jueves, 24 de noviembre de 2011

SANTA ÁNGELA. 27 DE ENERO


Hoy, 27 de enero es Santa Ángela. Hoy 27 de enero hace dos años que empezaste a crecer  y a formar parte de mí. Hoy es una fecha que recordaré toda mi vida hija mía, porque este día hace dos años empecé a quererte con toda mi alma.

Hoy hace dos años, empezaba para tu padre y para mí la aventura de ser padres, y que suerte íbamos a tener, porque eras tú quien crecía dentro de mí.

Recuerdo la emoción tan grande que empezamos a sentir ese día, junto con el miedo y la cautela de saber que debíamos ir poco a poco y a la misma vez no poder evitar pensar ya en ti, como parte de nosotros, mirando esa primera ecografía que señalaba el punto exacto donde te habían instalado para poder agarrarte bien fuerte. Y ¡qué fuerte fuiste!, de entre todos tú, mi gran corazoncito. ¡Cuánto luchaste desde el principio!. ¡Estamos tan orgullosos de ti!.

 Y ahora, quién nos iba a decir a tu padre y a mí, hace dos años, que hoy estaría escribiendo en este blog como un homenaje a tu memoria, a tu amor, a ti,  mi precioso tesoro pequeñito. El tesoro de tus padres.

Hoy, hace dos años, nuestras vidas cambiaron para siempre, porque aunque hoy no podamos disfrutar de tus risas, tus besos, tus caricias, tus abrazos, tus gestos al dormir, tus lágrimas pidiendo comida, tus pasitos y tus primeras palabras llamando a tu padre o a mí, desde aquel 27 de enero de 2008 eres nuestra hija ÁNGELA, y en nuestro corazón tienes un lugar privilegiado, que siempre, siempre será tuyo.

Te queremos Ángela. ¡Feliz día de tu Santo! y feliz dos años de vida. Hoy te llevaremos el único regalo que podemos y nuestro amor más inmenso, como todos los días.

VERDADERA VOCACIÓN

En la reunión con Mª José Alarcón, una de las cosas que vimos que quizás podíamos hacer, era mandar un escrito al Defensor del Pueblo de Murcia, para que también pudiera hacer un seguimiento a lo que había pasado en nuestro caso, lo que seguía pasando y lo que de alguna manera pudiera intentar cambiar desde su posición, como supervisor de las administraciones públicas. Porque como ya dije, la justicia ha de seguir su curso, y se encargará de resolver unas cuestiones, pero mientras, debemos intentar que otras, ajenas a la justicia pudieran cambiar de alguna forma, aunque fuera a través de medidas internas obligatorias, porque la parte humana, dudo mucho que a esas alturas pueda cambiar si no les nace de dentro. ¡Qué triste!, sigo pensando que qué desperdicio de carreras en manos de gente que no se la merece.

La medicina, cualquier rama de la medicina, debe ejercerse por vocación, pensando por y para el paciente y deben de sentirse orgullosos de poder formar parte de esa cadena, por el simple motivo de poder ayudar, de poder salvar vidas, de poder aliviar dolor, sufrimiento, miedo, de generar ilusión, esperanzas, VIDA.

Cuando esto se olvida, cuando esto no es lo más importante, cuando el único objetivo es cubrir un horario, hacer una guardia para ganar dinero, pensar en el caché privado que puede tener, creer que el  formar parte del mundo médico les hace ser diferentes para poder mirarte por encima del hombro y no respetar ni la vida misma porque ellos están por encima de todo, ..... cuando se olvidan de porqué llegaron allí, del juramento que hicieron, entonces, si ellos no son honestos para intentar cambiar, debería haber fórmulas, mecanismos, que hicieran posible un control sobre ellos, para que casos como el nuestro, no ya por la muerte de Ángela (aunque lo más importante), sino por el trato tan inhumano que recibimos, no vuelvan a repetirse.

Sé, y vuelvo a repetir que no debo juzgar a todos por igual, y que hay personas que son excelentes profesionales y sobre todo humanos. También he podido encontrarme con ellos, antes y después de la tragedia. Y de hecho han llegado a decirme que se sentían avergonzados de formar parte del colectivo médico ante casos como el mío. Así que, sigo creyendo. Aunque por desgracia a nosotros nos tocó encontrarnos con los malos de la profesión médica. Por lo qué, paralelamente con la ayuda de nuestro abogado, redactamos un escrito que presentamos en la oficina del Defensor del Pueblo.

Por muchos días que pasen, tu amor y tu recuerdo siguen intactos como el primer día. Te queremos lucerito pequeño.

PARA QUE ALGO CAMBIE

La justicia es lenta, pero está ahí, confio en ella, espero y deseo con todas mis fuerzas que se haga justicia, que puedan ser castigados todos y cada uno de los culpables en la muerte de Ángela.

Espero, esperamos. Los primeros meses con más impaciencia, luego nos dimos cuenta que no hay que tener prisa, funciona así. Sin embargo, teníamos la esperanza de que con la muerte de Ángela, algo hubiera cambiado, algún corazón se hubiera humanizado y que hubieran visto el tremendo dolor que habían causado, a nosotros y principalmente a ella. Pero, no puedo ni debo juzgar a todos por igual, y sin embargo después de nuestra tragedia he seguido oyendo historias de tratos inhumanos, o carentes de profesionalidad que te hacen estremecerte todavía más y te empujan a intentar seguir luchando, no sólo por la muerte de nuestra hija, sino porque ningunos padres, ni bebes tengan que volver a pasar por lo que nos pasó a nosotros.

Quiero, queremos pensar que la muerte de Ángela no fue en vano, que tiene que servir para intentar que algo cambie. Por eso paralelamente a la justicia, que debe seguir su curso, intentamos hacernos oír en Presidencia del Gobierno (en Murcia). Mandamos un correo electrónico contando nuestra historia. Entiendo que esto tiene sus filtros, pero no recibimos ni una triste contestación, así que también mandamos un correo electrónico a Mª José Alarcón, portavoz del grupo socialista en Murcia (la oposición), y al menos tuvo el grandísimo detalle de contestarnos, dándonos el pésame y ofreciéndose a tener una reunión con nosotros si queríamos. Y aceptamos. Entre correo y correo acordamos un día que nos viniera bien.

Y quedamos, y nos recibió. Intentamos hacerle ver que de alguna manera algo debía cambiar en el maternal de la Arrixaca. Que no podía ser que todo siguiera igual, que siendo un servicio donde vienen criaturas inocentes al mundo, se hiciera un desprecio tan total y absoluto por la vida humana. Que les diera igual el sufrimiento, el dolor y el miedo de los padres. Ella lo entendió, lo sintió y quedó en intentar ayudar en lo que pudiera, aunque desde su posición, (como oposición y con la mayoría absoluta del gobierno), lo tenía un poco difícil. Sin embargo para nosotros, ya era bastante que nos hubiera recibido y se hubiera interesado. Entre otras cosas, quedó en mandar un comunicado de prensa de nuestro encuentro, pero no sé si es que no llegó a mandarlo o que al final no se lo publicaron (nos dijo que podía ser posible). Pero este es el enlace donde se puede ver una foto de la reunión y el comunicado que hizo:



Ángela, seguiremos luchando para que tu muerte no sea en vano, para que todo el mundo te conozca y sepa que eres la muñequita de papa y mama.

DANDO PASOS

SEGUIR A PESAR DEL DOLOR

Nuestros amigos de la misma calle, junto con su pequeño cielito (es que es un cielo su pequeño), habían organizado un mini viaje de fin de semana a un hotel que ellos conocían en Mazarrón. Sabían que nosotros no teníamos ganas de ir a la playa, pero este hotel quedaba un poco apartado de ella y podríamos disfrutar de las piscinas del hotel. El fin de semana sería el del puente de la Asunción, 14,15 y 16 de agosto porque por motivos de trabajo era el que mejor le venía a nuestros amigos-vecinos. La idea era irnos los seis con sus dos pequeños.

A mi no me apetecía mucho ese fin de semana porque el domingo era 16. Pero después de pensarlo mucho, me dije que todos los meses habría un día 16 y que aunque no hiciera grandes cosas ese día, no podía quedarme encerrada en una habitación, así que al final y puesto que habían puesto tanta ilusión en organizarlo, decidimos que iríamos.

No sabíamos lo bien que nos iba a venir, porque una semana antes dio a luz esa persona que nos había defraudado a Juan Carlos y a mi. Por supuesto lo principal e importante es que estaban bien, tanto la madre como la hija. Y encima una niña. Si supiera alguien el profundo dolor que sentí al recibir la llamada. Me la imaginaba tan feliz con su hija en brazos y yo no podía parar de pensar en el terrible dolor, la angustia tan grande que sentí el día de mi parto. Quizás este dolor de pensar en ella tan feliz se había agudizado al pensar que se había quedado embarazada tan sólo un mes después de la muerte de Ángela. Nos dolió tanto. Yo pensaba sólo en Ángela, en cuanto la queríamos, en como había muerto, en lo importante que era para nosotros y lo poquito que había significado para algunas personas. Ese día y los siguientes los pasé realmente mal, pero poco a poco, como siempre con la ayuda de nuestros amigos-vecinos, de nuestro ahijado, de nuestros amigos de la misma calle, Juan Carlos por mi y yo por él, volvimos a intentar ser fuertes.

Hija mía, no hay día que pase que no piense en lo feliz que nos has hecho, en todo lo que te hubiéramos dado y que sólo espero poder estar algún día contigo para darte todos y cada uno de los besos que aún no he podido darte.



FIN DE SEMANA DE CONTRASTES

Llegó el fin de semana que nos habían organizado nuestros amigos de la misma calle. Hasta último momento no sabíamos si los amigos-vecinos iban a poder venir por problemas de última hora con el trabajo, pero sospecho que hicieron todo lo posible por cambiar turnos para poder venir. No ya porque fuera unas minivacaciones para ellos, sino porque sabían que era un fin de semana duro para nosotros. Ese domingo Ángela hubiera cumplido 10 meses. Estaría como el pequeño garbanzo, para comérsela viva. Quizás también dando sus primeros pasitos, o quizás aún gateando, en cualquier caso, sería un bombón para no parar de darle besos.

Les agradecíamos tanto que estuvieran con nosotros, que hubieran organizado el viaje unos, y los otros hecho malabares para venir, que nuestra mejor forma de agradecerles fue comprándoles a los dos pequeños unos regalitos. ¡Mira que nos costaba comprar cositas para niños!, pero aunque nos costó, lo hicimos con el mismo agrado con el que ellos nos acompañaron.

Tuvimos tiempo para todo. Nos reímos mucho. Nos acostamos tarde. Nos volvimos a reír mucho a la mañana siguiente en el desayuno cuando vimos a nuestro pequeño ahijado la carita de sueño que traía. Era increíble. Tenía bolsas debajo de los ojos. El muy sinvergüenza, es un salsero y le encanta estar sopeando hasta el final. Los dos pequeños no pararon. El otro es dos años mayor y actuaba como su hermanito grande.  Luego ya en la piscina, yo tenía ganas de verlo en el agua, pero por otro lado, me daba miedo, sentía tanta tristeza. Juan Carlos me animó a que me acercara, me dijo que sino nuestros amigos se sentirían tristes y estarían pendientes. Así que hice un esfuerzo y fui a bañarme con ellos.

Ya lo sabía. Me reí mucho, muchísimo viéndolo con su gorrito, su pequeño bañadorcito, sus manitas y piernecitas moviéndolas como un loco. Pero también, lloré. Lloré sin poder evitarlo porque pensaba tanto en Ángela. Ella tenía que estar también como un pececito, bañándose y riéndose. Enseguida se acercó Juan Carlos y me abrazó y me sonrió. También mi amiga-vecina con el pequeño. Así que cambié mi pensamiento y volví a distraerme con el juego de todos ellos.

Recuerdo con especial cariño y emoción un momento, en el que estaba fuera de la piscina sentada en una tumbona y venía mi pequeño ahijado andando con sus pasitos de patito hacia mí riéndose, con sus bracitos abiertos. En ese momento me salió del alma:-" ¡ay, cuanto te quiero pequeñito!"-, yo misma me sorprendí de decir en alto algo que yo sabía pero que no pensé que me saliera de forma tan espontánea. Y me alegró.

Estuvo bien el fin de semana. Ya el domingo después de comer y descansar la siesta, dijeron que a la vuelta paráramos a tomar un helado en un centro comercial, pero era día 16 y ya lo único que quería era volver. Ellos lo entendieron, pero aún así para rematar el fin de semana, fueron ellos a comprar el helado y con todo el cariño del mundo, nos lo acercaron a casa.

Mi estrella, mi lucero que guía mi vida. Te adoro, te quiero, no puedo dejar de pensar en lo que fue, lo que pudo ser y ya no será. Ángela, mi niñita eres lo más bonito de nuestras vidas.



REDESCUBRIENDO

Los días de verano iban pasando. Los aprovechamos para estar con los amigos, para descubrir las verdaderas amistades, para saber con quién podíamos contar. Porque entre otras cosas, las desgracias te hacen saber a quién le importas realmente y a pesar de las circunstancias creo que es importante intentar sacar lo bueno, o mejor dicho, menos malo de algo que te marca trágicamente.

Aprovechamos también para hacer algo que hacía tiempo no hacíamos, y es ir al cine. Decidimos ir como mínimo una vez a la semana a ver una película y después nos tomábamos algo para cenar. También era otra forma de ir redescubriéndonos. Estábamos tan centrados en Ángela, en nuestro dolor, en su pérdida,  que a pesar de querernos y de mirar mucho el uno por el otro, habíamos perdido nuestro espacio juntos. Llevamos mucho tiempo juntos, entre novios y casados 23 años y por un breve pero intenso tiempo lo dedicamos a la inmensa felicidad de la llegada de Ángela. Un tiempo que ya, nos ha cambiado para el resto de nuestra vida, porque ya nunca más seremos Juan Carlos y yo, ahora y siempre seremos Juan Carlos, nuestra hija Ángela y yo. Y no sé si alguna vez podremos volver a ampliar la familia. Pero aunque físicamente no esté, ya siempre seremos tres.

Seguíamos pensando en la posibilidad de un nuevo intento, pero ante lo mal que lo había pasado psicológicamente en julio, y acercándose la recta final para hacer un año de la muerte de mi hija, decidimos que sería mejor esperar a que pasara la fecha, y mientras yo seguía repitiéndome cada día que no podía volver atrás.

Chiquitina mía, llegaste y te fuiste, pero siempre, siempre permanecerás. Te queremos hija mía.



ILUSIONES POR EL CAMINO

La vuelta al trabajo. Había llegado septiembre y con él, el miedo a que el tiempo fuera avanzando, pero había que hacerlo, no podía pararse y cuanto antes pasaran los días mejor.

Habíamos comentado con nuestros amigos que a nosotros nos gustaba ir a Roquetas de Mar a un hotel que estamos yendo ya cerca de 11 años. El hotel está bien y fuera de temporada, el fin de semana sale bastante aceptable. Decidimos que como hacía tiempo que no íbamos y ellos no lo conocían nos encargaríamos de organizar un viaje antes de que terminara septiembre. Y lo reservamos para el penúltimo fin de semana. Mientras, todos a cruzar los dedos para que no hubiera problemas de trabajo en el último momento, y ellos,  todo lo que fuera acompañarnos para estar pendientes de nosotros y distraernos.

Mientras, habían llegado las fiestas de septiembre. La feria, la romería.... A ninguna fuimos. Aunque todavía hubiera sido pequeña, nos hubiera encantado poder llevar a Ángela a disfrutar del ruido, las luces, la gente, la música, el colorido de la feria. Seguro que le hubiera encantado, todo ese alboroto. O quizás no. Pero para eso hubiéramos estado su padre o yo para cogerla en brazos, acurrucarla y que se sintiera protegida y a salvo. Mi pequeña, cuentas cosas en el camino.......

Y la romería. Desde hacía muchos años, incluido el anterior (embarazada), íbamos a la catedral a verla salir y a despedirla. Pero este año no. Estaba enfadada con la Virgen. El año anterior le pedí que hiciera que mi hija naciera bien y sana y no me escuchó. Siempre le he tenido mucha devoción a la Virgen de la Fuensanta, de hecho nos casamos en el Santuario por ella. Tenía que haberle pedido además que nos atendieran gente profesional, humana, y que se hubieran molestado en hacer su trabajo para que mi hija naciera viva. También ese día pensé en Ángela al oír las campañas replicando. Me hubiera, nos hubiera gustado tanto ir con ella a despedir a la Virgen.

Tantas cosas, y tantas rotas.......

Te quiero mi dulce angelito del cielo, mi corazoncito pequeño, nuestra niñita del alma, Ángela.

DAR A CONOCER Y APRENDER

COMPARTIR PARA AYUDAR

Llegando a final de julio, un día no sé que estaba buscando en google relacionado con la Arrixaca que me apareció entre las búsquedas una que ponía "Pasó en la Arrixaca". Era de un foro en crianza natural y al entrar leí que lo que contaban era mi caso. Me quedé sorprendida y hasta ese momento no había caído, pero pensé, ¿por qué no contarlo yo en primera persona?. Y así lo hice. Me registre en el foro y conté mi historia con el título "Parto en la Arrixaca. Tortura y deshumanización". En seguida empezó a tener visitas y la verdad, me alegro de haber compartido mi tragedia con todas las personas que quisieron saber. Todas las respuestas que recibí fueron de ánimo, de deseos de justicia, de lamentos ante una cosa inexplicable, de apoyo, de cariño.

Mi intención, como decía en el texto que escribí, no sólo era dar a conocer lo que nos habían hecho, sino advertir a las futuras mamas para que intentaran ir al parto con toda tranquilidad pero con la mayor información posible. Yo no lo hice. Me preocupé de cuidarme, de cuidar a mi hija en mi vientre, de conocer cuales iban siendo sus cambios y cuales los míos. Pero no miré nada del momento del parto, porque se suponía que estaría entre profesionales, que iba a estar en un hospital y que no habría problema. Iba feliz y contenta, confiada, esperando únicamente el momento en el que viera por primera vez a Ángela.

Me alegro haberlo contado, haberlo compartido y lo mejor fue la difusión que se le empezó a dar por otros foros. En especial, hubo una chica que me emocionó porque me dijo que daría difusión para que todo el mundo supiera que mi hija había estado, había pasado por este mundo.  Entraron otras mamas que habían perdido a sus bebés para darme comprensión, para recomendarme algunas páginas donde entrar para buscar ayuda. Y lo hice. Y leí otros testimonios de mamas, papas, abuelos. Hubo uno en especial con el que me identifiqué completamente. Era de una mama que había perdido a su hijo antes del parto y al año había vuelto a quedarse embarazada. Y contaba que cuando se hizo la ecografía en la que le decían el sexo y le dijeron que era una niña, ella lloró, porque no quería una niña, pero tampoco un niño, ella lo que quería era a su hijo Hugo. No le gustaba que le dieran la enhorabuena porque parecía que de esta forma se olvidaban de su hijo. Todos estos sentimientos yo ya los había pensado, de hecho ya comenté que cuando intenté de nuevo quedarme embarazada, lo que yo quería era estar embarazada de Ángela. Todos estos pensamientos que me atormentaban se los contaba a mi amiga-psicóloga y ella me decía que era normal, que si me volvía a quedar embarazada los sentiría, aunque yo llevaba de adelanto el haber pensado ya en todo lo que podría llegar a sentir.

Durante todo este tiempo, sin yo saberlo, mi amiga-vecina (la mama de mi ahijado), había estado entrando en los foros, leyendo lo que nos ponían, las sugerencias que nos hacían, las páginas que nos recomendaban, y ella fue leyendo, informándose, para saber como actuar conmigo en ciertos momentos, para no hacerme daño, para entender mejor lo que podía ir sintiendo. Me ha ayudado tanto, porque además de ser la persona que por compartir nuestros embarazos juntos, nuestras ilusiones, más podía identificarse con lo que nosotros sentíamos, se ha molestado en ir más lejos, para poder saber como mejor ayudarnos.

Mi precioso tesoro, quiero que todo el mundo te conozca, para que sepan que tú eres, que has estado en este mundo y ya para siempre en nuestros corazones.



APRENDIENDO DE LO BUENO

En los días previos al final de julio, vinieron a comer a mi casa una pareja de amigos a los que conocemos desde hace mucho. A ella yo la conozco desde que era una cría. Es un poco mayor que yo y sin embargo ella siempre me dice que me quiere como a una hija. Es de esas personas tipo mamma italiana. Cuando murió mi madre, que para ella había sido también como una madre, me llamaba todos los días y me decía que dejaría de llamarme y darme la lata cuando consiguiera que no llorara al hablar con ella. Son ese tipo de personas que son ¡pura generosidad!. Las puertas de su casa están abiertas siempre para todo el mundo. Hasta el punto que ahora con la crisis al haberse quedado uno de ellos en el paro y disponer de menos recursos, se sienten verdaderamente mal si son sus amigos o su familia la que decide invitarlos a ellos.

Yo le dije a ella, que no se sintiera así que también los amigos nos sentíamos bien por poderles devolver un poco de esa generosidad que con tanto gusto ellos van dando.

Ella me ha hecho reflexionar en algunos momentos malos de mi vida, y me ha hecho darme cuenta de que el más mínimo detalle cuenta. Me acuerdo un día que me dijo que el día que salía a su patio y le había brotado una flor de una planta, ese día ya merecía la pena, ya había algo por lo que alegrarse.

Desde que supe que estaba embarazada de Ángela, y sobre todo a partir de su muerte, y con cosas como la que ella me enseña, he intentado pensar que cada día es importante, no siempre lo consigo, por supuesto, pero hay algunos días que lo intento, por eso empecé a utilizar la vajilla buena, la cristalería buena, a no guardar ciertas cosas para ocasiones especiales. No, cada día que uno pasa con los amigos, con la familia, con gente que merece la pena, todos esos días son especiales.

Juan Carlos y yo hemos empleado mucho tiempo en gente que no se merece nuestra amistad, nuestro cariño, y es en las desgracias donde de verdad sabes la gente a la que le importas.

Ese día que comieron en mi casa, pasaron mis amigos-vecinos con nuestro ahijado y los presentamos, y como es habitual en ellos, nos invitaron a los cuatro, bueno los cinco a ir a su casa una noche a cenar. Así quedamos.

Intento aprender cada día, Ángela. Intento mantenerme distraída para intentar convencerme que no puedo volver atrás. Cada día, Ángela, intentamos quedarnos con lo bueno que nos dan. Ojalá pudieras disfrutarlo con nosotros, mi corazoncito pequeño.



UN VERANO DISTINTO

Ya había llegado agosto. Era la primera vez en mi vida que no deseaba que llegaran las vacaciones. ¡Qué mal lo pasé!. Los primeros días pensé volverme loca. Seguía durmiendo muy mal. Por la noche tardaba en dormirme, luego me pasaba toda la noche soñando y ya para rematar me despertaba temprano y ya no podía volver a dormirme. Era un suplicio, porque en cuanto me levantaba, no sabía que hacer. Mi cabeza no paraba de dar vueltas, y mi único pensamiento era Ángela. No podía parar de pensar en los planes que habíamos hecho para ese verano, no podía parar de pensar en lo feliz que nos sentíamos el verano pasado esperando ya el poco tiempo que quedaba para tenerla entre nuestros brazos.

Juan Carlos todavía no tenía las vacaciones y lo volvía loco al pobre llamándolo constantemente y pidiéndole por favor que en cuanto tuviera un hueco viniera a buscarme y me llevara con él, a la oficina o donde fuera, pero no podía estar en mi casa. Al pobre lo llevé frito, porque entre su pena, su trabajo y estar pendiente de mí....

Bueno, como había empezado a escribir el blog y a entrar en foros me sirvió bastante de distracción, y una vez que tuve instalado internet en casa podía tener mi mente más ocupada y a mi pobre marido más tranquilo.

Estos primeros días también nuestros amigos-vecinos y nuestros amigos de la misma calle estuvieron pendientes de nosotros. Quedamos alguna noche para salir a cenar con ellos y sus pequeños. Nuestro ahijado ya había empezado a dar sus primeros pasitos solito y parecía un patito. ¡Estaba tan gracioso! Me hacía reír, porque yo me ponía de rodillas, le abría los brazos y le decía que me diera un abrazo chillado. El chiquitín venía "corriendo", con sus pasitos de patito y riéndose como un loco hacía mi. Cuando llegaba me abrazaba y me apoyaba su cabecita en mi hombro y así se quedaba unos segundos. Ya tenía diez meses, pero iba tan adelantado.

Con esos momentos teníamos que intentar llevar el dolor, tenían que servirnos para alegrarnos el corazón a pesar de la tristeza, es como si de alguna manera sintiéramos el amor de Ángela a través de la sonrisa, de los besos o los abrazos del pequeño garbanzo. Se hace de querer por el cariño tan grande que nos da, por esas caras de alegría que pone, por el amor tan grande que nos despierta, a pesar de las circunstancias, él es una bendición.

Te quiero mi cielito pequeño, mi preciosa muñeca. Has llenado con tanto amor el corazón de tu padre y el mío. Eres nuestro pequeño corazoncito, Ángela.

LUCHAR COMPARTIENDO

POR EL ESTOY LUCHANDO

Después de esté tratamiento, del sufrimiento que llevó consigo, de la tristeza de darme cuenta de la realidad, perdí otros dos kilos. Me quedé en cuarenta y ocho kilos. Por más que intentaba comer, reponerme, quizás el sufrimiento era tal que mi cuerpo no respondía. Como consecuencia de perder tanto peso, mi piel se resintió, mi expresión de tristeza me hizo huella. Pero a pesar de todo, de mi delgadez, de mi cara de tristeza, de no pintarme, de no tener ganas de arreglarme, a pesar de todo, Juan Carlos siempre, siempre, ha tenido una palabra de halago, de ánimo, con una sonrisa todos los días me decía: -" ¡que guapa estás hoy!, ¡que bien te sienta esto o lo otro!. No le preocupaba que estuviera delgada porque decía que me veía comer, que ya engordaría.

Así qué por él, sigo luchando porque él lo hace por mí, y quería estar fuerte también para que él pudiera apoyarse también en mí, por lo que muchas veces sin tener ganas de hacer algunas cosas, las hacía para que me viera ir hacía delante. A él también le costaba, por lo que no era justo que yo no lo intentara.

El domingo después del bautizo de nuestra ahijada, me desperté temprano y Juan Carlos me dijo que nuestros amigos-vecinos con nuestro ahijado se iban a la playa, si quería ver al pequeñín. Al principio dudé, pero luego no pude negarme y nos acercamos a verlo. Su madre lo lleva siempre tan bonico, tan gracioso. Y nos reímos mucho al verlo. Ya daba sus primeros pasitos, aún cogido de la mano, pero con nueve meses y medio te hacía mucha gracia verlo tan chiquitín, de pié con su gorrito, sus zapatillitas de playa y su conjuntito. Tiene siempre una alegría, que es imposible no sentirla cuando estas con él. Le dimos cuarenta mil besos, nos reímos de verlo tan contento y nos llenó el día con su risa, y su carita de felicidad. ¡Nos ayuda tantas veces esa alegría que tiene!.

¡Ay mi pequeñica!, te veo en cada sonrisa del pequeño garbanzo. Sé que estás con él, y lo proteges y me hace feliz pensar que estás ¡tan cerca!. Te adoro vida mía.



PARA VOSOTRAS/OS

Hoy sólo quiero desearos a todas/os una felices fiestas. Que disfrutéis de la familia y de los amigos.

 Quiero daros las gracias de todo corazón por el cariño que me habéis aportado, por vuestras muestras de ánimo, por vuestros deseos para seguir luchando, por seguirme y compartir conmigo la vida de mi hija Ángela, mi vida, la de Juan Carlos, nuestros sentimientos.

Para las que estas fechas son también días tristes porque falta alguien muy importante en sus vidas, todo mi cariño y comprensión y pensad como yo hoy. Mi madre, en una de sus últimas navidades, nos dio un escrito que era como una carta escrita por Jesús, en la que decía que estos días se hacían regalos, comidas, risas, reuniones con familia y amigos, pero que al final se olvidaba lo más importante, (para los creyentes), y es que hoy se celebra el nacimiento del niño Jesús. Así que desde entonces, esté triste o alegre, le canto cumpleaños feliz y pienso que mi madre y mi hija podrán disfrutar de ese momento con EL.

Bueno, de nuevo desearos todo lo mejor para estas fiestas y mandaros todo mi cariño y afecto, que penséis en todo lo bueno que os da la vida y que muchas veces no sabemos apreciar porque son cosas que damos por naturales.

Ángela, a ti mi vida decirte que estás presente cada uno de los segundos de nuestra vida, que te queremos y te añoramos. Cielo mío, sé feliz.

QUERIA QUE FUERAS TU OTRA VEZ

REVIVIENDO

Quedaban tres meses y medio para volver a ser 16 de octubre, y por estas fechas pasé de pensar únicamente en cuantos meses tendría, a  también recordar de nuevo los maravillosos últimos meses de embarazo, viendo como pasaba el tiempo, como cada vez quedaba menos, con la alegría y la ilusión de saber que todo iba bien, con la esperanza y la emoción de pensar en el maravilloso momento en el que la viera por primera vez.

Si el año pasado estaba deseando que pasara el tiempo, éste no quería. No quería pensar en esas emociones y que conforme fuera pasando el tiempo me acercara más a la realidad. Este año, este 16 de octubre ya no habría ilusión, ni alegría. Era una tortura, un miedo horroroso al recordar mis emociones del verano pasado y ahora todo era distinto.

Este mes de julio fue muy malo. El día 18 era el bautizo de nuestra ahijada y hubiera deseado no poder asistir (ya lo contaré), pero no salió bien y el 17 por la tarde exploté y tuve que llamar a mi amiga-psicóloga hinchándome a llorar para poder desahogarme y soltar todo lo que llevaba dentro y que durante días había ido reprimiendo. Y me desahogué y me quedé más tranquila y como siempre  sus palabras me ayudaron, me calmaron.

Ya me encontraba mejor y el sábado 18 fuimos al bautizo de nuestra ahijada. Fue un bautizo sencillo, no tan bonito como el del pequeño garbanzo, pero estábamos entre amigos y sus familias que estuvieron pendientes de nosotros constantemente, para que estuviéramos a gusto, comiéramos, nos distrajéramos.

La madre de mi amiga nos invitó a que fuéramos un día a comer a su casa de la playa pero declinamos su ofrecimiento para más adelante, porque ese año no queríamos ir a la playa, sobre todo Juan Carlos. ¡Le dolía tanto pensar en los planes que habíamos hecho el verano anterior con nuestra hija!. Terminamos en casa de ellos, tomando una copa, y hablando de todo un poco. Y salio el tema de cuando ella me llamó al hospital para decirme que se hubiera cambiado por mí, y lloró y de nuevo me lo volvió a decir. Que ellos ya tenían dos hijos más y que no era justo. De nuevo lo agradecimos, y que más decir. Nos faltarían palabras de agradecimiento. Bueno nuestra pequeña ahijada ya estaba también bautizada.

Vida mía, ¡cuantos planes rotos!, ¡cuánto te echamos de menos!



INTENTÁNDOLO
 
Para las que me habéis animado desde el cariño y el respeto, para las que la vida de mi hija Ángela os ha llegado al corazón, y para mí es lo más importante, quiero compartir con vosotras algo que a día de hoy a parte de mis médicos (ginecólogos, amiga-psicóloga, doctora de cabecera), y dos personas más nadie sabe.

En el mes de julio (2009), pensando en lo que me había dicho mi amiga-psicóloga, que psicológicamente no iba a estar preparada nunca, pensando en los tres horrorosos meses que me quedaban por delante y pensando en que en agosto daría a luz una persona a la que yo quería mucho y me defraudó y nos hizo daño a Juan Carlos y a mí, decidimos someternos a un nuevo tratamiento para una fecundación in vitro. A pesar del dolor queríamos intentar volver a tener una nueva ilusión en nuestras vidas. Mi amiga-psicóloga me había dicho que debería llevar en paralelo los dos sentimientos, por un lado la tristeza y por otro si me quedaba embarazada, la nueva ilusión.

Así, después del bautizo de nuestro ahijado y antes del bautizo de nuestra ahijada y entre medio de la misa y la bendición de nuestra hija, volvimos a pasar por todo el proceso. Anticonceptivos, ecografías, pinchazos, ecografías, incertidumbre, miedo.  Mi ginecóloga de la IVI se portó muy bien con nosotros, incluso está vez antes de la extracción de ovocitos, mientras esperábamos en la habitación para entrar en quirófano hizo que viniera ha hablar con nosotros una psicóloga de la clínica para ver como nos encontrábamos. Al salir las chicas de recepción a las que ya conocía de sobra me animaron, me dijeron que era muy valiente, que era muy fuerte y que me admiraban. No sé, hasta ese momento, la verdad no me había considerado fuerte, ni valiente, ni nada parecido, pero he de decir que es por Juan Carlos. Si saco esa fuerza que no tengo es por él, por su apoyo, porque él está ahí, porqué él también estaba sufriendo.

Los siguientes días fueron como siempre en los otros procesos. Esperar, llamada, esperar, y llamada para decir si había transferencia o no.

Y sí, la hubo. Dos embriones y otro que se había congelado. Ahora de nuevo teníamos que esperar unos diez días más o menos para hacerme la beta y ver que pasaba.

Nadie sabía nada, así que dije que tenía lumbago y que estaba mala del estómago. No podía hacer esfuerzos, por lo que no parecía raro que no pudiera agacharme o coger a mi pequeño ahijado. ¡Qué mal lo pase!, sobre todo un día que el chiquitín tenía sueño y quería que yo lo durmiera. Lo tenía su madre cogido y me tendió sus bracitos para que lo acunara y al no cogerlo el pobrecillo se puso a llorar desconsoladamente de ver que no lo había cogido. ¡Cuánto sufrí!. Es que era muy gracioso. Cuando tenía sueño y yo estaba cerca le gustaba que lo durmiera y era gracioso porque cuando se acercaba Juan Carlos, se ponía a mover la piernecita, como empujándolo porque estaba a gusto.

Bueno, esos días fueron malos en muchos sentidos. Y llegó el día de la beta. Y después de un tortuoso día que me hicieron pasar (mi ginecóloga la pobre no estaba ese día, así que ella no pudo llamarme), me dijeron que no había buenas noticias. No estaba embarazada.

Ángela, hija mía. Te quiero tanto, mi pequeñita. La luz que nos ilumina.



ME DI CUENTA
 
Con este nuevo tratamiento, volví a sentir ese cosquilleo de ilusión, de emoción de saber el viaje que volvíamos a emprender. Sin embargo los días que hay entre la transferencia de embriones y la prueba beta para saber si estaba embarazada, esta vez fueron horribles. Lo pasé realmente mal, no quería moverme, ni hacer esfuerzos, cada vez que entraba al cuarto de baño tenía auténtico pánico. Juan Carlos se enfadaba conmigo porque no quería verme así. Estaba obsesionada y no podía evitarlo.

El también lo pasó muy mal. Estaba distinto a las otras veces. No se mostraba ilusionado, como que le daba un poco igual. Y es porque estuvo tan ilusionado, tan feliz con la llegada de Ángela, que me decía que no sabía se podría volver a sentir lo mismo, que su hija le había dado tanto amor, la había querido y la quería tanto, que estaba un poco confuso. Quería que lo volviéramos a intentar, pero a la misma vez le daba miedo volver a tener esos sentimientos, que ahora le estaban haciendo tanto daño.

El día de la beta, (tres días antes del bautizo de nuestra ahijada), fui temprano. Mi ginecóloga ese día no iba a estar por lo que me dijeron que me llamaría otro miembro de la clínica. Yo hice mis cálculos y pensé que la llamada sería alrededor de la una o las dos de la tarde. Conforme se acercaba la hora estaba más nerviosa y la llamada no llegaba. Ya a las dos y media llamé y saltaba el contestador. No cogían el teléfono de nuevo hasta las tres. Y esperamos. Casi no comí. Al final por una serie de circunstancias la llamada no se produjo hasta las cinco y media de la tarde. A esa hora yo ya sabía, o tenía claro que no había embarazo porque sino, no me explicaba que me hubieran tenido esperando tanto tiempo.

Me puse a llorar y le decía a Juan Carlos que lloraba porque cuando los metieron en mi vientre tenían vida. Pero conforme pasaban las horas, el día, al día siguiente, el mundo se me vino encima, porque no era por eso por lo que yo lloraba. Por eso llamé el viernes a la psicóloga a las ocho y media de la tarde y le dejé un mensaje en el contestador y por como me oyó la voz me llamó enseguida para hablar conmigo.

Estaba mal, muy mal, porque me había dado cuenta en esos momentos, que realmente no buscaba un embarazo, que lo que yo buscaba era estar embarazada de nuevo de Ángela y caí en la cuenta de que no podía ser. Qué no podía tener una segunda oportunidad, que no podía dar marcha atrás y volver a aquel día, me dí cuenta que quizás podría volver a tener una nueva oportunidad, pero no habría opción a una segunda oportunidad. El golpe fue realmente horroroso, hacerme a la idea, repetirme desde entonces todos los días, que no puedo volver atrás, que ya no puedo. Mi hija es única, por eso es especial. Así debe ser.

Todavía me gustaría volver atrás, pero ahora sé que no puedo.

Hija de mi vida, has sido, eres y serás tú. Una personita única y por eso especial. La mejor hija del mundo para tus padres que te queremos con toda el alma.