jueves, 17 de noviembre de 2011

UN EMOTIVO Y BUEN REPORTAJE

Por si acaso desaparece el enlace en La Verdad, este es el vídeo colgado en youtube.
Primera parte
http://youtu.be/xIlni6NKGiU


Segunda parte
http://youtu.be/PTDTkw_rWus


El periodista Raúl Hernández hizo un muy buen trabajo en su programa Latidos Urbanos y siempre le estaré agradecida por el bonito homenaje que le hizo a nuestra hija.

MI MUNDO CAMBIÓ.

EL PARTO. EL FINAL

Día 15 de octubre. Salí de mi casa contenta y a la vez nerviosa, pensando al cerrar la puerta, que la próxima vez que la abriera llevaría a mi hija en brazos.

Este día ingreso en la Arrixaca. A  primera hora de la mañana, pasé por la UDO para hacerme monitor y después me pusieron una medicación vía vaginal llamada propess que era para ir madurando el cuello del útero y ver si durante ese día se provocaba el parto. Me subieron a planta. Nadie sabía que estábamos allí. Queríamos estar tranquilos, disfrutar de esos momentos y después llamar para dar la noticia.

Pasé el día tranquila. Estuve paseando con mi marido por el pasillo, y sobre las 9 de la noche me pusieron monitor. Tenía muchas contracciones y empezó a subirme la fiebre. Me quitaron la medicación y me bajaron a paritorios. Sólo había dilatado 2 cm. y una vez que la fiebre empezó a remitir, volvieron a subirme a planta. Me pusieron una medicación para descansar y a esperar al día siguiente.

No descansé casi nada. Ya estaba nerviosa. Ahora sí. Ya había llegado el momento. A las 8:15 de la mañana me bajaron a paritorios.

Me rompieron las aguas, me pusieron la epidural y también oxitocina para ir provocando las contracciones. Pero el parto iba muy lento, la dilatación no progresaba. Yo entré al paritorio con 2 cm de dilatación y a las 6 de la tarde estaba todavía con 4 cm.

Lo que ocurrió desde esa hora hasta las 23:30 y el fatídico desenlace podéis verlo en una entrevista que nos hicieron en la tele en la siguiente dirección:

También podéis verlo en esta dirección, que es un blog que el periodista que nos hizo la
entrevista tiene, y aparte de todo es muy bonito.

http://blogs.laverdad.es/diariodeunpadreprimerizo/2009/5/20/en-memoria-angela

Desde las 18:20 hasta el final, en las que yo veía las bradicardias de mi hija, fue una autentica tortura. Nadie me hacia caso. Cada vez que yo veía pasar a alguien, pensaba ¡por fin! ya vienen a ayudarme, ya me toca a mi, ya me van ha hacer caso. Pero pasaron los minutos, pasaron las horas y nadie hizo nada. Le pedía a mi madre que por favor me ayudara, que ayudara a mi hija. Pero nadie, nadie, hizo nada.

Día 16 de octubre. Esté día debías nacer Ángela. Esté día iba a ser el más feliz en la vida de tu padre y la mía. Esté día está grabado a fuego en mi mente, en mi corazón y en mi alma.
¡Ángela!, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?. No es posible, mi dulce tesoro. Mi hija. Si pudiera decirte en palabras lo que te quiero, no podría. Tendrían que abrirme el pecho y verme el corazón para ver lo mucho, muchísimo que te amo.






martes, 15 de noviembre de 2011

ULTIMO DIA. RECUERDOS

Llegó el 14 de octubre. Fecha probable de parto. Pero nada. Ese día tenía cita en la UDO de la Arrixaca. Me hicieron monitor y me reconocieron. Aunque estaba verde, la ginecóloga que me vio decidió programarme el parto, me dijo que como era una IN VITRO y que había desarrollado una diabetes gestacional, aunque controlada, era mejor. Bueno ya estaba decidido. Tenía hora por lo privado el día 16, pero de esta forma dejé de calentarme la cabeza. Había estado dándole mil vueltas hasta último momento de donde dar a luz, pero al final pensamos que hacíamos bien. Íbamos a estar en la Arrixaca. Era un parto programado y además ya me daba miedo esperar hasta el jueves 16 después de que me hubieran dado hora para el día siguiente.

Ya estaba ahí. Había llegado el momento. Después de nueve maravillosos meses, faltaban horas para tenerla en mis brazos. Esa noche se hizo larga, pero me sirvió para recordar todos los maravillosos momentos que habíamos pasado con Ángela.

Recuerdo el día que me hicieron la transferencia. Era Santa Ángela. 27 de enero. Recuerdo el día que me llamaron para decirme que estaba embarazada y el tiempo que estuve en reposo porque estaba manchando. ¡Que miedo pasé! sólo quería que aguantaras, que fueras fuerte. ¡Eras tan importante ya para nosotros! Recuerdo con especial emoción, la primera vez que oímos tú corazón, esa sensación de saber que llevas vida dentro, que en mi interior estabas creciendo. Recuerdo el día que nos dijeron que eras una niña, como nos miramos tu padre y yo y casi al unísono dijimos tu nombre: - "Ángela"-. Recuerdo el ansia que tenía por notarte, y la alegría tan inmensa que sentí cuando note tu primer movimiento. Igualmente, recuerdo la cara de tu padre cuando al poner la mano en mi barriga noto ese pequeño movimiento. Recuerdo el miedo que pasaba en cada reconocimiento hasta que me decían que estabas bien. Recuerdo cada una de las 16 ecografías que te hicieron. ¡Cómo íbamos viendo tus cambios!. Especialmente recuerdo una en la que aún sólo medias cuatro centímetros pero estabas totalmente formada y moviendo tus pequeñas piernecitas y bracitos. También recuerdo la ecografía de las 3D-4D porque además de decirnos que estabas perfectamente, vimos tu preciosa carita por primera vez. Recuerdo lo relajada que te quedabas cuando te ponía música clásica, o cuando te asustaba el agua de la ducha y yo te cantaba. Recuerdo lo que te gustaba oír la voz de tu padre y cuando te estirabas y el pasaba la mano por mi barriga, tu te sentías mejor. Recuerdo como nos dabas las buenas noches al acostarnos y tus primeros movimientos al despertarte. Recuerdo los tics que me daban en la barriga cuando te daba hipo. También los baños que nos dimos en el mar, imaginándote al año siguiente disfrutando de la arena, el sol y el mar. Recuerdo con la ilusión que estuvimos comprando todas tus cositas. ¡Lo que pudimos disfrutar!, así como decorando tu habitación y guardándolo todo en sus cajones. Recuerdo el tendedero lleno con tus pequeños bodys, la gracia que nos hacía. Recuerdo como me acordaba de mi madre pensando que no podría disfrutarte, con la ilusión que le hacía ser abuela. Recuerdo cuando comía ajo que te movías como una loca. También recuerdo todas las cosas que sí te gustaba que comiera, porque te calmabas. Recuerdo lo buena que eras por la noche. Dormías de un tirón.  Recuerdo la ilusión que me hacía ir viendo como crecía mi barriga al compás tuyo. Recuerdo la emoción que me embargaba cuando pensaba en el primer momento en que te viera por primera vez. Tenía tantas ganas de comerte a besos. De ver tus pequeños piececitos. Esos piececitos que me daban pequeñas pataditas en la vejiga y me hacían ir al cuarto de baño cada dos por tres, pero que a mi me hacía gracia cuando sentía esas pequeñas pataditas. Recuerdo que empecé a pensar que era tanto lo que quería disfrutarte, que cuando me imaginaba a la gente viniendo a verte, cogiéndote en brazos, me daba como celos el pensar que me robaran esos minutos contigo. Cuando me decían que se me había acabado el dormir por las noches, yo les contestaba que me daba igual, que así más tiempo para disfrutarte.

Ya se acababa. Todos estos recuerdos y muchos más que guardo en mi corazón y en mi alma, son los maravillosos nueve meses que te llevé dentro. Esos maravillosos nueve meses que tu padre y yo disfrutamos día a día, porque teníamos tanto miedo de que te pasara algo. Cada día era una meta. Una alegría. Un mundo de recuerdos. ¡Qué poco quedaba para empezar a tener nuevos recuerdos!

Ángela, ¡cuanto amor!.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

PREPARANDO LA MALETA

El 14 de octubre cumplía. Si no me había puesto de parto antes, ese día tenía hora en la UDO de la Arrixaca para hacerme monitor, ecografía y ver como estaba. El 16 me había dado hora la ginecóloga de lo privado, también para ver como iba y lo que haríamos si no me había puesto de parto.

Habíamos hablado de conservar sangre del cordón umbilical, pero nos dijeron que en la Arrixaca no dejaban coger muestras y aunque por lo privado no había problema, casi teníamos decidido que daría a luz en la Arrixaca, pensando que aunque yo no tendría las comodidades de la privada, si había algún problema, en la Arrixaca había UCI neonatal y mejor equipamiento "material". No podríamos coger muestras del cordón, pero eso era para un futuro y ahora lo importante era que naciera bien. No nos quedaba otra.

Por si acaso me ponía de parto antes, ya tenía preparado nuestro equipaje. Si al final daba a luz en la Arrixaca necesitaba menos cosas para mi y para ella sólo necesitaba la ropita que le pondría para salir. Como no tenía muy claro el tiempo que haría le puse dos conjuntitos. Uno se lo había comprado yo. Era una pequeña camisita con unos pantaloncitos rosas y con muñequitas de Hello Kitty. Los calcetines iban a juego, con una muñequita en cada uno. ¡Me encantaba¡, no hacía más que imaginármela con el conjunto y los pequeños calcetines. Pero como era de tela fina, por si acaso eché un conjunto que me había regalado me suegra. Era de Aghata Ruiz de la Prada. Monísimo. Era de dos piezas también, pero esté se veía todavía más chiquitín que el otro. Iría también para comérsela. Metí también una chupeta, unos bodys, peines, colonia y la toquilla.

La mini cuna ya tenía sus sábanas. El carricoche también. Ya le había cosido un lazo rojo y un escapulario. En vez de cogerlos con imperdibles los cosí. Me costó más trabajo porque con el barrigón era más difícil, pero me daba miedo que en algún momento el imperdible pudiera caerse y se ahogara.

Habíamos visto también como se ponía el capazo en el coche para que cuando fuera Juan Carlos a buscarnos lo llevara bien cogido, ya que yo si podía, quería sacarla en brazos.

Como no me puse de parto, el día 13, que en Murcia era fiesta, nos fuimos a comer fuera. A mí me apetecía mucho comer un pastel de puerros que hacen en un restaurante al que hacía tiempo que no íbamos, y allá que nos encaminamos. ¡Que bien comimos! ¿eh, mi reina?. Tu última comidita fuera de casa.

Mi precioso tesoro. Ya llegaba el día 14. Habían pasado los maravillosos nueve meses que te llevaba dentro. Tú eres el mejor regalo del mundo. ¡Mi vida!.

ULTIMOS PREPARATIVOS

PREPARANDO LA HABITACION

Durante el mes de agosto, tuve que ir a dos revisiones más. Una en la Arrixaca y otra por lo privado. Todo seguía bien. En la privada además me hicieron otra ecografía y su crecimiento seguía siendo normal. Su corazoncito cada vez era más grande. Toda ella, era ya una pequeña gran muñequita.

De vuelta de la playa, empezamos a comprar las cosas para montarle la habitación. Aunque dormiría en nuestra habitación, en la suya la pintamos, de azul porque a pesar de ser niña me gustaba ese color por ser relajante, le pusimos la lámpara, las cortinas con motivos infantiles, el mueble bañera, un sofá pequeño donde poder darle las tomas con tranquilidad, sobre todo por las noches, el carricoche, de momento la mini cuna (aunque después la pasaríamos a nuestra habitación), y el armario con todas sus cositas, que poco a poco fui lavando para que todo estuviera recién limpio y con buen olor. Le compré suavizante nenuco y olía tan bien su ropita. Era tan gracioso ver el tendedero con toda su pequeña ropa, y luego a la hora de plancharla, como era tan pequeñita costaba un poco, pero al final todo quedó colgado en el armario y guardado en sus cajones.

Tantos años esa habitación vacía y ahora estaba tan bonita esperando la llegada de Ángela.

Ya era septiembre. Ya faltaba poco. Cada vez me costaba más trabajo dormir porque al estar más grande, la pobrecita intentaba ir buscando su hueco, su postura y a veces era como si notara que me empujaba las costillas hacia arriba. Otras entre el ardor y las veces que me levantaba al cuarto de baño era una odisea. Yo pensaba que qué sabio era el cuerpo, porque así de esta manera lo ibas acostumbrando a estar preparado para luego dormir poco. Y la verdad, no me importaba. Iba cansada pero estas horas que pasaba despierta, las empleaba en pensar en ella, en acariciarme la barriga, en disfrutar todos esos momentos. Se portaba tan bien durante la noche. ¡Era una dormilona!

Mi niña. Mi hija. Ángela vida mía. ¡Cuanto amor nos das!



CUIDÁNDOTE. ULTIMO MES

A lo largo del embarazo fui sintiendo, disfrutando, de cada momento con Ángela. Llevé un cuidado exagerado con ciertas cosas, como no llevar zapatos muy altos por miedo a caerme, ir bien alimentada para que ella fuera engordando bien y a la vez yo no cogiera mucho peso, no llevar el móvil cerca, hacer respiraciones profundas para que le llegara bien el oxigeno, no poner la tele o la radio fuerte. Algunas cosas sé que las llevé al extremo, pero me sentía mejor haciéndolas así. También procuraba hablarle mucho, decirle cuanto la quería, lo feliz que me hacía. Intentaba reírme con bastante frecuencia porque quería que mi hija notara esa felicidad y que sintiera que cuando llegara a este mundo íbamos a  hacerla muy feliz. Me acariciaba la barriga tanto, que a algunos amigos les hacía gracia y me decían- que la iba a marear con tanta vuelta-. Le ponía música clásica, porque decían que era bueno, sobre todo de Mozart. Juan Carlos se compró el CD de Mónica Naranjo y cuando lo ponía en el coche ella se movía. No sé si es porque le gustaba o porque no. Pero nos hacía gracia como respondía ante ciertas cosas.

A veces se estiraba tanto que parecía que la piel se mi iba a abrir. Entonces Juan Carlos me pasaba la mano, por lo que sería su pequeña espaldita y entonces se relajaba. Le encantaba cuando su padre le hablaba o la acariciaba. Aunque parezca increíble, es cierto, lo conocía muy bien.

Ya estaba hecha un ovillito. La cabecita la tenía hacia abajo, la espaldita en el lado derecho de mi barriga, el culito arriba y las piernecitas doblaban hacía abajo (en dirección a la cabecita). Su posición era buena. Ya faltaba poco. Después de tantos días, de tantos meses, estábamos tan cerca de cogerla en brazos. Pero teníamos paciencia, porque sólo queríamos que el embarazo llegara a su fín para que ella estuviera bien, aunque es cierto que el último mes se hace más pesado.

Era la recta final. Ya habíamos empezado con los monitores, tanto en la Arrixaca como en lo privado. Comprobaban sus latidos y como andaba de contracciones. De momento todo bien, todo tranquilo.

¡Estabas agustito! ¿Verdad hija? Mi tesoro.



LLEGANDO AL FINAL

Hacía tiempo que no hablaba ni veía a mi psicóloga-amiga, así que me llamó para preguntar como estaba y me dijo que tenía ganas de verme. Me pasé por su consulta y se alegró mucho de verme tan gordita y que a pesar de echar de menos a mi madre y pensar que no iba a estar en esos momentos tan maravillosos, yo estaba feliz. Después de tantas lágrimas, tanto dolor, me sentía feliz. Ella sabía que yo cumpliría el 14 de octubre, por lo que quedó en llamar.

Me acuerdo que no paraba de mirarme la barriga en el espejo. La acariciaba y le decía a Ángela que pronto estaría en mis brazos. Había visto en un reportaje un parto en el que relataban que cuando sale el bebé y cruza esa primera mirada con su madre, era un momento mágico. Yo soñaba con ese momento. Me imaginaba sus pequeños ojitos mirándome por primera vez. Sabiendo en ese momento que yo era su madre. Pensaba en la primera vez que oyera la voz de Juan Carlos, que tan bien reconocía dentro de mi barriga.

Llegó final de septiembre y mi amiga-vecina, se puso de parto. ¡Qué emoción! Su pequeñín ya llegaba al mundo. Fue un parto largo, con alguna complicación, de las que me hablaría con el tiempo porque no quería que me asustara cuando me tocara a mí. Fuimos a ver al pequeñín. Era precioso, y aunque era chiquitín tenía unos ojos muy grandes, muy vivos, que reflejaban aún, el miedo de estar en el mundo. Durante todo el embarazo le dijeron que sería un bebé grande, pero luego su peso fue normal. Estaba bien. Ella ya lo tenía, ya lo conocía, y yo estaba muy emocionada. Pronto yo tendría a mi hija.

En los días siguientes, seguí haciéndome monitores, y todo seguía tranquilo. Pero ¡sorpresa!, en la penúltima ecografía que me hicieron en la UDO de la Arrixaca, me dijeron que su peso era en torno a los 3,665 Kg. ¡Madre mía! y todavía me quedaban unos 10 días. Llamamos a nuestros amigos-vecinos y se lo dijimos. Nos reímos mucho porque decíamos que la que iba a ser una barraquica era nuestra hija, ya que para ser niña era grande.

Yo pensaba si la ropita que le había comprado le estaría, pero no me agobie. Pensé que ya tendría tiempo después, de ir con ella a comprar muchas más cositas.

Tu amiguito ya estaba en el mundo. Ahora te tocaba a ti vida mía. Quedaba ¡tan poquito!

DE VERDAD ERES REAL.

ECOGRAFIA 3D-4D

En los análisis que me habían hecho, me detectaron que tenía diabetes gestacional por lo que tuve que controlar la alimentación y tenía que pincharme todos los días tres veces para comprobar el nivel de azúcar. Pero sin ningún problema, todo controlado. El 2 de julio teníamos cita con la ginecóloga privada. Me hizo una ecografía y por las medidas que ya tenía me dijo que pesaba casi un kilo. Todo seguía bien y mi hija era ya toda una mujercita. Le comenté a la doctora que al día siguiente tenía hora para hacerme una ecografía en 3D-4D y me dijo que no pasaba nada. Mi amiga-vecina ya se la había hecho y ya habíamos visto a su hijo, ¡como se movía! le llamábamos el pequeño Chaqui Chan.

El 3 de julio fuimos a hacerme la ecografía en 3D-4D y  le vimos la carita a mi hija. Le vi como se chupaba el dedo, le vi su pequeño culito, le vi la planta de su pie con sus cinco deditos sobre mi barriga (bueno, por dentro). Era preciosa, pero lo mejor de todo, es que en esta ecografía  miran el flujo de la sangre en el corazón, en el cordón umbilical, miran el cerebro, que las medidas de su cabecita, el fémur y el abdomen estén bien, que su estomaguito se desarrolla correctamente. Cuando terminó, nos dio una copia de la ecografía en CD y una foto de ella. El gesto que tenía en la foto me recordó muchísimo a mi madre y me emocionó. De alguna forma ella estaba participando con nosotros de todas esas emociones, de toda esa alegría.

Cuando llegamos a casa, fuimos enseguida a casa de los amigos-vecinos a enseñarles la ecografía. Pero ¡sorpresa!. Se veía pero no se oía. Llamé a la consulta y me dijeron que volviera a la semana siguiente. Bueno, de esta forma iba a poder verla dos veces.

La semana siguiente volvimos, y esta vez la muñequita estaba durmiendo, por lo que el doctor estuvo apretándome la barriga para que se despertara. Y vaya si la despertó. Menudos bostezos pegaba. Nos partíamos de la risa. Hasta a él le hizo mucha gracia. ¡Que cosa tan bonita! ¡Que mofletes tenía!.

Ya estaba de seis meses y medio. El miedo empezaba a desaparecer. Podíamos empezar a relajarnos un poco. Todo estaba bien. Ella estaba bien. Su peso era bueno. Crecía e iba engordando y ya le habíamos visto su preciosa carita, esa preciosa carita que nos íbamos a comer a besos en cuanto pudiéramos. ¡Mi amor pequeñito!.



EMPEZANDO A SOÑAR

Por fín. Ya estaba de siete meses. Nuestro miedo a que pasara algo poco a poco iba desapareciendo. Ahora podíamos empezar a soñar. Podíamos empezar a hacer planes. El mayor peligro había pasado, porque si ella decidía nacer antes de tiempo, el riesgo era menor. Ya podría vivir por si sola.

Hasta este momento no habíamos comprado absolutamente nada. Es más, ni siquiera me había permitido el capricho de mirar escaparates con ropa o complementos de bebe. Tampoco había querido que nadie me regalara nada todavía, aúnque ya se habían adjudicado el regalarnos algunas cosas, como el carricoche, la bañera, la cuna, la maquita. Bueno, ya podía empezar a buscar, a recrearme, a ilusionarme con su cada vez más cerca llegada.

Al principio me sentía un poco perdida. No sabía muy bien que es lo que tenía que comprar y quizás al no tener a mi madre me hacía sentirme un poco, no se, como que me faltaba su consejo, su ayuda, la ilusión y la alegría que hubiera puesto en cada cosa que hubiéramos visto. Pero como siempre, Juan Carlos estuvo conmigo y se vino de compras con nosotras. En dos días llenamos dos camas. Creo que no quedó una tienda en Murcia donde no compráramos algo, y eso que sólo compramos lo necesario, bueno y algún caprichillo. Me volvía loca con cada pijamita, con cada body, con los zapatitos, los calcetines, ¡era todo tan pequeñito!. Juan Carlos y yo disfrutamos como dos enanos y nos mirábamos con ilusión diciéndonos: - ¡hay que ver!, ya creíamos que nunca podríamos estar comprando todas estas cositas.- Pero sí, ahí estábamos los dos, bueno los tres, porque mi pequeñita participaba con nosotros de cada cosa. ¡Como se movía ya! Como ya estaba más grande, ¡se me hacían unos bultos en la barriga!.

¡Hay mi muñequita! ¡Cómo te imaginábamos con todas aquellas cositas!, lo guapa que ibas a estar. Mi pequeñita.

martes, 8 de noviembre de 2011

UNA ILUSIÓN QUE VA CRECIENDO

Estas burbujas, mejor que las del champagne.

Unos días después de cumplir la semana 20, era un viernes, de preguntar al ginecólogo porque no notaba todavía a mi hija, de esperar a notar la famosa sensación de sentir como una culebrina en la barriga, sentí algo parecido a como tener burbujas en el estómago. No se parecía en nada a la sensación que me habían descrito por lo que no sabía si era ella o no, pero cuando lo comenté con la ginecóloga que me tenía que ver por lo privado esa semana siguiente, ella me dijo que sí, que esa sensación que yo notaba como burbujas era ella. ¡Ya la notaba! Notaba a mi hija. Cada vez parecía más real. Ese miedo que tuvimos durante todo el embarazo a que todo fuera bien, que nada saliera mal, nos sirvió para ir disfrutando a nuestra hija día a día, y el empezar a notarla era otro regalo en nuestras vidas.



DISFRUTANDO DE TI

Mi amor, mi pequeña princesita. Poco a poco te iba notando más. Tus movimientos ya los empezaba a notar tu padre. Qué cara puso la primera vez que te notó. Me gustaba cuando por las noches te dábamos las buenas noches y dabas un pequeño golpecito, como deseándonos tú también las buenas noches y ya a dormir toda la noche. Te portabas tan bien cariño mío. Yo tenía ardor y no podía respirar bien por la resequedad de nariz pero tú ni te inmutabas. Pasabas toda la noche durmiendo. Ya por la mañana, después de desayunar te activabas un poco, y tu padre y yo te dábamos los buenos días. Yo te sentía, pero el tenía la suerte de poder besar mi barriga y sentir como tu lo agradecías. Después, de camino al trabajo, cuanto nos reíamos tu padre y yo cuando él te decía que te portaras bien esa mañana y te llamaba "su pequeñica funcionaria".

A media mañana, nos llamaba tu padre o nos ponía un mensaje y nosotras le contestábamos que también lo queríamos. Ya iba estando incómoda en el sillón del trabajo, a pesar de tener un flotador para que no se me clavara el coxis ya que la barriga ya era más grande, pero no importaba, tú estabas ahí y estabas bien.

Que suerte, poder estar trabajando y estar contigo. A la hora de la comida ya estabas más inquieta hasta que comía. No sabía si te gustaba el menú pero una vez satisfecha, volvías a dormirte. Yo aúnque tenía sueño, como me costaba dormir, aprovechaba para leer un rato durante la siesta, mientras tú y tu padre descansabais. Después volvías a despertarte y ya, más descansada, estabas más juguetona. ¡Que preciosa sensación!

La vecina-amiga había visto el reportaje de "En el vientre materno", y quiso dejárnoslo, pero aún seguíamos no queriendo adelantarnos y seguíamos mirando tus cambios semana a semana.

¡Que contentos estábamos!. Mi cielo!.



COMPARTIENDO

Llegó el 9 de junio. El cumpleaños de Juan Carlos. Decidimos invitar a comer a nuestros amigos-vecinos (ella estaba embarazada 15 días más que yo e iba a tener un niño), y nos fuimos a comernos un arroz y bogavante, y hay que ver lo que disfrutamos los seis. Sí, los seis, porque los pequeñines no paraban de moverse y nos reíamos diciendo que los estábamos acostumbrando a comer bien y que luego no iban a querer los potitos. ¡Que día tan bueno pasamos!

En esos días también quedamos con nuestros otros amigos, que ella estaba también embarazada dos meses menos que yo (iba a tener una niña) y me hacía gracia, porque ella me preguntaba cuando le pasaba algo. Sería porque yo lo tenía más reciente.

Pasaron los días y llegó el 24 de junio. Mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos. Invitamos a algunos amigos a cenar a casa y cuando llegó el momento de soplar las velas, mi deseo estaba claro- Que mi hija naciera bien y sanica-. Uno de los regalos que me hizo Juan Carlos fue una figura de cuqui que era una niña comiendo sandía. Y es porque a mí y a mi amiga-vecina nos dio por comer sandía. Yo creo que fue el único antojo que tuvimos. ¡La que pudimos comer! Él siempre tan detallista y ¡que bonito recuero!.

Ya estaba de seis meses y días. Iba creciendo y sus movimientos ya se notaban bastante mejor. La barriga ya me hacía bultitos y cuando, después de pasar el día mi hija oía la voz de su padre, parecía que se volvía loca. Yo le decía a Juan Carlos que a Ángela se le hacía el culico pepsi-cola cuando lo oía, y a él le encantaba. También, aúnque parezca increíble cuando yo me metía a ducharme, creo que no le gustaba el ruido del agua porque no paraba de moverse y entonces yo me ponía a cantarle la abeja maya y a acariciarme la barriga y ella se relajaba y dejaba de moverse. Juan Carlos se moría de la risa cuando me oía, y yo me alegraba porque mi hija se sentía protegida.

¡Mi pequeño tesorico! ¡Cuanto estábamos compartiendo con lo chiquitina que eras todavía! ¡Cuanto amor!