jueves, 24 de noviembre de 2011

LA VIDA EN LO BUENO Y LO MALO

EL TIEMPO SIGUE PASANDO

El tiempo seguía pasando, y lógicamente el bebé de mis amigos-vecinos, nuestro ahijado, iba creciendo. En cada acontecimiento nuevo, en cada cambio que iba pegando, Juan Carlos y yo veíamos los cambios que hubiera ido dando nuestra hija. Pero ellos, llevaban mucho cuidado con sus manifestaciones, con sus comentarios hacía su hijo, con las cositas que le iban comprando.

Me acuerdo un día que ella había llegado con un tacatá con forma de coche y lo tenía guardado en la habitación de atrás. Ella no lo hubiera sacado, pero su pareja, por lo gracioso del modelo nos lo enseñó, sin pensar más allá, y la verdad, lo último que queríamos Juan Carlos y yo era que ellos se sintieran violentos. Demasiado sé, lo que se contenían muchas veces. Por eso me fui a la habitación con ella y nos pusimos a montar el tacatá. Al montar al pequeño, nos reímos mucho de verlo en aquel trasto con forma de coche, con su teléfono, su volante, su palanca, las cuatro ruedas. Parecía un cangrejito, porque sólo se movía hacia atrás. Acto seguido, mi imaginación voló y vi a mi hija siguiendo sus pasos, hubieran sido también sus primeros pasitos. Y me contuve, pero mi cara tuvo que ser un poema porque para variar, ella estaba pendiente, muy pendiente de mí y cuando nos marchamos, al llegar a mi casa me llamó y se disculpó, y me dijo que lo sentía que no se habían dado cuenta, que no deberían haberlo sacado. Yo le dije que no se preocupara, que lo que no queríamos bajo ningún concepto era que ellos se sintieran mal con cada cosa que su hijo fuera haciendo o ellos comprándole, porque sino, nos quitarían la confianza de ir a su casa y aunque lógicamente teníamos que pasar por ratos malos, nos alegraba poder compartir esos primeros momentos de su hijo.

Con cada paso que dé, con cada sonrisa, con sus primeras palabras, su primer día de guardería, su primer baile, .... Con cada primer algo, siempre, siempre tendremos en mente a Ángela, pero yo quiero que ellos sepan que su hijo será toda la vida muy especial para nosotros. Por lo que nos recuerda, por lo que pudo ser y por quien es él.

Quiero que sepáis que lloramos mucho, pero gracias a los momentos que nos da este pequeño tenemos también muchas veces una sonrisa en la boca, que nos llena y nos alegra. Con Juan Carlos me quedo el día que lo vio después de volver de Roma la alegría tan inmensa que les dio. Y yo me quedo con un día que lo estaba bañando mi amiga y al entrar en el cuarto de baño se volvió y al verme me echó una sonrisa que me iluminó el alma por la carita de felicidad que puso.

Os damos las gracias a los tres por dejarnos compartir muchos momentos con vosotros, por estar ahí, por vuestra generosidad, por el cariño y el amor con el que habláis, y sentís por Ángela. En especial le doy las gracias a mi amiga-vecina por ser como es, por estar pendiente, por saber....... Gracias a tu pequeño corazoncito por lo que nos ha hecho sentir.

Hija mía, sé que hay mucha gente que te quiere y sé que tú los hubieras querido mucho también. Estás en el corazón.



DOS ACONTECIMIENTOS

Se acercaba el verano, el calor, y con el llegó el mes de junio. Cumpleaños de Juan Carlos y mi cumpleaños y su santo. Esté año fueron días, sólo días en el calendario. Nunca he entendido porque uno no dice su edad, si cada año cumplido es un regalo y debe ser motivo de celebración. Sin embargo este año no había motivo para celebrar. Sí, habíamos cumplido otro año. Pero ¡qué año!. Estábamos tristes, mi hija no estaba para llenarse las manitas de nata o chocolate con la tarta y no teníamos ningún deseo para pedir. Ya no. Ahora es el día a día. Estar juntos.

Sin embargo este mes, también trajo dos acontecimientos que hay que recordar con cariño. Los dos antes de mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos.

Uno es la invitación que nos hicieron los otros amigos de la misma calle para que fuéramos a ver a su hijo bailar en la fiesta de fin de curso. Sinceramente, no teníamos el ánimo para ver a los pequeños haciendo sus gracias, pero nos lo dijeron con tanto cariño y por el hecho de compartir ese momento alegre con nosotros, que no nos pudimos negar. Al terminar nos invitaron a cenar en una terraza y hablando con ella, me dijo que teníamos que volver a intentar tener otro hijo, que mi pequeña se alegraría por nosotros y que no podíamos negarle ese amor  que llevábamos dentro a otro pequeñín. Me dijo unas palabras preciosas que creo que recordaré toda la vida, porque sé que las dijo de corazón: -" Esta vez no debes preocuparte, porque lo peor que os podía pasar en la vida, ya os ha pasado. Tendréis momentos malos, pero para eso estamos aquí."-. Estas palabras se las agradeceré toda la vida.

El otro acontecimiento era el bautizo de mi pequeño ahijado. El 21 de junio. Ellos nos dijeron que si no queríamos, no celebraban nada, pero ¿cómo no hacer nada?, era el día del pequeño garbanzo (empezamos a llamarlo así porque es muy redondito). Aunque sólo el echo de preguntarlo lo dice todo.

Fue una ceremonia preciosa, en la iglesia "Nuestra Señora de los Ángeles". El pequeño se portó muy bien, y al terminar mi amiga-vecina se acercó a mí, me acarició la espalda y me preguntó cómo estaba. En mi casa ya tendría tiempo de pensar, llorar, ahora no era momento. Había que celebrar esa alegría.

¡Cuanto hubiera deseado Ángela, poder ver como el cura te levantaba hacía la Virgen, una vez bautizada!. Pero bueno, ahora seguro que estás con ella. Mi angelito del cielo.



UN BAUTIZO DISTINTO

Cuando murió Ángela, tenía una gran pena por no haberla podido bautizar, le había preguntado incluso al cura que nos había casado a Juan Carlos y a mi y ya me había dicho que no me preocupara, que mi hija estaba fuera de pecado, que era pura y que era un angelito del cielo.

A pesar de estar más tranquila, se nos había quedado una pincha así que, como el bautizo de nuestro ahijado había sido tan bonito y el cura había tenido unas bonitas palabras y demostrado mucho sentimiento, decidimos hablar con él para que fuera a la tumba de mi hija y la bendijera. Al hablar con él, nos reconfortó con sus palabras, con sus sentimientos, con su sensibilidad y nos dijo que además, porqué no le hacíamos una "misa de gracia". Nosotros nunca habíamos oído hablar de ella, y nos comentó que se hacía para darle gracias a Dios y nosotros se las dábamos por haber tenido la oportunidad de poder crear, sentir y vivir nuestra corta pero intensa vida con Ángela.

Hicimos la misa miércoles y fue preciosa. Habló de ella constantemente, con cariño, con sentimiento, con sensibilidad. Parte de la familia y sobre todo, nuestros amigos, con nosotros. Apoyándonos, dándonos cariño, cobijándonos. Y por ella, por Ángela, por nuestra hija. ¡Qué misa tan bonita!.

Ese viernes quedamos con el cura en el cementerio para que bendijera su tumba. Y fuimos Juan Carlos y yo, y llegó el cura con agua bendita y con un libro para decirle unas oraciones. Y la bendijo, con cariño, eligiendo las palabras.

Ya estaba. Ahora si que estábamos más tranquilos. A pesar de lo que nos habían dicho, queríamos que su pequeño cuerpecito fuera bendecido. Esta no era la forma en la que queríamos su bendición, con la que habíamos soñado, pero en estas circunstancias, dentro de todo, fue bonito.

Vida mía, angelito mío, te queremos tanto mi cielo. Quiero que juegues mucho en ese paraíso lleno de nubes de algodón.

TU ERES LO MÁS IMPORTANTE

POR TI Y POR EL RESTO DE BEBES

Llegó mayo y nuestro abogado y el presidente de la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias de Murcia, nos dijeron si queríamos sacar nuestro caso en los medios, y les dijimos que sí, que adelante. Nosotros no teníamos nada que esconder, al contrario que se enterara todo el mundo, cuanta más gente mejor, porque ojalá si alguien hubiera sacado su caso en los medios, si hubiéramos sabido......

Nuestra intención al querer hacer pública la denuncia de nuestra tragedia no era alarmar, sino informar y procurar que los papas fueran con la mayor información posible y a la vez intentar concienciar de que se denunciara cualquier trato carente de profesionalidad, de humanidad, cualquier sufrimiento injustificado de la madre y del bebé, porque es muy triste pensar que antes que nosotros se han dado casos en los que no se ha denunciado nada porque al final los padres salen con su bebé bien y se les olvida todo.

No debería ser así, porque aunque no pienses en los que vienen detrás, aunque se te olvide el dolor, el miedo, el sufrimiento que te han hecho pasar a ti o a tu pareja, nunca, nunca debe olvidarse el sufrimiento injustificado a nuestros bebes, que son seres indefensos, que dependen de nosotros, por los que daríamos la vida, que intentan venir al mundo.

Se hicieron los contactos y quedamos para hacernos una entrevista en el despacho de los abogados. Vino un periodista y un fotógrafo y les relatamos, les contamos, lloramos. Y el periodista, Javier Parra, quedó en llamar para decirnos cuando saldría publicado. Y llamó unos días después para decirnos que el viernes día 8 de mayo saldría publicada la entrevista. El reportaje quedó muy bien, sólo con el titular que pusieron se dice todo.  Este es el enlace:

http://www.laverdad.es/murcia/20090508/region/parto-bien-pero-ginecologos-20090508.html

A nuestros amigos, familia, les gustó, pero incluso nos dijeron que aún se podían haber puesto más cosas, sabiendo como sabían ellos de primera mano lo que había pasado.

Ángela, mi amor chiquitín, seguimos luchando por ti.



LA ENTREVISTA

El lunes 11 de mayo, también acudimos a una entrevista que nos iban a hacer en canal 6 de Murcia. No sabíamos quién nos la haría y cuando bajó el periodista, que era también el director del programa para el que era la entrevista "Latidos Urbanos", se presentó y al oír su nombre "Raúl Hernández" me sonó, porque ¡qué casualidad!, unos días antes había empezado a leer un blog que me había llamado la atención por el título "Diario de un padre primerizo" y resulta que lo estaba escribiendo él, que había sido papa hacía unos pocos meses y relataba su preciosa vivencia y se lo dije y como había puesto una foto de su pequeño recién nacido le comenté que su hijo se le parecía. Lo normal hubiera sido que se sintiera alagado, que se hubiera dibujado una sonrisa en su rostro, pero sólo pudo decir: -"sí, eso dicen". Yo creo que el pobre tenía un nudo en el estómago pensando que yo le hablaba de su hijo y el nos tenía que hacer una dura entrevista contando el triste final de nuestra pequeña hija.

Pasamos a un estudio, en el que habían preparado un lugar para sentarnos y poder hablar, poder relatar, poder contar. Y nos sentamos Juan Carlos y yo, uno al lado del otro, y él y la chica que se encargaba de la grabación, enfrente. El nos preguntó, que le contáramos. Y le contamos, y le enseñamos y de nuevo lloramos y en su rostro se podía ver una profunda tristeza y se quedó sin palabras, sin saber como seguir preguntando, ¡qué preguntar después de nuestro relato!. Y sacó fuerzas y volvió a preguntar ¿cómo fue la salida del hospital?, ¿sabíamos los resultados de la autopsia?, ¿qué habíamos hecho con todas sus cositas? ..........

La salida, ya la he relatado en uno de los post, iba ausente, muerta, sin vida. La autopsia, Juan Carlos no ha querido que la lea, pero no hace falta, yo la vi morir. Y sus cositas, fueron mis cuñados a recogerlas para evitarnos ese otro dolor que nos hubiera terminador de partir el alma.

Hablamos durante más de dos horas. Con calma, sin prisas, escuchando y dejándonos tiempo para recomponernos. Y terminó la entrevista, y en ese tiempo el también compartió con nosotros y de nuevo la casualidad que a veces hace que se te pongan los pelos de punta. Su hijo se llama Ángel, pero además su novia se llama Ángela.

Nos despedimos y nos dijo que ese miércoles día 13 de mayo saldría la entrevista en su programa "Latidos Urbanos". No sabíamos nada más. Quedamos en estar en contacto.

Mi angelito del cielo, mi panecillico, mi bebé, mi hija. El tesoro de tus padres.



HOMENAJE A ÁNGELA

Había llegado el miércoles. El programa "Latidos Urbanos", empezaba a las 10 de la noche. Mis suegros habían venido para que no viéramos el programa solos. Y empezó. Nada más ver el título que le había puesto al reportaje se me hizo un nudo en el estómago, "En memoria de Ángela". Era ella. Mi hija. Acto seguido apareció su preciosa carita (le habíamos dejado una eco de ella en 3D-4D), y la voz de él diciendo:- "Ángela Moreno Vicente debería tener hoy ......". Y llegó el final del reportaje donde se veía de nuevo imágenes de mi preciosa hija, de mi pequeñica, con una preciosa dedicatoria y de fondo se oía la letra de la canción de Nena Daconte "Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte, tenía tanto amor, guardado para ti". Yo le había dicho a Raúl si la había escuchado, porque reflejaba bastante bien muchas de las cosas que sentíamos. Él se acordó.

En realidad, hizo más que un reportaje, fue más que una denuncia, el logró hacer un bonito homenaje a mi hija, puso sentimiento, mucho sentimiento y reflejó no sólo la parte trágica, no sólo el dolor, sino el amor, el profundo amor que sentimos por ella. Con sus palabras del principio, con sus palabras homenaje del final, con la carita de Ángela y la música de fondo, me abrieron el alma y lloré de principio a fin. Juan Carlos al lado mío, también con el corazón roto, pero a la misma vez con una sensación de calma, de amparo.

Esa noche Juan Carlos le puso un mensaje a Raúl y al día siguiente lo llamó por teléfono. Yo también le he puesto varios mensajes y se lo hemos dicho por activa y por pasiva, puede que incluso hayamos sido pesados o que realmente no llegue a creer nuestro profundo agradecimiento, pero es así. Después de ver el reportaje que hizo, él nunca, nunca sabrá realmente lo que ha significado para nosotros. Como he dicho ha sido como un homenaje a nuestra hija, que nos ha llegado hasta el corazón, no sólo ha nosotros sino a todo el que lo ha visto.

No sé, quizás por la sensación de abandono que sufrimos aquel día, por la desatención, por supuesto el desenlace final, por el sentimiento de ver el desprecio tan total y absoluto que hicieron por la vida humana, la vida de mi hija, que esté reportaje fue como darle toda la atención, todo el respeto que aquel día no le dieron a  Ángela, un bebé indefenso que sólo quería venir al mundo y al que no ayudaron a nacer.

Por ello siempre, siempre le estaremos profundamente agradecidos a Raúl Hernández Sánchez, director del programa "Latidos Urbanos" y desde ese día amigo para lo que alguna vez en la vida necesite.


"En memoria de Ángela": http://videos.laverdad.es/informaciondecontenido.php?con=1212

Su blog: http://blogs.laverdad.es/diariodeunpadreprimerizo/posts



Ángela, estrellita mía, mi pequeñita. Siempre, siempre en el corazón. Te quiero con locura.


SORPRESAS

UNOS REGALOS

La vuelta al trabajo fue, bueno, como tenía que ser. Triste, muy triste de verme de nuevo allí donde unos meses antes me había ido con toda la ilusión del mundo y pensando que cuando volviera llevaría a mi niña para que la conocieran todos. Tenía pensado también tomarme como mínimo un año de excedencia. Quería aprovechar cada minuto, cada segundo con Ángela. Ir viendo su evolución, sus cambios, sin perderme nada, disfrutar de esos primeros meses de su vida y a la vez que ella pudiera disfrutar de su mama. Pero la vida ............. Mis compañeros estuvieron todos muy cariñosos, sin saber muy bien que decirme, intentando que en lo posible me sintiera cómoda.

Bueno, seguía durmiendo mal, muy mal. Me pasaba toda la noche soñando, de una cosa a otra. Cosas sin sentido, sin tener que ver con mi vida, y aunque el sueño no era reparador prefería estar durmiendo a pesar de todo, porque estos sueños no dolían. Era mejor que la realidad.

En estos días conocimos a unos vecinos a los que habíamos visto varias veces pero con los que no habíamos hablado, sólo nos saludábamos cuando nos veíamos. Ellos y su hijo de tres años,  llevaban vario tiempo queriendo conocernos a nosotros y también a nuestros amigos-vecinos así que quedamos en que haríamos una barbacoa  para ir conociéndonos. Y de momento así quedamos.

Unos días después, nuestros amigos-vecinos nos invitaron a comer y cuando estábamos a punto de marcharnos, nos dijeron un poco apurados que esperáramos, que hacía tiempo que querían decirnos una cosa y nunca encontraban el momento. Juan Carlos y yo nos quedamos un poco extrañados, pero enseguida despejamos la incógnita. El, en palabras de los dos nos dijo: -"hace tiempo que queríamos decíroslo pero no sabíamos como. Varias veces hemos estado a punto pero después no nos decidíamos. Hemos pensado, nos gustaría, queríamos que fuerais los padrinos de nuestro hijo, pero si nos decís que no, lo entenderemos"-. Yo tenía en ese momento al pequeño en mis brazos y nos miramos Juan Carlos y yo emocionados y sin preguntarnos el uno al otro, sólo con la mirada el uno al otro, les contestamos con lagrimas en los ojos que sí, que una cosa no quitaba la otra y que les agradecíamos en el alma que hubieran pensado en nosotros.

El fin de semana siguiente, vinieron a comer los otros amigos que su hija había nacido prematura unos días después de la muerte de mi hija. Ellos tienen otros dos hijos, una niña y un niño. Al finalizar la comida también ellos nos dijeron que les gustaría que fuéramos los padrinos de su hija, y  que si les decíamos que no, lo entenderían. Al igual que con el otro pequeño, su propuesta también nos emocionó e igualmente les dijimos que sí y que les agradecíamos que nos lo dijeran.

Las dos parejas no se conocían y por lo tanto no se habían puesto de acuerdo pero han sido tan generosos, han pensado tanto en nosotros y en como poder de alguna forma intentar hacernos sentir mejor que para ellos de esa forma era como regalarnos un pedacito de lo que ellos más quieren.

Hemos sido bendecidos con Ángela que es lo mejor del mundo y hemos tenido la suerte de tener a gente que nos quiere, que también la llevan en el corazón.

Mi dulce angelito del cielo, tus papas te echan de menos, te quieren.



AYUDÁNDONOS

Después de los dos grandes regalos que nos habían hecho nuestros amigos, Juan Carlos y yo, a pesar de la tristeza, la inmensa tristeza, nos sentíamos afortunados por contar con amigos así, porque es tan difícil contar hoy en día con gente desinteresada, no egoísta, con un corazón que no les cabe en el pecho y sobre todo que sabes que puedes contar con ellos en los momentos malos, porque para las fiestas estamos todos, pero es en los momentos duros donde se demuestra quién es quién. Como dicen, "Para las bodas tienes que llamar a los amigos, pero para los funerales vienen solos".

Al fin, organizamos una cena en mi casa con nuestros amigos-vecinos y con los otros amigos que vivían en la misma calle para ir conociéndonos y de esa noche también surgió una bonita amistad entre los seis y sus dos pequeños, porque son gente también muy buena y generosa. Ellos sabían también de nuestro caso y nos dijeron que podíamos contar con ellos para lo que quisiéramos. Desde entonces, a parte de vernos con cierta regularidad, suelen llamarnos la semana que no nos vemos para saber como vamos tirando, como nos encontramos, e intentan también hacernos recibir el cariño de su hijo, que es también un cielo.

Siempre recordaré lo que me dijo una amiga después de que hubiera nacido su primera hija, me dijo: " Después de dar a luz y ver a mi hija, en ese momento fui tan feliz y me sentía tan realizada que es como si todo lo hubiera cumplido ya y si me hubiera muerto en ese instante no me habría importado". Yo deseé lo mismo pero de pura tristeza y desolación.

Yo seguía yendo a las consultas con mi amiga-psicóloga y le iba contando como me iba encontrando, los altibajos que tenía, le conté lo de la propuesta para ser padrinos de los dos niños y me dijo que le parecía muy bien, que ese contacto con los niños nos hacía bien porque era una forma de afrontar la realidad y de ir superando obstáculos. Por la relación tan especial que habíamos cogido con el hijo de nuestros amigos-vecinos nos hizo pensar en la posibilidad de quizás volver a intentar tener  otro hijo y mi amiga-psicóloga me dijo que el instinto maternal lo seguía teniendo abierto y que psicológicamente no iba a estar preparada nunca por lo que tenía que plantearme el momento a partir de que me dieran el alta de la cesárea y que si me volvía a quedar embarazada, tendría que aprender a vivir con los dos sentimientos, que no eran incompatibles. Los dos sentimientos irían en paralelo. Ella me conoce y sabe que en mí debe ser así, que yo no puedo cerrar la herida y mirar hacía delante sin mirar hacía atrás. No puedo, no podría, para mí sería como una traición. Ella me conoce, me conoce muy bien.

Mi lucero, cada noche te mando un beso pensando que tú hija mía eres la estrella más brillante, la más bonita. "Ángela".

DE VUELTA A LA REALIDAD

Habíamos estado en Roma 5 días y contando con el día siguiente que lo dedicamos a organizar y descansar, estábamos seis días sin ver a nuestros amigos-vecinos y por supuesto a su pequeño hijo. Aún recordamos el momento en el que al entrar en el salón de nuestros amigos y vernos su hijo, la emoción con la que nos miró, el patalear continuo de sus piernecitas, la alegría en su cara y por supuesto el nerviosismo para que lo cogiera Juan Carlos. La alegría por supuesto era mutua y en cuanto lo cogío Juan Carlos el pequeño no hacía más que tocar su cara, mirarme, tocar su cara. Era como si pensara: -"¡estáis aquí!, ¡sois vosotros!- Era tanta su alegría que de la misma emoción, de los mismos nervios el pobrecillo se puso a vomitar. Sus padres se reían de ver la escena y Juan Carlos y yo alucinábamos de ver la reacción del pequeño.

¡Cómo nos llenaron esos momentos!, que como digo, aún hoy recordamos con una sonrisa en la boca. ¡Si supiera este pequeño, el cariño que nos ha dado, y nos da cada día! ¡Si supieran sus padres, (que sé que lo saben), que esos momentos que nos hacen compartir con su hijo nos hacen poder liberar muchos sentimientos de amor que físicamente no podemos darle a nuestra hija!. Y de alguna forma es como si su pequeño lo supiera y nos regalara cada día una sonrisa, un abrazo, un gesto. Había momentos, en los que se nos ponían los pelos de punta, porque en determinadas habitaciones, en mi casa o sobre todo en el cuarto de baño donde lo bañaba su madre, al estar tumbadito boca arriba no paraba de empujar con sus piernecitas hacía un sitio determinado y miraba hacía arriba y se reía. Yo siempre he querido pensar que es mi hija Ángela, que está con él, y que es su angelito de la guarda y lo cuida y protege, porque hubieran sido como dos hermanitos.

Y pasó la Semana Santa y las fiestas de primavera (en Murcia), y decidí incorporarme al trabajo. Con mi madre estuve de baja 18 meses, porque además se me juntaron los tres meses de reposo que tuve que estar por el embarazo, pero fue distinto, el proceso fue diferente. Con la muerte de Ángela, pasé y paso por tanto procesos emotivos, de sensaciones distintas, que igual que con mi madre necesitaba recluirme, aislarme, con mi hija me agobiaba y me agobia estar sola, necesito estar continuamente distraída porque sino mi cabeza no para y hay momentos en los que pienso que me voy a volver loca de dolor y de rabia.

Vida mía, sigo añorándote, sigo soñándote. Ángela mi lucero.

ANIVERSARIO DE MI MADRE. 6 DE NOVIEMBRE

A MI MADRE

Hola mama. Hoy hace tres años que te fuiste y parece que ha pasado una eternidad, quizás es porque pasé de llorarte a ti para llorar la muerte de mi hija, o quizás es porque al final uno se acostumbra a vivir con el dolor como parte de su vida.

Sabes mama, aprendí el significado tan grande que tiene esa palabra demasiado tarde. No supe valorar todo lo que tu representabas, todo lo que nos dabas, todo lo que nos enseñaste, toda tu generosidad, todo tu amor, toda tu ilusión por vivir a pesar de muchas cosas. No supe ver a tiempo muchas de las cosas que tú como madre nos regalaste. Siento tanto no haberte dicho tantas cosas, no haberte alabado tantos detalles, no haber compartido más contigo muchas cosas.

Desde aquel 6 de noviembre de hace ya tres años, cogida de tu mano, te pedí  y te pido perdón por todas esas palabras que no te dije, por todos esos besos que no te dí, y te dí y  te doy las gracias por todo tu amor, por todos los valores que nos has enseñado, por tus risas, por la alegría que ponías en cada proyecto nuevo, por la vitalidad y la fuerza que trasmitías a pesar de tus males. Por estar ahí.

Mama, la vida me enseñó demasiado tarde que hay que vivir y disfrutar cada día, porque los momentos malos vienen solos, pero los buenos hay que buscarlos. Como hacías tú. También te doy las gracias por eso. Porque esta lección me ha servido para poder disfrutar todos y cada uno de los días que he pasado con mi hija. Mi pequeña, que ahora está contigo.

Mama, me ha costado mucho hacerme a la idea de que te habías ido, porque eras tan fuerte que parecía que siempre ibas a estar ahí. Gracias mama por todo lo que nos diste, por enseñarnos tantas cosas. Gracias mama por tu valor de la vida.

Sabes mama, yo pensé que Ángela era un regalo del cielo por tanto dolor, y sufría mucho pensando que tu no ibas a poder disfrutarla, a poder compartir esos momentos de alegría conmigo, y ya ves, mama. A pesar de mi dolor, de nuestro dolor, el único consuelo que tengo es saber que está contigo, que tú la cuidas y que puedes darle todos los besos y mimos que yo aún no he podido. Me alegro mama que puedas estar disfrutándola. Quiérela mama, porque quiero pensar que ese pedacito de mi, es mi regalo.

Ángela vida mía, dale un besito a tu abuela de mi parte. Os quiero. Os quiero tanto, tanto....

martes, 22 de noviembre de 2011

SALIR PARA EVADIRNOS

PREPARANDO UN VIAJE

Ya estábamos cerca de Semana Santa y mis cuñados mayores (el hermano mayor de Juan Carlos y su mujer) nos dijeron que se iban a ir a Roma unos días con dos parejas más, y mis dos sobrinos y los dos hijos de una de las parejas, y nos dijeron que nos fuéramos con ellos, que nos haría bien salir unos días y cansarnos viendo cosas. La verdad, no nos apetecía mucho pero pensamos que nos daba igual, estuviéramos donde estuviéramos el dolor vendría con nosotros y que si de alguna manera podíamos estar distraídos unos días sería bueno para nosotros. Y aceptamos.

En los días previos, nuestros amigos-vecinos seguían pendientes, con sus llamadas, sus visitas o las nuestras. El contacto con su pequeño. Ya era muy listo, para lo pequeño que era ya sabía sacar lo que quería de cada uno. A Juan Carlos en cuanto lo veía empezaba a patalear y a reírse para que lo cogiera si estaba en la maquita o en el carricoche y conmigo estaba muy a gusto si tenía sueño y quería dormir. Se relajaba mucho en mis brazos y yo disfrutaba tanto teniéndolo dormidito durante una o dos horas. Encima te reconfortaban siempre las palabras de sus padres cuando nos decían lo bien que se sentía su hijo con nosotros, como nos conocía, lo relajado que estaba cuando dormía o lo feliz que se le veía cuando estábamos dándole juego.

Había momentos en que lo miraba y veía como estaría mi hija, era inevitable, pero procuraba no pensarlo los ratos que estaba con ellos para que no me notaran nada, luego en mi casa ya tendría tiempo, de pensar, llorar. Seguir retorciéndome de rabia y de impotencia por tantos sueños rotos, por tantos ¿por qué?.

Y llegó Semana Santa y nos fuimos de viaje y los dos nos propusimos reírnos, cansarnos, aceptar todo lo que nos propusieran, comer donde quisieran, ir donde nos dijeran. Sólo queríamos mantener la cabeza ocupada el mayor tiempo posible.

Y tú mi pequeña, siempre, siempre con nosotros.



INTENTANDO DISTRAERNOS

Llegó el día. Y nos fuimos de viaje a Roma. La verdad, entre mis prioridades por ver sitios no se encontraba Roma de forma inminente, pero reconozco que me gusto. Nos gustó mucho. Me sorprendieron gratamente la grandiosidad de algunos monumentos, las esculturas, la preciosidad de las iglesias. Había muchas que por fuera no te decían nada pero cuando entrabas te quedabas con la boca abierta. Y la plaza de San Pedro, que bonita. Pero quizás en otro momento de nuestra vida el viaje allí, hubiera tenido otro significado. En esos momentos, en la mayoría de ellos, eran puramente turísticos, sin ningún tipo de implicación emotiva, aunque reconozco que hubieron tres sitios donde si me emocioné y tuve la necesidad de pedir, de orar y de llorar. Estos tres sitios fueron la tumba de Juan Pablo II, la Escalera Santa, que es por donde dicen que bajó Jesús después de ser azotado, y la pequeña capilla que había en una iglesia donde había un niñito Jesús que decían era muy milagroso.

También me gustó mucho La Fontana de Trevi. Fuimos la primera noche y la vimos iluminada. Realmente preciosa. Como pudimos nos hicimos un hueco y como manda la tradición tiramos una moneda de espaldas. La primera moneda que tiré me la había dado mi amiga-vecina para que la tirara pensando en ella y de esta forma que se cumpliera un deseo que ella quería pedir. No me lo ha dicho y yo no se lo he preguntado pero creo que su deseo tenía algo que ver con nosotros.

En esos días vimos muchas cosas, nos cansamos, comimos, nos reímos, pensamos, añoramos. Y aunque en nuestro corazón estaba Ángela continuamente, no hablábamos del tema con ellos salvo cuando nos preguntaban, porque si hay una cosa que aprendí de mi madre y que a ella le iba muy bien, era que cuando salía procuraba dejar sus tristezas, sus dolores, sus miedos para ella. De esa forma cuando estaba con gente intentaba estar distraída, disfrutar en la manera que podía y no agobiar o entristecer a la gente con la que iba.

Mi pequeño tesoro. ¡Vi. tantos angelotes que me hacían recordarte y pensar que tú serías uno de esos preciosos querubines en el cielo!.

LA AYUDA DE LOS AMIGOS

MOMENTOS

Nuestros amigos-vecinos, seguían haciéndonos compartir, seguían pendientes, queriendo de alguna forma aliviar nuestro dolor, manteniéndonos distraídos, estando con nosotros, ofreciéndonos el cariño de su hijo. Y eran tantos los momentos que empezamos a pasar juntos, que el pequeño cuando nos veía se volvía loco. Si hubiera podido se hubiera tirado de la maquita. En cuanto nos veía se ponía a patalear y a mover los bracitos para que Juan Carlos lo cogiera. El ya sabía que en cuanto lo veía Juan Carlos lo sacaba y lo cogía. La cara se le iluminaba. Bueno, a los dos. Era una alegría mutua.

Esos momentos nos hacían evadirnos por segundos del horrible dolor que llevábamos y nos hacían esbozar una sonrisa de vez en cuando. Y nos ayudaban a sacar sentimientos, de amor, de cariño, de protección. Pero también los de rabia, impotencia, odio. Cuantos llantos incontrolados, de los que te salen de las entrañas por ese dolor de pura impotencia.

Sé que hubo alguna vez en las que ella me oyó llorar, porque aunque no decía nada, su cara al verme lo reflejaba todo. Y yo intentaba en esos momentos poner mi mejor cara para intentar que ella no sufriera. Era tanto lo que se preocupaba por mí, que le dijo a Juan Carlos que quizás me estaba haciendo mal al dejarme a su hijo, al intentar compartir ciertos momentos con nosotros. El me lo dijo, y en cuanto la vi le dije, que ni por un momento pensara eso, que me había hecho más bien del que ella se imaginaba, porque al morir mi hija no quise ni volver a plantearme el volver a ser madre, Ángela nos había colmado tanto que nuestro deseo de ser padres se cumplió con ella, pero esos ratos que pasábamos con el pequeño hacía que en algunos momentos nos lo volviéramos a plantear. No sé, quizás con el tiempo. Aún no podíamos pensar, no queríamos pensar.

El resto de amigos, llamaban, preguntaban, se preocupaban. Estaban. Sabíamos que estaban.

¡Ángela eres nuestro mayor logro, eres nuestro pequeño gran tesoro, eres nuestra hija, eres el mejor regalo del mundo! ¡Ángela nos has colmado de tanto amor!.



GENTE BUENA

Vinieron a casa a comer mi cuñada (la mujer del hermano de Juan Carlos que falleció) y su hermana con el marido y su hija. También vinieron mis amigos vecinos con su pequeño. La hermana de mi cuñada le había dicho a su hija (tiene 4 años), que iba a haber un bebé pero que no era el mío. Se lo dijeron porque la pequeña me había visto embarazada en varias ocasiones y le decíamos que llevaba una bebé en mi barriga, así que le advirtieron a la niña para que no me preguntara. Pero como niña que es, con esa inocencia que los caracteriza en un momento en el que vio que su madre no estaba pendiente me dijo:- "ese no es tu bebé, ¿dónde está tu bebé?"-, su madre la oyó y le riñó. Pero, ¿cómo explicarle a una criatura tan pequeña?, ¿qué decirle?, así que le dije a su madre que no la riñera que la pobre no sabía y que no había maldad en su pregunta y lo único que pude decirle era que no había bebé, ¿que podía decirle?, que estaba en mi corazón, que estaba y estaría para siempre en mi alma, en mis entrañas. No lo iba a entender así que era mejor así. Me metí en el cuarto de baño y lloré, me desahogué, en silencio, sin hacer ruido, sin que me vieran. No quería que me notaran nada, la pequeña no había tenido la culpa. El dolor siempre está, pero intentas estar distraída, intentas que esos momentos que pasas con gente te sirvan de terapia y que a la gente que está contigo les reconforte una sonrisa que puedas echarles.

Y pasó el día, y se fueron y a pesar de la pregunta de la pequeña, pasamos un buen día y estuvimos a gusto. Había cariño, había comprensión, había amistad, había gente buena, muy buena.

Y nos volvimos a quedar solos. Juan Carlos y yo. Yo y Juan Carlos. Con la sensación de sentirnos queridos, de contar con gente que nos quiere.

Cada noche, le pido a mi madre que cuide de mi hija, que le dé muchos besos y le haga muchos mimicos, que la disfrute y que le diga que la queremos con toda el alma, y a mi cuñado Miguel, le pido que la haga reír mucho y que la hagan muy feliz. Los tres forman un buen equipo.

Te quiero tanto Ángela. Sólo quiero que estés bien, que seas feliz, mi pequeña. Mi panecillico.