martes, 8 de noviembre de 2011

UNA ILUSIÓN QUE VA CRECIENDO

Estas burbujas, mejor que las del champagne.

Unos días después de cumplir la semana 20, era un viernes, de preguntar al ginecólogo porque no notaba todavía a mi hija, de esperar a notar la famosa sensación de sentir como una culebrina en la barriga, sentí algo parecido a como tener burbujas en el estómago. No se parecía en nada a la sensación que me habían descrito por lo que no sabía si era ella o no, pero cuando lo comenté con la ginecóloga que me tenía que ver por lo privado esa semana siguiente, ella me dijo que sí, que esa sensación que yo notaba como burbujas era ella. ¡Ya la notaba! Notaba a mi hija. Cada vez parecía más real. Ese miedo que tuvimos durante todo el embarazo a que todo fuera bien, que nada saliera mal, nos sirvió para ir disfrutando a nuestra hija día a día, y el empezar a notarla era otro regalo en nuestras vidas.



DISFRUTANDO DE TI

Mi amor, mi pequeña princesita. Poco a poco te iba notando más. Tus movimientos ya los empezaba a notar tu padre. Qué cara puso la primera vez que te notó. Me gustaba cuando por las noches te dábamos las buenas noches y dabas un pequeño golpecito, como deseándonos tú también las buenas noches y ya a dormir toda la noche. Te portabas tan bien cariño mío. Yo tenía ardor y no podía respirar bien por la resequedad de nariz pero tú ni te inmutabas. Pasabas toda la noche durmiendo. Ya por la mañana, después de desayunar te activabas un poco, y tu padre y yo te dábamos los buenos días. Yo te sentía, pero el tenía la suerte de poder besar mi barriga y sentir como tu lo agradecías. Después, de camino al trabajo, cuanto nos reíamos tu padre y yo cuando él te decía que te portaras bien esa mañana y te llamaba "su pequeñica funcionaria".

A media mañana, nos llamaba tu padre o nos ponía un mensaje y nosotras le contestábamos que también lo queríamos. Ya iba estando incómoda en el sillón del trabajo, a pesar de tener un flotador para que no se me clavara el coxis ya que la barriga ya era más grande, pero no importaba, tú estabas ahí y estabas bien.

Que suerte, poder estar trabajando y estar contigo. A la hora de la comida ya estabas más inquieta hasta que comía. No sabía si te gustaba el menú pero una vez satisfecha, volvías a dormirte. Yo aúnque tenía sueño, como me costaba dormir, aprovechaba para leer un rato durante la siesta, mientras tú y tu padre descansabais. Después volvías a despertarte y ya, más descansada, estabas más juguetona. ¡Que preciosa sensación!

La vecina-amiga había visto el reportaje de "En el vientre materno", y quiso dejárnoslo, pero aún seguíamos no queriendo adelantarnos y seguíamos mirando tus cambios semana a semana.

¡Que contentos estábamos!. Mi cielo!.



COMPARTIENDO

Llegó el 9 de junio. El cumpleaños de Juan Carlos. Decidimos invitar a comer a nuestros amigos-vecinos (ella estaba embarazada 15 días más que yo e iba a tener un niño), y nos fuimos a comernos un arroz y bogavante, y hay que ver lo que disfrutamos los seis. Sí, los seis, porque los pequeñines no paraban de moverse y nos reíamos diciendo que los estábamos acostumbrando a comer bien y que luego no iban a querer los potitos. ¡Que día tan bueno pasamos!

En esos días también quedamos con nuestros otros amigos, que ella estaba también embarazada dos meses menos que yo (iba a tener una niña) y me hacía gracia, porque ella me preguntaba cuando le pasaba algo. Sería porque yo lo tenía más reciente.

Pasaron los días y llegó el 24 de junio. Mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos. Invitamos a algunos amigos a cenar a casa y cuando llegó el momento de soplar las velas, mi deseo estaba claro- Que mi hija naciera bien y sanica-. Uno de los regalos que me hizo Juan Carlos fue una figura de cuqui que era una niña comiendo sandía. Y es porque a mí y a mi amiga-vecina nos dio por comer sandía. Yo creo que fue el único antojo que tuvimos. ¡La que pudimos comer! Él siempre tan detallista y ¡que bonito recuero!.

Ya estaba de seis meses y días. Iba creciendo y sus movimientos ya se notaban bastante mejor. La barriga ya me hacía bultitos y cuando, después de pasar el día mi hija oía la voz de su padre, parecía que se volvía loca. Yo le decía a Juan Carlos que a Ángela se le hacía el culico pepsi-cola cuando lo oía, y a él le encantaba. También, aúnque parezca increíble cuando yo me metía a ducharme, creo que no le gustaba el ruido del agua porque no paraba de moverse y entonces yo me ponía a cantarle la abeja maya y a acariciarme la barriga y ella se relajaba y dejaba de moverse. Juan Carlos se moría de la risa cuando me oía, y yo me alegraba porque mi hija se sentía protegida.

¡Mi pequeño tesorico! ¡Cuanto estábamos compartiendo con lo chiquitina que eras todavía! ¡Cuanto amor!

lunes, 7 de noviembre de 2011

IR CREYENDO EN EL SUEÑO

PODER COMPARTIR NUESTRO EMBARAZO


4 de abril. Era viernes y recuerdo que esa tarde, después de la mañana de tensión que había pasado esperando que la prueba del pliegue saliera bien, me senté en la terraza, me acaricié la barriga y con el teléfono en la otra mano comencé a llamar a todas las personas que sabía que se alegrarían enormemente. Tías, tíos, amigos. Con quién más trabajo me costo hablar fue con dos amigas de mi madre, por el cariño tan grande. Yo lo sabía y así fue. Ellas se alegraron y lloraron conmigo, por lo que ese embarazo suponía para nosotros. Por lo esperado y deseado. Por lo que llevábamos pasado. Por la ilusión y felicidad que sabían nos aportaría.
¿Cómo puede uno explicar algo, que va mas allá de lo que hasta ese momento conocía? Había pasado muchos años viendo a mis amigas quedarse embarazadas, tener a sus hijos, ver sus emociones, alegrarme por ellas, habernos hecho a la idea y de repente, poder experimentar todo eso que tu veías pero que realmente no llegas a captar al cien por cien hasta que no lo vives tu mismo.
¡Que gracia y  a la vez que bonito!. A la misma vez que nosotros, unos amigos-vecinos también estaban esperando su primer hijo. A nosotros ya nos lo habían dicho dos meses y medio antes pero ellos no sabían nada de lo nuestro (les habíamos dicho que yo tenía un lumbago tremendo y que tenía que estar en reposo). El día que ella me dijo que estaba embarazada, yo estaba esperando para hacerme la prueba al día siguiente, por lo que nuestros hijos se iban a llevar unos quince días.
También otra amiga, ellos ya tenían dos hijos, iban a tener otro hijo, que se llevaría con el mío dos meses.
Me hacía mucha ilusión. Podría compartir con ellas, las dudas, los miedos, los cambios, las ilusiones, sobre todo con la que estaba pared con pared con nosotros.



UN NUEVO REGALO.

El 22 de abril, con 15 semanas de embarazo, fuimos por primera vez a la consulta de la ginecóloga que me vería por lo privado. Le comentamos el caso, la información necesaria, la ginecóloga que me había estado tratando en la IVI, las pruebas que esta entonces nos habían hecho y que todo estaba bien. Una vez comentado todo esto, y de abrirme la cartilla pertinente de embarazo,  me dijo que me tumbara en la camilla que iba ha hacerme una ecografía. Esta era ya la primera que me hacían por la barriga, hasta entonces todas habían sido vaginales.
Sin darnos tiempo casi a mirar, sus palabras me hicieron llorar de nuevo de alegría. –Es una niña- dijo. Acto seguido nos miramos Juan Carlos y yo y le dije: “ANGELA”. Nuestra hija se llamaría ANGELA. Era otro regalo. Nuestro angelito del cielo. Aunque lo más importante era que ella estaba bien, su crecimiento era normal, su corazón latía bien. Mi pequeñica, mi hijica. ¡Dios mío! Cuanto la queríamos. Si hubiera tenido que explicarlo con palabras no habría podido. Tendría que haberme abierto el pecho para que se viera mi corazón.
En un principio yo quería una niña. Después, una vez que sabes que estas embarazada, lo único que quieres es que esté bien, es lo más importante. Me hubiera dado igual que fuera un niño sabiendo que estaba sano, pero he de reconocer que me hizo mucha ilusión que me dijeran que era una niña, y así poder ponerle ANGELA. El 27 de enero fue cuando me hicieron la transferencia de embriones. El 27 de enero era Santa ANGELA y ese día mí hija empezó a crecer dentro de mí.
Los amigos-vecinos iban a tener un niño y cuando les dijimos que nosotros esperábamos una niña les hizo mucha gracia. Comentamos que así tendríamos la parejita. Por el poco tiempo que se iban a llevar y por la cercanía de nuestras casas (pared con pared), se iban a criar casi como hermanos. Nos reíamos y decíamos que serían como gemelos pero en barrigas distintas.
Ya podíamos hablarle por su nombre, decirle cosas más concretas. Mi hija. Nuestra hija. El tesoro de tus padres.



CAMBIOS FÍSICOS.


Estaba de 16 semanas, unos cuatro meses. Es curioso porque hasta el momento en que te quedas embarazada, hablas en meses. ¿Estás de un mes, dos, tres?, pero a partir de entonces los cálculos los haces por semanas y días. Estoy de tantas semanas y tantos días, lo cual no corresponde con los meses normales que conocemos. Si sacamos la cuenta, nueve meses serían menos de 40 semanas por eso, a parte de que los ginecólogos te hablan por semanas, realmente los cambios se van viendo semana a semana.
Hasta este momento no había tenido muchas nauseas. Si mucho sueño y procuraba comer en pequeñas cantidades cuatro o cinco veces al día antes de que me notara vacío de estómago. Es decir, antes de que mi pequeñica tuviera hambre. Ya había ensanchado un poco, y empezaba a notarse un poco la barriga, todavía nada significativo pero lo suficiente para que ya no me viniera nada de mi ropa y tener que utilizar ya ropa premamá. ¡Madre mía! Quién me lo iba a decir a mí. Yo utilizando ropa premamá, después de tanto tiempo.
Lo que peor llevé, fue la resequedad tan grande de nariz que tenía. Yo no lo sabía, pero es también un síntoma del embarazo. Muchas veces me sangraba y para dormir ya tenía que ponerme dos almohadas. Con los meses la cosa fue a peor, pero procuraba estar en lugares que tuvieran un nivel bueno de humedad y por las noches tenía que ponerme un humidificador y encender el aire acondicionado no por el calor, sino por quitar la resequedad del ambiente.
También al sentarme, el coxis se me clavaba y aunque me cambiaron el sillón en el trabajo al final tuvieron que dejarme un flotador de los que se compran en una ortopedia.
Daba igual. La resequedad, el dolor al sentarme, el no dormir bien, todo, todo, me daba igual. Estaba embarazada, mi hija estaba bien, y lo importante era ir viendo como iba cambiando semana a semana. No nos permitíamos ir más allá. Nos metíamos en internet para ir viendo como evolucionaba cada semana. Sus cambios, los míos. Aunque tenía curiosidad sólo miraba lo que ocurriría en esos días. Había una página en la que podías ver el cambio de una forma muy curiosa. Ponían una palma de la mano de un adulto, y dentro la mano de un bebe, y según el mes que pincharas veías la diferencia en la mano del bebé con respecto a la del adulto.
Yo me imaginaba la mano de mi hija puesta sobre la mía como sería.
La página es: …………………………………………….



20 semanas. Ya se nota claramente la barriga.

El 29 de mayo me hicieron otra ecografía en la Vega y unos días antes o después también en la Arrixaca. La de las 20 semanas. Miden el fémur, el abdomen, la cabecita, si el estómago está bien, el flujo sanguíneo, el corazón. Todo estaba bien. Mi hija seguía creciendo como una campeona y yo ya podía ir presumiendo de barriga porque de una semana a otra se me empezó a notar claramente. Te sientes como si no hubiera en el mundo otra mujer embarazada nada más que tu, y vas por la calle orgullosa de ir luciendo barriga. A Juan Carlos y a mí sólo nos faltaba llevar unos carteles luminosos con una flecha señalando mi barriga y que dijeran: “¡Eh! Mirad. Aquí está mi hija!-. De todas formas también nos hacían sentir especiales y que mi hija era especial, porque yo creo que no quedó nadie en Murcia que no me acariciara la barriga cuando me veía, cosa que he de decir me daba mucha rabia, porqué había gente con la que no tenía mucha confianza, gente que no tenía mucha delicadeza, y otras veces simplemente no me apetecía que me estuvieran sobando, porque al final te sientes así en determinados momentos. Pero bueno, lo que me encantaba era mirarme en cualquier sitio. Incluso a veces, cuando pasaba de largo por algún sitio donde me reflejaba y miraba conforme caminaba, me sorprendía pensando:- “¡Soy yo! Estoy embarazada y mi hija esta creciendo dentro de mi.-
A mi amiga-vecina a pesar de estar sólo quince días más que yo, se le notaba bastante más que a mi y además ella ya lo notaba moverse.
Estaba de 20 semanas. Me habían hecho ecografías y todo estaba bien, pero aún así me preocupaba no notarla todavía, por lo que se lo comenté al ginecólogo y me dijo que lo normal es notarlos entre la semana 18 a la 22. Así que esperé. Me habían dicho que la primera vez se notaba como una culebrina y que cuando es niña se nota un poco más tarde que cuando es niño, por eso quizás mi amiga-vecina ya había notado a su hijo a las 18 semanas.

LA EVOLUCIÓN DE UN PRINCIPIO

ALEGRÍA CONTENIDA.

En los siguientes días, después de haber oído por primera vez su corazón, no tengo ni que decir que seguí haciendo reposo absoluto, las sensaciones y los sentimientos eran tan intensos y variados. Al estar de baja, pasaba muchas horas sola y tumbada en el sofá, me miraba la barriga y la acariciaba intentando hacerle sentir el enorme amor que sentía por el/ella, la alegría que me proporcionaba. Había ratos en los que lloraba de emoción y otros de tristeza pensando en mi madre, en lo contenta que habría estado, en que no podría disfrutarlo, con la ilusión que le hacía ser abuela. Pero intentaba que esos momentos malos pasaran. No quería que mi hijo/a me notara triste.
Durante estas semanas que tuve que estar en reposo, llamaba a la psicóloga-amiga para hablar con ella y descargar mis emociones. He de decir, por eso añado lo de amiga, que su calidad humana fue más allá de su profesionalidad. Cualquier otro habría basado su trabajo en la mera consulta presencial y ella se ha implicado conmigo de una forma especial, desde entonces hasta hoy he podido contar con ella, fuera de consulta y de su jornada normal y sé que se ha alegrado enormemente con mis alegrías.
Todavía no se lo habíamos dicho a todo el mundo. Queríamos seguir esperando y viendo como iba avanzando. Estábamos contentos, muy contentos pero teníamos miedo.



TERCERA ECOGRAFÍA. Estaba bien.

Cada vez que íbamos a consulta,  el corazón se nos salía hasta comprobar que todo estaba bien.
Esta tercera ecografía me la hizo el ginecólogo que me asignaron en la Arrixaca. Como era un embarazo de alto riesgo me derivaron allí en vez de llevarme la matrona en el centro de salud. Una vez leído el informe de la IVI, y después de pesarme y tomarme la tensión procedió a hacerme una ecografía. Su corazón seguía latiendo con fuerza. Su pequeño cuerpecito empezaba a definirse. Era tan pequeño/a pero tan perfecto/a.
Nuestro hijico/ca. Estaba bien y seguía creciendo. Que cosas tiene la vida. Que milagro es llevar una vida dentro.
Siempre he creído que es un privilegio ser mujer por el simple motivo de poder notar como crece tu hijo dentro de ti. Es una experiencia que no cambiaría por ninguna otra en la vida y por este motivo, por ser yo directamente la que experimentaba el milagro, quería hacer participe a mi marido en todo momento para que él,  aunque no pudiera sentir físicamente los cambios, emocionalmente se sintiera implicado e incluido desde el principio y por eso le hacía que me acariciara y me diera besos en la barriga muchas veces al día y le comentaba lo que yo iba notando, sobre todo cambios emocionales porque quitando alguna angustia que me dio, y los pinchazos normales que te dan por el cambio que va sufriendo el útero, lógicamente aún no se evidenciaba otra cosa.



TRES MESES. EL ALTA DE LA IVI


En esta cuarta ecografía, que también me hicieron en la IVI (ya fue la última allí),  a parte de tranquilizarnos en cuanto lo vimos, nos partíamos de la risa. ¿Como era posible?. No me lo hubiera imaginado en mi vida. Con tan sólo 4 cms ya se veía claramente. Totalmente formado y moviendo sus pequeñas piernecitas y sus bracitos, como si hiciera palmas. La ginecóloga también se rió y comento: - “Mira que contento esta, que alegría tiene”. – No lo sentía todavía, ¡pero se movía, su corazón latía, iba creciendo!. Era real.
 Como ya he comentado era un embarazo de alto riesgo, y me derivaron a la Arrixaca para que me hicieran el seguimiento desde allí en vez de la matrona por el centro de salud. De todas formas como yo tenía seguro privado me recomendaron también una ginecóloga por si quería que me vieran por lo privado.
No queríamos cerrarnos ninguna puerta y preferíamos hacer el seguimiento lo mejor y más completo y decidimos llevarlo por los dos sitios.
En la segunda cita que tuvimos con el ginecólogo de la Arrixaca, volvió a hacerme una ecografía. Era el 4 de abril. Esta era importante. Iba a medir el pliegue de la nuca. Los parámetros eran normales. Otro obstáculo pasado. Pero aún había que hacer la prueba del triple screem. Con la prueba del pliegue y con la de la triple screem, si salen bien y no hay duda, se puede descartar casi por completo hacer una amniocentesis para descartar malformaciones. Pero bueno, paso a paso. La primera prueba estaba bien y todo iba bien. Estaba con la cabeza hacia abajo, como si estuviera sentado/a pero al revés. Ya se distinguía bastante bien su pequeña columna.
Había pasado el periodo de mayor riesgo. Podíamos dar un poco más de rienda suelta a nuestras emociones y podíamos empezar a compartir nuestra alegría con el resto de personas que sabíamos se iban a alegrar igual o más que la familia.

jueves, 3 de noviembre de 2011

TERCER INTENTO. EL MILAGRO DE LA VIDA

TERCER INTENTO. EL MILAGRO.

De nuevo un mes con anticonceptivos, pinchazos, ecografías. Todo bien. Después del tratamiento, la extracción y los días de espera, el 27 de enero por la mañana temprano, nos llamaron para decirnos que si se podía hacer transferencia de embriones.
27 de enero. Miré el calendario para saber a que Santo correspondía. El nombre que vi me emocionó, me hizo creer y tener esperanza y ha marcado nuestras vidas para el resto. Santa ANGELA. Los que me conocéis o sabéis nuestro caso, ya sabéis porqué. Los que no, lo iréis leyendo. Esta vez si. Esta vez tenía que producirse el milagro.
Con la ilusión y la emoción en los cuerpos nos dirigimos a la clínica. El proceso fue igual que la primera vez.
Una vez allí, nos pasaron a una habitación y cuando me hube cambiado me entraron a quirófano, junto con mi marido, para que él pudiera participar del momento.
Me tumbaron en una camilla, y el ginecólogo procedió a introducirme una especie de bastoncillo largo, no sé como llamarlo pero viene a ser como una jeringa con una aguja muy larga que introducen hasta el útero. El seguimiento lo van haciendo a través de una ecografía. En esa especie de jeringa van los embriones y una vez que con la ecografía comprueban el lugar correcto proceden a hacer la transferencia de los embriones. Después comprueban mediante el microscopio que no se ha quedado ningún embrión en la jeringa-aguja.
Ya una vez en la habitación, y después de un tiempo de reposo, nos dieron las indicaciones para seguir el los días siguientes y cuando debíamos ir, para hacerme el análisis de sangre para comprobar si estaba embarazada o no.



EL MILAGRO. AÚN CON DUDAS.

Unos días después de la transferencia de los embriones, el día que ellos nos habían citado,  fui a sacarme sangre a primera hora e igual que la otra vez, quedaron en que me llamaría la ginecóloga que me ha estado llevando desde el principio.
Nos fuimos a mi casa y a media mañana, unos minutos antes de que me llamaran, al entrar al cuarto de baño vi que estaba manchando. Me quedé helada. Se lo dije a mi marido y los dos nos volvimos a sentir hundidos. Pero entonces sonó el teléfono y era mi ginecóloga diciéndome que la prueba había dado positivo. Yo le comenté que estaba manchando y entonces decidió repetirme la prueba una semana después y que mientras estuviera en reposo.
Así lo hice. Pero seguía manchando y una semana después volví para repetir la prueba, aunque he de decir que seguíamos esperanzados, no queríamos tirar las campanas al vuelo.
Volvió a dar positivo, pero como seguía manchando, decidieron hacer un tercer análisis otra semana después. Y mientras tenía que seguir en reposo.
En esta semana el sangrado fue disminuyendo hasta casi desaparecer. Un tercer análisis volvió a confirmar que estaba embarazada.
Ahora había que ver si los embriones seguían hacía adelante y si estaban bien implantados por lo que me citaron para hacerme una ecografía el día 18 de febrero de 2008.



PRIMERA ECOGRAFÍA. Ahí estaba.
El día 18 de febrero de 2008 fuimos a que me hicieran la primera ecografía en la clínica para comprobar que efectivamente estaban ahí.
Y si, ahí estaba. Sólo había uno, pero ahí estaba. De momento podíamos seguir soñando, seguir ilusionándonos, con miedo, pero con esperanza.
Me siguieron mandando reposo relativo, aunque yo lo hice totalmente absoluto. Sólo me levantaba de la cama para acostarme en un sofá o ir al baño. Me pasaba todo el día en la misma postura, sin moverme. Se que era exagerado, pero no quería que si pasaba algo, pudiera plantearme si había sido por mi culpa. Así que no me importó.
Hasta este momento no se lo habíamos dicho a nadie. No queríamos involucrar a la familia, a los amigos en una nueva decepción hasta estar más o menos seguros de que iba bien. Pero las excusas para ir a casa de alguno cuando nos invitaban se nos acababan, ya que yo tenía que estar en reposo, y tuvimos que decirlo a los que no nos quedó más remedio, pero advirtiéndoles de que no dijeran nada hasta pasado un tiempo.
No hace falta decir lo que se alegraron, sobre todo por el último año que llevábamos vivido. Mi padre se alegró mucho aunque el me decía que si no salía bien debía de pensar que nos teníamos Juan Carlos y yo y lo que nos queríamos. El no deseaba que yo sufriera más, pero a estas alturas, ya formaba parte de mí y aunque teníamos miedo, ya lo queríamos.
Seguí con el reposo y me citaron para hacerme una segunda ecografía en la que hacía la octava semana de embarazo.



SEGUNDA ECOGRAFÍA. HABÍA VIDA


El día 28 de febrero de 2008 me hicieron la segunda ecografía. Esta que la primera vez nos hundió, en la que me dijeron que tenía un aborto diferido. Así que imaginaréis el miedo que teníamos, la incertidumbre.
Me coloqué en la camilla. Empezó con la ecografía. Ninguno de los dos veía nada con los nervios, hasta que la ginecóloga dijo: “Ahí esta” (se refería a su corazón) y subió el volumen para que oyéramos su latido y nos lo señaló para que viéramos como latía. Su corazón, su pequeño corazoncito lleno de vida. ¡Dios mío! que emoción. Los dos nos pusimos a llorar. No era un embrión, no era un feto, era nuestro hijo/a. Nuestro pequeñín. Lógicamente aún no sabíamos lo que era, pero lo que sí teníamos claro era que fuese lo que fuese, que estuviera bien y sano.
Cuando salimos, empezamos a llamar a todo el mundo. Todos estaban esperando. Mi única tristeza aquel día fue no poder llamar a mi madre la primera para poder compartir con ella esa emoción. Pero pensé que ella habría sido la primera en enterarse y que desde el cielo ella compartía mi alegría.
Estaba de 8 semanas y estaba creciendo dentro de mí. Llevaba vida y formaba parte de mí.
Aunque todo parecía ir bien, me siguieron mandando reposo relativo. Debíamos pasar la barrera de las 12 semanas (los 3 meses), para poder relajarnos un poco.
Volvieron a citarme para hacerme otra ecografía 2 semanas después, para ver como seguía evolucionando. Hasta los 3 meses el seguimiento lo hacen en la IVI.

SEGUNDO INTENTO

SEGUNDO INTENTO. ALGO INESPERADO.

Pasaron los meses y volvimos  a hablar con la clínica en julio para quizás, iniciar un nuevo tratamiento para un segundo intento de fecundación IN VITRO pasado el verano.
Y esperamos a que pasara el verano, pero entonces el mundo se me vino encima. Sin yo saberlo, desde un principio, mi madre se estaba muriendo. Lo sabía mi padre y mi tío (su hermano) y no quisieron decirnos nada a mis hermanos ni a mi para no tenernos sufriendo los meses que mi madre viviera.
Mi madre. La fuerte, la que todo lo soportaba, la que a pesar de su malestar, de su dolor, de su miedo, sacaba fuerzas de donde no las tenía para estar ahí para todos,
Mi madre, que tanto apoyo me había dado, que tanto me había ayudado, y ahora yo no podía ayudarla, ¿cómo podía yo ayudarla? Ella no sabía que se estaba muriendo y yo no quise que se enterara porque ella no habría sufrido por ella, sino por nosotros y al menos ese sufrimiento quería evitárselo. El 20 de octubre la ingresaron en la Vega y desde ese momento prometí que no la dejaría sola hasta el final, no me importaba comer, dormir. Los únicos ratos que salía del hospital era para irme a mi casa y poder llorar y desahogarme con mi marido  para que ella no notara nada.
Al menos eso lo conseguí. Mi madre murió el 6 de noviembre de 2006 y ella no supo que se moría.
Desde ese momento me sumí en una profunda depresión. No me importaba nada ni nadie, sólo quería morirme. Mi madre tenía 60 años y muchas ganas por vivir. Mi dolor más grande era ese, sus ganas de vivir, porque además de la enfermedad que le costó la vida y a pesar de los achaques que tenía,  los dolores, y por ello las ciertas limitaciones, siempre tenía una palabra de ánimo, una risa que compartir. Ella siempre decía que cuando salía era para intentar olvidarse de los problemas, para reírse, disfrutar y no amargar a la gente con los problemas de uno. Esa era sin duda su gran virtud. Sus ganas de luchar y su tirar para adelante.
Los días se me hacían eternos. La echaba mucho de menos y me costó ir saliendo del hoyo. Pero lo fui haciendo, muy lentamente , pero lo hice sobre todo por mi marido, que estuvo ahí desde el principio, con una paciencia y un amor tremendo. Ayudándome en mi ánimo, las gestiones legales, con mis hermanos ….



SEGUNDO INTENTO. VOLVER A CREER.

Mi madre murió en noviembre de 2006 y en septiembre de 2007, a pesar de seguir todavía con la depresión y la tristeza por su perdida, decidimos volver a intentar un segundo tratamiento. Yo lo hablé con mi psicóloga y me dijo que como era una decisión que ya habíamos tomado en su momento, no me supondría un estado nuevo de ansiedad, que la pena y el dolor tenían su proceso y que por otro lado, esta decisión me haría bien para ir reconduciendo las etapas de mi vida, que me aportaría una nueva visión con la ilusión de empezar de nuevo el proceso para intentar ser padres. También me cambiaron la medicación que tomaba para que no hubiera ningún problema, e incluso para quedarme más tranquila hablé con el Instituto Teratológico de Madrid (informan a las mujeres embarazadas o posibles embarazadas, de los riesgos, contraindicaciones etc. referente a medicamentos). Por si os interesa el teléfono es 91………………..
Así que nos pusimos de nuevo en contacto con la clínica, e iniciamos de nuevo el tratamiento. Anticonceptivo, ecografía, pinchazos, ecografías y por fin la extracción de los óvulos. Pero esta vez no hubo suerte. Había óvulos con los que no pudieron trabajar, y otros que aunque fecundaron bien, luego los embriones no siguieron adelante, por lo que no se pudo llegar a hacer la transferencia. Estábamos preparados por si se daba esa noticia, aunque he de decir que hasta que te llaman esa mañana para decirte si hay transferencia o no se pasa muy mal.
Como esta vez el proceso no terminó, no teníamos que esperar y decidimos volver a intentarlo una vez pasadas las navidades.

lunes, 31 de octubre de 2011

CONOCER, AFRONTAR Y EMPEZAR.

INVITRO- EL MILAGRO DE LA VIDA. Para ÁngelaMe he decidido ha escribir este blog animada por la gente que me quiere, que me conoce, que sabe algo o mucho de mi vida y que me han dicho que merecería la pena compartir con quien quiera mis vivencias, mis sentimientos, mis alegrías y penas relativas al deseo de ser madre y nuestra decisión de someternos a una fecundación IN VITRO.
Dicen que los sueños hay que perseguirlos y en mi caso lo hemos hecho, pero conscientes, muy conscientes de que no podría salir como queríamos y lo teníamos asumido. Si se conseguía maravilloso y si no, debíamos pensar que aún así, teníamos mucha suerte de tenernos y de querernos.



CONOCER EL PROBLEMA. VER LAS OPCIONES


Tengo 37 años y mi marido 39. Llevamos casados 11 años y medio y por circunstancias de la vida no pudimos empezar a buscar un embarazo antes.
Cuando nos decidimos resulta que no fue tan fácil como pensábamos y hartos de ilusionarnos y comprar en más de una ocasión en la farmacia los test de embarazo sin el resultado deseado, decidimos hacernos pruebas para ver que pasaba.
Todas las pruebas, tanto las realizadas a él como a mi salieron bien y nos decían que posiblemente sería por el estrés, por la ansiedad que acumulábamos por los problemas de la vida.
Al final decidimos ir a una clínica de reproducción asistida, en nuestro caso la IVI de Murcia, y una vez sopesadas las posibles opciones, empezamos con el tratamiento para una fecundación in vitro.
El tratamiento empieza, para quien no lo sepa, (por lo menos en mi caso), tomando durante un mes (21 días) pastillas anticonceptivas. Después ya se empieza con la estimulación ovárica a través de una medicación que te tienes que ir pinchando en la barriga todos los días. Durante el tiempo que dura esto te van haciendo ecografías para ver como  evolucionan los ovocitos, cuantos hay, su tamaño. Y ya cuando el tamaño es el adecuado en torno a 12-14 días (mas o menos, no me acuerdo exactamente), te citan para hacerte la extracción de los óvulos y así empezar con la aventura de intentar ser padres.



PRIMER INTENTO. LA ILUSIÓN.

En enero de 2006 empezamos nuestro primer viaje por la fecundación IN VITRO, y después del consiguiente tratamiento, extracción y fecundación de los óvulos, al cabo de unos días, me llamaron para decirme que había embriones viables y que fuéramos para hacer la transferencia, es decir, para implantar los embriones en mi útero.  A los quince días me citaron para hacerme un análisis de sangre para ver si estaba embarazada y sobre la una del mediodía me llamaron para decirme que si, que estaba embarazada. No pude contener el llanto de alegría y llamé corriendo a mi marido que esperaba nervioso mi llamada. En esos días previos me sentí emocionada, expectante, ilusionada pero también con los pies en la tierra no queríamos ilusionarnos antes de tiempo y por otro lado a mi madre le acababan de detectar una grave enfermedad y mi alegría (tanto tiempo esperada), no podía ser completa.
Sobre los quince días más o menos, nos citaron para hacer una primera ecografía y ver si los embriones habían implantado bien. Durante esos días no paraba de tener mi mano en mi barriga, quería que de alguna forma me sintieran y quisieran agarrar en mí. En esta primera ecografía parecía que los dos embriones habían agarrado, nos daba igual que fueran dos, no teníamos miedo. Doble trabajo pero también doble ilusión. Pero había que esperar a la siguiente.



PRIMER INTENTO. LA TRISTEZA


Después de una primera ecografía donde parecía que los dos seguían adelante, diez días o quince después en la segunda ecografía sólo estaba uno, pero además parecía no haber latido. Con la tristeza y las ilusiones por los suelos nos dijeron que para asegurarnos me harían otra ecografía 2 días después. Y se confirmó. No se oía latido. Había tenido un aborto diferido a los 2 meses (8 semanas) y tenían que realizarme un legrado. Fui a la Vega y con las indicaciones que me dieron en la clínica me citaron para el día siguiente. Estuve ingresada un día. Mi madre quería estar conmigo pero la pobre se encontraba tan mal por la medicación que no quise que viniera. En los días siguientes cuando me llamaba y yo me ponía a llorar, ella, a pesar de lo mal que estaba, me decía que porqué no la llamaba para desahogarme. Yo no quería preocuparla, bastante tenía con lo suyo. Tenía una pena tan grande.
Supongo que cualquier pareja que decide tener un hijo, desde ese primer momento en que uno sabe que esta creciendo dentro de ti lo quieres, pero además, quién haya pasado por un tratamiento de fecundación lo sabe. Como el proceso es complicado y se debe pasar por varias etapas hasta culminar en el embarazo la ilusión es distinta porque te tienes que ir ilusionando poco a poco, paso a paso y cuando llega,  la explosión de alegría es inmensa.
Esto fue sobre marzo y a pesar de seguir queriendo intentarlo tenía que esperar y además, necesitaba estar psicológicamente fuerte para volver a pasar por el proceso y para olvidar un poco la tristeza por lo sucedido.