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miércoles, 18 de enero de 2012

PARA LAS QUE VIENEN DETRÁS, UN PEQUEÑO PASO

Hace ya unos meses comenté la decepción por la respuesta que el Defensor del Pueblo le había dado a la Arrixaca en relación con la queja que nosotros le habíamos presentado por el trato inhumano recibo durante el parto de Ángela.

En dicha Resolución, a pesar de darnos la razón a nosotros era como si únicamente se le diera un tirón de orejas al maternal de la Arrixaca con la "Sugerencia de que se le diera un trato más humano y personalizado a la parturienta sobre todo ante situaciones especialmente difíciles".

Pues bien, después de este tiempo ya no esperábamos más noticias con respecto a esto y cual ha sido nuestro sorpresa que unos días antes de navidad, recibimos de nuevo una notificación del Defensor del Pueblo. No teníamos ni idea de que podía ser y la verdad nos ha llenado de alegría y satisfacción ver que al menos nuestra lucha, nuestro pequeñito granito de arena por intentar que las cosas fueran mejor para las futuras mamas y bebés que fueran a la Arrixaca, ha servido para algo ya que en este escrito que nos envíaban nos comunicaban que desde el maternal de la Arrixaca se ha tomado nota de la sugerencia del Defensor del Pueblo y están tomando una serie de medidas que poco a poco van poniendo en práctica para que la parturienta pueda tener mejores condiciones.

Aunque de momento parezca sólo papel mojado, porque lo importante es que se lleven a la práctica, esto puede servirles a muchas parejas que tengan constancia de dicho compromiso para que puedan hacer presión ante determinadas situaciones que todavía puedan darse y que incluso a la hora de poder reclamar, este documento pueda servir a los abogados como prueba en caso de no llevarse a cabo lo que en él se recoge.

Bien, lo dije desde un principio, a mi hija no me la van a devolver y lo que a nosotros nos hicieron pasar ya está grabado a fuego en nuestra alma por eso hemos intentado luchar y dar publicidad para que algo cambie y sea mejor para los que vengan detrás.

Este es el documento enviado por el Defensor del Pueblo:



Ángela por ti y por todos los bebés del mundo. Te queremos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DESCUBRIENDO COSAS DE LA MANO DE UN NIÑO

Lo que más me apetecía cuando volvimos de viaje era ver a nuestro pequeño ahijadito, así que después de todo un día de descanso, llamamos para ir a verlo y nos dijo su papá que se habían ido unos días a la playa así que quedamos en que nos avisara para ir el día que le viniera bien para acercarnos a verlos.
Pasados unos días nos llamó y nos dijo que al día siguiente sería un buen día, y a pesar de que en dos o tres días estarían de vuelta, nos apetecía verlos, así que dejamos lo que teníamos que hacer y nos acercamos a verlos.

A nosotros nos dió mucha alegría verlo, pero él se volvía loco queríendonos enseñar todas las cosas que había descubierto esos días, donde se bañaba, donde jugaba, la piscina, los columpios, como se lavaba los pies después de la playa y las huellas que dejaban sus piececitos en las losas, sus zapatillas de cars, los nuevos cochecitos que le había comprado su madre, el vídeo con su cantajuegos que tantas veces hemos visto y oido y como bailaba con él, su habitacion, ….. En fin todo un mundo de sensaciones que para él,  entre la novedad del sitio y la alegría de vernos eran como ir descubriendonos y compartiendo todo lo que había estado viviendo durante esos días.

Y bueno también me dió gusto ver a mi amiga-vecina, porque ese día aunque tenía una cara de puro cansancio, me pareció más relajada y menos distante, a pesar de pillarle por sorpresa nuestra visita ya que nuestro amigo-vecino no le había dicho nada, quizás para que pareciera más casual y la sorpresa se mantuviera hasta el final.

Estuvo bien. Paseamos, vimos las atracciones, nos reimos con el pequeño montado en el cochecito de cars dando vueltas, nos comimos un helado y ya de regreso, lo peor, ver como nuestro pequeñito ahijadito se enfadó y se puso lloroncito porque no quería que nos fuéramos. Menos mál que en unos días lo volveríamos a ver.

Está llegando el final del verano Ángela, y no quiero, no quiero que venga septiembre, no quiero que llegue octubre. Pero el tiempo no se para y sigue arrastrando nuestra pena. Te queremos.

TODO CAMBIA EN UN MOMENTO

EN CASA TRAS NUEVE MESES

Me hubiera gustado escribir algún que otro día durante el mes de agosto, pero la verdad es que entre el cambio en los blog, mi dificultad para poder entrar algunas veces debido a ese cambio, los ajustes que no terminaban de solucionar y que el verano se me ha pasado super rápido, me encuentro hoy aquí día 1 de septiembre dispuesta a seguir relatando mis vivencias para desahogarme, para ayudarme a reflexionar, a darme cuenta de muchas cosas que a veces pasan desapercibidas y que es cuando te decides a dejarlas reflejadas por escrito cuando te das cuenta de muchas de ellas, para poder quizás, poder ayudar con ellas a verse reflejadas en algunas de las sensaciones que vivo a otras personas y como siempre y principalmente el objeto de este blog, que es servir de homenaje a la memoria de mi hija Ángela.

Pues bién, continuando con el post anterior, diré que pasaron los días y llegó el día de vuelta de las dos que vendrían por la tarde y esa mañana estaba mi amigo-vecino poniendo todo en condiciones y ya en la puerta a punto de irse a recogerlas lo oi con mi pequeño ahijadito y salí a saludarlos. El pequeño al verme después de tantos días y supongo que con el cúmulo de cambios en tan poco tiempo, me miró, sonrió y salió corriendo hacía mi con su habitual alegría a darme un gran abrazo y recibir un millón de besos de su maina.
Después saludé a mi amigo-vecino y pregunté como estaban las dos, cosa que pude comprobar unos dias después cuando una vez ya instalados y descansados de los dias en el hospital me acerqué a verlas. Bueno en realidad a quien vi fue a mi amiga-vecina porque a la pequeña tenía que pasar algún tiempo hasta que yo pudiera estar preparada, pero en fin, me alegró verla y ver que estaba bien y recuperandose poco a poco.
Ella me preguntó como me encontraba yo, y le dije que bien, que en realidad después de los primeros días en los que voy asimilando y después del malentendido pues, bien. Y no sé si es por el biomágnetismo, porque es ella o incluso porque a pesar de haber estado más cerca de este embarazo que de cualquier otro hasta casi el final después de Ángela, no tenía verdadera conciencia de que la pequeña vidita estuviera ya con sus papas.  Es gracioso, pero me cuesta verla como mamá de los dos pequeños. Sea por lo que fuera estaba mentalmente fuerte y haciéndome a la idea de ver a la pequeña en unos pocos días si me seguía encontrando así.

¡Ay mi pequeña! otra nueva esperanza en el mundo que viene en forma de bebita y tu mi amor, siendo mi mayor esperanza que lejos se fue. Te queremos.


DOBLE SATISFACCIÓN. POR MI, POR TI.

Veo continuamente bebés por la calle, más grandes, más pequeños, niños, niñas, riendo, llorando, durmiendo o disfrutando de sus primeros días de vida y no puedo evitar quedarme mirandolos, volverme incluso cuando ya han pasado para seguirlos con mi mirada hasta que los pierdo de vista.

Sin embargo el primer paso para poder ver a un bebé de alguien conocido pasado poco tiempo desde el nacimiento fue con mi última sobrinita que pude verla con tan solo un mes y medio y que además cogí en brazos, pero creo que la barrera he terminado de pasarla con la hija de mi amiga-vecina ya que a pesar de tener más o menos una semana me decidí a verla y la verdad, me sentí bien, sin tristezas, sin agobios y además con el sentimiento de pensar que de esta forma también contribuía a ayudarlos y que se sintieran más a gusto sabiendo que no me causaba dolor el echo de verlos con la pequeña.

Mi satisfacción era doble, ya que por un lado había dado un paso más, bastante grande para mi, y por otro creía poder estar devolvíendoles un poco de tranquilidad a sus vidas al podernos ver afrontando esta nueva etapa con serenidad y alegría por ellos.
Y la ví y era clavadita a nuestro ahijadito, sólo que con el pelito negro y más grande que él cuando nació y me hizo gracia cuando mi amigo-vecino me hizo referencia a este echo diciéndome si había visto lo grande que era, cuando en realidad y a pesar de ser cierto que era más grande, yo como hacía tanto tiempo que no veía un bebé de tan poco tiempo tan cerquita me parecía super pequeñita.

Ya se lo dijemos en su momento, que nada podrá cambiar el dolor que sentimos por Ángela, pero es algo que nos acompañará en nuestras vidas a pesar de volver a vivir buenos momentos, momentos felices y alegrías como es el caso del nacimiento de su nueva hija y que sería igual aunque hubiéramos sido nosotros los que tuviéramos otro hijo, así que sólo espero que disfruten de su hija con la seguridad y tranquilidad de saber que no sufrimos al verlos con ella.

Te quiero mi pequeña, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Te queremos mi ángel.


QUERIA AYUDAR Y ALGO CAMBIO

Unos meses antes me enteré de que un ser querido para mi amiga-vecina se estaba muriendo y ante este echo y encima teniendo en cuenta que estaba embarazada quise estar un poco más pendiente de ella, preguntándole, visitándola, queriendo organizar reuniones, salidas o comidas para que pudiera estar entretenida.
Aunque esa era mi intención, no pude estar todo lo pendiente que quise ya que me coincidió la dichosa intervención que me estaría dando la lata durante bastante tiempo y que me limitó a la hora de poder hacer ciertas cosas, sin embargo procuraba preguntarle con frecuencia para que supiera que si le apetecía hablar o quizás poder desahogarse podía contar conmigo.

En los primeros días de la pequeña,  falleció esa persona y teniendo en cuenta que además yo ya había dado el paso para ver a la bebita y ya sin miedo a que me pudiera afectar pensé que quizás le haría bien mi ayuda para lo que quisiera, o simplemente se sentiría tranquila viendo mi actitud de superación.
Sin embargo parace que el efecto fue el contrario. Quizás por querer estar tan pendiente de ella, por querer o creer que la podía ayudar, porque no terminaba de sentirse relajada con la chiquitina cuando yo estaba, o bien por un poco de depresión post parto junto a la muerte de ese ser querido, o todo junto a la vez, ya no lo sé muy bien, la cuestión es que se ha sentido agobiada y de forma consciente o inconsciente se ha ido separando de mi.

Al principio pensé en hablar con ella, pero he preferido dejar pasar el tiempo y no agobiarla más si es eso lo que ha motivado ese alejamiento, y si es otra cosa pues supongo que en algún momento me lo dirá.
Lo cierto es que es una situación que me ha motivado una gran tristeza y ansiedad por no saber que lo genera, porque lo curioso de todo esto, es que desde que me enteré de la enfermedad de ese familiar, lo único que he querido es que me sintiera más cerca, igual que ella lo estuvo de mi. Es como la necesidad de poder devolverle un poquito del cariño y comprensión que me dió durante tantos meses. Pero supongo que a veces nuestras mejores intenciones no siempre son las más acertadas, ni las que más convengan a la otra parte.

Por las noches mi último pensamiento es para ti, Ángela,  porque ojalá pudiera dormirme soñandote. Te queremos.

martes, 29 de noviembre de 2011

REVIVIR POR SU ALEGRÍA

Hoy después de varios días pensando, he decidido dedicarle el post a mi pequeño ahijado. Ya os he hablado en constantes ocasiones de él, del bien que nos ha hecho y de cuanto lo queremos. Pero hoy me gustaría compartir un poquito más de él, porque es especial, igual que la madre que lo parió (mi amiga-vecina).
Muchas veces he oído la expresión de "Dios aprieta pero no ahoga" y creo que con su venida al mundo a nosotros se nos ha cumplido. No hace falta decir que sobre todo para sus padres y abuelos, su nacimiento fue una bendición, un regalo y sobre todo una alegría inmensa, pero para Juan Carlos y para mí también lo ha sido. Por el nacimiento en sí, por él mismo y porque gracias a la generosidad de sus padres, especialmente de su mamá para conmigo, hemos podido disfrutar de sensaciones, de alegrías, de sonrisas y risas, de cariño y amor, de mimos, besos y abrazos que nos hacen revivir un poquito más cada día y que después de la muerte de Ángela nos parecía tan imposible tener estos sentimientos.
Es especial y más listo que el hambre. Desde bien pequeñito ya tenía diferenciadas sus prioridades y con quién. Con Juan Carlos se deshacía cuando lo veía y movía sus piernecitas y bracitos como un loco para que lo cogiera. A mi me buscaba cuando tenía sueño, entonces era muy gracioso, porque estando en mis brazos cuando se acercaba Juan Carlos le daba pequeñas pataditas y le regruñía para que no lo molestara.
Nos hemos partido de risa al verlo regañar a sus padres o a nosotros señalando con su pequeño dedito cuando hacíamos algo por lo que a él lo regañaban, como caérsele el mando de la tele. Y cuando le ponen música o toca en su pequeño organillo, ¡hay que ver, lo que le gusta bailar!, y mira que es gracioso, porque baila él pero nos va observando a todos para ver si lo miramos y bailamos con él. Cuando se ha llevado algún alimento a la boca para probarlo y se ha puesto a hacer gestos guiñando los ojos o torciendo la boquita porque era un sabor raro para él, ¡cuanta gracia nos ha hecho! porque al darse cuenta de nuestra risa ha seguido haciendo la gracia.
¡Y con sus chapurreos de palabras!. Todavía no se le entiende nada, pero con esa bocecita que pone, nos partimos de risa cuando se pone a hablar, parece tener una conversación de lo más interesante. Le gusta fijarse mucho en las cosas y aprende muy rápido para lo pequeñito que es, por eso si cabe, hace todavía más gracia.
El otro día su última anécdota fue al cogerlo en brazos, yo me había puesto un poquito de raya en los ojos, y como no tengo costumbre el muy pillo se dio cuenta y se puso a pasarme el dedito por el ojo. Me chocó ver que se había dado cuenta.
Me gusta pensar, nos gusta pensar que Ángela está con él, que lo cuida y que lo protege y muchas veces se nos pone la piel de gallina, cuando al entrar a mi casa, en el porche, se va hasta el final y señala donde está la estrella más brillante. Yo le digo que es Ángela, su amiguita y el me mira y vuelve a señalar, como diciendo: "sí, es aquella".
Mi pequeño cansinico te doy las gracias, al igual que a tus padres, por todos los momentos buenos que nos das, por esos grititos que pegas cuando nos ves que demuestran tu alegría al vernos, por tus pequeñitos abrazos y por todo el cariño y el amor que nos das y que también gracias a tus padres podemos darte. Gracias pequeñito por alegrar la vida a todos los que te queremos.
Ángela, mi corazoncito pequeño, nos has dejado tanto amor para poder compartir con todos los que nos quieren y te quieren, que es ¡tan bonito!. Te queremos mi vida.

jueves, 24 de noviembre de 2011

DE VUELTA A LA REALIDAD

Habíamos estado en Roma 5 días y contando con el día siguiente que lo dedicamos a organizar y descansar, estábamos seis días sin ver a nuestros amigos-vecinos y por supuesto a su pequeño hijo. Aún recordamos el momento en el que al entrar en el salón de nuestros amigos y vernos su hijo, la emoción con la que nos miró, el patalear continuo de sus piernecitas, la alegría en su cara y por supuesto el nerviosismo para que lo cogiera Juan Carlos. La alegría por supuesto era mutua y en cuanto lo cogío Juan Carlos el pequeño no hacía más que tocar su cara, mirarme, tocar su cara. Era como si pensara: -"¡estáis aquí!, ¡sois vosotros!- Era tanta su alegría que de la misma emoción, de los mismos nervios el pobrecillo se puso a vomitar. Sus padres se reían de ver la escena y Juan Carlos y yo alucinábamos de ver la reacción del pequeño.

¡Cómo nos llenaron esos momentos!, que como digo, aún hoy recordamos con una sonrisa en la boca. ¡Si supiera este pequeño, el cariño que nos ha dado, y nos da cada día! ¡Si supieran sus padres, (que sé que lo saben), que esos momentos que nos hacen compartir con su hijo nos hacen poder liberar muchos sentimientos de amor que físicamente no podemos darle a nuestra hija!. Y de alguna forma es como si su pequeño lo supiera y nos regalara cada día una sonrisa, un abrazo, un gesto. Había momentos, en los que se nos ponían los pelos de punta, porque en determinadas habitaciones, en mi casa o sobre todo en el cuarto de baño donde lo bañaba su madre, al estar tumbadito boca arriba no paraba de empujar con sus piernecitas hacía un sitio determinado y miraba hacía arriba y se reía. Yo siempre he querido pensar que es mi hija Ángela, que está con él, y que es su angelito de la guarda y lo cuida y protege, porque hubieran sido como dos hermanitos.

Y pasó la Semana Santa y las fiestas de primavera (en Murcia), y decidí incorporarme al trabajo. Con mi madre estuve de baja 18 meses, porque además se me juntaron los tres meses de reposo que tuve que estar por el embarazo, pero fue distinto, el proceso fue diferente. Con la muerte de Ángela, pasé y paso por tanto procesos emotivos, de sensaciones distintas, que igual que con mi madre necesitaba recluirme, aislarme, con mi hija me agobiaba y me agobia estar sola, necesito estar continuamente distraída porque sino mi cabeza no para y hay momentos en los que pienso que me voy a volver loca de dolor y de rabia.

Vida mía, sigo añorándote, sigo soñándote. Ángela mi lucero.

martes, 15 de noviembre de 2011

ULTIMO DIA. RECUERDOS

Llegó el 14 de octubre. Fecha probable de parto. Pero nada. Ese día tenía cita en la UDO de la Arrixaca. Me hicieron monitor y me reconocieron. Aunque estaba verde, la ginecóloga que me vio decidió programarme el parto, me dijo que como era una IN VITRO y que había desarrollado una diabetes gestacional, aunque controlada, era mejor. Bueno ya estaba decidido. Tenía hora por lo privado el día 16, pero de esta forma dejé de calentarme la cabeza. Había estado dándole mil vueltas hasta último momento de donde dar a luz, pero al final pensamos que hacíamos bien. Íbamos a estar en la Arrixaca. Era un parto programado y además ya me daba miedo esperar hasta el jueves 16 después de que me hubieran dado hora para el día siguiente.

Ya estaba ahí. Había llegado el momento. Después de nueve maravillosos meses, faltaban horas para tenerla en mis brazos. Esa noche se hizo larga, pero me sirvió para recordar todos los maravillosos momentos que habíamos pasado con Ángela.

Recuerdo el día que me hicieron la transferencia. Era Santa Ángela. 27 de enero. Recuerdo el día que me llamaron para decirme que estaba embarazada y el tiempo que estuve en reposo porque estaba manchando. ¡Que miedo pasé! sólo quería que aguantaras, que fueras fuerte. ¡Eras tan importante ya para nosotros! Recuerdo con especial emoción, la primera vez que oímos tú corazón, esa sensación de saber que llevas vida dentro, que en mi interior estabas creciendo. Recuerdo el día que nos dijeron que eras una niña, como nos miramos tu padre y yo y casi al unísono dijimos tu nombre: - "Ángela"-. Recuerdo el ansia que tenía por notarte, y la alegría tan inmensa que sentí cuando note tu primer movimiento. Igualmente, recuerdo la cara de tu padre cuando al poner la mano en mi barriga noto ese pequeño movimiento. Recuerdo el miedo que pasaba en cada reconocimiento hasta que me decían que estabas bien. Recuerdo cada una de las 16 ecografías que te hicieron. ¡Cómo íbamos viendo tus cambios!. Especialmente recuerdo una en la que aún sólo medias cuatro centímetros pero estabas totalmente formada y moviendo tus pequeñas piernecitas y bracitos. También recuerdo la ecografía de las 3D-4D porque además de decirnos que estabas perfectamente, vimos tu preciosa carita por primera vez. Recuerdo lo relajada que te quedabas cuando te ponía música clásica, o cuando te asustaba el agua de la ducha y yo te cantaba. Recuerdo lo que te gustaba oír la voz de tu padre y cuando te estirabas y el pasaba la mano por mi barriga, tu te sentías mejor. Recuerdo como nos dabas las buenas noches al acostarnos y tus primeros movimientos al despertarte. Recuerdo los tics que me daban en la barriga cuando te daba hipo. También los baños que nos dimos en el mar, imaginándote al año siguiente disfrutando de la arena, el sol y el mar. Recuerdo con la ilusión que estuvimos comprando todas tus cositas. ¡Lo que pudimos disfrutar!, así como decorando tu habitación y guardándolo todo en sus cajones. Recuerdo el tendedero lleno con tus pequeños bodys, la gracia que nos hacía. Recuerdo como me acordaba de mi madre pensando que no podría disfrutarte, con la ilusión que le hacía ser abuela. Recuerdo cuando comía ajo que te movías como una loca. También recuerdo todas las cosas que sí te gustaba que comiera, porque te calmabas. Recuerdo lo buena que eras por la noche. Dormías de un tirón.  Recuerdo la ilusión que me hacía ir viendo como crecía mi barriga al compás tuyo. Recuerdo la emoción que me embargaba cuando pensaba en el primer momento en que te viera por primera vez. Tenía tantas ganas de comerte a besos. De ver tus pequeños piececitos. Esos piececitos que me daban pequeñas pataditas en la vejiga y me hacían ir al cuarto de baño cada dos por tres, pero que a mi me hacía gracia cuando sentía esas pequeñas pataditas. Recuerdo que empecé a pensar que era tanto lo que quería disfrutarte, que cuando me imaginaba a la gente viniendo a verte, cogiéndote en brazos, me daba como celos el pensar que me robaran esos minutos contigo. Cuando me decían que se me había acabado el dormir por las noches, yo les contestaba que me daba igual, que así más tiempo para disfrutarte.

Ya se acababa. Todos estos recuerdos y muchos más que guardo en mi corazón y en mi alma, son los maravillosos nueve meses que te llevé dentro. Esos maravillosos nueve meses que tu padre y yo disfrutamos día a día, porque teníamos tanto miedo de que te pasara algo. Cada día era una meta. Una alegría. Un mundo de recuerdos. ¡Qué poco quedaba para empezar a tener nuevos recuerdos!

Ángela, ¡cuanto amor!.

lunes, 7 de noviembre de 2011

IR CREYENDO EN EL SUEÑO

PODER COMPARTIR NUESTRO EMBARAZO


4 de abril. Era viernes y recuerdo que esa tarde, después de la mañana de tensión que había pasado esperando que la prueba del pliegue saliera bien, me senté en la terraza, me acaricié la barriga y con el teléfono en la otra mano comencé a llamar a todas las personas que sabía que se alegrarían enormemente. Tías, tíos, amigos. Con quién más trabajo me costo hablar fue con dos amigas de mi madre, por el cariño tan grande. Yo lo sabía y así fue. Ellas se alegraron y lloraron conmigo, por lo que ese embarazo suponía para nosotros. Por lo esperado y deseado. Por lo que llevábamos pasado. Por la ilusión y felicidad que sabían nos aportaría.
¿Cómo puede uno explicar algo, que va mas allá de lo que hasta ese momento conocía? Había pasado muchos años viendo a mis amigas quedarse embarazadas, tener a sus hijos, ver sus emociones, alegrarme por ellas, habernos hecho a la idea y de repente, poder experimentar todo eso que tu veías pero que realmente no llegas a captar al cien por cien hasta que no lo vives tu mismo.
¡Que gracia y  a la vez que bonito!. A la misma vez que nosotros, unos amigos-vecinos también estaban esperando su primer hijo. A nosotros ya nos lo habían dicho dos meses y medio antes pero ellos no sabían nada de lo nuestro (les habíamos dicho que yo tenía un lumbago tremendo y que tenía que estar en reposo). El día que ella me dijo que estaba embarazada, yo estaba esperando para hacerme la prueba al día siguiente, por lo que nuestros hijos se iban a llevar unos quince días.
También otra amiga, ellos ya tenían dos hijos, iban a tener otro hijo, que se llevaría con el mío dos meses.
Me hacía mucha ilusión. Podría compartir con ellas, las dudas, los miedos, los cambios, las ilusiones, sobre todo con la que estaba pared con pared con nosotros.



UN NUEVO REGALO.

El 22 de abril, con 15 semanas de embarazo, fuimos por primera vez a la consulta de la ginecóloga que me vería por lo privado. Le comentamos el caso, la información necesaria, la ginecóloga que me había estado tratando en la IVI, las pruebas que esta entonces nos habían hecho y que todo estaba bien. Una vez comentado todo esto, y de abrirme la cartilla pertinente de embarazo,  me dijo que me tumbara en la camilla que iba ha hacerme una ecografía. Esta era ya la primera que me hacían por la barriga, hasta entonces todas habían sido vaginales.
Sin darnos tiempo casi a mirar, sus palabras me hicieron llorar de nuevo de alegría. –Es una niña- dijo. Acto seguido nos miramos Juan Carlos y yo y le dije: “ANGELA”. Nuestra hija se llamaría ANGELA. Era otro regalo. Nuestro angelito del cielo. Aunque lo más importante era que ella estaba bien, su crecimiento era normal, su corazón latía bien. Mi pequeñica, mi hijica. ¡Dios mío! Cuanto la queríamos. Si hubiera tenido que explicarlo con palabras no habría podido. Tendría que haberme abierto el pecho para que se viera mi corazón.
En un principio yo quería una niña. Después, una vez que sabes que estas embarazada, lo único que quieres es que esté bien, es lo más importante. Me hubiera dado igual que fuera un niño sabiendo que estaba sano, pero he de reconocer que me hizo mucha ilusión que me dijeran que era una niña, y así poder ponerle ANGELA. El 27 de enero fue cuando me hicieron la transferencia de embriones. El 27 de enero era Santa ANGELA y ese día mí hija empezó a crecer dentro de mí.
Los amigos-vecinos iban a tener un niño y cuando les dijimos que nosotros esperábamos una niña les hizo mucha gracia. Comentamos que así tendríamos la parejita. Por el poco tiempo que se iban a llevar y por la cercanía de nuestras casas (pared con pared), se iban a criar casi como hermanos. Nos reíamos y decíamos que serían como gemelos pero en barrigas distintas.
Ya podíamos hablarle por su nombre, decirle cosas más concretas. Mi hija. Nuestra hija. El tesoro de tus padres.



CAMBIOS FÍSICOS.


Estaba de 16 semanas, unos cuatro meses. Es curioso porque hasta el momento en que te quedas embarazada, hablas en meses. ¿Estás de un mes, dos, tres?, pero a partir de entonces los cálculos los haces por semanas y días. Estoy de tantas semanas y tantos días, lo cual no corresponde con los meses normales que conocemos. Si sacamos la cuenta, nueve meses serían menos de 40 semanas por eso, a parte de que los ginecólogos te hablan por semanas, realmente los cambios se van viendo semana a semana.
Hasta este momento no había tenido muchas nauseas. Si mucho sueño y procuraba comer en pequeñas cantidades cuatro o cinco veces al día antes de que me notara vacío de estómago. Es decir, antes de que mi pequeñica tuviera hambre. Ya había ensanchado un poco, y empezaba a notarse un poco la barriga, todavía nada significativo pero lo suficiente para que ya no me viniera nada de mi ropa y tener que utilizar ya ropa premamá. ¡Madre mía! Quién me lo iba a decir a mí. Yo utilizando ropa premamá, después de tanto tiempo.
Lo que peor llevé, fue la resequedad tan grande de nariz que tenía. Yo no lo sabía, pero es también un síntoma del embarazo. Muchas veces me sangraba y para dormir ya tenía que ponerme dos almohadas. Con los meses la cosa fue a peor, pero procuraba estar en lugares que tuvieran un nivel bueno de humedad y por las noches tenía que ponerme un humidificador y encender el aire acondicionado no por el calor, sino por quitar la resequedad del ambiente.
También al sentarme, el coxis se me clavaba y aunque me cambiaron el sillón en el trabajo al final tuvieron que dejarme un flotador de los que se compran en una ortopedia.
Daba igual. La resequedad, el dolor al sentarme, el no dormir bien, todo, todo, me daba igual. Estaba embarazada, mi hija estaba bien, y lo importante era ir viendo como iba cambiando semana a semana. No nos permitíamos ir más allá. Nos metíamos en internet para ir viendo como evolucionaba cada semana. Sus cambios, los míos. Aunque tenía curiosidad sólo miraba lo que ocurriría en esos días. Había una página en la que podías ver el cambio de una forma muy curiosa. Ponían una palma de la mano de un adulto, y dentro la mano de un bebe, y según el mes que pincharas veías la diferencia en la mano del bebé con respecto a la del adulto.
Yo me imaginaba la mano de mi hija puesta sobre la mía como sería.
La página es: …………………………………………….



20 semanas. Ya se nota claramente la barriga.

El 29 de mayo me hicieron otra ecografía en la Vega y unos días antes o después también en la Arrixaca. La de las 20 semanas. Miden el fémur, el abdomen, la cabecita, si el estómago está bien, el flujo sanguíneo, el corazón. Todo estaba bien. Mi hija seguía creciendo como una campeona y yo ya podía ir presumiendo de barriga porque de una semana a otra se me empezó a notar claramente. Te sientes como si no hubiera en el mundo otra mujer embarazada nada más que tu, y vas por la calle orgullosa de ir luciendo barriga. A Juan Carlos y a mí sólo nos faltaba llevar unos carteles luminosos con una flecha señalando mi barriga y que dijeran: “¡Eh! Mirad. Aquí está mi hija!-. De todas formas también nos hacían sentir especiales y que mi hija era especial, porque yo creo que no quedó nadie en Murcia que no me acariciara la barriga cuando me veía, cosa que he de decir me daba mucha rabia, porqué había gente con la que no tenía mucha confianza, gente que no tenía mucha delicadeza, y otras veces simplemente no me apetecía que me estuvieran sobando, porque al final te sientes así en determinados momentos. Pero bueno, lo que me encantaba era mirarme en cualquier sitio. Incluso a veces, cuando pasaba de largo por algún sitio donde me reflejaba y miraba conforme caminaba, me sorprendía pensando:- “¡Soy yo! Estoy embarazada y mi hija esta creciendo dentro de mi.-
A mi amiga-vecina a pesar de estar sólo quince días más que yo, se le notaba bastante más que a mi y además ella ya lo notaba moverse.
Estaba de 20 semanas. Me habían hecho ecografías y todo estaba bien, pero aún así me preocupaba no notarla todavía, por lo que se lo comenté al ginecólogo y me dijo que lo normal es notarlos entre la semana 18 a la 22. Así que esperé. Me habían dicho que la primera vez se notaba como una culebrina y que cuando es niña se nota un poco más tarde que cuando es niño, por eso quizás mi amiga-vecina ya había notado a su hijo a las 18 semanas.

LA EVOLUCIÓN DE UN PRINCIPIO

ALEGRÍA CONTENIDA.

En los siguientes días, después de haber oído por primera vez su corazón, no tengo ni que decir que seguí haciendo reposo absoluto, las sensaciones y los sentimientos eran tan intensos y variados. Al estar de baja, pasaba muchas horas sola y tumbada en el sofá, me miraba la barriga y la acariciaba intentando hacerle sentir el enorme amor que sentía por el/ella, la alegría que me proporcionaba. Había ratos en los que lloraba de emoción y otros de tristeza pensando en mi madre, en lo contenta que habría estado, en que no podría disfrutarlo, con la ilusión que le hacía ser abuela. Pero intentaba que esos momentos malos pasaran. No quería que mi hijo/a me notara triste.
Durante estas semanas que tuve que estar en reposo, llamaba a la psicóloga-amiga para hablar con ella y descargar mis emociones. He de decir, por eso añado lo de amiga, que su calidad humana fue más allá de su profesionalidad. Cualquier otro habría basado su trabajo en la mera consulta presencial y ella se ha implicado conmigo de una forma especial, desde entonces hasta hoy he podido contar con ella, fuera de consulta y de su jornada normal y sé que se ha alegrado enormemente con mis alegrías.
Todavía no se lo habíamos dicho a todo el mundo. Queríamos seguir esperando y viendo como iba avanzando. Estábamos contentos, muy contentos pero teníamos miedo.



TERCERA ECOGRAFÍA. Estaba bien.

Cada vez que íbamos a consulta,  el corazón se nos salía hasta comprobar que todo estaba bien.
Esta tercera ecografía me la hizo el ginecólogo que me asignaron en la Arrixaca. Como era un embarazo de alto riesgo me derivaron allí en vez de llevarme la matrona en el centro de salud. Una vez leído el informe de la IVI, y después de pesarme y tomarme la tensión procedió a hacerme una ecografía. Su corazón seguía latiendo con fuerza. Su pequeño cuerpecito empezaba a definirse. Era tan pequeño/a pero tan perfecto/a.
Nuestro hijico/ca. Estaba bien y seguía creciendo. Que cosas tiene la vida. Que milagro es llevar una vida dentro.
Siempre he creído que es un privilegio ser mujer por el simple motivo de poder notar como crece tu hijo dentro de ti. Es una experiencia que no cambiaría por ninguna otra en la vida y por este motivo, por ser yo directamente la que experimentaba el milagro, quería hacer participe a mi marido en todo momento para que él,  aunque no pudiera sentir físicamente los cambios, emocionalmente se sintiera implicado e incluido desde el principio y por eso le hacía que me acariciara y me diera besos en la barriga muchas veces al día y le comentaba lo que yo iba notando, sobre todo cambios emocionales porque quitando alguna angustia que me dio, y los pinchazos normales que te dan por el cambio que va sufriendo el útero, lógicamente aún no se evidenciaba otra cosa.



TRES MESES. EL ALTA DE LA IVI


En esta cuarta ecografía, que también me hicieron en la IVI (ya fue la última allí),  a parte de tranquilizarnos en cuanto lo vimos, nos partíamos de la risa. ¿Como era posible?. No me lo hubiera imaginado en mi vida. Con tan sólo 4 cms ya se veía claramente. Totalmente formado y moviendo sus pequeñas piernecitas y sus bracitos, como si hiciera palmas. La ginecóloga también se rió y comento: - “Mira que contento esta, que alegría tiene”. – No lo sentía todavía, ¡pero se movía, su corazón latía, iba creciendo!. Era real.
 Como ya he comentado era un embarazo de alto riesgo, y me derivaron a la Arrixaca para que me hicieran el seguimiento desde allí en vez de la matrona por el centro de salud. De todas formas como yo tenía seguro privado me recomendaron también una ginecóloga por si quería que me vieran por lo privado.
No queríamos cerrarnos ninguna puerta y preferíamos hacer el seguimiento lo mejor y más completo y decidimos llevarlo por los dos sitios.
En la segunda cita que tuvimos con el ginecólogo de la Arrixaca, volvió a hacerme una ecografía. Era el 4 de abril. Esta era importante. Iba a medir el pliegue de la nuca. Los parámetros eran normales. Otro obstáculo pasado. Pero aún había que hacer la prueba del triple screem. Con la prueba del pliegue y con la de la triple screem, si salen bien y no hay duda, se puede descartar casi por completo hacer una amniocentesis para descartar malformaciones. Pero bueno, paso a paso. La primera prueba estaba bien y todo iba bien. Estaba con la cabeza hacia abajo, como si estuviera sentado/a pero al revés. Ya se distinguía bastante bien su pequeña columna.
Había pasado el periodo de mayor riesgo. Podíamos dar un poco más de rienda suelta a nuestras emociones y podíamos empezar a compartir nuestra alegría con el resto de personas que sabíamos se iban a alegrar igual o más que la familia.