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lunes, 15 de diciembre de 2014

LAS FUERZAS QUE APRENDES DEL DOLOR

Por eso siempre se dice que la salud es lo primero, y es cierto. Cuando uno está malo, pero malo malo, se te olvida por momentos, que en realidad van a ser (por regla general), sólo unos días y al menos yo, me agobio un montón y me desespero, pero bueno, estoy hablando de encontrarse realmente mal. Por suerte sólo he tenido, que yo recuerdo, tres episodios de estos realmente malos malísimos en mi vida. Me refiero a dolor físico claro. 

Uno fue con mi operación de 2 muelas del juicio. Horroroso. Tuve que estar 5 días ingresada con calmantes porque pensé morirme del dolor. Sin dormir, sin comer, con dolor constante. Otro fue un quiste infectado en una parte un poco delicada, y las curas que me tuvieron que hacer, también me llevaron a pensar morirme y otro esta semana pasada. He tenido una infección respiratoria, que al final no saben muy bien, si ha sido bronquitis espasmódica, bronquitis sola, faringitis aguda o infección respiratoria sin más, que me ha producido unas toses secas horrorosas que no había forma de cortar y que me llevaron a tener que ir al médico y a urgencias en dos ocasiones llorando porque no podía soportar el dolor de cuerpo que me producían, la cabeza que me iba a explotar y el cuello que se me iba a partir en dos, ya con cada episodio de tos y la consiguiente desesperación de ver que pasaban los días y no me mejoraba.

Pero al final han pasado los días, y ya estoy casi totalmente recuperada y uno no se acuerda de ese dolor físico que pasó, ni de la angustia, ni la desesperación. Realmente el dolor físico aunque te acuerdes, el cuerpo lo olvida. El dolor del alma por el contrario es distinto. Ese se queda grabado y cuesta más llevarlo y aprender a vivir con él.

Sin embargo, será por ese dolor del alma, que he ido aprendido a hacerme más fuerte y que a pesar de haber estado realmente mal estos días y de tener, lo reconozco algún momento de pánico y pura desesperación, no he dejado que me amilanara y me dejara recogidita en la cama viendo pasar los días, entre otras cosas porque en la cama estaba todavía peor, más tos, jajajajaja. Pero no, como en realidad no tenía fiebre, era sólo los episodios de tos que me daban en determinados momentos del día, sobre todo recién levantada y a mitad de tarde o ya noche, pues no he querido que me doblegaran hasta el punto de poder conmigo los ratos en los que me encontraba mas o menos.

Y aún encontrándome malita, he buscado pasar buenos ratos. Y os digo que estaba malita, malita, pero no sé, en otra época de mi vida, me hubiera encerrado, me hubiera pasado todo el tiempo llorando y compadeciéndome de lo mal que estaba, pero ahora a pesar de todo no me dejé arrastrar, y además pensaba, si estoy para ir a trabajar, (tenía el cierre de cuentas en mi trabajo y no podía fallar), pues estoy para tomarme algún relax. No me fuí de discoteca claro, jajajajaja. pero no suspendí nada de lo que tenía planeado para el puente. El vienes cena después de clase de inglés con nuestro profe y su novia. El sábado comida en mi casa con unos amigos y el domingo otra vez comida fuera con nuestros amigos-vecinos. El tiempo que estaba ocupada en tener una conversación con ellos, en preparar las cosas, en arreglarme, en defintiva en tener una distracción, pues se me olvidaba por momentos que me dolía hasta el alma de tanta tos. Pero claro, también lo pude hacer porque en esas horas el cuerpo me dió un descanso. Luego las pagaba todas con creces, pero que le den.  A pesar de estar llorando el lunes en urgencias, no quise que pudiera conmigo, porque además no había algo concreto que yo hiciera y dejara de toser. Daba igual. De repente era una postura, o una pequeña tos que ya desencadenaba en el resto y ya no había forma de pararla, ........

Y no lo ha hecho, no la he dejado.  La semana la fui pasando más o menos. Mis compañeros en el trabajo me fueron ayudando y echando una mano, mi marido llevándome al banco y de una sección a otra en coche para que no me fatigara. Resultado: trabajo realizado, salud mejorando poco a poco, ánimo vuelto a la cima, sábado día estupendo con marido, amiga-vecina y mis ahijaditos, domingo día estupendo de matanza con otros amigos.

Hoy lunes, casi bien y como decía un amigo: "Vamos que la semana va que se las pela".

No me lo creo ni yo. A veces hay que olvidarse un poco de lo malo para dejar entrar lo bueno, y si estos días me hubiera encerrado y centrado en verme lo mala que estaba, seguro que todavía lo habría pasado aún peor. He tenido días muy malos estos días, pero dentro de ellos, también he tenido buenos momentos.

Tengo un poco de cada una de vosotras, mamá, Ángela, me dais fuerza, vuestra fuerza. Gracias por acompañarme, por no dejarme. Gracias por seguir ayudándome a aprender a vivir. Os queremos.

lunes, 30 de junio de 2014

A TI Y TU PEQUEÑA (tu sabes quien eres)

Hace unos días, en mi correo particular, el que figura en mi blog a disposición de todo aquel que quiera comentarme algo más privadamente, me llevé una terrible y tristísima noticia.

Una de vosotras, de mis seguidoras, de la que en alguna ocasión a querido darme su apoyo, su cariño, su consejo, su ánimo..... y me ha dejado un comentario en el blog, me escribía a mi correo personal y mi corazón se encogía de dolor y tristeza al empezar a leer su mensaje.

Me escribía que hace unos días, había perdido a su niña. Estaba embarazada de 6 meses y encontrándose mal y con fuertes dolores, había acudido al hospital donde por desgracia le daban la terrible, terrible, terrible y dolorosa noticia.

No quiero dar muchos detalles de todo lo que me explicó porque no sé si ella querrá que se haga público o no, y el escribirlo es por darle un pequeñito homenaje a su pequeña y transmitirle a través de nuestra fuerza, todo el apoyo y el cariño del mundo.

En estos momentos todo lo que podamos decirle no va a restarle ni un ápice de dolor, pero sé que sí se agradece mucho, todo el cariño y sobre todo la comprensión. Hay cosas que uno no necesita vivirlas para imaginar el dolor tan grande que puede producir y desde luego la pérdida de un hijo, porque aunque no haya nacido todavía, es NUESTRO HIJO, es un dolor que no se puede comparar con nada en el mundo y menos aún cuando no lo esperas, cuando tenía que haber venido vida en vez de muerte, cuando la ilusión va creciendo día a día, prueba a prueba, patadita a patadita.

Lo siento, lo siento, lo siento en el alma. Pasarás por muchas fases y por muchos altibajos, pero mi consejo es que te permitas sentir lo que sientes en cada momento, que busques ayuda si ves que no puedes sola, que alejes de tu vida a todas aquellas personas que no sienten un ápice de empatía por lo que sientes porque no sólo no te van a ayudar en tu dolor, sino que te van a causar mucho más. Trata de hacerlas entender, yo tengo algún post que habla de eso y si ves que no quieren entender, que no les importa, es mejor que te alejes de ellas, porque te aseguro, al menos a mi me pasó, me parecía una tremenda falta de respeto por mi hija, aunque he de decir que me pasó con muy poca gente y además de esa poca gente al final lo entendió.

Sé que ahora mismo no tienes consuelo, y que no entiendes y que todo te duele. Sé que la vida es injusta muchas, muchísimas veces y que nada ni nadie puede darte una explicación. Sé que en las próximas semanas, en los próximos meses parecerá todo un sueño, que no es real, pero te volverás loca de dolor dándote cuenta que sí, que es real. Sé que a cada uno le hace bien una cosa y lo que a mi me ha podido servir, quizás a ti no te sirva, así que aunque pueda aconsejarte, o la gente que te quiera, serás tu misma la que sabrás que es lo que mejor te ayuda, pero ten en cuenta, que la persona que mejor puede ayudarte, eres tu misma. Aunque estés en una montaña rusa y subas y bajes y vuelvas a subir y bajar rápidamente, serás tú la que decidirás si quieres ir subiendo. Y sobre todo, rodéate de gente que te haga la vida más fácil, que te dé cariño, que te apoyo, que esté contigo en silencio o hablando, pero contigo.

Mira al cielo. Busca la estrella más gordita, y esa será tu niña. Tú luz, tu amor.

Desde aquí, desde mi humilde blog, donde quise rendirle un homenaje a mi hija, hoy te dedico a ti y a tu pequeña, estas palabras llenas de cariño, comprensión y calor. Un beso enorme y un grandísimo abrazo, para tí, que sabes quien eres.

Ángela, en estos días, en el cielo ha entrado un angelito nuevo, que te ayudará a iluminar el cielo, siendo una más de las Estrellas Gorditas. Te queremos.

viernes, 14 de febrero de 2014

UNA CONEXIÓN EN PAZ

Una de las cosas que me han marcado de aquel horroroso día de angustia y miedo, en el que perdí a mi hija por unos desalmados, a parte claro está, del hecho en sí de todo lo que tuvimos que vivir, fue mi decisión de no querer ver a mi hija.

En aquel momento, en el que me lo propusieron, en el que me dijeron si quería verla, después de darme la noticia, de confirmarme algo que yo ya sabia antes de entrar a quirófano, mi respuesta primera fue de duda, de no saber que hacer, de querer pero a la misma vez de darme miedo, o quizás simplemente eso, no saber que iba a sentir, si podría soportarlo, si me moriría de dolor, si..... no sé, realmente no puedo explicar que es lo que sentí, que pensamientos me pasaron por la cabeza. Simplemente después de dudar y de escuchar a mi marido que me decía que era mejor que no, decidí no verla. No sé si estaba en shock, si me dejé llevar por el miedo de mi marido a que la viera y no pudiera aguantarlo o qué, realmente no lo sé y aún hoy me lo sigo preguntando. ¿por qué no tuve la fuerza y la valentía para verla, para tenerla en mis brazos, si ya todo el miedo, toda la angustia, todo el horror de ir viendo como moría, ya lo había pasado durante las horas previas?
Le pregunté a Juan Carlos "si es que estaba mal y por eso no quería que la viera" y el me dijo que no, que era preciosa, gordita, con unos bonitos mofletes y mucho pelito negro rizado. Pero él lo pasó tan mal, tan, tan mal teniéndola en sus brazos y tan quietita, tan palidita, que no quiso que yo pasara por eso.

Sea por el motivo que fuera aquel día, hoy por hoy sigo pensando que me equivoqué y que tenía que haberla visto. Es algo que ya no puedo cambiar y que al menos eso, ese instante, si pudiera cambiaría. Lo cambiaría todo de aquel, día, pero si me dijeran que no puedo y que tan sólo me conceden unos segundos, sería ese instante.
Me ha quedado una pena muy grande, no ya por mi, sino por ella, porque pensara que su mamá no fue valiente hasta el final como para poder tomarla en brazos a pesar de ............

Y bueno, como he dicho, sé que ya no se puede cambiar, y he tratado de provocar sueños donde poder recuperar ese instante a pesar de lo duro, pero no he podido. No ha llegado a mi, y es algo que he ido llevando, y llevando y llevando, pero sabéis que, he podido hacerlo a través de la acupuntura. Sí. He aprovechado las sesiones que tenía de acupuntura para poder recrear ese instante, de verme con mi niña en brazos, de sentirla, de verla, de darle besitos y de acariciarla.
Mientras estaba allí, en la camilla acostada, con la relajación que te proporcionan las agujas, la música con el mar de fondo o el sonido de pajarillos cantando, la penumbra de la estancia y mi deseo de querer conciliarme con ella y aquel instante. 

Las primeras veces era realmente doloroso, insoportable, insufrible, y a pesar de tener los ojos cerrados, mis lágrimas caían sin cesar y aún no sintiendo mi corazón desbocado, por el efecto relajante de las agujas, si notaba una cierta tensión y angustia aunque podía soportarlo, quería soportarlo.
Poco a poco, sesión tras sesión, fui sintiéndome mejor y a pesar de seguir sintiendo dolor y una gran tristeza, a la misma vez me sentía reconfortada. La imaginaba en mis brazos, y la podía acariciar y sentir, aunque lo que más me costaba visualizar era su pelito rizadito, como decía su papá que tenía, y sin embargo veía sus mofletes, sus ojitos cerrados, su manita apoyada sobre mi pecho. Y lo que en un principio me causaba agitación y tensión, después se convirtió en una sensación de paz, de sosiego, con pena, con tristeza enorme, tremenda, pero sin tensión. 
Al final, pude convertir esas sesiones en un momento de poder encontrarme cara a cara con ella y hacerle saber que la quería con toda mi alma. Más que por mí, yo lo que quería era que ella supiera que la amaba, que la amo, y que siempre será así. Ojalá que a través de estas sesiones ella haya podido sentir también esa conexión conmigo y haya podido percibir y recibir todo mi amor. Yo sólo quería que ella lo sintiera. Para mi es duro, pero lo importante era ella, es ella y aquel día no pude, pero he querido de alguna forma intentar compensar esa decisión que me pesaba tanto.

La acupuntura me ayudaba, me ha ayudado a relajarme, a regular de alguna forma el desequilibrio iónico, electrostático, del yin y yan o como puñetas se quiera llamar todo eso, pero el caso es que me siento más equilibrada, y sobre todo he podido sentir esa conexión con mi pequeña.

Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero hija mía. Te queremos.


viernes, 20 de diciembre de 2013

LA HIPNOSIS EN EL DOLOR

Bien, tenía que haber escrito antes, pero la verdad ahora tengo momentos en los que necesito desconectar un poco del espacio virtual y me cuesta más centrarme en poder escribir y expresar lo que siento, aún así estoy, sigo aquí. Me cuesta pero a la misma vez lo necesito. Es un escape, un desahogo y una forma de poder seguir ayudando y siendo ayudada.
Espero no demorarme tanto en mi próxima entrada porque, una vez que empiezo a escribir me siento bien, me relaja, me libera........

Y bueno, me quedó pendiente el contaros otra de mis asas, resortes, o nuevas experiencias donde poder agarrarme por intentar salir del circulo vicioso en el que estoy y que me cuesta mucho salir, el cuál no es ni más ni menos que aquel maldito día. El recuerdo constante de lo que viví/vivimos, las horas, los minutos, el dolor, el miedo, el sufrimiento, las consecuencias,........la ilusión perdida, el sin-sentido........., la rabia y el amor, tanto amor contenido........

En esas semanas, meses, en los que he estado otra vez tan, tan mal, hasta el extremo de querer morirme porque no podía soportar sentirme así y recaer una y otra vez, de nuevo no me dejé rendir y de nuevo quise luchar y poder superar ese estado y además querer que esta vez fuera algo más duradero y que me sirviera para hacerme más fuerte, para poder hacer costra aunque la herida siguiera ahí, porque con cada recaída en el abismo el dolor parecía más intenso y me estaba costando mucho ver lo bueno, y recordar los momentos buenos, y estabilizarme con ellos y mi intento de ser positiva.

Hice, bueno, aún lo estoy haciendo, acupuntura. También las flores de bach y al hablar con mi psicóloga y ver como me encontraba me propuso someterme a unas sesiones de hipnosis. No para olvidar, no para hacerme recordar,  porque no es recordar lo que necesito ya que lo tengo todo muy fresco en mi memoria (ese es el gran problema), sino para poder asumir ese día y poder aprender a vivir con ese recuerdo, haciendo que con las sesiones supiera que sí, está ahí y lo viví, pero que cuando me venga el recuerdo, las imágenes, pueda ahuyentarlas, alejarlas y dejarlas en un plano que no me perturben de la forma en la que lo hacen, que sean como el tejado de una casa, que está ahí, sobre nuestras cabezas, pero que no va a caerse encima y a aplastarme.

Tenía miedo, no sabía muy bien a lo que me podía enfrentar, pero aún así, no lo dudé. Y fui y al principio me costó mucho concentrarme porque tenía miedo, mucho miedo y el sonido de mi corazón casi no me dejaba oír su voz, pero poco a poco fui relajándome y serenándome. No es como se ve en las películas, que uno se queda en trance y cuando se despierta no recuerda nada de lo que ha vivido en la sesión. Eres consciente en todo momento, sólo que estás (si lo consigues), muy relajado, sólo oyendo la voz de la persona que te habla y dejándote llevar por donde ella te lleva, pero a la misma vez, dejando libertad para que sea tu subconsciente el que te guie hasta donde el sentimiento tiene que llegar y puedas liberar lo que te perturba, siendo consciente de que lo dejas ir, de que quieres que se vaya. Es decir a mi en concreto, después de inducirme a la relajación profunda, pues me fue haciendo ver un pájaro de bonitos colores, con un canto muy dulce, que estaba conmigo, pero de repente aparecía en una jaula. Yo fui relacionando a ese pájaro con que era mi pequeña, mi Ángela, y era dulce y bonita y estaba tranquila y feliz conmigo, en mi barriga. Pero de repente llegaba aquel día, en el que ella debía salir y la jaula representaba aquel infierno, aquellos minutos, aquellas horas, aquella angustia, y ella estaba prisionera. Mi corazón empezó a acelerarse, mi respiración fue haciéndose más intensa, más rápida, más ahogada, y entonces mi psicóloga me decía que debía dejar que la puerta de la jaula se abriera y que el pájaro saliera. La jaula se iría alejando, es decir el dolor, el recuerdo de la angustia, el miedo, el sufrimiento, ......, la jaula en definitiva representaba lo vivido aquel día y al abrir la jaula y dejar que el pájaro saliera, pretendía que sólo quedara ella, su recuerdo y el saber que a pesar de no tenerla físicamente ella estaba conmigo. Fue muy duro, porque al imaginar la jaula abriéndose sólo la veía a ella alejándose y mi llanto y mi angustia surgieron en tromba sin poder contener la necesidad de querer gritar, de poder agarrarme a ella, de poder retenerla. No podía calmarme, no podía parar de llorar, de sentir que me ahogaba, de tener miedo, pero poco a poco mi psicóloga fue calmándome, haciéndome ver que la jaula se alejaba, pero que mi pequeña seguía a mi lado, conmigo, y yo empecé a sentir que aunque no podía verla, ni tenerla físicamente, mi hija perduraba en mi, en mi alma, en mi recuerdo, a mi lado aún cuando no pudiera sentirla, y la feliz y bonita, en la representación de ese precioso pájaro de colores vivos y alegres y la jaula, el dolor y recuerdo de aquel día, se iba perdiendo de mi vista. Seguía ahí, pero ahora con menos nitidez (al dolor), con menos intensidad (a la angustia), ......... Seguí llorando todavía un rato, y aún con cierta dificultad para sosegar la respiración,  poco a poco fui calmándome y dándome cuenta, que ella no se iba con la jaula, que ella seguía, que no se pretendía que la olvidara a ELLA, que ELLA estaba, pero ahora podía verla y sentirla sin sentir la angustia de aquel día. 

Al volver a la realidad, me sentí aliviada. Todavía no sabía muy bien como iría aquello y si se conseguiría algo. Mi psicóloga me dijo que veríamos como había ido poco a poco, y que no me preocupara, que si veíamos que era necesario haríamos alguna sesión más.

A día de hoy, sigo teniendo miedos, y sigo recordando aquel maldito día, pero por lo menos de momento, puedo decir que me encuentro mejor, porque estaba realmente mal. Tengo mis momenticos, mis lloros, y mis recuerdos, pero, no sé, como más serena. No sé si me durara mucho, poco o sólo es un espejismo a querer encontrarme mejor, pero sí, a día de hoy me encuentro un poco mejor. No sé si será por la hipnosis, por las flores de bach, la acupuntura o todo junto, pero lo intento. Cada día lo intento.

Ángela, te quiero. Te adoro. Te anhelo. Ojalá seas feliz, ojalá estés bien, ojalá seas siempre nuestra luz. Te queremos vida mía.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

LA INJUSTICIA DE UNA INJUSTICIA

He dicho muchas veces que tengo que hacer un verdadero esfuerzo por no volverme loca cada vez que el recuerdo de aquel maldito día viene a mi mente, y eso ocurre día sí y día también, aunque intento con todas mis fuerzas alejar el pensamiento, enmascararlo, ocultarlo con mil y una ida y venida, con mil y un plan, con multitud de pequeñas cosas para poderme agarrar unos días a una otros a otra. Pero aunque lo consiga, esos instantes previos a poder quitármelos de la cabeza, el dolor consigue hacer mella y estrujarme las entrañas y el corazón sin piedad.

A pesar de todo sigo, seguimos tirando, seguimos viviendo, y seguimos creyendo en que quizás al menos su muerte sirva para algo, en que de alguna forma se haga justicia por su muerte y por todo lo que conllevó aquel día.
Supongo que el dolor seguirá ahí, pero al menos quiero pensar que la sensación de impunidad, de indefensión, de rabia,  podrá minimizarse un poco. Pero claro, para eso debe haber justicia y ya han pasado 3 años  y seguimos como al principio.

Presentamos la querella criminal, fuimos a declarar Juan Carlos y yo, se pidieron informes periciales, y todo junto con el resto de pruebas se presentaron hace más de 2 años a la forense judicial para que emitiera su informe, según el cual dependen el resto de pasos.
Se le ha requerido en varias ocasiones y todavía nada de nada. Al principio que si en tres o cuatro meses lo sacaba, luego que si antes del verano, ahora ya ha pasado el verano y aún nada. Hasta cuando.
No entiendo esa forma de jugar con los sentimientos. No entiendo ese atrasar una y otra vez algo que de todas formas tiene que salir. No entiendo porque aquí no se mira por la víctima. No entiendo esta forma de hacer justicia ni de aplicar la ley.

Sabíamos que el proceso iba a ser lento. Eso lo teníamos claro, ya nos lo advirtieron nuestros abogados, pero lo que ninguno, ni siquiera ellos mismos esperaban es que en el primer paso, el primer escalón, estuviera paralizado todo desde el principio.
Es un sinvivivir, porque al dolor, la rabia y la impotencia por la muerte de mi hija, se une esta indefensión, este no poder hacer nada hasta que quieran, esta sensación de que a todos les da igual. Y es muy duro. Se hace muy duro. Pero no conseguiran cansarnos. Por ella, por nosotros, por la injusticia, por un trabajo y una profesión que pisotean y humillan con su conducta.

Ángela, tu recuerdo es tan vivo, tan presente, tan fuerte. Te queremos.

EL RASTRO DEL VERANO

EL VERANO NO ES PARA TODOS

En verano suele darme el bajón de forma más significativa y aunque parezca extraño, el psiquiatra me dijo en una ocasión que es más normal de lo que la gente se piensa que en verano  el estado de ánimo se vea alterado en muchas personas al igual que ocurre en otras en la llegada del otoño. Supongo que en mí es normal que sea en estas fechas ya que a mi las estaciones de otoño-invierno me encantan, me gustan más que las otras. Las encuentro más entrañables, más familiares, más acogedoras.

Por otro lado es en verano cuando más me acuerdo de mi madre, los días que pasábamos con ella en la playa, ¡lo que le podía gustar!. No sólo el echo de poderse evadir durante unas semanas allí, sino porque durante esos días ella podía disfrutar de nuestra compañía de forma intensiva, y eso la hacía muy feliz. También es en verano cuando tengos los mejores recuerdos con Ángela, la tranquilidad de el avanzado estado que me indicaba que todo iba bien, que ya iba faltando menos y que en unos pocos días después de acabar el verano ella estaría en nuestros brazos.

No puedo evitarlo porque son pensamientos, sentimientos, sensaciones que me vienen solos, sin yo buscarlos, sin querer recordar incluso en muchos momentos por lo profundo del dolor, pero que están ahí y que me rememoran todos los planes que teníamos previstos. Un año más llegan a mi mente sin poder hacer nada. Ahí están.

Y es por eso, porque ya lo sé, por lo que busco una y otra vez fórmulas que me mantengan alejada de la realidad y que no hay nada que más me ayude que es mantener mi mente y mi cuerpo agotados. Agotados por tanta actividad, tantos planes, tantas salidas, tantos momentos en la cocina haciendo uno de mis mayores jobis que es cocinar. Me encanta, me ayuda en momentos de ansiedad, me relaja.
Todo vale para seguir en la carrera de la vida, pero no de cualquier manera, así no. Así no merecería la pena nada. Si se sigue luchando, si se sigue viviendo, si seguimos en la carrera, es para hacerlo con las mejores opciones. Quizás no ganemos, pero habrá merecido la pena sólo por el echo de haber participado con ilusión y ganas.

¡Cúanto me acuerdo de tus bostezos, de tu hipo, de tus pequeñas pataditas, de la huella de tu piececito en la ecografía! ¡Cúanto, cúanto!. Te queremos.


ADAPTARSE Y REIRSE

Al final pudimos irnos unos días de viaje. Después de ver mil presupuestos, mil destinos, de intentar buscar la mejor opción para todos los que se suponía que nos íbamos a ir, de poder acoplar las fechas que más o menos nos vinieran bien a todos y de esperar y esperar hasta último momento para ver si salía el super chollo que por eso de la crisis supusimos que saldría y que al final no salío, pues eso,  que nos fuimos.

Fue toda una odisea porque Juan Carlos y yo nos adaptamos a todos y a todo y por esperar a unos, buscar destino para otros y querer que el presupuesto se acomodara a todos,  casi nos quedamos sin poder irnos a ningún sitio. Pero bueno, quitando los mosqueos de los primeros días en los que se dió de baja la mitad del personal, y tuvimos de nuevo que mirar nuevos sitios, plazas, hoteles, avión, fechas y todo lo demás para los que quedamos, por fín pudimos salir unos días a cambiar de aires y de la rutina de todos los días.

Asíque,  de quince personas que íbamos a ser,  nos quedamos en cinco. Nosotros y nuestros amigos de la misma calle con su hijo. Pero estuvo bien. La verdad es que nos reímos mucho y el pequeñajo aguantó mejor que nosotros los días de caminatas y horarios de estar todo el día por ahí.

La única contrariedad fue la impuntualidad continua por parte de ellos en diversos contextos y situaciones, pero que al final convinimos en que no había por qué haber enfados si en todo lo demás no había problema. Como en todo , era cuestión de organizarse y priorizar, por lo que decidimos que los que más tardaban (ellos) no tenían por que ir nerviosos pensando en el plantón de los otros (nosotros), ni los otros (nosotros) terminar enfadándonos por estar de plantón después de habernos planificado para poder estar a nuestra hora, asíque lo que hicimos en dos o tres ocasiones era irnos Juan Carlos y yo y quedar a otra hora con ellos para que de esta forma todos estuviéramos bien.

Al final es la mejor solución, ya que por el echo de viajar juntos no significa que tengamos que ir a todas partes juntos, ni de hacer todos las mismas cosas porque por preferencias, horarios, cansancio, ritmo,  se trata de ir adaptándose a las circunstancias y a las personas con las que viajas para que todos podamos disfrutar y no perjudicar a los demás en el que es también su viaje.

En fin que salvo esta salvedad, que muy posiblemente ellos tendrían cualquier otra queja con respecto a nosotros, lo pasamos muy bien y nos reímos mucho, incluso de situaciones en las que de no estar predispuestos a pasarlo bien, nos hubiera amargado, como una excursión que contratamos y que en vez de llevarnos por todo lo más bonito de la ciudad nos llevó por el extrarradio de la ciudad para subirnos a lo alto de una montaña y como no, hacer caja en una cafetería-restaurante. Fuimos riéndonos todo el camino viendo por donde nos estaban llevando.

Pero como digo, al final el balance fue positivo porque de eso se trata. De adaptarse a las situaciones y a las personas y saber que no todo ni todos somos perfectos y que el que no tiene una cosa tiene otra pero siempre hay que valorar y sopesar lo bueno de lo malo y si lo bueno supera a lo malo, entonces merece la pena . Yo me quedo con eso.

Tú eres parte muy importante de mi visión, porque si sólo nos quedáramos con lo malo, entonces mi amor chiquitín, no podríamos vivir. Te queremos.



LA VERDAD DE UNA IMAGEN

Cuando uno sale de viaje siempre le suelen parecer pocos los días que se está fuera, claro es, si uno lo está pasando bien y está a gusto, como este fue el caso. Da penita pero llegas con las ganas de revisar todo el material fotográfico y de vídeo que ha dejado inmortalizado los momentos vividos y que nos sirven para rememorar todo aquello que quedó en nuestras retinas, en nuestras vivencias.

Normalmente, por lo menos a mi me ha pasado, no se termina de ver reflejado al cien por cien todo lo que has visto, ni en el color, ni en lo bonito, ni en la grandeza, pero he de decir que esta vez al ver el vídeo,  experimenté todo lo contrario. La verdad es que fue raro, porque viendo las imágines,  la sensación era como que no había disfrutado ni sacado el máximo partido a todo lo visto. Me pareció mucho más bonito y entrañable de lo que en un principio me había parecido.

No sé, quizás mi cabeza no empezó el viaje muy centrada y es curioso porque,  unos días después,  hablando con mi amiga de la misma calle me dijo que al ir viendo las fotos (ellos hicieron las fotos y nosotros el vídeo), había visto como la expresión de mi cara había ido cambiando conforme iban pasando los días. Me dijo que en las primeras fotos de los primeros días mi cara reflejaba tristeza, melancolía y que conforme fueron pasando los días,  en mi rostro empezó a aparecer la sonrisa alegre, la vivacidad en mi expresión. Fue algo que le resultó chocante porque hasta verlo plasmado en las fotos no se había dado cuenta.

Supongo que es algo normal, porque cuando estás acostumbrado a ver a una persona de forma continua te pasan desapercibidos muchos gestos o estados de ánimo que por lo habitual,  no resultan raros y es quizás cuando lo vemos en una imagen fija, tomada sin darte cuenta cuando quedan al descubierto todos los fantasmas que habitan en tu día a día.

Bueno, al menos pasamos de poco a más y he de reconocer que me vino muy bien el viaje y la compañía y de todo se saca la parte positiva y en este caso me di cuenta a la vuelta,  que había estado durante varios mañanas sin tomarme las pastillas anti-depresivas, señal de que al menos durante unos días mi cabeza dejó de pensar.

Durante esos días, cada noche buscaba tu luz en e cielo, pero no te encontré y lo que más me alegró al volver fue verte de nuevo en lo alto del cielo, mi estrella gordita. Te queremos.


EL HUECO DE TU AUSENCIA

Este verano todavía tenía que pasar una nueva calentura que había ido retrasando porque se me hacía un nudo en el estómago y me causaba mucho dolor, pero decidí liarme la manta a la cabeza y dar un nuevo paso para subir un nuevo escalón.

El motivo era que desde la muerte de Ángela no  había vuelto a ir a ninguna reunión familiar por parte de Juan Carlos donde estuvieran todos sus hermanos y los respectivos, ya que me causaba mucho dolor ver a uno de sus miembros con su hija pequeña y para mi era como si el hueco de mi hija hubiera sido sustituido por esa personita y la verdad es que me moría de dolor el sólo hecho de pensarlo.

Pero a lo largo de este año he ido haciendo nuevos esfuerzos por ir superandome y ya después de dar el paso de ir a ver también a otra nueva pequeña sobrina que había nacido durante el otoño creí que posiblemente podría soportar el verlas a las dos juntas y el ver la felicidad en los rostros de sus padres.

Bueno, la primera sorpresa fue para mis suegros que no me esperaban. Mi suegro me abrazó emocionado y me dijo que para él era muy importante el verme allí y en fín, supongo que alguna vez tenía que ser la primera.
Intenté durante toda la noche estar distraída, alegre, sin que en ningún momento se notara que mi corazón estaba encongido y teniendo cuidado de no sentarme en la parte donde se habían sentado todas las mujeres por no oirlas hablar de las cosas típicas de los cuidados del bebé y a la misma vez, y a pesar de estar todas ellas muy produntes, no hacerlas sentir incómodas.

Y la noche más o menos pasó bien. Ya casi estaba hecho. Ya casi llegábamos al final, pero fue en la despedida cuando un invitado extra quiso estar más cariñoso y atento preguntándome e interesándose, cuando ya no pudieron más y mis lágrimas salieron sin yo poder remediarlo. Fui fuerte toda la noche, pero al final la evidencia de su ausencia, en mi corazón pudo más.

Al menos, como dije al principio, alguna vez tenía que ser la primera y después de aquella noche, han venido otras cenas y otras comidas familiares y he podido estar mejor y más fuerte porque si decido ir es para que nadie tenga que sentirse incómodo y triste al verme.

Bien, mi ángel nada ni nadie podrá ocupar tu lugar, pero es que duele tanto ver como la vida sigue sin tú estar. Te queremos

martes, 29 de noviembre de 2011

16 DE OCTUBRE DE 2009

PRIMER ANIVERSARIO CON TODOS

Supongo que en la vida hay tiempo para todo, y al igual que unos días antes habíamos estado comiendo y disfrutando con nuestros amigos y sus tres hijos de los que somos padrinos de su hijita pequeña, ahora, unos días después tocaba compartir momentos tristes, pues era el primer aniversario de la muerte de Ángela.
Un año y el dolor, si que es verdad, no es como al principio porque sino creo que no se podría soportar, y sin embargo el sentimiento de angustia, de impotencia, de miedo, de rabia, por como sucedieron las cosas hacía un año, estaba igual. También es cierto que aprendes a manejar mejor estas sensaciones, pero hay ciertos días en los que no hace falta ni pensar, tu propio yo, te hacen estar diferente, te hacen sentir y experimentar de forma distinta. Es curioso, pero el día anterior y ese mismo día (15 y 16 de octubre), nuestro pequeño ahijado, también se encontraba distinto, estaba más tristón, parecía incluso que estuviera malito. Era como sí el también presintiera o sintiera el día tan triste que teníamos que pasar y no es que todos los días lo pienses, pero si que es cierto que en determinadas fechas uno se remueve más.
Ese día, 16 de octubre, amaneció lluvioso. El cielo lloraba igual que mi corazón. Recuerdo que estaba sentada mirando como caía el agua y yo no podía parar de llorar. No pensaba, simplemente las lágrimas brotaban y dejaba escapar el dolor de mi alma. Recuerdo que me llamó mi amiga-psicóloga sólo para hablar, para que supiera que podía contar con ella, para dejarme desahogarme, para llorar. Como siempre se lo agradecí de todo corazón y me vino bien.
Como el año anterior no pudimos hacerle una misa de funeral porque yo estaba ingresada, (al entierro fueron mis cuñados para acompañar a mi pequeñita), este año queríamos hacerle una misa un poco más especial que la de aniversario y así se lo dijimos al cura y a nuestros amigos y familiares. Y antes de ir a la iglesia, pasamos Juan Carlos y yo por el cementerio a llevarle unas flores a nuestra hija. Es el único regalo que podemos llevarle junto con nuestro amor. Al llegar vimos que le habían puesto otro precioso ramo en un jarrón de cristal y algo que me emocionó en lo más profundo. Le habían puesto un patito de peluche. Mis dos amigas. Mi amiga-vecina (la mama de nuestro ahijado), y la amiga de la misma calle habían ido por la mañana y le habían llevado el ramo y el peluche que sé, que fue cosa de mi amiga-vecina, no podía ser otra.
Luego ya la misa, fue bonita, muy bonita y me sorprendió cuando el cura dijo que le había parecido muy bonito que unos padres que habían perdido a su hija de bebé, de tan reciente, hicieran una misa de aniversario. Pero ¿cómo no la íbamos a hacer?, es nuestra hija, da igual que tuviera un segundo de vida o cuarenta años. Es nuestra hija, un angelito de Dios. Y fue "bonito", porque vinieron todas y cada una de las personas a las que llamamos y que quisieron acompañarnos en ese día.
Mi amor, mi hija, mi tesoro, que año tan duro sin poderte dar todos y cada uno de los besos que guardábamos para ti. Te queremos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

QUERIA QUE FUERAS TU OTRA VEZ

REVIVIENDO

Quedaban tres meses y medio para volver a ser 16 de octubre, y por estas fechas pasé de pensar únicamente en cuantos meses tendría, a  también recordar de nuevo los maravillosos últimos meses de embarazo, viendo como pasaba el tiempo, como cada vez quedaba menos, con la alegría y la ilusión de saber que todo iba bien, con la esperanza y la emoción de pensar en el maravilloso momento en el que la viera por primera vez.

Si el año pasado estaba deseando que pasara el tiempo, éste no quería. No quería pensar en esas emociones y que conforme fuera pasando el tiempo me acercara más a la realidad. Este año, este 16 de octubre ya no habría ilusión, ni alegría. Era una tortura, un miedo horroroso al recordar mis emociones del verano pasado y ahora todo era distinto.

Este mes de julio fue muy malo. El día 18 era el bautizo de nuestra ahijada y hubiera deseado no poder asistir (ya lo contaré), pero no salió bien y el 17 por la tarde exploté y tuve que llamar a mi amiga-psicóloga hinchándome a llorar para poder desahogarme y soltar todo lo que llevaba dentro y que durante días había ido reprimiendo. Y me desahogué y me quedé más tranquila y como siempre  sus palabras me ayudaron, me calmaron.

Ya me encontraba mejor y el sábado 18 fuimos al bautizo de nuestra ahijada. Fue un bautizo sencillo, no tan bonito como el del pequeño garbanzo, pero estábamos entre amigos y sus familias que estuvieron pendientes de nosotros constantemente, para que estuviéramos a gusto, comiéramos, nos distrajéramos.

La madre de mi amiga nos invitó a que fuéramos un día a comer a su casa de la playa pero declinamos su ofrecimiento para más adelante, porque ese año no queríamos ir a la playa, sobre todo Juan Carlos. ¡Le dolía tanto pensar en los planes que habíamos hecho el verano anterior con nuestra hija!. Terminamos en casa de ellos, tomando una copa, y hablando de todo un poco. Y salio el tema de cuando ella me llamó al hospital para decirme que se hubiera cambiado por mí, y lloró y de nuevo me lo volvió a decir. Que ellos ya tenían dos hijos más y que no era justo. De nuevo lo agradecimos, y que más decir. Nos faltarían palabras de agradecimiento. Bueno nuestra pequeña ahijada ya estaba también bautizada.

Vida mía, ¡cuantos planes rotos!, ¡cuánto te echamos de menos!



INTENTÁNDOLO
 
Para las que me habéis animado desde el cariño y el respeto, para las que la vida de mi hija Ángela os ha llegado al corazón, y para mí es lo más importante, quiero compartir con vosotras algo que a día de hoy a parte de mis médicos (ginecólogos, amiga-psicóloga, doctora de cabecera), y dos personas más nadie sabe.

En el mes de julio (2009), pensando en lo que me había dicho mi amiga-psicóloga, que psicológicamente no iba a estar preparada nunca, pensando en los tres horrorosos meses que me quedaban por delante y pensando en que en agosto daría a luz una persona a la que yo quería mucho y me defraudó y nos hizo daño a Juan Carlos y a mí, decidimos someternos a un nuevo tratamiento para una fecundación in vitro. A pesar del dolor queríamos intentar volver a tener una nueva ilusión en nuestras vidas. Mi amiga-psicóloga me había dicho que debería llevar en paralelo los dos sentimientos, por un lado la tristeza y por otro si me quedaba embarazada, la nueva ilusión.

Así, después del bautizo de nuestro ahijado y antes del bautizo de nuestra ahijada y entre medio de la misa y la bendición de nuestra hija, volvimos a pasar por todo el proceso. Anticonceptivos, ecografías, pinchazos, ecografías, incertidumbre, miedo.  Mi ginecóloga de la IVI se portó muy bien con nosotros, incluso está vez antes de la extracción de ovocitos, mientras esperábamos en la habitación para entrar en quirófano hizo que viniera ha hablar con nosotros una psicóloga de la clínica para ver como nos encontrábamos. Al salir las chicas de recepción a las que ya conocía de sobra me animaron, me dijeron que era muy valiente, que era muy fuerte y que me admiraban. No sé, hasta ese momento, la verdad no me había considerado fuerte, ni valiente, ni nada parecido, pero he de decir que es por Juan Carlos. Si saco esa fuerza que no tengo es por él, por su apoyo, porque él está ahí, porqué él también estaba sufriendo.

Los siguientes días fueron como siempre en los otros procesos. Esperar, llamada, esperar, y llamada para decir si había transferencia o no.

Y sí, la hubo. Dos embriones y otro que se había congelado. Ahora de nuevo teníamos que esperar unos diez días más o menos para hacerme la beta y ver que pasaba.

Nadie sabía nada, así que dije que tenía lumbago y que estaba mala del estómago. No podía hacer esfuerzos, por lo que no parecía raro que no pudiera agacharme o coger a mi pequeño ahijado. ¡Qué mal lo pase!, sobre todo un día que el chiquitín tenía sueño y quería que yo lo durmiera. Lo tenía su madre cogido y me tendió sus bracitos para que lo acunara y al no cogerlo el pobrecillo se puso a llorar desconsoladamente de ver que no lo había cogido. ¡Cuánto sufrí!. Es que era muy gracioso. Cuando tenía sueño y yo estaba cerca le gustaba que lo durmiera y era gracioso porque cuando se acercaba Juan Carlos, se ponía a mover la piernecita, como empujándolo porque estaba a gusto.

Bueno, esos días fueron malos en muchos sentidos. Y llegó el día de la beta. Y después de un tortuoso día que me hicieron pasar (mi ginecóloga la pobre no estaba ese día, así que ella no pudo llamarme), me dijeron que no había buenas noticias. No estaba embarazada.

Ángela, hija mía. Te quiero tanto, mi pequeñita. La luz que nos ilumina.



ME DI CUENTA
 
Con este nuevo tratamiento, volví a sentir ese cosquilleo de ilusión, de emoción de saber el viaje que volvíamos a emprender. Sin embargo los días que hay entre la transferencia de embriones y la prueba beta para saber si estaba embarazada, esta vez fueron horribles. Lo pasé realmente mal, no quería moverme, ni hacer esfuerzos, cada vez que entraba al cuarto de baño tenía auténtico pánico. Juan Carlos se enfadaba conmigo porque no quería verme así. Estaba obsesionada y no podía evitarlo.

El también lo pasó muy mal. Estaba distinto a las otras veces. No se mostraba ilusionado, como que le daba un poco igual. Y es porque estuvo tan ilusionado, tan feliz con la llegada de Ángela, que me decía que no sabía se podría volver a sentir lo mismo, que su hija le había dado tanto amor, la había querido y la quería tanto, que estaba un poco confuso. Quería que lo volviéramos a intentar, pero a la misma vez le daba miedo volver a tener esos sentimientos, que ahora le estaban haciendo tanto daño.

El día de la beta, (tres días antes del bautizo de nuestra ahijada), fui temprano. Mi ginecóloga ese día no iba a estar por lo que me dijeron que me llamaría otro miembro de la clínica. Yo hice mis cálculos y pensé que la llamada sería alrededor de la una o las dos de la tarde. Conforme se acercaba la hora estaba más nerviosa y la llamada no llegaba. Ya a las dos y media llamé y saltaba el contestador. No cogían el teléfono de nuevo hasta las tres. Y esperamos. Casi no comí. Al final por una serie de circunstancias la llamada no se produjo hasta las cinco y media de la tarde. A esa hora yo ya sabía, o tenía claro que no había embarazo porque sino, no me explicaba que me hubieran tenido esperando tanto tiempo.

Me puse a llorar y le decía a Juan Carlos que lloraba porque cuando los metieron en mi vientre tenían vida. Pero conforme pasaban las horas, el día, al día siguiente, el mundo se me vino encima, porque no era por eso por lo que yo lloraba. Por eso llamé el viernes a la psicóloga a las ocho y media de la tarde y le dejé un mensaje en el contestador y por como me oyó la voz me llamó enseguida para hablar conmigo.

Estaba mal, muy mal, porque me había dado cuenta en esos momentos, que realmente no buscaba un embarazo, que lo que yo buscaba era estar embarazada de nuevo de Ángela y caí en la cuenta de que no podía ser. Qué no podía tener una segunda oportunidad, que no podía dar marcha atrás y volver a aquel día, me dí cuenta que quizás podría volver a tener una nueva oportunidad, pero no habría opción a una segunda oportunidad. El golpe fue realmente horroroso, hacerme a la idea, repetirme desde entonces todos los días, que no puedo volver atrás, que ya no puedo. Mi hija es única, por eso es especial. Así debe ser.

Todavía me gustaría volver atrás, pero ahora sé que no puedo.

Hija de mi vida, has sido, eres y serás tú. Una personita única y por eso especial. La mejor hija del mundo para tus padres que te queremos con toda el alma.

martes, 22 de noviembre de 2011

LA AYUDA DE LOS AMIGOS

MOMENTOS

Nuestros amigos-vecinos, seguían haciéndonos compartir, seguían pendientes, queriendo de alguna forma aliviar nuestro dolor, manteniéndonos distraídos, estando con nosotros, ofreciéndonos el cariño de su hijo. Y eran tantos los momentos que empezamos a pasar juntos, que el pequeño cuando nos veía se volvía loco. Si hubiera podido se hubiera tirado de la maquita. En cuanto nos veía se ponía a patalear y a mover los bracitos para que Juan Carlos lo cogiera. El ya sabía que en cuanto lo veía Juan Carlos lo sacaba y lo cogía. La cara se le iluminaba. Bueno, a los dos. Era una alegría mutua.

Esos momentos nos hacían evadirnos por segundos del horrible dolor que llevábamos y nos hacían esbozar una sonrisa de vez en cuando. Y nos ayudaban a sacar sentimientos, de amor, de cariño, de protección. Pero también los de rabia, impotencia, odio. Cuantos llantos incontrolados, de los que te salen de las entrañas por ese dolor de pura impotencia.

Sé que hubo alguna vez en las que ella me oyó llorar, porque aunque no decía nada, su cara al verme lo reflejaba todo. Y yo intentaba en esos momentos poner mi mejor cara para intentar que ella no sufriera. Era tanto lo que se preocupaba por mí, que le dijo a Juan Carlos que quizás me estaba haciendo mal al dejarme a su hijo, al intentar compartir ciertos momentos con nosotros. El me lo dijo, y en cuanto la vi le dije, que ni por un momento pensara eso, que me había hecho más bien del que ella se imaginaba, porque al morir mi hija no quise ni volver a plantearme el volver a ser madre, Ángela nos había colmado tanto que nuestro deseo de ser padres se cumplió con ella, pero esos ratos que pasábamos con el pequeño hacía que en algunos momentos nos lo volviéramos a plantear. No sé, quizás con el tiempo. Aún no podíamos pensar, no queríamos pensar.

El resto de amigos, llamaban, preguntaban, se preocupaban. Estaban. Sabíamos que estaban.

¡Ángela eres nuestro mayor logro, eres nuestro pequeño gran tesoro, eres nuestra hija, eres el mejor regalo del mundo! ¡Ángela nos has colmado de tanto amor!.



GENTE BUENA

Vinieron a casa a comer mi cuñada (la mujer del hermano de Juan Carlos que falleció) y su hermana con el marido y su hija. También vinieron mis amigos vecinos con su pequeño. La hermana de mi cuñada le había dicho a su hija (tiene 4 años), que iba a haber un bebé pero que no era el mío. Se lo dijeron porque la pequeña me había visto embarazada en varias ocasiones y le decíamos que llevaba una bebé en mi barriga, así que le advirtieron a la niña para que no me preguntara. Pero como niña que es, con esa inocencia que los caracteriza en un momento en el que vio que su madre no estaba pendiente me dijo:- "ese no es tu bebé, ¿dónde está tu bebé?"-, su madre la oyó y le riñó. Pero, ¿cómo explicarle a una criatura tan pequeña?, ¿qué decirle?, así que le dije a su madre que no la riñera que la pobre no sabía y que no había maldad en su pregunta y lo único que pude decirle era que no había bebé, ¿que podía decirle?, que estaba en mi corazón, que estaba y estaría para siempre en mi alma, en mis entrañas. No lo iba a entender así que era mejor así. Me metí en el cuarto de baño y lloré, me desahogué, en silencio, sin hacer ruido, sin que me vieran. No quería que me notaran nada, la pequeña no había tenido la culpa. El dolor siempre está, pero intentas estar distraída, intentas que esos momentos que pasas con gente te sirvan de terapia y que a la gente que está contigo les reconforte una sonrisa que puedas echarles.

Y pasó el día, y se fueron y a pesar de la pregunta de la pequeña, pasamos un buen día y estuvimos a gusto. Había cariño, había comprensión, había amistad, había gente buena, muy buena.

Y nos volvimos a quedar solos. Juan Carlos y yo. Yo y Juan Carlos. Con la sensación de sentirnos queridos, de contar con gente que nos quiere.

Cada noche, le pido a mi madre que cuide de mi hija, que le dé muchos besos y le haga muchos mimicos, que la disfrute y que le diga que la queremos con toda el alma, y a mi cuñado Miguel, le pido que la haga reír mucho y que la hagan muy feliz. Los tres forman un buen equipo.

Te quiero tanto Ángela. Sólo quiero que estés bien, que seas feliz, mi pequeña. Mi panecillico.

UNA CASA Y UN CORAZÓN VACIOS

VOLVER SIN ELLA

A los trece días de haber ingresado, de haber entrado en aquel hospital (la Arrixaca) con toda la ilusión del mundo pensando que en pocas horas tendría por fin a mi hija en brazos, decidí que me dieran el alta. No tenía ganas de irme, ni de quedarme. En realidad no tenía ganas de nada, pero los puntos ya me los habían quitado y pensando en la gente que se desplazaba para verme y sobre todo pensando en el cansancio acumulado de Juan Carlos, creí que sería lo mejor.

Había hablado con la psiquiatra y con mi amiga-psicóloga sobre el momento de salir de allí, pero fue todavía peor. Estaba mi padre y Juan Carlos conmigo. Salí de la habitación con el alma rota y fui a dirigirme a las enfermeras para darles las gracias por el trato que me habían dado esos días. Juan Carlos y mi padre iban delante. Yo caminaba tras ellos con la cabeza baja, ausente, llorando, muerta. ¡Qué dolor tan grande! Jamás ni en mi peor pesadilla hubiera imaginado el horror que estábamos viviendo.

El camino se hizo largo, corto, no sé. Y llegamos a mi casa. Preferí que mi padre se fuera y no subiera con nosotros. Necesitaba vivir esos momentos a solas con Juan Carlos. Y abrió la puerta. Y al fondo, la habitación que iba a ser de Ángela, estaba cerrada y al cruzar la puerta lloré y lloré y me abracé alrededor de mi cintura intentando sentir todavía a mi hija dentro de mi.  Pero ya no estaba. No entré a su habitación, pero ya me habían dicho que estaba vacía. Habían recogido todas sus cosas para que yo no tuviera que pasar por ese trance y creo que fue mejor así, porque no sé si hubiera podido entrar en aquella habitación en la que había tantos sueños.

Te quiero Ángela. Mi cielo pequeño. Mi muñequita.



DESAHOGANDOME Y SIN ENTENDER

Ya en mi casa el mundo se me venía encima. Había pasado por la muerte de mi madre, que apenas unos días después hacía dos años de su muerte, y nunca pensé que aquel dolor pudiera superarse, pero me equivoqué. Mi hija, mi precioso tesoro, mi muñequita, ya no estaba conmigo, ya no podía sentirla, me la habían arrebatado y de qué forma.

Unos tres días antes del aniversario de la muerte de mi madre, los amigos que estaban esperando para dos meses después que yo, y que ella me había llamado al hospital para decirme que deseó haberse podido cambiar conmigo, nos llamaron para decirnos que ella estaba con muchas contracciones y ante el miedo de tener que salir de urgencia después de lo que nos había pasado a nosotros, fueron a la Vega y su hija había nacido mediante cesárea. Mi amiga y su hija estaban bien. La pequeña era prematura, pero estaba bien, y era lo importante. Nos alegramos por ellos y por su pequeña y sé que lo pasaron muy mal para llamarnos. Pero su hija estaba bien y les agradecimos que a pesar de las circunstancias nos llamaran. Uno debe alegrarse por las cosas buenas de los amigos, y más en este caso. Su hija nació 18 días después que mi hija.

Los días pasaban, y pasaban muy despacio. Cuando estuve recuperada un poco de la cesárea, fui a ver a mi psicóloga. Nos abrazamos y lloré amargamente sobre su hombro. Luego hablé y me desahogue y ella lloró conmigo. Al salir me dijo:- "hoy no ha sido una consulta. Hoy han sido dos amigas hablando y desahogándose, llámame todos los días y hablamos un poco".- Y me fui, y mi corazón y mi cabeza seguían sin entender, sin poder asimilar y necesitaba alguna respuesta. No entendía porque Dios lo había permitido. Y llamé al cura que nos había casado a Juan Carlos y a mi, que también me había dado mi primera comunión y que yo esperaba que bautizara a mi hija. Y le conté y le pregunté ¿por qué?, y el me dijo: -"esto no ha sido cosa de Dios, ha sido la mano del hombre. Dios intentó salvarla mandando señales, que el hombre no atendió"- Le dije también que por las circunstancias no habíamos podido bautizarla y el me dijo que no me preocupara, que ella estaba fuera de pecado y que había ido directamente al cielo como UN ANGELITO DE DIOS. También le dije a Juan Carlos que estaba enfadada con mi madre por no haberla ayudado y también Juan Carlos me dijo: -"pobrecilla, tu madre seguro que sufrió muchísimo e intento hacer algo mandando señales"- . Y aunque he de pensar que ahora mi hija es un angelito del cielo, que está con Dios y con mi madre, no me consuela, y aunque a Dios le agradezco muchas cosas en mi vida, todavía sigo enfadada y sigo preguntándome ¿por qué?, ¿por qué?.

Ángela, ¡te quiero tanto!.

EL DOLOR TRASPASA EL CORAZÓN

DESOLACION

Unas horas antes, estando aún en la sala de dilatación, me habían preguntado si sabía como se iba a llamar. Yo dije que sí: - ÁNGELA MORENO VICENTE-. Me preguntaron si iba a darle el pecho, yo dije que si podía, estaría encantada. Me preguntaron que si mi marido iba a querer estar en el parto y yo dije que por supuesto. Durante todo el día en aquella habitación, los momentos en que estuvo Juan Carlos conmigo y los que yo estuve sola, no paramos de oír los llantos de los bebes que iban naciendo. Y ahora allí estábamos los dos. Sin parar de llorar, deseando habernos muerto cualquiera de los dos por ella. Teníamos el corazón y el alma rotos y los brazos vacíos. A mí me preguntaron si quería verla. ¡Dios mío! nueve meses esperando, toda la ilusión y el amor puesto en ese momento y ahora............ No tuve fuerzas para poderla ver. Para poderla coger. Hoy me arrepiento y lo pienso muchas veces, pero Juan Carlos dice que es mejor que me la imagine como en la ecografía. El sí la vio y dice que era preciosa. Tenía que serlo, es mi Angelito del Cielo.

Qué duro tuvo que ser para Juan Carlos el momento en el que se lo llevaron a otra habitación y le dijeron que nuestra hija estaba muerta. Me hacía tanta ilusión verlo con su hija en brazos. Estábamos tan locos con ella.

Me subieron a la habitación. De las que han operado en ginecología. ¡Qué tristeza y qué desolación!, yo tenía que estar con mi hija en brazos, sintiendo su cuerpecito, su olor, su mirada aún asustada por su llegada al mundo. Pero allí estábamos los dos. Rotos de dolor y Juan Carlos llamando a la familia para darle la triste noticia.

Vinieron sus padres y sus hermanos. A mi padre no lo pudimos localizar hasta por la mañana y al entrar a la habitación se abrazó a mi llorando y me dijo: " hija ¡cuanto vas a sufrir!.

ANGELA. ANGELA. ANGELA. ¿POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ?



ÁNGELA. ¿POR QUÉ?

Aunque estaba ingresada en el área de ginecología por la cesárea, me derivaron al servicio de psiquiatría. Aún hoy recuerdo con horror esos días. Juan Carlos tuvo que llamar a poca gente porque como estaban pendientes de la fecha probable de parto, empezaron a llamar para ver si había noticias. Los amigos, la familia, todos se quedaban sin palabras. Algunos rompían a llorar, otros colgaban sin decir palabra hasta que sacaban fuerzas y volvían a llamar. Mi amiga-psicóloga llamó también. Al darle la noticia, se quedó callada y sólo pudo decirme: "Mª del Mar perdona, si no te importa te llamo mañana, ahora mismo no puedo hablar, no sé que decirte". Y era lógico. Otra muestra más de su valía como persona, le afectó tanto la noticia que en ese momento no reaccionó como psicóloga, sino como amiga. Y ahí estuvo. Desde el día siguiente fue llamándome para preguntar, para que yo hablara y me desahogara, además de la psiquiatra que venía a verme del hospital. Pero ¡qué contar!, ¡qué decir!. Sólo repetía una y otra vez: -"mi pequeñica, mi hijica". Acostada los primeros días y sentada algunos ratos, después, seguía preguntándome : ¿por qué? ¿por qué?.

No quería ni mirarme la barriga, ni rozarme. Cuando me desnudaba para ducharme, no podía mirarme. ¡No podía! ¿Donde estaba mi hija? ¿y mi barriga?.

Juan Carlos estuvo conmigo día y noche. No quiso irse ninguna noche. Para que fuera a comer venían sus hermanos o cuñado y yo les decía que me dijeran si había comido, porque si no yo tampoco comía. Uno por el otro hacíamos el esfuerzo. Uno a otro nos apoyábamos. Uno y otro sin vida, con la tristeza rompiéndonos el alma, pero uno por el otro.

Venían a visitarnos, nos llamaban, sin saber que decir, sólo dejando que nos desahogáramos. Los amigos-vecinos que habían tenido a su hijo 16 días antes estaban destrozados. Ellos más que nadie habían compartido nuestro embarazo junto con el suyo. Ellos más que nadie. También los amigos que estaban esperando para dos meses después, vino a vernos él. Ella no pudo porque tenía que estar en reposo, pero me llamó y sus palabras no las olvidaré mientras viva. Me dijo: -"Mª del Mar cuando mi marido me ha dicho lo que te ha pasado, en ese momento si hubiera podido me habría cambiado por ti. Si hubiera podido te habría dado a mi hija". "Era tanto lo que deseabais a vuestra hija que no tengo palabras".

¡Ángela, mi vida! me despierto en la noche gritando, buscándote. Hija mía ¿por qué?

jueves, 3 de noviembre de 2011

SEGUNDO INTENTO

SEGUNDO INTENTO. ALGO INESPERADO.

Pasaron los meses y volvimos  a hablar con la clínica en julio para quizás, iniciar un nuevo tratamiento para un segundo intento de fecundación IN VITRO pasado el verano.
Y esperamos a que pasara el verano, pero entonces el mundo se me vino encima. Sin yo saberlo, desde un principio, mi madre se estaba muriendo. Lo sabía mi padre y mi tío (su hermano) y no quisieron decirnos nada a mis hermanos ni a mi para no tenernos sufriendo los meses que mi madre viviera.
Mi madre. La fuerte, la que todo lo soportaba, la que a pesar de su malestar, de su dolor, de su miedo, sacaba fuerzas de donde no las tenía para estar ahí para todos,
Mi madre, que tanto apoyo me había dado, que tanto me había ayudado, y ahora yo no podía ayudarla, ¿cómo podía yo ayudarla? Ella no sabía que se estaba muriendo y yo no quise que se enterara porque ella no habría sufrido por ella, sino por nosotros y al menos ese sufrimiento quería evitárselo. El 20 de octubre la ingresaron en la Vega y desde ese momento prometí que no la dejaría sola hasta el final, no me importaba comer, dormir. Los únicos ratos que salía del hospital era para irme a mi casa y poder llorar y desahogarme con mi marido  para que ella no notara nada.
Al menos eso lo conseguí. Mi madre murió el 6 de noviembre de 2006 y ella no supo que se moría.
Desde ese momento me sumí en una profunda depresión. No me importaba nada ni nadie, sólo quería morirme. Mi madre tenía 60 años y muchas ganas por vivir. Mi dolor más grande era ese, sus ganas de vivir, porque además de la enfermedad que le costó la vida y a pesar de los achaques que tenía,  los dolores, y por ello las ciertas limitaciones, siempre tenía una palabra de ánimo, una risa que compartir. Ella siempre decía que cuando salía era para intentar olvidarse de los problemas, para reírse, disfrutar y no amargar a la gente con los problemas de uno. Esa era sin duda su gran virtud. Sus ganas de luchar y su tirar para adelante.
Los días se me hacían eternos. La echaba mucho de menos y me costó ir saliendo del hoyo. Pero lo fui haciendo, muy lentamente , pero lo hice sobre todo por mi marido, que estuvo ahí desde el principio, con una paciencia y un amor tremendo. Ayudándome en mi ánimo, las gestiones legales, con mis hermanos ….



SEGUNDO INTENTO. VOLVER A CREER.

Mi madre murió en noviembre de 2006 y en septiembre de 2007, a pesar de seguir todavía con la depresión y la tristeza por su perdida, decidimos volver a intentar un segundo tratamiento. Yo lo hablé con mi psicóloga y me dijo que como era una decisión que ya habíamos tomado en su momento, no me supondría un estado nuevo de ansiedad, que la pena y el dolor tenían su proceso y que por otro lado, esta decisión me haría bien para ir reconduciendo las etapas de mi vida, que me aportaría una nueva visión con la ilusión de empezar de nuevo el proceso para intentar ser padres. También me cambiaron la medicación que tomaba para que no hubiera ningún problema, e incluso para quedarme más tranquila hablé con el Instituto Teratológico de Madrid (informan a las mujeres embarazadas o posibles embarazadas, de los riesgos, contraindicaciones etc. referente a medicamentos). Por si os interesa el teléfono es 91………………..
Así que nos pusimos de nuevo en contacto con la clínica, e iniciamos de nuevo el tratamiento. Anticonceptivo, ecografía, pinchazos, ecografías y por fin la extracción de los óvulos. Pero esta vez no hubo suerte. Había óvulos con los que no pudieron trabajar, y otros que aunque fecundaron bien, luego los embriones no siguieron adelante, por lo que no se pudo llegar a hacer la transferencia. Estábamos preparados por si se daba esa noticia, aunque he de decir que hasta que te llaman esa mañana para decirte si hay transferencia o no se pasa muy mal.
Como esta vez el proceso no terminó, no teníamos que esperar y decidimos volver a intentarlo una vez pasadas las navidades.