que no tiro la toalla, que estoy metida de lleno y que jugaré hasta el final, aunque no sé muy bien como de lesionada saldré de todo, pero seguiré y procuraré ilusionarme siendo realista.

Mi pequeño ángel, es curioso lo dependientes que nos hacemos de alguien que sabes que no te suelta de su mano, y yo estoy bien agarradita a la tuya, mi vida. Te queremos.

jueves, 9 de febrero de 2012

UNA DECISIÓN MUY MEDITADA

Antes de iniciar está última aventura, por tantas dudas, por tantos miedos, por no saber si era lo que quería, por pensar que quizás seguía queriendo que viniera Ángela o quizás por no tener claro como me sentiría si me quedaba de nuevo embarazada, si me alegraría o me sentiría culpable de poder volver a vivir todo cuanto amé y disfruté con Ángela, por querer poder tener la oportunidad de llevar los dos caminos paralelos que una vez me habló mi psicóloga y poder llevar los dos, cada uno en su lugar, sin estorbar al otro, aunque los dos caminos en mi vida, el dolor por su pérdida y la alegría de una nueva vida, decidí ir a ver a mi amiga-psicóloga y que ella pudiera despejarme toda esta serie de dudas que emergían con fuerza en mi cabeza sin darme tregua ni paz.

También durante días, estuve hablando con Ángela. Hablaba con ella constantemente y le decía que quería volver a ser madre, pero que tenía miedo. Tenía mucho miedo a no saber que iba a suponer esa decisión en mi vida, que yo la quería con todo el alma, pero que si venía otro bebé tenía también todo el derecho del mundo a ser amado con todo mi corazón y yo no sabía, no sabía si podría soportar el sentirme feliz con este nuevo bebé y no tener a mi Ángela a mi lado. Y le pedía que por favor me ayudara y que entendiera que para poder seguir viviendo, tengo que vivir, con todas las consecuencias, con todo de mi parte, con mi corazón y mi alma rotos, pero a la misma vez con ganas de poder volver a ilusionarme para poder llevar ese otro camino en paralelo. Que quiero llevarlo, quiero intentarlo como estoy haciendo desde que me la arrebataron.

Lo que pasa es que cuesta mucho. Sigue costando mucho a pesar del tiempo pasado, porque como le decía a mi psicóloga, yo tengo asumido que ella murió, pero no tengo asumido como murió y porqué, entonces es como un seguir esperándola constantemente ante algo que no debió suceder y es eso lo que mi cabeza debe poder dejar de pensar. Si yo la teoría me la sé muy bien, pero la práctica me cuesta mucho. Mi corazón y mi alma lo saben por eso siguen sangrando, pero mi cabeza aún no se ha terminado de dar cuenta y es una lucha constante entre el sentido y el sentimiento.

Y por esa lucha fui a verla antes de la última oportunidad y está claro que ella me pudo sacar de dudas y me animó a seguir luchando y de nuevo a hacerme ver que yo seguía teniendo el instinto de volver a ser madre y que ese instinto me ayudaría a superar muchas cosas y una vez más su aliento me llevaron a dar un paso hacía delante.

Así que como decía en el post anterior una vez más puse la ilusión y las ganas en que todo saliera bien y en poder dejar atrás muchos miedos y dudas y en creer que al final del camino hay luz y que podría ser. Podría ser, podría ser, podría ser......................

Mi amor chiquitín, mi estrella más gordita, tu eras la luz al final de mi camino, ahora quiero poder mirar al cielo y dejar que desde allí me sigas guiando. Te queremos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

COMPRENDER Y ACEPTAR MUCHAS COSAS

UNA BETAESPERA SERENA

En casa de nuevo tras la transferencia de los embrioncitos. En reposo de nuevo, casi sin moverme, casi sin querer "respirar" por no hacer ni un solo esfuerzo. De nuevo al sofá, cama, sofá durante dos días. Es que es algo que no puedes evitar aunque quieras, aunque intentes mentalizarte de que todas las mujeres que se quedan embarazadas todos los días sin saberlo, siguen haciendo su vida normal. Pero da igual que quieras hacerlo un proceso normal. Tu cabeza te indica una cosa, pero tu corazón te dice que para que esos pequeñitos se agarren bien debes estar quietecita.

Y así lo haces, y entre minuto y minuto, hora y hora, vas tocándote la barriga, vas hablándoles, vas recreando en tu mente como van dividiéndose poquito a poquito haciéndose grandes con cada pensamiento positivo, y con cada sentimiento de ilusión.

Otra vez los primeros dos días fueron pesados, pero ya esta vez, al tercer día empecé a moverme. Despacio, muy despacio, casi a cámara lenta, pero haciendo cositas. La comida, poner y quitar la mesa. Hacer la cama. Dar pequeños paseitos dentro de la casa. En fin, queriendo dar normalidad a esos días de espera que esta vez llevaba con mucha tranquilidad, la verdad.

Me sentía con energía, incluso con alegría, como si todas esas coincidencias que habían rodeado este nuevo proceso me indicaran que todo iba a ir bien. Por otro lado no quería ir observando mis posibles cambios o no, porque si no me iría obsesionando con lo que iba o no notando. Y es que después de tantos procesos, después de tanto leer historias de otras chicas, sus síntomas, sus emociones durante esos días de espera, la betaespera la llaman, sus miedos a moverse lo menos posible, sus ilusiones y esperanzas tan parecidas a las mías, después de tantas cosas, la actitud te ayuda a mantenerte arriba y a poder llevarlo con más serenidad si te lo propones. Y yo me lo propuse.

Ángela, quisiera poder soñarte todas las noches para poder dejar mi mente volar hasta ti. Te queremos.



AUNQUE NO QUIERES, LO PRESIENTES

Ahora parece que me noto esto, ahora parece que me noto lo otro. Entro al cuarto de baño y me miro. No. No quería pensar, ni observarme. Estaba tranquila, me sentía bien y podía ir disfrutando de cada día, sin nervios, sin prisas. En cada uno de los procesos he sentido cosas distintas o quizás iguales, ya no lo sé. Lo único que sé es que esos días eran irrepetibles, por si sí o por si no, quería sentir esos días con ilusión.

Ya habían pasado los primeros días y ese entusiasmo del principio parecía que iba abandonándome. Era como si fuera presintiendo, como si fuera notando que ya no estaban. Que de nuevo el sueño, había quedado en eso en un sueño. Cuando me venían esas sensaciones, esos pensamientos, intentaba quitármelos de la cabeza, porque debía seguir transmitiendo a mi cuerpo los mejores vibraciones.
Sin embargo no sé, lo notas, lo sabes aunque no quieras. Yo pensaba constantemente en que cuando me quedé embarazada de Ángela, la verdad, es que no noté nada. No tenía ningún síntoma, ninguna sensación. Pero a pesar de recordarlo y querer convencerme de que era normal, mi ánimo se fue desinflando sin yo poder evitarlo.

Y una vez más llegó el día de la beta. Al entrar me encontré con la enfermera que yo conocía y me acompañó a sacarme sangre. Me dijo que la noche anterior se había despertado varias veces acordándose de que al día siguiente yo iría. Todos andaban nerviosos. La chica que me sacaba sangre me dijo que ya vería, que en la Clínica IVI hacen muchos milagros. Sin embargo, yo me puse a llorar y les dije, que posiblemente mi milagro había sido Ángela.

Salí, y en recepción todas me desearon suerte y cruzaron los dedos. Yo les dí las gracias emocionada, con lágrimas en los ojos. Y esperé. Esperé esa llamada, que confirmó mis sensaciones. No había embarazo.

¡Hay Ángela!, por qué no puedo parar de llorar. Por qué cuando vuelvo a subir, la bajada es tan fuerte. Te llevo en el corazón y en mi alma. Te queremos.


MI CUERPO Y MI MENTE SE REVELARON

Una vez más llamé a Juan Carlos. Tenía el corazón roto. Me sentía hundida. No tenía fuerzas y no pude llamar a mi amiga-vecina, así que le puse un mensaje únicamente con la palabra “negativo”.

No podía. No tenía ánimo. Había puesto tanta ilusión, tanta alegría, tanta energía positiva, tanto optimismo, que mi cuerpo y mi mente se revelaron. Me quedé sin ganas de nada. Literalmente. Me quedé sin ganas de vivir.

No podía dejar de llorar y lo único que pedía esos días siguientes era cerrar mis ojos, dormirme y no despertarme más. Quería estar con Ángela, quería dejar de sufrir, quería dejar de luchar. Soy creyente y a pesar de todos los reveses de la vida, no me quitaría la vida sin embargo sí pedía no volver a despertarme. Ya no tenía fuerzas, ni quería tenerlas, ni volver a intentar sacar fuerzas de algún sitio.

Incluso me planteaba que qué es lo que estaba haciendo. ¿por qué estaba intentando tener otro hijo? ¿Realmente lo quería o me estaba engañando y sólo buscaba una y otra vez la posibilidad de tener a Ángela?. Mi cabeza sabía que no podía, lo sabía. Pero quizás era mi corazón el que aún no se había dado cuenta que ella ya no vendría más. Estaba en el cielo. Era, es un angelito del cielo. Entonces, ¿qué estaba haciendo?, ¿qué debía hacer?.

Pasé unos días bastante malos. Muy malos. Pero de nuevo sin saber por qué, sin saber de donde, una vez más fueron volviendo las fuerzas. A lo mejor es ella que me empuja a seguir, a no dejar a su papa en esta lucha de cada día que es la vida. No lo sé. Sin embargo volví a ir planeando para sacarle partido al vivir.

Me agarro a tu recuerdo con todas mis fuerzas, y tu me cubres con tus pequeñas alitas para darme calor y empujarme. Gracias por ser mi hija. Te queremos.


REFLEXIONES PARA EL CAMINO

Las horas, los días, semanas, meses. Todos van pasando y sigo estando en una montaña rusa de sentimientos. Sigo estando unas veces arriba y otras abajo, pero procuro agarrarme a la idea de que "hay luz al final del camino". Que a pesar de seguir sumergida en el dolor, tengo la fuerza, las ganas y el convencimiento de querer aprovechar todos y cada uno de los momentos buenos de la vida, porque una vez que pasa un día, una hora, un minuto, este ya es irrecuperable. Vendrán más, pero esos ya habrán pasado.

Así que, una vez más resurgí de mis cenizas y de esos días tan malos me quedó esa fría sensación de no querer despertar, para pensar con más fuerza en los instantes presentes, en que la vida pasaba sin darte cuenta si no querías darte cuenta y entonces pensé y decidí que ya después de muchas navidades sin poder celebrarla, sin poder vivirla, éste año lo haríamos.

No es que especialmente me haya gustado la navidad alguna vez, pero es una fecha, que aunque nostálgica, invita a sacar lo mejor de nosotros mismos, de compartir con la familia, los amigos, de salir y ver las luces, oir los villancicos, regalar y ser más generoso con quién menos tiene. Y la verdad, una vez que falta alguien importante en tu vida, se hacen más tristes todavía esas fechas, pero seguía en la necesidad de poder "ver luz al final del camino", por lo que le dije a Juan Carlos que esté año íbamos a comprar el árbol más grande que hubiéramos visto, íbamos a poner el belén, a oir villancicos, invitar a todos nuestros amigos a un día especial, e íbamos a adornar la casa con velas, muñecos de nieve, reyes magos colgados del balcón. En fín, todo el lote.

Juan Carlos se alegró de mi actitud, y aunque un poco reacio al principio, porque tampoco tenía el ánimo muy allá, al final vió positivo el vivir esos días con un poco de ilusión después de tantas navidades sombrías.

Es imposible tenerte más presente, en los momentos malos, pero también en los buenos. Te queremos.


POR FIN COMPRENDI

Por fín descrubrí que es lo que le pasaba a Juan Carlos, lo que lo había estado atormentando, agobiando, entristeciendo aún más, desvelándolo. Descrubrí esa necesidad imperiosa de refugiarse en mi y buscar consuelo como un niño. Descubrí y me dí cuenta de cuanto había estado sufriendo. Todo en secreto, sin yo saber, sin darme cuenta, todo para una vez más, protegerme y evitarme un duro trago.

Durante semanas, andamos sumergidos en el nuevo proceso de In Vitro, con pinchazos, revisiones, nueva ilusión en mi mente y por tanto, todo centrado en ello, no le dí importancia a las preguntas constantes de Juan Carlos a la ginecóloga de cuando sería la extracción y cuando sería la transferencia para poder organizarse en el trabajo. Yo todo lo veía normal.

Pero no era así. Su interés no era para que no coincidiera con algún compromiso laboral. Su interés era para que no coincidiera con algo muy importante que no tenía marcha atrás y que lo había llevado de cabeza durante mucho, mucho tiempo. El traslado de Ángela al panteón familiar.

Cuando murió Ángela, no estaba construido así que fue enterrada en un nicho alquilado y meses después mi suegro mandó construirlo para poder llevar allí a su hijo y a su nieta, y aunque a mi cuñado lo pudieron trasladar porque ya había pasado el tiempo establecido, nosotros teníamos que esperar un mínimo de dos años para poder trasladarla.

Yo sabía que Juan Carlos había empezado a informarse, pero no imaginaba que estaba en todo el proceso. Así que una vez salido del tratamiento, y ya sin necesidad de estar en reposo, fuimos a ver a mi pequeña y cual fue mi sorpresa cuando el coche no se paró en el lugar de siempre y continúo. Ya no hubo que decirme nada, entonces comprendí.

Entramos y abrazada a Juan Carlos, lloré, lloré y lloré. Lloramos. ¡Cuantas veces durante el embarazo Juan Carlos me decía que cuando naciera, la llevaría a que "la conociera su hermano", y ahora estaban los dos juntitos, no sólo de alma sino también en cuerpo. Mi cuñado, Miguel Ángel. Mi hija, Ángela. Su padre y yo quisimos que pusiera en la lápida: El Bebé Ángela Moreno Vicente. 16/10/2008. El tesoro de tus padres.

Mi cielo, siempre le pido a la abuela que te cuide y te de muchos besitos y mimitos y al tito Miguel que te haga reir mucho y te haga muy feliz. Se que así es. Te queremos.


ELLOS LO SON TODO

¡Cuántas cosas pasan los hombres por nosotras para evitarnos más sufrimiento del que llevamos! Ellos, que por ser hombres se creen más fuertes que nosotras o que deben demostrar que son más fuertes que nosotras y ¡cuánto se equivocan!.

Ante el dolor, somos iguales, simplemente las mujeres tenemos más facilidad para poder exteriorizar nuestros sentimientos, para dejarlos fluir, para llorar con furia, rabia e impotencia sin miedo a que se nos cuestione nuestra fortaleza, nuestro miedo, nuestra tristeza.

Ellos lo sufren en silencio, sin apenas darnos cuenta porque creen protegernos sirviéndonos de pilar constante, ayudándonos en el día a día y en todas aquellas situaciones que para nosotras pueden resultar insoportables, pero que para ellos también lo son y aún así pasan por ellas aguantando su dolor y el tuyo.

Y así Juan Carlos ha tenido que pasar en este tiempo por dos de las peores vivencias de su vida. Una cuando tuvo que ver a nuestra hija, cogerla en brazos y despedirse de ella por los dos y otra el traslado de nuestra pequeña, ya que en su momento, el día que la enterraron, por estar acompañándome en todo momento no fue. Sabía que nuestra hija estaría acompañada y se quedó a mi lado. Por eso, este momento fue tan duro, porque él no había visto el pequeño ataudcito de Ángela.

¡Cuánto siento todo lo que tuvo que pasar por mi!, para ahorrarme un sufrimiento añadido. ¡Cuánto tuvo que dolerle elegir los peluchitos que irian con ella para acompañarla! ¡Cuánto!

Lo más curioso de todo son los trámites tan absurdos que tenemos en este país. Mi hija, como tantos otros bebés, al no tener cumplidas veinticuatro horas de vida, no puede ser registrada, y sin embargo para poder hacer el cambio, Juan Carlos tuvo que hacer cuarenta mil trámites, papeleos e incluso, y esto ya raya en lo absurdo, traer un forense para que estuviera presente en el momento del traslado. ¡Hay algo más hipócrita!.

Al menos, después de tanto sufrimiento, Juan Carlos se sintió en paz y tranquilo sabiendo que su hija ya estaba en el panteón.

Es tan grande nuestro amor por ti mi pequeña princesa, que el calor de un rayo de sol nos hace imaginarnos tu sonrisa. Te queremos.


OPTIMISMO FRENTE AL MIEDO

A mi la navidad ya he comentado que no es una fecha que me guste especialmente, pero a Juan Carlos le encanta o le encantaba, ya que debido al cúmulo de acontecimientos que han rodeado nuestra vida los últimos años ha quedado en un segundo plano. Pero como dije, este año quería que fuera distinto, quería darle un poco de color a nuestra vida y esperaba que esta navidades fueran el comienzo de algo.

A el siempre le han encantado esas casas americanas que se ven en las películas llenas de luces, y todo el jardín decorado con muñequitos, figuritas. Todo a lo grande y aunque no íbamos a llegar tan lejos, al menos sí nos proponíamos poner algunas luces, adornar un gran árbol, poner un belén, e incluso algún pequeño muñequito por el jardín, y como no, los tres reyes magos colgados del balcón.

Y empezamos las compras, árbol por aquí, adornos por allá, luces en este sitio, muñequitos en este otro. Ya nos reíamos con nuestros amigos-vecinos y amigos de la misma calle diciéndoles todo lo que íbamos a poner y ellos nos decían que haríamos una competición para ver el que más adornos ponía en su casa. Seguro que eran la envidia de todos.

En fín que una vez decidida nuestra intención de superar esas fechas con la alegría que podíamos y la ilusión que intentábamos sacar de no se donde, y una vez compradas todas las cosas y con ganas de quererlas montar en cuanto entrase diciembre, nos encontramos una vez más con la mala suerte en las narices.

Juan Carlos tuvo un problema de salud y aunque podíamos esperar a después de las fiestas para poder ponerle solución, decidimos, principalmente él, que para que esperar. Los problemas de salud, aunque no haya urgencia, cuanto antes solucionarlos mejor. Así que no había nada que pensar, ya estaba decidido.

De nuevo uno se pregunta, ¿alguna vez acabará?, ¿veré la luz realmente alguna vez? Pongo ilusión, pongo ganas, pero ¿para qué? ¿Merece la pena seguir teniendo esperanza? En cualquir caso todas esas preguntas, deberían quedar en el olvido, al menos mientras recuperábamos su salud. Ahora lo único importante era él, que se pusiera bien, que no tuviera miedo, que me viera fuerte y optimisma. Tenía confianza en que todo saldría bien, y sin embargo estaba muerta de miedo.

Mi pequeña sé que estuviste con papa, que lo amparaste y velaste durante todas las noches en las que estuvo tan malito, por eso mi cielo ahora papa ya está bien. ¡qué bien le cuidaste!. Te queremos.


martes, 29 de noviembre de 2011

INTENTARLO PARA HACERNOS FUERTES

NUEVA OPORTUNIDAD
Una vez que habíamos pasado el duro trance de llegar al primer aniversario sin Ángela e intentando renovar la ilusión y la esperanza, volvimos a retomar la decisión de intentar volver a ser padres y puesto que ya lo teníamos hablado con la clínica y ya me había puesto la medicación para preparar mi cuerpo, sólo faltaba que el embrión que estaba congelado sobreviviera a la descongelación. Esto sería el 19 de octubre.
Con la incertidumbre de no saber que habría pasado nos dirigimos a la IVI, con la mayor energía positiva de la que éramos capaces y la noticia fue buena. Podía someterme a la transferencia del embrión ya que sí había sobrevivido. De nuevo mi ginecóloga fue la que me asistió en quirófano y de nuevo se mostró muy cariñosa con nosotros deseándonos de todo corazón suerte y dándonos un emotivo abrazo.
Esta vez si lo sabían nuestros amigos-vecinos (nadie más), y ante un proceso nuevo para ellos, se mostraban expectantes, cautelosos, también en parte por no saber muy bien como mostrarse, ya que por un lado estaban contentos y por otro sabían nuestra mezcla de sentimientos y de nuevo el miedo al que nos enfrentábamos. A mi pequeño ahijado preferí no verlo en los primeros días porque me sería muy duro no poder cogerlo cuando me ofreciera sus bracitos. Y como dicen: ojos que no ven corazón que no siente", me resultaba más fácil así, pero lo echaba mucho de menos.
Pasaron los días, y como en las otras ocasiones, estuve de reposo, con precaución, intentando mantener mi ánimo lo más optimista posible, y aunque tenía miedo, está vez no fue tan duro como el otro intento que habíamos hecho antes del verano, en el que ya expliqué porque de ese temor, de ese pavor tan grande a no quedarme embarazada, ya que esa vez lo que yo quería era estar embarazada de nuevo de Ángela.
Unos días antes de la beta, oí a mi pequeño ahijado que estaba fuera con su padre y Juan Carlos, y ya no pude aguantar más y salí. Estaba en brazos de su padre y al verme se volvió como enfadado, pero al acercarme me volvió a mirar y me extendió sus brazos. Con la ayuda de Juan Carlos, que sostuvo su peso, abracé al pequeño que me devolvió un maravilloso abrazo que me estremeció hasta lo más profundo.
Y por fin llegó el día. Fui temprano a sacarme sangre y a media mañana, llamó mi ginecóloga para decirme que no había habido suerte. No había embarazo. Llamé a Juan Carlos y después le puse un mensaje a mi amiga-vecina porque sabía que estaban esperando. Lloré. Lloré y me desahogué y todo el optimismo que había intentado tener esos días se vino abajo. Sin embargo esta vez además de llorar por no conseguir el embarazo, lloraba por miedo. Tenía miedo a no poder quedarme embarazada de nuevo, a pensar que quizás Ángela era la única oportunidad que había tenido para poder tener un hijo. Mi amiga-vecina vino con el pequeño y al menos pude disfrutar de poder cogerlo, agacharme a jugar con el y verlo sonreír mientras lo zarandeaba en el aire. Ellos son la mejor medicina en muchos momentos.
Ángela, queríamos darte un hermanito, pero aún no es posible. Seguiremos luchando porque sé que siempre estarás con nosotros. Te queremos.


COGIENDO FUERZAS
Posiblemente el no quedarme embarazada con estos dos nuevos intentos nos iba a venir bien para ir encontrándonos, para ir volviendo al punto de origen donde una vez, la primera vez con el primer tratamiento, teníamos tan claro. Es decir, si me quedaba embarazada bien y sino, pues bueno dentro de todo teníamos suerte de tenernos el uno al otro, de querernos y llevarnos bien. Y además aunque no pudiéramos disfrutar de nuestra hija, ya éramos padres. Nos había hecho descubrir y disfrutar de ese amor durante nueve maravillosos meses. Nos había dejado soñar y a la misma vez vivir la realidad.
Sin embargo, ahora ese planteamiento que al principio teníamos tan claro, ahora se hacía mucho más duro. Ya no era lo mismo. Sí, nos teníamos el uno al otro, nos queríamos, nos llevábamos bien, pero ahora a pesar de tener miedo por no saber si volveríamos a tener un sentimiento tan grande como el que pudimos descubrir con Ángela, ahora, ya no era tan fácil, porque nuestro sueño lo tuvimos en la punta de los dedos, porque todo aquello que yo no conocía pero que gracias a mi hija pude experimentar, me llenó. Nos sobrepasó. Y es como si quisiéramos poder seguir disfrutando del resto de lo que tanto habíamos imaginado y que nos cortaron de raíz.
De todas formas, debíamos, necesitábamos, sobre todo yo, volver a poner los pies en la tierra. Necesitaba volver a ilusionarme, pero no a obsesionarme. Necesitaba saber que debía volver a luchar, desde el principio, intentando con todas nuestras fuerzas no atormentarnos por lo que ya sabíamos no tenía solución.
Si habíamos llegado hasta allí, si estábamos siendo fuertes a pesar de los pesares, queríamos volver a intentarlo. Mi cabeza empezó a hacer grandes esfuerzos por mirar lo positivo, por girar una y otra vez mis pensamientos hacía todo lo bueno, por intentar quitarme el miedo y por mirar hacia adelante.

¡Estas tan cerca mi amor y a la vez tan lejos! Te siento en mi corazón y en mis entrañas pero no puedo abrazarte ni besarte. Pero ESTAS vida mía, ESTAS. Te queremos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

MI MUNDO CAMBIÓ.

EL PARTO. EL FINAL

Día 15 de octubre. Salí de mi casa contenta y a la vez nerviosa, pensando al cerrar la puerta, que la próxima vez que la abriera llevaría a mi hija en brazos.

Este día ingreso en la Arrixaca. A  primera hora de la mañana, pasé por la UDO para hacerme monitor y después me pusieron una medicación vía vaginal llamada propess que era para ir madurando el cuello del útero y ver si durante ese día se provocaba el parto. Me subieron a planta. Nadie sabía que estábamos allí. Queríamos estar tranquilos, disfrutar de esos momentos y después llamar para dar la noticia.

Pasé el día tranquila. Estuve paseando con mi marido por el pasillo, y sobre las 9 de la noche me pusieron monitor. Tenía muchas contracciones y empezó a subirme la fiebre. Me quitaron la medicación y me bajaron a paritorios. Sólo había dilatado 2 cm. y una vez que la fiebre empezó a remitir, volvieron a subirme a planta. Me pusieron una medicación para descansar y a esperar al día siguiente.

No descansé casi nada. Ya estaba nerviosa. Ahora sí. Ya había llegado el momento. A las 8:15 de la mañana me bajaron a paritorios.

Me rompieron las aguas, me pusieron la epidural y también oxitocina para ir provocando las contracciones. Pero el parto iba muy lento, la dilatación no progresaba. Yo entré al paritorio con 2 cm de dilatación y a las 6 de la tarde estaba todavía con 4 cm.

Lo que ocurrió desde esa hora hasta las 23:30 y el fatídico desenlace podéis verlo en una entrevista que nos hicieron en la tele en la siguiente dirección:

También podéis verlo en esta dirección, que es un blog que el periodista que nos hizo la
entrevista tiene, y aparte de todo es muy bonito.

http://blogs.laverdad.es/diariodeunpadreprimerizo/2009/5/20/en-memoria-angela

Desde las 18:20 hasta el final, en las que yo veía las bradicardias de mi hija, fue una autentica tortura. Nadie me hacia caso. Cada vez que yo veía pasar a alguien, pensaba ¡por fin! ya vienen a ayudarme, ya me toca a mi, ya me van ha hacer caso. Pero pasaron los minutos, pasaron las horas y nadie hizo nada. Le pedía a mi madre que por favor me ayudara, que ayudara a mi hija. Pero nadie, nadie, hizo nada.

Día 16 de octubre. Esté día debías nacer Ángela. Esté día iba a ser el más feliz en la vida de tu padre y la mía. Esté día está grabado a fuego en mi mente, en mi corazón y en mi alma.
¡Ángela!, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?. No es posible, mi dulce tesoro. Mi hija. Si pudiera decirte en palabras lo que te quiero, no podría. Tendrían que abrirme el pecho y verme el corazón para ver lo mucho, muchísimo que te amo.






jueves, 3 de noviembre de 2011

TERCER INTENTO. EL MILAGRO DE LA VIDA

TERCER INTENTO. EL MILAGRO.

De nuevo un mes con anticonceptivos, pinchazos, ecografías. Todo bien. Después del tratamiento, la extracción y los días de espera, el 27 de enero por la mañana temprano, nos llamaron para decirnos que si se podía hacer transferencia de embriones.
27 de enero. Miré el calendario para saber a que Santo correspondía. El nombre que vi me emocionó, me hizo creer y tener esperanza y ha marcado nuestras vidas para el resto. Santa ANGELA. Los que me conocéis o sabéis nuestro caso, ya sabéis porqué. Los que no, lo iréis leyendo. Esta vez si. Esta vez tenía que producirse el milagro.
Con la ilusión y la emoción en los cuerpos nos dirigimos a la clínica. El proceso fue igual que la primera vez.
Una vez allí, nos pasaron a una habitación y cuando me hube cambiado me entraron a quirófano, junto con mi marido, para que él pudiera participar del momento.
Me tumbaron en una camilla, y el ginecólogo procedió a introducirme una especie de bastoncillo largo, no sé como llamarlo pero viene a ser como una jeringa con una aguja muy larga que introducen hasta el útero. El seguimiento lo van haciendo a través de una ecografía. En esa especie de jeringa van los embriones y una vez que con la ecografía comprueban el lugar correcto proceden a hacer la transferencia de los embriones. Después comprueban mediante el microscopio que no se ha quedado ningún embrión en la jeringa-aguja.
Ya una vez en la habitación, y después de un tiempo de reposo, nos dieron las indicaciones para seguir el los días siguientes y cuando debíamos ir, para hacerme el análisis de sangre para comprobar si estaba embarazada o no.



EL MILAGRO. AÚN CON DUDAS.

Unos días después de la transferencia de los embriones, el día que ellos nos habían citado,  fui a sacarme sangre a primera hora e igual que la otra vez, quedaron en que me llamaría la ginecóloga que me ha estado llevando desde el principio.
Nos fuimos a mi casa y a media mañana, unos minutos antes de que me llamaran, al entrar al cuarto de baño vi que estaba manchando. Me quedé helada. Se lo dije a mi marido y los dos nos volvimos a sentir hundidos. Pero entonces sonó el teléfono y era mi ginecóloga diciéndome que la prueba había dado positivo. Yo le comenté que estaba manchando y entonces decidió repetirme la prueba una semana después y que mientras estuviera en reposo.
Así lo hice. Pero seguía manchando y una semana después volví para repetir la prueba, aunque he de decir que seguíamos esperanzados, no queríamos tirar las campanas al vuelo.
Volvió a dar positivo, pero como seguía manchando, decidieron hacer un tercer análisis otra semana después. Y mientras tenía que seguir en reposo.
En esta semana el sangrado fue disminuyendo hasta casi desaparecer. Un tercer análisis volvió a confirmar que estaba embarazada.
Ahora había que ver si los embriones seguían hacía adelante y si estaban bien implantados por lo que me citaron para hacerme una ecografía el día 18 de febrero de 2008.



PRIMERA ECOGRAFÍA. Ahí estaba.
El día 18 de febrero de 2008 fuimos a que me hicieran la primera ecografía en la clínica para comprobar que efectivamente estaban ahí.
Y si, ahí estaba. Sólo había uno, pero ahí estaba. De momento podíamos seguir soñando, seguir ilusionándonos, con miedo, pero con esperanza.
Me siguieron mandando reposo relativo, aunque yo lo hice totalmente absoluto. Sólo me levantaba de la cama para acostarme en un sofá o ir al baño. Me pasaba todo el día en la misma postura, sin moverme. Se que era exagerado, pero no quería que si pasaba algo, pudiera plantearme si había sido por mi culpa. Así que no me importó.
Hasta este momento no se lo habíamos dicho a nadie. No queríamos involucrar a la familia, a los amigos en una nueva decepción hasta estar más o menos seguros de que iba bien. Pero las excusas para ir a casa de alguno cuando nos invitaban se nos acababan, ya que yo tenía que estar en reposo, y tuvimos que decirlo a los que no nos quedó más remedio, pero advirtiéndoles de que no dijeran nada hasta pasado un tiempo.
No hace falta decir lo que se alegraron, sobre todo por el último año que llevábamos vivido. Mi padre se alegró mucho aunque el me decía que si no salía bien debía de pensar que nos teníamos Juan Carlos y yo y lo que nos queríamos. El no deseaba que yo sufriera más, pero a estas alturas, ya formaba parte de mí y aunque teníamos miedo, ya lo queríamos.
Seguí con el reposo y me citaron para hacerme una segunda ecografía en la que hacía la octava semana de embarazo.



SEGUNDA ECOGRAFÍA. HABÍA VIDA


El día 28 de febrero de 2008 me hicieron la segunda ecografía. Esta que la primera vez nos hundió, en la que me dijeron que tenía un aborto diferido. Así que imaginaréis el miedo que teníamos, la incertidumbre.
Me coloqué en la camilla. Empezó con la ecografía. Ninguno de los dos veía nada con los nervios, hasta que la ginecóloga dijo: “Ahí esta” (se refería a su corazón) y subió el volumen para que oyéramos su latido y nos lo señaló para que viéramos como latía. Su corazón, su pequeño corazoncito lleno de vida. ¡Dios mío! que emoción. Los dos nos pusimos a llorar. No era un embrión, no era un feto, era nuestro hijo/a. Nuestro pequeñín. Lógicamente aún no sabíamos lo que era, pero lo que sí teníamos claro era que fuese lo que fuese, que estuviera bien y sano.
Cuando salimos, empezamos a llamar a todo el mundo. Todos estaban esperando. Mi única tristeza aquel día fue no poder llamar a mi madre la primera para poder compartir con ella esa emoción. Pero pensé que ella habría sido la primera en enterarse y que desde el cielo ella compartía mi alegría.
Estaba de 8 semanas y estaba creciendo dentro de mí. Llevaba vida y formaba parte de mí.
Aunque todo parecía ir bien, me siguieron mandando reposo relativo. Debíamos pasar la barrera de las 12 semanas (los 3 meses), para poder relajarnos un poco.
Volvieron a citarme para hacerme otra ecografía 2 semanas después, para ver como seguía evolucionando. Hasta los 3 meses el seguimiento lo hacen en la IVI.