jueves, 24 de noviembre de 2011

LUCHAR COMPARTIENDO

POR EL ESTOY LUCHANDO

Después de esté tratamiento, del sufrimiento que llevó consigo, de la tristeza de darme cuenta de la realidad, perdí otros dos kilos. Me quedé en cuarenta y ocho kilos. Por más que intentaba comer, reponerme, quizás el sufrimiento era tal que mi cuerpo no respondía. Como consecuencia de perder tanto peso, mi piel se resintió, mi expresión de tristeza me hizo huella. Pero a pesar de todo, de mi delgadez, de mi cara de tristeza, de no pintarme, de no tener ganas de arreglarme, a pesar de todo, Juan Carlos siempre, siempre, ha tenido una palabra de halago, de ánimo, con una sonrisa todos los días me decía: -" ¡que guapa estás hoy!, ¡que bien te sienta esto o lo otro!. No le preocupaba que estuviera delgada porque decía que me veía comer, que ya engordaría.

Así qué por él, sigo luchando porque él lo hace por mí, y quería estar fuerte también para que él pudiera apoyarse también en mí, por lo que muchas veces sin tener ganas de hacer algunas cosas, las hacía para que me viera ir hacía delante. A él también le costaba, por lo que no era justo que yo no lo intentara.

El domingo después del bautizo de nuestra ahijada, me desperté temprano y Juan Carlos me dijo que nuestros amigos-vecinos con nuestro ahijado se iban a la playa, si quería ver al pequeñín. Al principio dudé, pero luego no pude negarme y nos acercamos a verlo. Su madre lo lleva siempre tan bonico, tan gracioso. Y nos reímos mucho al verlo. Ya daba sus primeros pasitos, aún cogido de la mano, pero con nueve meses y medio te hacía mucha gracia verlo tan chiquitín, de pié con su gorrito, sus zapatillitas de playa y su conjuntito. Tiene siempre una alegría, que es imposible no sentirla cuando estas con él. Le dimos cuarenta mil besos, nos reímos de verlo tan contento y nos llenó el día con su risa, y su carita de felicidad. ¡Nos ayuda tantas veces esa alegría que tiene!.

¡Ay mi pequeñica!, te veo en cada sonrisa del pequeño garbanzo. Sé que estás con él, y lo proteges y me hace feliz pensar que estás ¡tan cerca!. Te adoro vida mía.



PARA VOSOTRAS/OS

Hoy sólo quiero desearos a todas/os una felices fiestas. Que disfrutéis de la familia y de los amigos.

 Quiero daros las gracias de todo corazón por el cariño que me habéis aportado, por vuestras muestras de ánimo, por vuestros deseos para seguir luchando, por seguirme y compartir conmigo la vida de mi hija Ángela, mi vida, la de Juan Carlos, nuestros sentimientos.

Para las que estas fechas son también días tristes porque falta alguien muy importante en sus vidas, todo mi cariño y comprensión y pensad como yo hoy. Mi madre, en una de sus últimas navidades, nos dio un escrito que era como una carta escrita por Jesús, en la que decía que estos días se hacían regalos, comidas, risas, reuniones con familia y amigos, pero que al final se olvidaba lo más importante, (para los creyentes), y es que hoy se celebra el nacimiento del niño Jesús. Así que desde entonces, esté triste o alegre, le canto cumpleaños feliz y pienso que mi madre y mi hija podrán disfrutar de ese momento con EL.

Bueno, de nuevo desearos todo lo mejor para estas fiestas y mandaros todo mi cariño y afecto, que penséis en todo lo bueno que os da la vida y que muchas veces no sabemos apreciar porque son cosas que damos por naturales.

Ángela, a ti mi vida decirte que estás presente cada uno de los segundos de nuestra vida, que te queremos y te añoramos. Cielo mío, sé feliz.

QUERIA QUE FUERAS TU OTRA VEZ

REVIVIENDO

Quedaban tres meses y medio para volver a ser 16 de octubre, y por estas fechas pasé de pensar únicamente en cuantos meses tendría, a  también recordar de nuevo los maravillosos últimos meses de embarazo, viendo como pasaba el tiempo, como cada vez quedaba menos, con la alegría y la ilusión de saber que todo iba bien, con la esperanza y la emoción de pensar en el maravilloso momento en el que la viera por primera vez.

Si el año pasado estaba deseando que pasara el tiempo, éste no quería. No quería pensar en esas emociones y que conforme fuera pasando el tiempo me acercara más a la realidad. Este año, este 16 de octubre ya no habría ilusión, ni alegría. Era una tortura, un miedo horroroso al recordar mis emociones del verano pasado y ahora todo era distinto.

Este mes de julio fue muy malo. El día 18 era el bautizo de nuestra ahijada y hubiera deseado no poder asistir (ya lo contaré), pero no salió bien y el 17 por la tarde exploté y tuve que llamar a mi amiga-psicóloga hinchándome a llorar para poder desahogarme y soltar todo lo que llevaba dentro y que durante días había ido reprimiendo. Y me desahogué y me quedé más tranquila y como siempre  sus palabras me ayudaron, me calmaron.

Ya me encontraba mejor y el sábado 18 fuimos al bautizo de nuestra ahijada. Fue un bautizo sencillo, no tan bonito como el del pequeño garbanzo, pero estábamos entre amigos y sus familias que estuvieron pendientes de nosotros constantemente, para que estuviéramos a gusto, comiéramos, nos distrajéramos.

La madre de mi amiga nos invitó a que fuéramos un día a comer a su casa de la playa pero declinamos su ofrecimiento para más adelante, porque ese año no queríamos ir a la playa, sobre todo Juan Carlos. ¡Le dolía tanto pensar en los planes que habíamos hecho el verano anterior con nuestra hija!. Terminamos en casa de ellos, tomando una copa, y hablando de todo un poco. Y salio el tema de cuando ella me llamó al hospital para decirme que se hubiera cambiado por mí, y lloró y de nuevo me lo volvió a decir. Que ellos ya tenían dos hijos más y que no era justo. De nuevo lo agradecimos, y que más decir. Nos faltarían palabras de agradecimiento. Bueno nuestra pequeña ahijada ya estaba también bautizada.

Vida mía, ¡cuantos planes rotos!, ¡cuánto te echamos de menos!



INTENTÁNDOLO
 
Para las que me habéis animado desde el cariño y el respeto, para las que la vida de mi hija Ángela os ha llegado al corazón, y para mí es lo más importante, quiero compartir con vosotras algo que a día de hoy a parte de mis médicos (ginecólogos, amiga-psicóloga, doctora de cabecera), y dos personas más nadie sabe.

En el mes de julio (2009), pensando en lo que me había dicho mi amiga-psicóloga, que psicológicamente no iba a estar preparada nunca, pensando en los tres horrorosos meses que me quedaban por delante y pensando en que en agosto daría a luz una persona a la que yo quería mucho y me defraudó y nos hizo daño a Juan Carlos y a mí, decidimos someternos a un nuevo tratamiento para una fecundación in vitro. A pesar del dolor queríamos intentar volver a tener una nueva ilusión en nuestras vidas. Mi amiga-psicóloga me había dicho que debería llevar en paralelo los dos sentimientos, por un lado la tristeza y por otro si me quedaba embarazada, la nueva ilusión.

Así, después del bautizo de nuestro ahijado y antes del bautizo de nuestra ahijada y entre medio de la misa y la bendición de nuestra hija, volvimos a pasar por todo el proceso. Anticonceptivos, ecografías, pinchazos, ecografías, incertidumbre, miedo.  Mi ginecóloga de la IVI se portó muy bien con nosotros, incluso está vez antes de la extracción de ovocitos, mientras esperábamos en la habitación para entrar en quirófano hizo que viniera ha hablar con nosotros una psicóloga de la clínica para ver como nos encontrábamos. Al salir las chicas de recepción a las que ya conocía de sobra me animaron, me dijeron que era muy valiente, que era muy fuerte y que me admiraban. No sé, hasta ese momento, la verdad no me había considerado fuerte, ni valiente, ni nada parecido, pero he de decir que es por Juan Carlos. Si saco esa fuerza que no tengo es por él, por su apoyo, porque él está ahí, porqué él también estaba sufriendo.

Los siguientes días fueron como siempre en los otros procesos. Esperar, llamada, esperar, y llamada para decir si había transferencia o no.

Y sí, la hubo. Dos embriones y otro que se había congelado. Ahora de nuevo teníamos que esperar unos diez días más o menos para hacerme la beta y ver que pasaba.

Nadie sabía nada, así que dije que tenía lumbago y que estaba mala del estómago. No podía hacer esfuerzos, por lo que no parecía raro que no pudiera agacharme o coger a mi pequeño ahijado. ¡Qué mal lo pase!, sobre todo un día que el chiquitín tenía sueño y quería que yo lo durmiera. Lo tenía su madre cogido y me tendió sus bracitos para que lo acunara y al no cogerlo el pobrecillo se puso a llorar desconsoladamente de ver que no lo había cogido. ¡Cuánto sufrí!. Es que era muy gracioso. Cuando tenía sueño y yo estaba cerca le gustaba que lo durmiera y era gracioso porque cuando se acercaba Juan Carlos, se ponía a mover la piernecita, como empujándolo porque estaba a gusto.

Bueno, esos días fueron malos en muchos sentidos. Y llegó el día de la beta. Y después de un tortuoso día que me hicieron pasar (mi ginecóloga la pobre no estaba ese día, así que ella no pudo llamarme), me dijeron que no había buenas noticias. No estaba embarazada.

Ángela, hija mía. Te quiero tanto, mi pequeñita. La luz que nos ilumina.



ME DI CUENTA
 
Con este nuevo tratamiento, volví a sentir ese cosquilleo de ilusión, de emoción de saber el viaje que volvíamos a emprender. Sin embargo los días que hay entre la transferencia de embriones y la prueba beta para saber si estaba embarazada, esta vez fueron horribles. Lo pasé realmente mal, no quería moverme, ni hacer esfuerzos, cada vez que entraba al cuarto de baño tenía auténtico pánico. Juan Carlos se enfadaba conmigo porque no quería verme así. Estaba obsesionada y no podía evitarlo.

El también lo pasó muy mal. Estaba distinto a las otras veces. No se mostraba ilusionado, como que le daba un poco igual. Y es porque estuvo tan ilusionado, tan feliz con la llegada de Ángela, que me decía que no sabía se podría volver a sentir lo mismo, que su hija le había dado tanto amor, la había querido y la quería tanto, que estaba un poco confuso. Quería que lo volviéramos a intentar, pero a la misma vez le daba miedo volver a tener esos sentimientos, que ahora le estaban haciendo tanto daño.

El día de la beta, (tres días antes del bautizo de nuestra ahijada), fui temprano. Mi ginecóloga ese día no iba a estar por lo que me dijeron que me llamaría otro miembro de la clínica. Yo hice mis cálculos y pensé que la llamada sería alrededor de la una o las dos de la tarde. Conforme se acercaba la hora estaba más nerviosa y la llamada no llegaba. Ya a las dos y media llamé y saltaba el contestador. No cogían el teléfono de nuevo hasta las tres. Y esperamos. Casi no comí. Al final por una serie de circunstancias la llamada no se produjo hasta las cinco y media de la tarde. A esa hora yo ya sabía, o tenía claro que no había embarazo porque sino, no me explicaba que me hubieran tenido esperando tanto tiempo.

Me puse a llorar y le decía a Juan Carlos que lloraba porque cuando los metieron en mi vientre tenían vida. Pero conforme pasaban las horas, el día, al día siguiente, el mundo se me vino encima, porque no era por eso por lo que yo lloraba. Por eso llamé el viernes a la psicóloga a las ocho y media de la tarde y le dejé un mensaje en el contestador y por como me oyó la voz me llamó enseguida para hablar conmigo.

Estaba mal, muy mal, porque me había dado cuenta en esos momentos, que realmente no buscaba un embarazo, que lo que yo buscaba era estar embarazada de nuevo de Ángela y caí en la cuenta de que no podía ser. Qué no podía tener una segunda oportunidad, que no podía dar marcha atrás y volver a aquel día, me dí cuenta que quizás podría volver a tener una nueva oportunidad, pero no habría opción a una segunda oportunidad. El golpe fue realmente horroroso, hacerme a la idea, repetirme desde entonces todos los días, que no puedo volver atrás, que ya no puedo. Mi hija es única, por eso es especial. Así debe ser.

Todavía me gustaría volver atrás, pero ahora sé que no puedo.

Hija de mi vida, has sido, eres y serás tú. Una personita única y por eso especial. La mejor hija del mundo para tus padres que te queremos con toda el alma.

LA VIDA EN LO BUENO Y LO MALO

EL TIEMPO SIGUE PASANDO

El tiempo seguía pasando, y lógicamente el bebé de mis amigos-vecinos, nuestro ahijado, iba creciendo. En cada acontecimiento nuevo, en cada cambio que iba pegando, Juan Carlos y yo veíamos los cambios que hubiera ido dando nuestra hija. Pero ellos, llevaban mucho cuidado con sus manifestaciones, con sus comentarios hacía su hijo, con las cositas que le iban comprando.

Me acuerdo un día que ella había llegado con un tacatá con forma de coche y lo tenía guardado en la habitación de atrás. Ella no lo hubiera sacado, pero su pareja, por lo gracioso del modelo nos lo enseñó, sin pensar más allá, y la verdad, lo último que queríamos Juan Carlos y yo era que ellos se sintieran violentos. Demasiado sé, lo que se contenían muchas veces. Por eso me fui a la habitación con ella y nos pusimos a montar el tacatá. Al montar al pequeño, nos reímos mucho de verlo en aquel trasto con forma de coche, con su teléfono, su volante, su palanca, las cuatro ruedas. Parecía un cangrejito, porque sólo se movía hacia atrás. Acto seguido, mi imaginación voló y vi a mi hija siguiendo sus pasos, hubieran sido también sus primeros pasitos. Y me contuve, pero mi cara tuvo que ser un poema porque para variar, ella estaba pendiente, muy pendiente de mí y cuando nos marchamos, al llegar a mi casa me llamó y se disculpó, y me dijo que lo sentía que no se habían dado cuenta, que no deberían haberlo sacado. Yo le dije que no se preocupara, que lo que no queríamos bajo ningún concepto era que ellos se sintieran mal con cada cosa que su hijo fuera haciendo o ellos comprándole, porque sino, nos quitarían la confianza de ir a su casa y aunque lógicamente teníamos que pasar por ratos malos, nos alegraba poder compartir esos primeros momentos de su hijo.

Con cada paso que dé, con cada sonrisa, con sus primeras palabras, su primer día de guardería, su primer baile, .... Con cada primer algo, siempre, siempre tendremos en mente a Ángela, pero yo quiero que ellos sepan que su hijo será toda la vida muy especial para nosotros. Por lo que nos recuerda, por lo que pudo ser y por quien es él.

Quiero que sepáis que lloramos mucho, pero gracias a los momentos que nos da este pequeño tenemos también muchas veces una sonrisa en la boca, que nos llena y nos alegra. Con Juan Carlos me quedo el día que lo vio después de volver de Roma la alegría tan inmensa que les dio. Y yo me quedo con un día que lo estaba bañando mi amiga y al entrar en el cuarto de baño se volvió y al verme me echó una sonrisa que me iluminó el alma por la carita de felicidad que puso.

Os damos las gracias a los tres por dejarnos compartir muchos momentos con vosotros, por estar ahí, por vuestra generosidad, por el cariño y el amor con el que habláis, y sentís por Ángela. En especial le doy las gracias a mi amiga-vecina por ser como es, por estar pendiente, por saber....... Gracias a tu pequeño corazoncito por lo que nos ha hecho sentir.

Hija mía, sé que hay mucha gente que te quiere y sé que tú los hubieras querido mucho también. Estás en el corazón.



DOS ACONTECIMIENTOS

Se acercaba el verano, el calor, y con el llegó el mes de junio. Cumpleaños de Juan Carlos y mi cumpleaños y su santo. Esté año fueron días, sólo días en el calendario. Nunca he entendido porque uno no dice su edad, si cada año cumplido es un regalo y debe ser motivo de celebración. Sin embargo este año no había motivo para celebrar. Sí, habíamos cumplido otro año. Pero ¡qué año!. Estábamos tristes, mi hija no estaba para llenarse las manitas de nata o chocolate con la tarta y no teníamos ningún deseo para pedir. Ya no. Ahora es el día a día. Estar juntos.

Sin embargo este mes, también trajo dos acontecimientos que hay que recordar con cariño. Los dos antes de mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos.

Uno es la invitación que nos hicieron los otros amigos de la misma calle para que fuéramos a ver a su hijo bailar en la fiesta de fin de curso. Sinceramente, no teníamos el ánimo para ver a los pequeños haciendo sus gracias, pero nos lo dijeron con tanto cariño y por el hecho de compartir ese momento alegre con nosotros, que no nos pudimos negar. Al terminar nos invitaron a cenar en una terraza y hablando con ella, me dijo que teníamos que volver a intentar tener otro hijo, que mi pequeña se alegraría por nosotros y que no podíamos negarle ese amor  que llevábamos dentro a otro pequeñín. Me dijo unas palabras preciosas que creo que recordaré toda la vida, porque sé que las dijo de corazón: -" Esta vez no debes preocuparte, porque lo peor que os podía pasar en la vida, ya os ha pasado. Tendréis momentos malos, pero para eso estamos aquí."-. Estas palabras se las agradeceré toda la vida.

El otro acontecimiento era el bautizo de mi pequeño ahijado. El 21 de junio. Ellos nos dijeron que si no queríamos, no celebraban nada, pero ¿cómo no hacer nada?, era el día del pequeño garbanzo (empezamos a llamarlo así porque es muy redondito). Aunque sólo el echo de preguntarlo lo dice todo.

Fue una ceremonia preciosa, en la iglesia "Nuestra Señora de los Ángeles". El pequeño se portó muy bien, y al terminar mi amiga-vecina se acercó a mí, me acarició la espalda y me preguntó cómo estaba. En mi casa ya tendría tiempo de pensar, llorar, ahora no era momento. Había que celebrar esa alegría.

¡Cuanto hubiera deseado Ángela, poder ver como el cura te levantaba hacía la Virgen, una vez bautizada!. Pero bueno, ahora seguro que estás con ella. Mi angelito del cielo.



UN BAUTIZO DISTINTO

Cuando murió Ángela, tenía una gran pena por no haberla podido bautizar, le había preguntado incluso al cura que nos había casado a Juan Carlos y a mi y ya me había dicho que no me preocupara, que mi hija estaba fuera de pecado, que era pura y que era un angelito del cielo.

A pesar de estar más tranquila, se nos había quedado una pincha así que, como el bautizo de nuestro ahijado había sido tan bonito y el cura había tenido unas bonitas palabras y demostrado mucho sentimiento, decidimos hablar con él para que fuera a la tumba de mi hija y la bendijera. Al hablar con él, nos reconfortó con sus palabras, con sus sentimientos, con su sensibilidad y nos dijo que además, porqué no le hacíamos una "misa de gracia". Nosotros nunca habíamos oído hablar de ella, y nos comentó que se hacía para darle gracias a Dios y nosotros se las dábamos por haber tenido la oportunidad de poder crear, sentir y vivir nuestra corta pero intensa vida con Ángela.

Hicimos la misa miércoles y fue preciosa. Habló de ella constantemente, con cariño, con sentimiento, con sensibilidad. Parte de la familia y sobre todo, nuestros amigos, con nosotros. Apoyándonos, dándonos cariño, cobijándonos. Y por ella, por Ángela, por nuestra hija. ¡Qué misa tan bonita!.

Ese viernes quedamos con el cura en el cementerio para que bendijera su tumba. Y fuimos Juan Carlos y yo, y llegó el cura con agua bendita y con un libro para decirle unas oraciones. Y la bendijo, con cariño, eligiendo las palabras.

Ya estaba. Ahora si que estábamos más tranquilos. A pesar de lo que nos habían dicho, queríamos que su pequeño cuerpecito fuera bendecido. Esta no era la forma en la que queríamos su bendición, con la que habíamos soñado, pero en estas circunstancias, dentro de todo, fue bonito.

Vida mía, angelito mío, te queremos tanto mi cielo. Quiero que juegues mucho en ese paraíso lleno de nubes de algodón.

TU ERES LO MÁS IMPORTANTE

POR TI Y POR EL RESTO DE BEBES

Llegó mayo y nuestro abogado y el presidente de la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias de Murcia, nos dijeron si queríamos sacar nuestro caso en los medios, y les dijimos que sí, que adelante. Nosotros no teníamos nada que esconder, al contrario que se enterara todo el mundo, cuanta más gente mejor, porque ojalá si alguien hubiera sacado su caso en los medios, si hubiéramos sabido......

Nuestra intención al querer hacer pública la denuncia de nuestra tragedia no era alarmar, sino informar y procurar que los papas fueran con la mayor información posible y a la vez intentar concienciar de que se denunciara cualquier trato carente de profesionalidad, de humanidad, cualquier sufrimiento injustificado de la madre y del bebé, porque es muy triste pensar que antes que nosotros se han dado casos en los que no se ha denunciado nada porque al final los padres salen con su bebé bien y se les olvida todo.

No debería ser así, porque aunque no pienses en los que vienen detrás, aunque se te olvide el dolor, el miedo, el sufrimiento que te han hecho pasar a ti o a tu pareja, nunca, nunca debe olvidarse el sufrimiento injustificado a nuestros bebes, que son seres indefensos, que dependen de nosotros, por los que daríamos la vida, que intentan venir al mundo.

Se hicieron los contactos y quedamos para hacernos una entrevista en el despacho de los abogados. Vino un periodista y un fotógrafo y les relatamos, les contamos, lloramos. Y el periodista, Javier Parra, quedó en llamar para decirnos cuando saldría publicado. Y llamó unos días después para decirnos que el viernes día 8 de mayo saldría publicada la entrevista. El reportaje quedó muy bien, sólo con el titular que pusieron se dice todo.  Este es el enlace:

http://www.laverdad.es/murcia/20090508/region/parto-bien-pero-ginecologos-20090508.html

A nuestros amigos, familia, les gustó, pero incluso nos dijeron que aún se podían haber puesto más cosas, sabiendo como sabían ellos de primera mano lo que había pasado.

Ángela, mi amor chiquitín, seguimos luchando por ti.



LA ENTREVISTA

El lunes 11 de mayo, también acudimos a una entrevista que nos iban a hacer en canal 6 de Murcia. No sabíamos quién nos la haría y cuando bajó el periodista, que era también el director del programa para el que era la entrevista "Latidos Urbanos", se presentó y al oír su nombre "Raúl Hernández" me sonó, porque ¡qué casualidad!, unos días antes había empezado a leer un blog que me había llamado la atención por el título "Diario de un padre primerizo" y resulta que lo estaba escribiendo él, que había sido papa hacía unos pocos meses y relataba su preciosa vivencia y se lo dije y como había puesto una foto de su pequeño recién nacido le comenté que su hijo se le parecía. Lo normal hubiera sido que se sintiera alagado, que se hubiera dibujado una sonrisa en su rostro, pero sólo pudo decir: -"sí, eso dicen". Yo creo que el pobre tenía un nudo en el estómago pensando que yo le hablaba de su hijo y el nos tenía que hacer una dura entrevista contando el triste final de nuestra pequeña hija.

Pasamos a un estudio, en el que habían preparado un lugar para sentarnos y poder hablar, poder relatar, poder contar. Y nos sentamos Juan Carlos y yo, uno al lado del otro, y él y la chica que se encargaba de la grabación, enfrente. El nos preguntó, que le contáramos. Y le contamos, y le enseñamos y de nuevo lloramos y en su rostro se podía ver una profunda tristeza y se quedó sin palabras, sin saber como seguir preguntando, ¡qué preguntar después de nuestro relato!. Y sacó fuerzas y volvió a preguntar ¿cómo fue la salida del hospital?, ¿sabíamos los resultados de la autopsia?, ¿qué habíamos hecho con todas sus cositas? ..........

La salida, ya la he relatado en uno de los post, iba ausente, muerta, sin vida. La autopsia, Juan Carlos no ha querido que la lea, pero no hace falta, yo la vi morir. Y sus cositas, fueron mis cuñados a recogerlas para evitarnos ese otro dolor que nos hubiera terminador de partir el alma.

Hablamos durante más de dos horas. Con calma, sin prisas, escuchando y dejándonos tiempo para recomponernos. Y terminó la entrevista, y en ese tiempo el también compartió con nosotros y de nuevo la casualidad que a veces hace que se te pongan los pelos de punta. Su hijo se llama Ángel, pero además su novia se llama Ángela.

Nos despedimos y nos dijo que ese miércoles día 13 de mayo saldría la entrevista en su programa "Latidos Urbanos". No sabíamos nada más. Quedamos en estar en contacto.

Mi angelito del cielo, mi panecillico, mi bebé, mi hija. El tesoro de tus padres.



HOMENAJE A ÁNGELA

Había llegado el miércoles. El programa "Latidos Urbanos", empezaba a las 10 de la noche. Mis suegros habían venido para que no viéramos el programa solos. Y empezó. Nada más ver el título que le había puesto al reportaje se me hizo un nudo en el estómago, "En memoria de Ángela". Era ella. Mi hija. Acto seguido apareció su preciosa carita (le habíamos dejado una eco de ella en 3D-4D), y la voz de él diciendo:- "Ángela Moreno Vicente debería tener hoy ......". Y llegó el final del reportaje donde se veía de nuevo imágenes de mi preciosa hija, de mi pequeñica, con una preciosa dedicatoria y de fondo se oía la letra de la canción de Nena Daconte "Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte, tenía tanto amor, guardado para ti". Yo le había dicho a Raúl si la había escuchado, porque reflejaba bastante bien muchas de las cosas que sentíamos. Él se acordó.

En realidad, hizo más que un reportaje, fue más que una denuncia, el logró hacer un bonito homenaje a mi hija, puso sentimiento, mucho sentimiento y reflejó no sólo la parte trágica, no sólo el dolor, sino el amor, el profundo amor que sentimos por ella. Con sus palabras del principio, con sus palabras homenaje del final, con la carita de Ángela y la música de fondo, me abrieron el alma y lloré de principio a fin. Juan Carlos al lado mío, también con el corazón roto, pero a la misma vez con una sensación de calma, de amparo.

Esa noche Juan Carlos le puso un mensaje a Raúl y al día siguiente lo llamó por teléfono. Yo también le he puesto varios mensajes y se lo hemos dicho por activa y por pasiva, puede que incluso hayamos sido pesados o que realmente no llegue a creer nuestro profundo agradecimiento, pero es así. Después de ver el reportaje que hizo, él nunca, nunca sabrá realmente lo que ha significado para nosotros. Como he dicho ha sido como un homenaje a nuestra hija, que nos ha llegado hasta el corazón, no sólo ha nosotros sino a todo el que lo ha visto.

No sé, quizás por la sensación de abandono que sufrimos aquel día, por la desatención, por supuesto el desenlace final, por el sentimiento de ver el desprecio tan total y absoluto que hicieron por la vida humana, la vida de mi hija, que esté reportaje fue como darle toda la atención, todo el respeto que aquel día no le dieron a  Ángela, un bebé indefenso que sólo quería venir al mundo y al que no ayudaron a nacer.

Por ello siempre, siempre le estaremos profundamente agradecidos a Raúl Hernández Sánchez, director del programa "Latidos Urbanos" y desde ese día amigo para lo que alguna vez en la vida necesite.


"En memoria de Ángela": http://videos.laverdad.es/informaciondecontenido.php?con=1212

Su blog: http://blogs.laverdad.es/diariodeunpadreprimerizo/posts



Ángela, estrellita mía, mi pequeñita. Siempre, siempre en el corazón. Te quiero con locura.


SORPRESAS

UNOS REGALOS

La vuelta al trabajo fue, bueno, como tenía que ser. Triste, muy triste de verme de nuevo allí donde unos meses antes me había ido con toda la ilusión del mundo y pensando que cuando volviera llevaría a mi niña para que la conocieran todos. Tenía pensado también tomarme como mínimo un año de excedencia. Quería aprovechar cada minuto, cada segundo con Ángela. Ir viendo su evolución, sus cambios, sin perderme nada, disfrutar de esos primeros meses de su vida y a la vez que ella pudiera disfrutar de su mama. Pero la vida ............. Mis compañeros estuvieron todos muy cariñosos, sin saber muy bien que decirme, intentando que en lo posible me sintiera cómoda.

Bueno, seguía durmiendo mal, muy mal. Me pasaba toda la noche soñando, de una cosa a otra. Cosas sin sentido, sin tener que ver con mi vida, y aunque el sueño no era reparador prefería estar durmiendo a pesar de todo, porque estos sueños no dolían. Era mejor que la realidad.

En estos días conocimos a unos vecinos a los que habíamos visto varias veces pero con los que no habíamos hablado, sólo nos saludábamos cuando nos veíamos. Ellos y su hijo de tres años,  llevaban vario tiempo queriendo conocernos a nosotros y también a nuestros amigos-vecinos así que quedamos en que haríamos una barbacoa  para ir conociéndonos. Y de momento así quedamos.

Unos días después, nuestros amigos-vecinos nos invitaron a comer y cuando estábamos a punto de marcharnos, nos dijeron un poco apurados que esperáramos, que hacía tiempo que querían decirnos una cosa y nunca encontraban el momento. Juan Carlos y yo nos quedamos un poco extrañados, pero enseguida despejamos la incógnita. El, en palabras de los dos nos dijo: -"hace tiempo que queríamos decíroslo pero no sabíamos como. Varias veces hemos estado a punto pero después no nos decidíamos. Hemos pensado, nos gustaría, queríamos que fuerais los padrinos de nuestro hijo, pero si nos decís que no, lo entenderemos"-. Yo tenía en ese momento al pequeño en mis brazos y nos miramos Juan Carlos y yo emocionados y sin preguntarnos el uno al otro, sólo con la mirada el uno al otro, les contestamos con lagrimas en los ojos que sí, que una cosa no quitaba la otra y que les agradecíamos en el alma que hubieran pensado en nosotros.

El fin de semana siguiente, vinieron a comer los otros amigos que su hija había nacido prematura unos días después de la muerte de mi hija. Ellos tienen otros dos hijos, una niña y un niño. Al finalizar la comida también ellos nos dijeron que les gustaría que fuéramos los padrinos de su hija, y  que si les decíamos que no, lo entenderían. Al igual que con el otro pequeño, su propuesta también nos emocionó e igualmente les dijimos que sí y que les agradecíamos que nos lo dijeran.

Las dos parejas no se conocían y por lo tanto no se habían puesto de acuerdo pero han sido tan generosos, han pensado tanto en nosotros y en como poder de alguna forma intentar hacernos sentir mejor que para ellos de esa forma era como regalarnos un pedacito de lo que ellos más quieren.

Hemos sido bendecidos con Ángela que es lo mejor del mundo y hemos tenido la suerte de tener a gente que nos quiere, que también la llevan en el corazón.

Mi dulce angelito del cielo, tus papas te echan de menos, te quieren.



AYUDÁNDONOS

Después de los dos grandes regalos que nos habían hecho nuestros amigos, Juan Carlos y yo, a pesar de la tristeza, la inmensa tristeza, nos sentíamos afortunados por contar con amigos así, porque es tan difícil contar hoy en día con gente desinteresada, no egoísta, con un corazón que no les cabe en el pecho y sobre todo que sabes que puedes contar con ellos en los momentos malos, porque para las fiestas estamos todos, pero es en los momentos duros donde se demuestra quién es quién. Como dicen, "Para las bodas tienes que llamar a los amigos, pero para los funerales vienen solos".

Al fin, organizamos una cena en mi casa con nuestros amigos-vecinos y con los otros amigos que vivían en la misma calle para ir conociéndonos y de esa noche también surgió una bonita amistad entre los seis y sus dos pequeños, porque son gente también muy buena y generosa. Ellos sabían también de nuestro caso y nos dijeron que podíamos contar con ellos para lo que quisiéramos. Desde entonces, a parte de vernos con cierta regularidad, suelen llamarnos la semana que no nos vemos para saber como vamos tirando, como nos encontramos, e intentan también hacernos recibir el cariño de su hijo, que es también un cielo.

Siempre recordaré lo que me dijo una amiga después de que hubiera nacido su primera hija, me dijo: " Después de dar a luz y ver a mi hija, en ese momento fui tan feliz y me sentía tan realizada que es como si todo lo hubiera cumplido ya y si me hubiera muerto en ese instante no me habría importado". Yo deseé lo mismo pero de pura tristeza y desolación.

Yo seguía yendo a las consultas con mi amiga-psicóloga y le iba contando como me iba encontrando, los altibajos que tenía, le conté lo de la propuesta para ser padrinos de los dos niños y me dijo que le parecía muy bien, que ese contacto con los niños nos hacía bien porque era una forma de afrontar la realidad y de ir superando obstáculos. Por la relación tan especial que habíamos cogido con el hijo de nuestros amigos-vecinos nos hizo pensar en la posibilidad de quizás volver a intentar tener  otro hijo y mi amiga-psicóloga me dijo que el instinto maternal lo seguía teniendo abierto y que psicológicamente no iba a estar preparada nunca por lo que tenía que plantearme el momento a partir de que me dieran el alta de la cesárea y que si me volvía a quedar embarazada, tendría que aprender a vivir con los dos sentimientos, que no eran incompatibles. Los dos sentimientos irían en paralelo. Ella me conoce y sabe que en mí debe ser así, que yo no puedo cerrar la herida y mirar hacía delante sin mirar hacía atrás. No puedo, no podría, para mí sería como una traición. Ella me conoce, me conoce muy bien.

Mi lucero, cada noche te mando un beso pensando que tú hija mía eres la estrella más brillante, la más bonita. "Ángela".

DE VUELTA A LA REALIDAD

Habíamos estado en Roma 5 días y contando con el día siguiente que lo dedicamos a organizar y descansar, estábamos seis días sin ver a nuestros amigos-vecinos y por supuesto a su pequeño hijo. Aún recordamos el momento en el que al entrar en el salón de nuestros amigos y vernos su hijo, la emoción con la que nos miró, el patalear continuo de sus piernecitas, la alegría en su cara y por supuesto el nerviosismo para que lo cogiera Juan Carlos. La alegría por supuesto era mutua y en cuanto lo cogío Juan Carlos el pequeño no hacía más que tocar su cara, mirarme, tocar su cara. Era como si pensara: -"¡estáis aquí!, ¡sois vosotros!- Era tanta su alegría que de la misma emoción, de los mismos nervios el pobrecillo se puso a vomitar. Sus padres se reían de ver la escena y Juan Carlos y yo alucinábamos de ver la reacción del pequeño.

¡Cómo nos llenaron esos momentos!, que como digo, aún hoy recordamos con una sonrisa en la boca. ¡Si supiera este pequeño, el cariño que nos ha dado, y nos da cada día! ¡Si supieran sus padres, (que sé que lo saben), que esos momentos que nos hacen compartir con su hijo nos hacen poder liberar muchos sentimientos de amor que físicamente no podemos darle a nuestra hija!. Y de alguna forma es como si su pequeño lo supiera y nos regalara cada día una sonrisa, un abrazo, un gesto. Había momentos, en los que se nos ponían los pelos de punta, porque en determinadas habitaciones, en mi casa o sobre todo en el cuarto de baño donde lo bañaba su madre, al estar tumbadito boca arriba no paraba de empujar con sus piernecitas hacía un sitio determinado y miraba hacía arriba y se reía. Yo siempre he querido pensar que es mi hija Ángela, que está con él, y que es su angelito de la guarda y lo cuida y protege, porque hubieran sido como dos hermanitos.

Y pasó la Semana Santa y las fiestas de primavera (en Murcia), y decidí incorporarme al trabajo. Con mi madre estuve de baja 18 meses, porque además se me juntaron los tres meses de reposo que tuve que estar por el embarazo, pero fue distinto, el proceso fue diferente. Con la muerte de Ángela, pasé y paso por tanto procesos emotivos, de sensaciones distintas, que igual que con mi madre necesitaba recluirme, aislarme, con mi hija me agobiaba y me agobia estar sola, necesito estar continuamente distraída porque sino mi cabeza no para y hay momentos en los que pienso que me voy a volver loca de dolor y de rabia.

Vida mía, sigo añorándote, sigo soñándote. Ángela mi lucero.

ANIVERSARIO DE MI MADRE. 6 DE NOVIEMBRE

A MI MADRE

Hola mama. Hoy hace tres años que te fuiste y parece que ha pasado una eternidad, quizás es porque pasé de llorarte a ti para llorar la muerte de mi hija, o quizás es porque al final uno se acostumbra a vivir con el dolor como parte de su vida.

Sabes mama, aprendí el significado tan grande que tiene esa palabra demasiado tarde. No supe valorar todo lo que tu representabas, todo lo que nos dabas, todo lo que nos enseñaste, toda tu generosidad, todo tu amor, toda tu ilusión por vivir a pesar de muchas cosas. No supe ver a tiempo muchas de las cosas que tú como madre nos regalaste. Siento tanto no haberte dicho tantas cosas, no haberte alabado tantos detalles, no haber compartido más contigo muchas cosas.

Desde aquel 6 de noviembre de hace ya tres años, cogida de tu mano, te pedí  y te pido perdón por todas esas palabras que no te dije, por todos esos besos que no te dí, y te dí y  te doy las gracias por todo tu amor, por todos los valores que nos has enseñado, por tus risas, por la alegría que ponías en cada proyecto nuevo, por la vitalidad y la fuerza que trasmitías a pesar de tus males. Por estar ahí.

Mama, la vida me enseñó demasiado tarde que hay que vivir y disfrutar cada día, porque los momentos malos vienen solos, pero los buenos hay que buscarlos. Como hacías tú. También te doy las gracias por eso. Porque esta lección me ha servido para poder disfrutar todos y cada uno de los días que he pasado con mi hija. Mi pequeña, que ahora está contigo.

Mama, me ha costado mucho hacerme a la idea de que te habías ido, porque eras tan fuerte que parecía que siempre ibas a estar ahí. Gracias mama por todo lo que nos diste, por enseñarnos tantas cosas. Gracias mama por tu valor de la vida.

Sabes mama, yo pensé que Ángela era un regalo del cielo por tanto dolor, y sufría mucho pensando que tu no ibas a poder disfrutarla, a poder compartir esos momentos de alegría conmigo, y ya ves, mama. A pesar de mi dolor, de nuestro dolor, el único consuelo que tengo es saber que está contigo, que tú la cuidas y que puedes darle todos los besos y mimos que yo aún no he podido. Me alegro mama que puedas estar disfrutándola. Quiérela mama, porque quiero pensar que ese pedacito de mi, es mi regalo.

Ángela vida mía, dale un besito a tu abuela de mi parte. Os quiero. Os quiero tanto, tanto....