lunes, 16 de septiembre de 2013

SOY CONSCIENTE.

Hace tiempo que dejé de ir a la psicóloga, no porqué ya no necesite hablar, no porque ya no necesite apoyo, no porque ya no necesite liberar dolor, no porque ya no necesite consejo, no porque ya no necesite orientación o no porque ya lo tenga superado o asumido.
No. Nada de eso. Sigo necesitando todo eso y mucho más, pero es que me dí cuenta que llegué a un punto muerto, donde ya no avanzaba, donde todo lo que podía superar, todo lo que podía esperar para mejorar, ya había llegado, al menos de momento y sé y soy consciente de que tengo días buenos, donde parece que nada ha pasado, donde la vida me da un respiro y donde puedo disfrutar de momentos realmente buenos y felices, pero que de pronto vuelvo a venirme a bajo, vuelvo a tener miedo, vuelvo a sentir un dolor punzante que no me deja respirar y sé que nada se puede hacer, sólo dejar pasar los días y volver a reunir fuerzas para poder compaginar esos momentos con mis otros momentos. Esa vida, con mi otra vida.

Soy consciente de que nada ni nadie me puede ayudar a superar esos estados, porque yo misma soy consciente y me oigo a mi misma decirme "que no puedo volver atrás, que no sirve de nada estar pensando una y otra vez en aquel día, que no consigo nada estar sumida en esa tristeza y dolor, que debo poder saber disfrutar y valorar todo lo que tengo, que la vida sólo es una y que hay que aprovechar cada día, cada momento, que no tengo porque amargar a los demás, que mi pequeña está bien y contenta allá arriba, que nunca ya nada será igual, pero que hay momentos para todo y que cuando me pueda el dolor y la tristeza no me agobie y me deje llevar permitiendo salir esos sentimientos porque luego volveré a sentir la fuerza de la vida, que mantenga mi mente entretenida, que no me deje superar por el peso de la mochila, que otros han vivido también otras tragedias y que pueden vivir con ello, que aprenda cada día a descubrir nuevas enseñanzas positivas que me ayuden a dar un poco de luz cuando todo se apaga a mi alrededor.

Soy consciente de que ahora mismo he llegado hasta aquí y que quizás avance más o quizás me quedé aquí para siempre, pero sigo intentándolo y aprendiendo de todo y ojalá que un día pueda poder decir y sentir lo que ahora mismo siente Mercé http://comoafrontarlamuertedeunhijo.com/un-dia-feliz/ que perdió a su hijo hace 15 años con 15 años y de la que intento aprender  por su lucha, por su fuerza, por su amor, por su ejemplo. Ella pudo disfrutar de su hijo Ignasi durante 15 años, pero al igual que yo, lo perdió de forma trágica y su visión y su forma de aprender a vivir, me ayudan y me dan fuerza.

La vida no es siempre como pensábamos que sería, como habíamos planeado y cuesta, cuesta mucho dar la vuelta y reconducir nuestra forma de vida, nuestra visión de muchas cosas, pero creo que lo más importante es ser conscientes de ellos y afrontarlo con uñas y dientes, aunque algunas veces se nos quede en meros intentos, ya vale. Caeremos, nos lastimaremos y lloraremos, pero intentaremos volver a sacar las uñas y los dientes para seguir aprendiendo a vivir y quizás un día como Mercé podamos sentir ese estado de semi-liberación.

Ví la magia de la vida en aquel pequeñito corazoncito que latía a mil por hora y que ya formaba parte de mi. Te queremos Ángela.

jueves, 5 de septiembre de 2013

LO QUE DA DE SI UN MES.

Toca volver a la rutina, a la vida diaria, a la vida real. Toca asentar la cabeza, parar y acomodar todo lo que durante unas semanas he tenido relegado a un segundo plano mientras no paraba, mientras iba de un lugar a otro, mientras mantenía mi cabeza, mi espíritu y mi alma entretenido y aunque no he descansado nada, pero nada de nada, ha valido la pena porque aún me cuesta pensar y no quiero, no quiero pensar, no quiero.
Es septiembre, y aunque sé que en mi vida tengo cosas maravillosas y por las que merece la pena vivir, luchar y disfrutar, cosa que intento hacer cada día, a veces aún sigue apareciendo en mi mente la frase: "la vida es una mierda" y acto seguido me pongo a llorar sin consuelo y mi corazón se desboca y mi garganta se seca porque quisiera poder gritar, gritar y gritar: QUIERO A MI HIJA, QUIERO A MI HIJA, QUIERO A MI HIJA, POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ. ÁNGELA, ÁNGELA, ÁNGELA, ÁNGELA, ÁNGELA.
 
Ahora cuesta, cuesta volver a la rutina, a los hábitos de una pareja que se quiere, que se necesita, que se ayuda y que vive el uno por el otro, sin ella. Pero con ELLA. Es una rutina en la que después de un verano lleno de gente, de jaleo, de no parar, en momentos malos y en momentos buenos, pero manteniendo en todo momento el tiempo ocupado, ahora cuesta parar, dejar que la centrifugadora que hemos llevado estas semanas pare y nos deje asentarnos, mirarnos y volver al día a día. A nuestro día a día.
 
Ha sido un verano intenso, lleno de todo un poco, donde hemos tenido que lidiar con la enfermedad, con la angustia y con el miedo de ver como la vida hace mella en alguien que quieres y como a pesar de todo esa persona lucha y trata de seguir, pero que por mucho que quiera ya nada será igual, porque la vida, los años, no tienen tregua con nadie, y lógicamente los seres queridos que están a su alrededor, sufren de ver como alguien a quién hasta hace muy poco veías fuerte, firme, con energía, ahora se sume en intentar vivir su día a día con la mejor calidad posible poniendo a su disposición todo lo necesario para lograr el mayor estado de bienestar, para que ella recupere la sonrisa y a la misma vez los que están a su alrededor puedan sentir menos presión emocional sabiendo que ella a pesar de no volver a ser la misma, se sienta aceptablemente mejor-bien.
Mi suegra no volverá a ser la misma, pero ella está haciendo lo que puede y tanto su marido como tres de sus hijos y las/o respectivos, estamos intentando mejorarle la vida, aunque el sufrimiento, a nosotros se ve que nos viene de serie.
Ahora ya parece que la cosa está más estabilizada, con pronostico de mejorar todavía más, pero los primeros días de agosto, fueron un poco angustiosos, agobiantes, para Juan Carlos porque es su madre y para mi, porque por un lado me traía tantos recuerdos de cuando mi madre estuvo tan malica, por otro por ella y por otro por ver a Juan Carlos pasar por la situación de ver a su madre así.
 
Uf, luego cambiamos de aire, aunque también fue un nuevo paso para nosotros. Nos fuimos unos días a la playa, a mi casa, en la que no había vuelto a pasar una noche después del último verano en el que mi pequeña estaba en mi barriga, y en el que su padre y yo hicimos tantos planes para el verano siguiente. Y lo hicimos no por nosotros, sino por nuestra amiga-vecina y sus hijos, sobre todo por mi ahijadito, porque tanto a ella como a su hijo les encanta el agua, el mar, la piscina, disfrutar de los juegos en el agua, la arena. Y valió la pena. Sólo por verles la cara, la alegría en sus ojos, las risas, las miradas al infinito queriendo guardar en la retina tanto bonito.
Playa por la mañana, playa por la tarde, feria por la noche.
 
Y ya el remate. Un viajecito la última semana de agosto, también con nuestros amigos-vecinos, mi ahijadito y su hermanita. Una experiencia. Un sin parar. No descansar, casi no dormir y comer y beber un montón. Entre medias porrazo de mi suegra, sin consecuencias pero susto, disgusto e incertidumbre por no estar cerca y no saber más allá, pero al final todo bien.
Cansados, agobiados por muchas cosas, a la par que habiendo disfrutado de muchas cosas y de muchos momentos buenos, divertidos, alegres. Ahora, ya es tiempo de la realidad. Sin adornos, sin medias tintas. Es septiembre, y de nuevo la vida sin arcoiris, sin confeti. Arañando cada recuerdo, cada risa en la memoria, cada instante en el que has visto a los que quieres disfrutar y hacerte por un instante olvidar el dolor, la ausencia, los miedos, o las nuevas situaciones. Poco a poco.
 
Mi estrella gordita. Mi ángel. Mi cara gordita. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.................... Te queremos.

viernes, 26 de julio de 2013

EN MOMENTOS MALOS, REGALOS QUE COMPENSAN

Mi última entrada o mi anterior entrada, es del 26 de junio. Dos días antes, osea, el 24 de junio fue mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos. Otro año más sin mas.
Como cayó en lunes, pues dejamos la celebración-comida para el fin de semana siguiente y esa noche salimos a cenar con mi padre y mis hermanos, bueno al final sólo vino uno de ellos.
La cena bien, la sobremesa ya no tan bien. Salió un tema un poco delicado con algo en lo que no estamos de acuerdo con mi padre y su forma de verlo y llevarlo y al final me volví a casa malhumorada y triste, pero a veces cuando menos lo esperas, todo puede dar una vuelta y de acabar la noche con mucho bajón, pues me llevé la sorpresa y mejor regalo que podían hacerme.
Al entrar con el coche en la cochera descubierta de mi casa, empecé a oir unos gritos llamándome. Eran las 12:30 de la noche, pero mi pequeño ahijado había estado esperando hasta oir que llegábamos: "¡madrina, madrina!. Oí a su madre, mi amiga-vecina que le decía que esperara, que iban a bajar y que dejara de gritar que era tarde.
Al segundo, oimos la puerta de su casa y enseguida al otro lado de la verja que nos separa las casas por el porche, lo veo venir corriendo todo contento y sonriente con algo en la mano: "¡felicidades madrina!, toma lo he hecho para ti. Y me da un pequeño portafotitos de madera pintado y adornado por él, bueno venía envuelto, pero era tanta su ansiedad por dármelo y que lo viera que él mismo lo fue desenvolviendo hasta dármelo ya sin papel. No me puse a llorar para que él no se sintiera triste porque no hubiera entendido el por qué, aunque las lágrimas fueran de felicidad.
Su madre, mi amiga-vecina, me dijo que no podía dormirse y estaba esperando para dármelo fuera la hora que fuera, y en cuento oyó el coche se puso a decir: "ese es el coche de los padrinos", "vamos, vamos".

Le dije que me encantaba, que era el mejor regalo que jamás me habían hecho y que lo pondría en un sitio privilegiado para que todo el mundo lo viera. El no cabía en sí de gozo y la verdad, es que esa noche me hizo la persona más feliz del mundo.
Es lo que muchas veces he dicho. Es un crio con ángel. Tiene un don y siempre tiene algún gesto en los momentos más delicados para nosotros. Y esa noche fue otra muestra de ello.
El se acostó tan contento y a mi me regaló un trocito grande grande de amor.

Unos días después teníamos pensado celebrar el cumpleaños y santo de Juan Carlos como el año pasado, en una comida, con piscina, copitas, más piscina, más comida, amigos, buenos amigos, pero al final lo tuvimos que retrasar porque mi suegra se cayó un porrazo y tuvo que estar varios días ingresada, incluído un día en la UCI para estar en observación. Y desde entonces, aunque ella del porrazo está bien, pero ya no se ha quedado bien del todo,  andamos locos, locos, entre médicos, pruebas, hacerle compañía, buscar alguna persona que pueda quedarse con ella por las tardes, descargar a mi suegro un poco de lo que conyeva esta nueva situación.
En fin, que de una forma u otra no podemos mantener una línea contínua. Siempre hay algún contratiempo, algún cambio negativo que nos impida vivir, sólo eso, vivir.

Y es que en esta situación, lógicamente Juan Carlos la vive con angustia, con tristeza y con agobio el ver a su madre así, y yo los primeros días tampoco fui de mucha ayuda para él, porque fue una situación que me superó, creo que por el recuerdo de los últimos días de mi madre en el hospital, el verla tan malica, tan desvalida, tan distinta a como era ella y además el ver como el resto descargaba en nosotros dos, mucho más de lo que ellos daban, por el siemple echo de dar por supuesto que como nosotros no tenemos más hijos, pues estamos más libres y dispuestos y ya por ello no tenemos vida, pues todo eso me hizo no apoyar a Juan Carlos todo lo que se merecía. Ahora pasado ya lo peor, creo que aunque me siga agobiando, sí me veo con "fuerzas", de intentar hacerle ver a Juan Carlos, que aunque es una situación nueva para todos, podemos ir llevándola poco a poco siendo lo principal, el aceptarlo, aunque cueste.

Por eso siempre digo, que sea de donde sea, es bueno poder encontrar donde agarrarse en ciertos momentos, para renovarse, para coger fuerzas, para no dejar que la mochila se llene tanto de piedras que no puedas andar.
Un pequeño-gran gesto como el de mi cansinico (mi ahijadico), me recargan pilas, no sólo por el gesto en sí, sino porque ese gesto, estoy segura que tiene mensaje.

Que dificil es vivir. Que dificil. Pero seguimos intentándolo. Seguimos aprendiendo, seguimos necesitando buscar, buscar y buscar.

¡Es todo tan distinto sin ti!, la vida, los planes, la energía para superar cosas...... Todo es distinto. Es otra vida. Te queremos.

miércoles, 26 de junio de 2013

DEJANDONOS LLEVAR

Este fin de semana pasado hemos estado en Valencia. Teníamos pendiente ir al Oceanográfico y también nos habían hablado muy bien del Biopark y la verdad es que ni uno ni otro nos defraudaron y además tuvimos mucha suerte con el tiempo, porque aunque el domingo hizo un poco más de calor, hemos podido disfrutar de buen tiempo sin achicharrarnos.

Nos hemos ido con nuestros amigos-vecinos y sus pequeños. Mi ahijadito se lo había comunicado ya a todo el colegio, sus amigos, profesoras, familia y cualquier otro desconocido que a bien tuviera preguntar cualquier cosa, aunque no tuviera nada que ver con hacer un viaje. Jajajaja. Es tanta la emoción que siente cuando va a hacer un viajecito, que procura dar la información a diestro y siniestro. El no sabe ni donde vamos, sólo sabe que se va a un hotel y que le encanta así que eso es lo que dice con un :"oye, sabes que nos vamos a un hotel", y se siente tan orgulloso y feliz. Y nosotros de verlo disfrutar así.

Nos fuimos viernes en cuanto comimos y el peque salió del colegio. El viaje fue más rápido de lo que pensamos, porque en dos horas y veinte o y media, estábamos allí, y eso que hicimos una parada en la gasolinera con un retraso de 15 minutos por un problema informático.
En fin, que el viernes llegamos, dejamos las maletas, nos dimos una duchita rápida y luego nos acercamos al centro comercial El Saler que estaba al lado y enfrente toda la Ciudad de las Ciencias. Chulisima la vista. Me impresionó. Se ve más grande y espectacular que por televisión. Muy bonito.
Bueno, pues en el centro comercial cenamos y luego nos fuimos al lado del hotel a tomar una copa.

El sábado tocó Oceanográfico y fue muy bonito. A mi es que me encanta el mundo submarino y ver esas peceras tan grandes y con tanto pez de distintos tamaños y colores me gustó mucho. Es super relajante. Si pudiera, tendría una pared pecera en mi casa.
Los críos alucinaron también, a mi ahijadito le encantó la pecera túnel con los tiburones y a la peque, cualquiera. Es una pequeña Feliz Rodriguez de la Fuente. Cualquier animal le encanta.
A mi lo que más me gustó fueron las ballenas beluga. Que bonitas. ¡qué cara más dulce y simpática tienen!. Y bueno, los pingüinos que de siempre me han gustado.
Para mi gusto, lo más flojo fue el espectáculo de los delfines. Muy soso. Demasiado tiempo hablando y tampoco hicieron nada del otro mundo. Pero bueno, bien en general.

Cuando salimos de allí, fuimos al centro comercial a tomar algo fresco y además entramos en el hipermercado y compramos unos polos. Yo estaba tan afanada con mi polo y saboreándolo con tanta ansía que se me partió y se me cayó entero. Por supuesto todos nos pusimos a reírnos como idiotas de la situación tan cómica y la cara de tonta que se me quedó, pero lo que de verdad se me quedó grabado, fue como siempre mi pequeño ahijado. Sin que nadie le dijera nada se acercó a mi y me dijo: "toma madrina, cómete el mío". Es que no me dijo, "toma, dale un mordisco o un chupetón". No. Directamente me dio su polo entero. Por supuesto yo le dije que no, que yo me sentía más contenta si se lo comía él. Y así se quedó tan conforme. Al final lo compartí con mi Juan y todos contentos.
El día terminó con un bañito en la piscina cubierta del hotel y una cenita en un restaurancillo cerca del hotel, donde ya no pudieron aguntar más los pequeños y en cuanto terminaron de cenar se quedaron dormiditos. La peque en el carrito y mi ahijadito primero en la silla con la cabecita apoyada en la mesa y luego en brazos de su papá.

Ya el domingo, después de desayunar y dejar el hotel nos fuimos al Biopark. Es un zoo super grande, con los animales en un entorno muy natural y todo muy muy bien ambientado. Lo mejor del parque, es que te da la posibilidad de poder ver a los animales desde distintos sitios, con lo cual, si desde uno no lo ves bien o en ese momento no se encuentra en esa zona, pues puedes verlos por otro lado. Nos gustó también mucho, mucho. Muy bonito. Muy bien cuidado y muy bien logrado todo el entorno. Un buen día también.

Fue un fin de semana muy bien aprovechado, con muchas risas, muchos buenos momentos, muy buenos recuerdos y sobre todo, muy buena compañía. Los pequeños disfrutaron un montón y los mayores igual o más que ellos. Valoro mucho estos ratos que la vida me regala y busco constantemente el poder compartirlos y hacer partícipes de ellos, a las personas a las que quiero y que son importantes en mi vida.

No estás físicamente mi niña, pero estás. Te echo de menos y tu sonrisa la veo reflejada en muchas cosas. Te queremos.


jueves, 20 de junio de 2013

EL VAIVEN DE LA VIDA

He estado desconectada. Muy desconectada de este mundo blogueril, y no por no tener que contar y tampoco por no tener que leer, es decir, seguir vuestros blog, pero es que necesitaba desconectar un poco, dejar por unos días que mi mundo se centrara un poco y que después de los últimos acontecimientos relacionados con nuestra última aventura pudiera centrar mi vida un poco y a la misma vez pudiera dejar escapar las últimas briznas de esas brasas que he intentado ir alimentando durante todo el viaje de ser padres de nuevo.

Creo que no lo he conseguido del todo. Creo que todavía quedan algunas pequeñas brasitas en mi corazón, pero sé que deben quedarse en eso, en pequeñas brasitas. Sé que no tengo que volver a alimentarlas y sé que mi mayor anhelo sería tener a Ángela y poder disfrutar de ella. Igualmente sé que eso no es posible y por tanto, aunque me hubiera gustado, nos hubiera gustado volver a ser padres, es a ella a la que siempre echaremos de menos y no, el "haber tenido más hijos", aunque ya digo que nos hubiera gustado y mucho.

Pero en fin, es lo que hay y durante estas semanas sin comunicarme a través de mi blog, hemos intentado centrarnos en lo que sí tenemos, en lo que sí podemos disfrutar y en lo que sí debemos aprender a vivir.
Hemos hecho muchas cosas, no grandes cosas, pero sí muchas cositas, que han ayudado a que una vez más, la caja de recuerdos buenos para los momentos malos, vaya llenándose y colmando de brillo y alegría nuestro corazón.

Entre todas las pequeñas cositas que hemos hecho, fuimos a ver a "Los Vivancos". No había oido hablar de ellos, la verdad, y creo que es la actuación más maravillosa, más emocionante, más.... , es que no sé como explicarlo. Es que la estaba viendo y tenía el corazón henchido de emoción, de alegría, como si se me fuera a salir. Lo disfruté muchísimo y Juan Carlos también, sobre todo de verme a mi como me gustó. Para los que no lo habéis visto, lo recomiendo al 100%. Un espectáculo estupendo de principio a fin.

Os dejo un pequeño enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=P-_qy0BPddQ




También hicimos una pequeña escapadita mi Juan y yo a un hotel muy chulo en Altea. Fue una escapada romántica y estuvo muy, muy bien. El hotel súper bien, Altea muy bonita y las playas, bueno, personalmente a mí me gustaron para poder disfrutarlas en invierno-primavera-otoño. Es decir, que como tienen muchas piedras, no son de arena, pues para estas épocas están super bien, porque puedes acercarte al mar casi, casi, hasta el mismo borde sin mojarte, y haciendo buen día, claro, es muy relajante, poder sentarte en la misma orilla y tener el mar a tus pies. También 100% recomendable. Sobre todo y principalmente si vas con la mejor de las compañías.

Y bueno, también un poquito de aquí y de allá, saliendo con los amigos, disfrutando con los ahijaditos, yendo de comunión, aunque está última fue un poco mezcla de sentimientos y sensaciones, porque era la comunión del hijo mediano de los amigos de los que somos padrinos de la pequeña (nació dos semanas después de Ángela), porque en la comunión de su hermana mayor, yo estaba embarazada de mi pequeña y mi amiga de su hija de la que somos padrinos. Uf, un poco trago, pero en general bien, porque ellos son estupendos y su familia y el resto de sus amigos, asi que dentro de todo, estuvimos a gusto.

Luego llegó también el bautizo, y también otra mezcla grande de sentimientos y sensaciones. Conteniendo lágrimas y al mismo tiempo sonriendo. Siendo felices y a la misma vez estando tristes. ¡Es todo tan distinto a como lo habíamos soñado! Pero ahí aguantamos como dos campeones.

Juan Carlos se ha hecho de nuevo su revisión y todo bien. Los días previos siempre se pasa mal, sobre todo él, que no puede evitarlo y yo lo entiendo. ¡Lo entiendo tanto!, pero lo paso tan mal viéndolo así y no pudiendo hacer nada. Ya empieza de nuevo a respirar en cuanto sale de la consulta del médico y yo vuelvo a sentirme bien, viéndolo a él relajarse y dejando que la sangre vuelva a fluir por sus venas.
¡Estamos juntos cariño, siempre, siempre.!

También hemos tenido que pasar por la hospitalización de mi sobrinita, la hermana de nuestra última ahijadita, que tiene dos añitos. No ha sido nada grave, sólo una gastroenteritis aguda, pero ya se sabe que con los niños hay que llevar cuidado con las deshidrataciones, así que mejor prevenir. Daba una lastimica verla con su bracito vendado para poder sujetarle mejor la vía. Pobrecilla. Aquí también nos tocó vivir otro momento duro, sobre todo para mi. Porque en el hospital donde estaba, está unido infantil con maternidad y bueno, cuando la pequeña en su desesperación me hacía ir a darle paseos por los pasillos, pues me tocaba ir viendo como en las habitaciónes abiertas, estaban las mamás con sus recién nacidos en brazos. pero ¿cómo le explicaba yo a la pequeña que no quería salir de la habitación, qué sólo estaba allí por ella y que no quería ver ni oir nada más? Pero en fín, al final uno hace tantas cosas olvidándose de uno mismo.

Y ayer, otra mezcla de sentimientos. Ayer fue el festival de los pequeños en el colegio. Fuimos a ver a mi pequeño ahijadito y como no, en seguida piensas en Ángela. Hubieran ido los dos juntitos al colegio y ahora estarían los dos bailando juntos, pero no puede ser y sé que mi pequeña desde el cielo lo coge a él de la manita para que siempre sea el que más brille. Y qué bonico. Que gracioso y que cosa más dulce, tierna, y cariñosa de crio. Bailó super bien y estaba que no cabía en sí, de ver a su madre en primera fila grabándolo, a su madrina detrás haciéndole fotos y a su padre con su hermanita en brazos y su padrino detrás nuestra mirándolo y haciéndole gestos como locos.

Asi que, en todo este tiempo he hecho muchas cositas. Unas me han ayudado a evadirme por completo y otras aún siendo una mezcla de sentimientos, han ayudado a dejar salir todos los sentimientos que lleva uno, día tras día y que es también bueno dejar escapar. Mi mundo sigue sin estar centrado del todo, y los vaivenes siguen y seguirán, pero ahí seguimos. Aprendido a vivir con cada acontecimiento, con cada momento, con cada recuerdo.

Aprendo a vivir cada día, pero sigo sin entender, sin dejar de buscarte. Te queremos mi pequeña.

viernes, 26 de abril de 2013

OTRO PEDACITO DE AMOR

Mirar hacía delante. Mirar hacía delante. Mirar hacía delante. Sí, en eso estoy. Mirar hacía delante en el camino paralelo que nos toca seguir viviendo la vida, en el camino en el que volvimos a buscar la posibilidad de poder volver a tener otro hijo, en el camino en el que ya hemos decidido visto lo visto que no será posible y en el camino en el que viviremos aprendiendo a vivir día a día buscando, viendo, valorando y disfrutando con las pequeñas cosas, con los pequeños gestos, con los que queremos y nos quieren, el uno del otro y cualquier cosa que pueda ayudarnos a llenar nuestro corazón de vida.

En este camino, que ahora emprendemos siguen habiendo momentos para todo y aunque a veces saltamos sin darnos cuenta al otro camino, el de ella, el del dolor, el de la nostalgia, ..... el del recuerdo hermoso y triste a la vez, procuramos volver a saltar al otro en el que nos toca buscar las miguitas de pan para saber encontrar la luz, la esperanza, la sorpresa en algo nuevo, y la magia de ir descubriendo poco a poco a volver a vivir, sin ella, pero con ella.

Y en esto de descubrir, valor y aceptar las sorpresas que aún pueden llegarnos y regalarnos un soplo de aire fresco, ha llegado nuestro último regalo.  Los papás de nuestra última sobrinita, han decidido que Juan Carlos y yo seamos los padrinos de la pequeña.
Nos lo dijeron entre preguntas, más bien, dejándolo a nuestra elección, preguntándonos si nos haría ilusión, si queríamos.

¡Cómo no nos va a hacer ilusión!. Una cosa no quita la otra y para nosotros es algo muy importante. Para nosotros nuestro papel de padrinos no queda sólo en un papel, en un día. Para nosotros siempre ha significado mucho, no ya por nuestras circunstancias, sino por el hecho de pensar que el papel de los padrinos es como un complemento de los padres, para apoyarlos, ayudarlos y sobre todo, para que los pequeños sepan que siempre podrán contar con nosotros.
Además, ésto si lo consideramos como algo especial a nuestras circunstancias, es como regalarnos un pedacito de lo que más quieren y este regalo nos ayuda en nuestro camino para seguir aprendiendo a vivir.

Así que sí, nos hace ilusión y les agradecemos que hayan pensado en nosotros para poder formar parte de su círculo más cercano de familia para la pequeña. Aunque como siempre digo, de verdad, de verdad, es el roce el que hace el cariño y de momento, tanto con ella, como con su hermana mayor, que ya tiene los 2 añitos, hay mucho roce y por tanto, mucho, mucho cariño.

Te echo de menos, aunque estás conmigo día y noche. Te queremos vida mía.

miércoles, 17 de abril de 2013

UN ÚLTIMO TRAGO. LA DESPEDIDA

Todavía nos tocaba pasar por un último trago. Teníamos que ir a la clínica para cerrar cuentas y sobre todo, para una última visita con nuestra ginecóloga.
Yo iba preparada. Me sentía fuerte y confiada, pero nada más entrar por la puerta de la clínica me vine abajo.

Ya en el mostrador estaba una de las chicas de administración con la que más trato hemos tenido. Nos preguntó como estábamos y ya casi no pude contestar. Ella se limitó a sonreír y a decirnos que bien, que estábamos y que era lo importante. Las otras dos chicas se limitaron a sonreír y a mirarnos con cara de pena.

Luego le tocó el turno a la otra chica de administración-recepción que nos esperaba en un despacho contiguo en la entrada y con la que también teníamos muy buena relación. Besos, sonrisas entrecortadas, y un no saber que decir. Nos dijo que aunque estaba de vacaciones cuando me hicieron la beta, llamó por teléfono a la clínica para enterarse del resultado. Estaba tristona, pero a la vez a la expectativa de ver que nos diría nuestra gine.

Salimos del despacho para ir a la sala de espera y en el mostrador veo de espaldas a la enfermera que me había ido a dar un abrazo a la habitación el día del transfer y a desearnos suerte. Me voy hacía ella, le toco en el hombro y al darse la vuelta sorprendida me ve, me abraza y me dice que cuanto lo siente. Ya no puedo aguantar más y me pongo a llorar. Intento calmarme porque voy a entrar a la sala de espera y no quiero dar mal rollo a las parejas que hay esperando con ilusión.
Me dice que hoy está ella con mi gine y que ahora cuando entre a consulta ya vemos. Que la gine quiere hablar con nosotros.

Entre sollozos entramos a la sala de espera. Voy tranquilizándome y por fin nos toca. Nos acompaña la enfermera que vimos en el mostrador, se abre la puerta y mi gine se pone de pie y se va hacía mi para darme un gran abrazo y otro a Juan Carlos.

Nos sentamos y nos dice que todavía no está todo perdido. Que ahora mismo es normal que estemos así, pero que dejemos pasar unos meses, que cojamos fuerza y que volvamos a hacer un último intento. Ellos no quieren rendirse, no quieren que nos quedemos sin la sensación de poder disfrutar de esa parte que nos privaron con Ángela. Que aunque ahora mismo pensemos que no, que no decidamos todavía nada, que dejemos pasar un tiempo.

Juan Carlos habla y les dice que no. Que ya tomamos nuestra decisión y que si ha tenido que ser así que es mejor parar ya. Que por supuesto no cierra la puerta y dejaremos pasar unos meses porque ahora todo está todo en caliente, pero que posiblemente, casi al 99% la decisión será siendo la misma.
Ella insiste, no quieren que todo termine así.
Yo quiero hablar, pero no puedo, me pongo a llorar y no me salen las palabras, y yo querría poder decirles que no me siento, que no nos sentimos así, por no poder tener otro hijo, que el sentirnos así, con ese dolor tan grande es porque se nos magnifica después de cada negativo porque nos sentimos morir pensando en que después de un proceso con tantas pruebas a superar, con tantos cuidados, con tantos miedos, con tantas ilusiones, y la gran suerte de poder vivirlo con tanta intensidad como lo vivimos hasta el final, fue ella la única que quiso pasar por todo eso y vivirlo junto a nosotros, con nosotros y se hace tan duro, tan tan tan tan tan duro y doloroso recordar porqué no esta ella.
Han sido tantos tratamientos, tantos embriones, tantos transfer y solamente ella quiso superar todas y cada una de las pruebas y es con cada negativo con el que mi alma se retuerce de dolor y no entiende.

Quiero decirle todo esto, pero no puedo, no me sale y prefiero no ponérselo más difícil intentando hacerles ver que sí, que dejamos una puerta abierta, aunque en nuestro fondo sabemos que posiblemente esté cerrada del todo porque nos ha costado tomar la decisión, y no queremos tener que plantearnos de nuevo el dilema.

Se queda en el aire. Nos levantamos y de nuevo nos abrazamos. Yo vuelvo a intentar decir algo, pero sólo consigo darle las gracias de corazón, por todo, por todo, por todo. Sigo llorando y no quiero salir fuera para que me puedan ver y encima después de salir de la consulta y estropear las ilusiones y esperanzas de los que allí esperan, así que hago un esfuerzo y me contengo y la enfermera me vuelve a decir que lo pensemos, que no cerremos aún la puerta que no conoce a nadie que crea que se merezca más y esté más capacitada para ser madre que yo. No digo nada. Asiento y hago un último esfuerzo.

Llegamos de nuevo a la entrada, una última despedida con el personal de recepción-administración. Abrazos, besos, miradas.  Todavía me queda alguien, pero no tengo fuerzas. Por fin estamos en la calle.

Nos cojemos de la mano y no miramos atrás. Han pasado ya 7 años desde que vinimos por primera vez. ¡Uf, cuanto camino recorrido!, ¡cuánto ganado y cuánto perdido!, ¡Cuantas ilusiones!, ¡cuántas esperanzas!
Ellos nos dieron a Ángela y eso será algo que nunca, nunca, nunca olvidaremos. Con ellos vimos su primer latido, con ellos vimos sus primeros movimientos (aunque claro está aun no la sentía), no lo olvidaré nunca. Esta haciendo palmas y la gine nos dijo: mira parece que está contentito. (todavía tampoco sabíamos que era niña). Con ellos vivimos la magia y la gran suerte de ser padres de ella, de nuestro ángel, de nuestra hija.

Es cierto que nunca se puede decir que de este agua no beberé, pero creo que aunque ahora mismo estemos en caliente y aunque dejemos pasar unos meses seguiremos pensando que esta etapa terminó.

Tú y sólo tú Ángela. Te queremos mi ángel.