jueves, 3 de noviembre de 2011

TERCER INTENTO. EL MILAGRO DE LA VIDA

TERCER INTENTO. EL MILAGRO.

De nuevo un mes con anticonceptivos, pinchazos, ecografías. Todo bien. Después del tratamiento, la extracción y los días de espera, el 27 de enero por la mañana temprano, nos llamaron para decirnos que si se podía hacer transferencia de embriones.
27 de enero. Miré el calendario para saber a que Santo correspondía. El nombre que vi me emocionó, me hizo creer y tener esperanza y ha marcado nuestras vidas para el resto. Santa ANGELA. Los que me conocéis o sabéis nuestro caso, ya sabéis porqué. Los que no, lo iréis leyendo. Esta vez si. Esta vez tenía que producirse el milagro.
Con la ilusión y la emoción en los cuerpos nos dirigimos a la clínica. El proceso fue igual que la primera vez.
Una vez allí, nos pasaron a una habitación y cuando me hube cambiado me entraron a quirófano, junto con mi marido, para que él pudiera participar del momento.
Me tumbaron en una camilla, y el ginecólogo procedió a introducirme una especie de bastoncillo largo, no sé como llamarlo pero viene a ser como una jeringa con una aguja muy larga que introducen hasta el útero. El seguimiento lo van haciendo a través de una ecografía. En esa especie de jeringa van los embriones y una vez que con la ecografía comprueban el lugar correcto proceden a hacer la transferencia de los embriones. Después comprueban mediante el microscopio que no se ha quedado ningún embrión en la jeringa-aguja.
Ya una vez en la habitación, y después de un tiempo de reposo, nos dieron las indicaciones para seguir el los días siguientes y cuando debíamos ir, para hacerme el análisis de sangre para comprobar si estaba embarazada o no.



EL MILAGRO. AÚN CON DUDAS.

Unos días después de la transferencia de los embriones, el día que ellos nos habían citado,  fui a sacarme sangre a primera hora e igual que la otra vez, quedaron en que me llamaría la ginecóloga que me ha estado llevando desde el principio.
Nos fuimos a mi casa y a media mañana, unos minutos antes de que me llamaran, al entrar al cuarto de baño vi que estaba manchando. Me quedé helada. Se lo dije a mi marido y los dos nos volvimos a sentir hundidos. Pero entonces sonó el teléfono y era mi ginecóloga diciéndome que la prueba había dado positivo. Yo le comenté que estaba manchando y entonces decidió repetirme la prueba una semana después y que mientras estuviera en reposo.
Así lo hice. Pero seguía manchando y una semana después volví para repetir la prueba, aunque he de decir que seguíamos esperanzados, no queríamos tirar las campanas al vuelo.
Volvió a dar positivo, pero como seguía manchando, decidieron hacer un tercer análisis otra semana después. Y mientras tenía que seguir en reposo.
En esta semana el sangrado fue disminuyendo hasta casi desaparecer. Un tercer análisis volvió a confirmar que estaba embarazada.
Ahora había que ver si los embriones seguían hacía adelante y si estaban bien implantados por lo que me citaron para hacerme una ecografía el día 18 de febrero de 2008.



PRIMERA ECOGRAFÍA. Ahí estaba.
El día 18 de febrero de 2008 fuimos a que me hicieran la primera ecografía en la clínica para comprobar que efectivamente estaban ahí.
Y si, ahí estaba. Sólo había uno, pero ahí estaba. De momento podíamos seguir soñando, seguir ilusionándonos, con miedo, pero con esperanza.
Me siguieron mandando reposo relativo, aunque yo lo hice totalmente absoluto. Sólo me levantaba de la cama para acostarme en un sofá o ir al baño. Me pasaba todo el día en la misma postura, sin moverme. Se que era exagerado, pero no quería que si pasaba algo, pudiera plantearme si había sido por mi culpa. Así que no me importó.
Hasta este momento no se lo habíamos dicho a nadie. No queríamos involucrar a la familia, a los amigos en una nueva decepción hasta estar más o menos seguros de que iba bien. Pero las excusas para ir a casa de alguno cuando nos invitaban se nos acababan, ya que yo tenía que estar en reposo, y tuvimos que decirlo a los que no nos quedó más remedio, pero advirtiéndoles de que no dijeran nada hasta pasado un tiempo.
No hace falta decir lo que se alegraron, sobre todo por el último año que llevábamos vivido. Mi padre se alegró mucho aunque el me decía que si no salía bien debía de pensar que nos teníamos Juan Carlos y yo y lo que nos queríamos. El no deseaba que yo sufriera más, pero a estas alturas, ya formaba parte de mí y aunque teníamos miedo, ya lo queríamos.
Seguí con el reposo y me citaron para hacerme una segunda ecografía en la que hacía la octava semana de embarazo.



SEGUNDA ECOGRAFÍA. HABÍA VIDA


El día 28 de febrero de 2008 me hicieron la segunda ecografía. Esta que la primera vez nos hundió, en la que me dijeron que tenía un aborto diferido. Así que imaginaréis el miedo que teníamos, la incertidumbre.
Me coloqué en la camilla. Empezó con la ecografía. Ninguno de los dos veía nada con los nervios, hasta que la ginecóloga dijo: “Ahí esta” (se refería a su corazón) y subió el volumen para que oyéramos su latido y nos lo señaló para que viéramos como latía. Su corazón, su pequeño corazoncito lleno de vida. ¡Dios mío! que emoción. Los dos nos pusimos a llorar. No era un embrión, no era un feto, era nuestro hijo/a. Nuestro pequeñín. Lógicamente aún no sabíamos lo que era, pero lo que sí teníamos claro era que fuese lo que fuese, que estuviera bien y sano.
Cuando salimos, empezamos a llamar a todo el mundo. Todos estaban esperando. Mi única tristeza aquel día fue no poder llamar a mi madre la primera para poder compartir con ella esa emoción. Pero pensé que ella habría sido la primera en enterarse y que desde el cielo ella compartía mi alegría.
Estaba de 8 semanas y estaba creciendo dentro de mí. Llevaba vida y formaba parte de mí.
Aunque todo parecía ir bien, me siguieron mandando reposo relativo. Debíamos pasar la barrera de las 12 semanas (los 3 meses), para poder relajarnos un poco.
Volvieron a citarme para hacerme otra ecografía 2 semanas después, para ver como seguía evolucionando. Hasta los 3 meses el seguimiento lo hacen en la IVI.

SEGUNDO INTENTO

SEGUNDO INTENTO. ALGO INESPERADO.

Pasaron los meses y volvimos  a hablar con la clínica en julio para quizás, iniciar un nuevo tratamiento para un segundo intento de fecundación IN VITRO pasado el verano.
Y esperamos a que pasara el verano, pero entonces el mundo se me vino encima. Sin yo saberlo, desde un principio, mi madre se estaba muriendo. Lo sabía mi padre y mi tío (su hermano) y no quisieron decirnos nada a mis hermanos ni a mi para no tenernos sufriendo los meses que mi madre viviera.
Mi madre. La fuerte, la que todo lo soportaba, la que a pesar de su malestar, de su dolor, de su miedo, sacaba fuerzas de donde no las tenía para estar ahí para todos,
Mi madre, que tanto apoyo me había dado, que tanto me había ayudado, y ahora yo no podía ayudarla, ¿cómo podía yo ayudarla? Ella no sabía que se estaba muriendo y yo no quise que se enterara porque ella no habría sufrido por ella, sino por nosotros y al menos ese sufrimiento quería evitárselo. El 20 de octubre la ingresaron en la Vega y desde ese momento prometí que no la dejaría sola hasta el final, no me importaba comer, dormir. Los únicos ratos que salía del hospital era para irme a mi casa y poder llorar y desahogarme con mi marido  para que ella no notara nada.
Al menos eso lo conseguí. Mi madre murió el 6 de noviembre de 2006 y ella no supo que se moría.
Desde ese momento me sumí en una profunda depresión. No me importaba nada ni nadie, sólo quería morirme. Mi madre tenía 60 años y muchas ganas por vivir. Mi dolor más grande era ese, sus ganas de vivir, porque además de la enfermedad que le costó la vida y a pesar de los achaques que tenía,  los dolores, y por ello las ciertas limitaciones, siempre tenía una palabra de ánimo, una risa que compartir. Ella siempre decía que cuando salía era para intentar olvidarse de los problemas, para reírse, disfrutar y no amargar a la gente con los problemas de uno. Esa era sin duda su gran virtud. Sus ganas de luchar y su tirar para adelante.
Los días se me hacían eternos. La echaba mucho de menos y me costó ir saliendo del hoyo. Pero lo fui haciendo, muy lentamente , pero lo hice sobre todo por mi marido, que estuvo ahí desde el principio, con una paciencia y un amor tremendo. Ayudándome en mi ánimo, las gestiones legales, con mis hermanos ….



SEGUNDO INTENTO. VOLVER A CREER.

Mi madre murió en noviembre de 2006 y en septiembre de 2007, a pesar de seguir todavía con la depresión y la tristeza por su perdida, decidimos volver a intentar un segundo tratamiento. Yo lo hablé con mi psicóloga y me dijo que como era una decisión que ya habíamos tomado en su momento, no me supondría un estado nuevo de ansiedad, que la pena y el dolor tenían su proceso y que por otro lado, esta decisión me haría bien para ir reconduciendo las etapas de mi vida, que me aportaría una nueva visión con la ilusión de empezar de nuevo el proceso para intentar ser padres. También me cambiaron la medicación que tomaba para que no hubiera ningún problema, e incluso para quedarme más tranquila hablé con el Instituto Teratológico de Madrid (informan a las mujeres embarazadas o posibles embarazadas, de los riesgos, contraindicaciones etc. referente a medicamentos). Por si os interesa el teléfono es 91………………..
Así que nos pusimos de nuevo en contacto con la clínica, e iniciamos de nuevo el tratamiento. Anticonceptivo, ecografía, pinchazos, ecografías y por fin la extracción de los óvulos. Pero esta vez no hubo suerte. Había óvulos con los que no pudieron trabajar, y otros que aunque fecundaron bien, luego los embriones no siguieron adelante, por lo que no se pudo llegar a hacer la transferencia. Estábamos preparados por si se daba esa noticia, aunque he de decir que hasta que te llaman esa mañana para decirte si hay transferencia o no se pasa muy mal.
Como esta vez el proceso no terminó, no teníamos que esperar y decidimos volver a intentarlo una vez pasadas las navidades.

lunes, 31 de octubre de 2011

CONOCER, AFRONTAR Y EMPEZAR.

INVITRO- EL MILAGRO DE LA VIDA. Para ÁngelaMe he decidido ha escribir este blog animada por la gente que me quiere, que me conoce, que sabe algo o mucho de mi vida y que me han dicho que merecería la pena compartir con quien quiera mis vivencias, mis sentimientos, mis alegrías y penas relativas al deseo de ser madre y nuestra decisión de someternos a una fecundación IN VITRO.
Dicen que los sueños hay que perseguirlos y en mi caso lo hemos hecho, pero conscientes, muy conscientes de que no podría salir como queríamos y lo teníamos asumido. Si se conseguía maravilloso y si no, debíamos pensar que aún así, teníamos mucha suerte de tenernos y de querernos.



CONOCER EL PROBLEMA. VER LAS OPCIONES


Tengo 37 años y mi marido 39. Llevamos casados 11 años y medio y por circunstancias de la vida no pudimos empezar a buscar un embarazo antes.
Cuando nos decidimos resulta que no fue tan fácil como pensábamos y hartos de ilusionarnos y comprar en más de una ocasión en la farmacia los test de embarazo sin el resultado deseado, decidimos hacernos pruebas para ver que pasaba.
Todas las pruebas, tanto las realizadas a él como a mi salieron bien y nos decían que posiblemente sería por el estrés, por la ansiedad que acumulábamos por los problemas de la vida.
Al final decidimos ir a una clínica de reproducción asistida, en nuestro caso la IVI de Murcia, y una vez sopesadas las posibles opciones, empezamos con el tratamiento para una fecundación in vitro.
El tratamiento empieza, para quien no lo sepa, (por lo menos en mi caso), tomando durante un mes (21 días) pastillas anticonceptivas. Después ya se empieza con la estimulación ovárica a través de una medicación que te tienes que ir pinchando en la barriga todos los días. Durante el tiempo que dura esto te van haciendo ecografías para ver como  evolucionan los ovocitos, cuantos hay, su tamaño. Y ya cuando el tamaño es el adecuado en torno a 12-14 días (mas o menos, no me acuerdo exactamente), te citan para hacerte la extracción de los óvulos y así empezar con la aventura de intentar ser padres.



PRIMER INTENTO. LA ILUSIÓN.

En enero de 2006 empezamos nuestro primer viaje por la fecundación IN VITRO, y después del consiguiente tratamiento, extracción y fecundación de los óvulos, al cabo de unos días, me llamaron para decirme que había embriones viables y que fuéramos para hacer la transferencia, es decir, para implantar los embriones en mi útero.  A los quince días me citaron para hacerme un análisis de sangre para ver si estaba embarazada y sobre la una del mediodía me llamaron para decirme que si, que estaba embarazada. No pude contener el llanto de alegría y llamé corriendo a mi marido que esperaba nervioso mi llamada. En esos días previos me sentí emocionada, expectante, ilusionada pero también con los pies en la tierra no queríamos ilusionarnos antes de tiempo y por otro lado a mi madre le acababan de detectar una grave enfermedad y mi alegría (tanto tiempo esperada), no podía ser completa.
Sobre los quince días más o menos, nos citaron para hacer una primera ecografía y ver si los embriones habían implantado bien. Durante esos días no paraba de tener mi mano en mi barriga, quería que de alguna forma me sintieran y quisieran agarrar en mí. En esta primera ecografía parecía que los dos embriones habían agarrado, nos daba igual que fueran dos, no teníamos miedo. Doble trabajo pero también doble ilusión. Pero había que esperar a la siguiente.



PRIMER INTENTO. LA TRISTEZA


Después de una primera ecografía donde parecía que los dos seguían adelante, diez días o quince después en la segunda ecografía sólo estaba uno, pero además parecía no haber latido. Con la tristeza y las ilusiones por los suelos nos dijeron que para asegurarnos me harían otra ecografía 2 días después. Y se confirmó. No se oía latido. Había tenido un aborto diferido a los 2 meses (8 semanas) y tenían que realizarme un legrado. Fui a la Vega y con las indicaciones que me dieron en la clínica me citaron para el día siguiente. Estuve ingresada un día. Mi madre quería estar conmigo pero la pobre se encontraba tan mal por la medicación que no quise que viniera. En los días siguientes cuando me llamaba y yo me ponía a llorar, ella, a pesar de lo mal que estaba, me decía que porqué no la llamaba para desahogarme. Yo no quería preocuparla, bastante tenía con lo suyo. Tenía una pena tan grande.
Supongo que cualquier pareja que decide tener un hijo, desde ese primer momento en que uno sabe que esta creciendo dentro de ti lo quieres, pero además, quién haya pasado por un tratamiento de fecundación lo sabe. Como el proceso es complicado y se debe pasar por varias etapas hasta culminar en el embarazo la ilusión es distinta porque te tienes que ir ilusionando poco a poco, paso a paso y cuando llega,  la explosión de alegría es inmensa.
Esto fue sobre marzo y a pesar de seguir queriendo intentarlo tenía que esperar y además, necesitaba estar psicológicamente fuerte para volver a pasar por el proceso y para olvidar un poco la tristeza por lo sucedido.