miércoles, 9 de noviembre de 2011

PREPARANDO LA MALETA

El 14 de octubre cumplía. Si no me había puesto de parto antes, ese día tenía hora en la UDO de la Arrixaca para hacerme monitor, ecografía y ver como estaba. El 16 me había dado hora la ginecóloga de lo privado, también para ver como iba y lo que haríamos si no me había puesto de parto.

Habíamos hablado de conservar sangre del cordón umbilical, pero nos dijeron que en la Arrixaca no dejaban coger muestras y aunque por lo privado no había problema, casi teníamos decidido que daría a luz en la Arrixaca, pensando que aunque yo no tendría las comodidades de la privada, si había algún problema, en la Arrixaca había UCI neonatal y mejor equipamiento "material". No podríamos coger muestras del cordón, pero eso era para un futuro y ahora lo importante era que naciera bien. No nos quedaba otra.

Por si acaso me ponía de parto antes, ya tenía preparado nuestro equipaje. Si al final daba a luz en la Arrixaca necesitaba menos cosas para mi y para ella sólo necesitaba la ropita que le pondría para salir. Como no tenía muy claro el tiempo que haría le puse dos conjuntitos. Uno se lo había comprado yo. Era una pequeña camisita con unos pantaloncitos rosas y con muñequitas de Hello Kitty. Los calcetines iban a juego, con una muñequita en cada uno. ¡Me encantaba¡, no hacía más que imaginármela con el conjunto y los pequeños calcetines. Pero como era de tela fina, por si acaso eché un conjunto que me había regalado me suegra. Era de Aghata Ruiz de la Prada. Monísimo. Era de dos piezas también, pero esté se veía todavía más chiquitín que el otro. Iría también para comérsela. Metí también una chupeta, unos bodys, peines, colonia y la toquilla.

La mini cuna ya tenía sus sábanas. El carricoche también. Ya le había cosido un lazo rojo y un escapulario. En vez de cogerlos con imperdibles los cosí. Me costó más trabajo porque con el barrigón era más difícil, pero me daba miedo que en algún momento el imperdible pudiera caerse y se ahogara.

Habíamos visto también como se ponía el capazo en el coche para que cuando fuera Juan Carlos a buscarnos lo llevara bien cogido, ya que yo si podía, quería sacarla en brazos.

Como no me puse de parto, el día 13, que en Murcia era fiesta, nos fuimos a comer fuera. A mí me apetecía mucho comer un pastel de puerros que hacen en un restaurante al que hacía tiempo que no íbamos, y allá que nos encaminamos. ¡Que bien comimos! ¿eh, mi reina?. Tu última comidita fuera de casa.

Mi precioso tesoro. Ya llegaba el día 14. Habían pasado los maravillosos nueve meses que te llevaba dentro. Tú eres el mejor regalo del mundo. ¡Mi vida!.

ULTIMOS PREPARATIVOS

PREPARANDO LA HABITACION

Durante el mes de agosto, tuve que ir a dos revisiones más. Una en la Arrixaca y otra por lo privado. Todo seguía bien. En la privada además me hicieron otra ecografía y su crecimiento seguía siendo normal. Su corazoncito cada vez era más grande. Toda ella, era ya una pequeña gran muñequita.

De vuelta de la playa, empezamos a comprar las cosas para montarle la habitación. Aunque dormiría en nuestra habitación, en la suya la pintamos, de azul porque a pesar de ser niña me gustaba ese color por ser relajante, le pusimos la lámpara, las cortinas con motivos infantiles, el mueble bañera, un sofá pequeño donde poder darle las tomas con tranquilidad, sobre todo por las noches, el carricoche, de momento la mini cuna (aunque después la pasaríamos a nuestra habitación), y el armario con todas sus cositas, que poco a poco fui lavando para que todo estuviera recién limpio y con buen olor. Le compré suavizante nenuco y olía tan bien su ropita. Era tan gracioso ver el tendedero con toda su pequeña ropa, y luego a la hora de plancharla, como era tan pequeñita costaba un poco, pero al final todo quedó colgado en el armario y guardado en sus cajones.

Tantos años esa habitación vacía y ahora estaba tan bonita esperando la llegada de Ángela.

Ya era septiembre. Ya faltaba poco. Cada vez me costaba más trabajo dormir porque al estar más grande, la pobrecita intentaba ir buscando su hueco, su postura y a veces era como si notara que me empujaba las costillas hacia arriba. Otras entre el ardor y las veces que me levantaba al cuarto de baño era una odisea. Yo pensaba que qué sabio era el cuerpo, porque así de esta manera lo ibas acostumbrando a estar preparado para luego dormir poco. Y la verdad, no me importaba. Iba cansada pero estas horas que pasaba despierta, las empleaba en pensar en ella, en acariciarme la barriga, en disfrutar todos esos momentos. Se portaba tan bien durante la noche. ¡Era una dormilona!

Mi niña. Mi hija. Ángela vida mía. ¡Cuanto amor nos das!



CUIDÁNDOTE. ULTIMO MES

A lo largo del embarazo fui sintiendo, disfrutando, de cada momento con Ángela. Llevé un cuidado exagerado con ciertas cosas, como no llevar zapatos muy altos por miedo a caerme, ir bien alimentada para que ella fuera engordando bien y a la vez yo no cogiera mucho peso, no llevar el móvil cerca, hacer respiraciones profundas para que le llegara bien el oxigeno, no poner la tele o la radio fuerte. Algunas cosas sé que las llevé al extremo, pero me sentía mejor haciéndolas así. También procuraba hablarle mucho, decirle cuanto la quería, lo feliz que me hacía. Intentaba reírme con bastante frecuencia porque quería que mi hija notara esa felicidad y que sintiera que cuando llegara a este mundo íbamos a  hacerla muy feliz. Me acariciaba la barriga tanto, que a algunos amigos les hacía gracia y me decían- que la iba a marear con tanta vuelta-. Le ponía música clásica, porque decían que era bueno, sobre todo de Mozart. Juan Carlos se compró el CD de Mónica Naranjo y cuando lo ponía en el coche ella se movía. No sé si es porque le gustaba o porque no. Pero nos hacía gracia como respondía ante ciertas cosas.

A veces se estiraba tanto que parecía que la piel se mi iba a abrir. Entonces Juan Carlos me pasaba la mano, por lo que sería su pequeña espaldita y entonces se relajaba. Le encantaba cuando su padre le hablaba o la acariciaba. Aunque parezca increíble, es cierto, lo conocía muy bien.

Ya estaba hecha un ovillito. La cabecita la tenía hacia abajo, la espaldita en el lado derecho de mi barriga, el culito arriba y las piernecitas doblaban hacía abajo (en dirección a la cabecita). Su posición era buena. Ya faltaba poco. Después de tantos días, de tantos meses, estábamos tan cerca de cogerla en brazos. Pero teníamos paciencia, porque sólo queríamos que el embarazo llegara a su fín para que ella estuviera bien, aunque es cierto que el último mes se hace más pesado.

Era la recta final. Ya habíamos empezado con los monitores, tanto en la Arrixaca como en lo privado. Comprobaban sus latidos y como andaba de contracciones. De momento todo bien, todo tranquilo.

¡Estabas agustito! ¿Verdad hija? Mi tesoro.



LLEGANDO AL FINAL

Hacía tiempo que no hablaba ni veía a mi psicóloga-amiga, así que me llamó para preguntar como estaba y me dijo que tenía ganas de verme. Me pasé por su consulta y se alegró mucho de verme tan gordita y que a pesar de echar de menos a mi madre y pensar que no iba a estar en esos momentos tan maravillosos, yo estaba feliz. Después de tantas lágrimas, tanto dolor, me sentía feliz. Ella sabía que yo cumpliría el 14 de octubre, por lo que quedó en llamar.

Me acuerdo que no paraba de mirarme la barriga en el espejo. La acariciaba y le decía a Ángela que pronto estaría en mis brazos. Había visto en un reportaje un parto en el que relataban que cuando sale el bebé y cruza esa primera mirada con su madre, era un momento mágico. Yo soñaba con ese momento. Me imaginaba sus pequeños ojitos mirándome por primera vez. Sabiendo en ese momento que yo era su madre. Pensaba en la primera vez que oyera la voz de Juan Carlos, que tan bien reconocía dentro de mi barriga.

Llegó final de septiembre y mi amiga-vecina, se puso de parto. ¡Qué emoción! Su pequeñín ya llegaba al mundo. Fue un parto largo, con alguna complicación, de las que me hablaría con el tiempo porque no quería que me asustara cuando me tocara a mí. Fuimos a ver al pequeñín. Era precioso, y aunque era chiquitín tenía unos ojos muy grandes, muy vivos, que reflejaban aún, el miedo de estar en el mundo. Durante todo el embarazo le dijeron que sería un bebé grande, pero luego su peso fue normal. Estaba bien. Ella ya lo tenía, ya lo conocía, y yo estaba muy emocionada. Pronto yo tendría a mi hija.

En los días siguientes, seguí haciéndome monitores, y todo seguía tranquilo. Pero ¡sorpresa!, en la penúltima ecografía que me hicieron en la UDO de la Arrixaca, me dijeron que su peso era en torno a los 3,665 Kg. ¡Madre mía! y todavía me quedaban unos 10 días. Llamamos a nuestros amigos-vecinos y se lo dijimos. Nos reímos mucho porque decíamos que la que iba a ser una barraquica era nuestra hija, ya que para ser niña era grande.

Yo pensaba si la ropita que le había comprado le estaría, pero no me agobie. Pensé que ya tendría tiempo después, de ir con ella a comprar muchas más cositas.

Tu amiguito ya estaba en el mundo. Ahora te tocaba a ti vida mía. Quedaba ¡tan poquito!

DE VERDAD ERES REAL.

ECOGRAFIA 3D-4D

En los análisis que me habían hecho, me detectaron que tenía diabetes gestacional por lo que tuve que controlar la alimentación y tenía que pincharme todos los días tres veces para comprobar el nivel de azúcar. Pero sin ningún problema, todo controlado. El 2 de julio teníamos cita con la ginecóloga privada. Me hizo una ecografía y por las medidas que ya tenía me dijo que pesaba casi un kilo. Todo seguía bien y mi hija era ya toda una mujercita. Le comenté a la doctora que al día siguiente tenía hora para hacerme una ecografía en 3D-4D y me dijo que no pasaba nada. Mi amiga-vecina ya se la había hecho y ya habíamos visto a su hijo, ¡como se movía! le llamábamos el pequeño Chaqui Chan.

El 3 de julio fuimos a hacerme la ecografía en 3D-4D y  le vimos la carita a mi hija. Le vi como se chupaba el dedo, le vi su pequeño culito, le vi la planta de su pie con sus cinco deditos sobre mi barriga (bueno, por dentro). Era preciosa, pero lo mejor de todo, es que en esta ecografía  miran el flujo de la sangre en el corazón, en el cordón umbilical, miran el cerebro, que las medidas de su cabecita, el fémur y el abdomen estén bien, que su estomaguito se desarrolla correctamente. Cuando terminó, nos dio una copia de la ecografía en CD y una foto de ella. El gesto que tenía en la foto me recordó muchísimo a mi madre y me emocionó. De alguna forma ella estaba participando con nosotros de todas esas emociones, de toda esa alegría.

Cuando llegamos a casa, fuimos enseguida a casa de los amigos-vecinos a enseñarles la ecografía. Pero ¡sorpresa!. Se veía pero no se oía. Llamé a la consulta y me dijeron que volviera a la semana siguiente. Bueno, de esta forma iba a poder verla dos veces.

La semana siguiente volvimos, y esta vez la muñequita estaba durmiendo, por lo que el doctor estuvo apretándome la barriga para que se despertara. Y vaya si la despertó. Menudos bostezos pegaba. Nos partíamos de la risa. Hasta a él le hizo mucha gracia. ¡Que cosa tan bonita! ¡Que mofletes tenía!.

Ya estaba de seis meses y medio. El miedo empezaba a desaparecer. Podíamos empezar a relajarnos un poco. Todo estaba bien. Ella estaba bien. Su peso era bueno. Crecía e iba engordando y ya le habíamos visto su preciosa carita, esa preciosa carita que nos íbamos a comer a besos en cuanto pudiéramos. ¡Mi amor pequeñito!.



EMPEZANDO A SOÑAR

Por fín. Ya estaba de siete meses. Nuestro miedo a que pasara algo poco a poco iba desapareciendo. Ahora podíamos empezar a soñar. Podíamos empezar a hacer planes. El mayor peligro había pasado, porque si ella decidía nacer antes de tiempo, el riesgo era menor. Ya podría vivir por si sola.

Hasta este momento no habíamos comprado absolutamente nada. Es más, ni siquiera me había permitido el capricho de mirar escaparates con ropa o complementos de bebe. Tampoco había querido que nadie me regalara nada todavía, aúnque ya se habían adjudicado el regalarnos algunas cosas, como el carricoche, la bañera, la cuna, la maquita. Bueno, ya podía empezar a buscar, a recrearme, a ilusionarme con su cada vez más cerca llegada.

Al principio me sentía un poco perdida. No sabía muy bien que es lo que tenía que comprar y quizás al no tener a mi madre me hacía sentirme un poco, no se, como que me faltaba su consejo, su ayuda, la ilusión y la alegría que hubiera puesto en cada cosa que hubiéramos visto. Pero como siempre, Juan Carlos estuvo conmigo y se vino de compras con nosotras. En dos días llenamos dos camas. Creo que no quedó una tienda en Murcia donde no compráramos algo, y eso que sólo compramos lo necesario, bueno y algún caprichillo. Me volvía loca con cada pijamita, con cada body, con los zapatitos, los calcetines, ¡era todo tan pequeñito!. Juan Carlos y yo disfrutamos como dos enanos y nos mirábamos con ilusión diciéndonos: - ¡hay que ver!, ya creíamos que nunca podríamos estar comprando todas estas cositas.- Pero sí, ahí estábamos los dos, bueno los tres, porque mi pequeñita participaba con nosotros de cada cosa. ¡Como se movía ya! Como ya estaba más grande, ¡se me hacían unos bultos en la barriga!.

¡Hay mi muñequita! ¡Cómo te imaginábamos con todas aquellas cositas!, lo guapa que ibas a estar. Mi pequeñita.

martes, 8 de noviembre de 2011

UNA ILUSIÓN QUE VA CRECIENDO

Estas burbujas, mejor que las del champagne.

Unos días después de cumplir la semana 20, era un viernes, de preguntar al ginecólogo porque no notaba todavía a mi hija, de esperar a notar la famosa sensación de sentir como una culebrina en la barriga, sentí algo parecido a como tener burbujas en el estómago. No se parecía en nada a la sensación que me habían descrito por lo que no sabía si era ella o no, pero cuando lo comenté con la ginecóloga que me tenía que ver por lo privado esa semana siguiente, ella me dijo que sí, que esa sensación que yo notaba como burbujas era ella. ¡Ya la notaba! Notaba a mi hija. Cada vez parecía más real. Ese miedo que tuvimos durante todo el embarazo a que todo fuera bien, que nada saliera mal, nos sirvió para ir disfrutando a nuestra hija día a día, y el empezar a notarla era otro regalo en nuestras vidas.



DISFRUTANDO DE TI

Mi amor, mi pequeña princesita. Poco a poco te iba notando más. Tus movimientos ya los empezaba a notar tu padre. Qué cara puso la primera vez que te notó. Me gustaba cuando por las noches te dábamos las buenas noches y dabas un pequeño golpecito, como deseándonos tú también las buenas noches y ya a dormir toda la noche. Te portabas tan bien cariño mío. Yo tenía ardor y no podía respirar bien por la resequedad de nariz pero tú ni te inmutabas. Pasabas toda la noche durmiendo. Ya por la mañana, después de desayunar te activabas un poco, y tu padre y yo te dábamos los buenos días. Yo te sentía, pero el tenía la suerte de poder besar mi barriga y sentir como tu lo agradecías. Después, de camino al trabajo, cuanto nos reíamos tu padre y yo cuando él te decía que te portaras bien esa mañana y te llamaba "su pequeñica funcionaria".

A media mañana, nos llamaba tu padre o nos ponía un mensaje y nosotras le contestábamos que también lo queríamos. Ya iba estando incómoda en el sillón del trabajo, a pesar de tener un flotador para que no se me clavara el coxis ya que la barriga ya era más grande, pero no importaba, tú estabas ahí y estabas bien.

Que suerte, poder estar trabajando y estar contigo. A la hora de la comida ya estabas más inquieta hasta que comía. No sabía si te gustaba el menú pero una vez satisfecha, volvías a dormirte. Yo aúnque tenía sueño, como me costaba dormir, aprovechaba para leer un rato durante la siesta, mientras tú y tu padre descansabais. Después volvías a despertarte y ya, más descansada, estabas más juguetona. ¡Que preciosa sensación!

La vecina-amiga había visto el reportaje de "En el vientre materno", y quiso dejárnoslo, pero aún seguíamos no queriendo adelantarnos y seguíamos mirando tus cambios semana a semana.

¡Que contentos estábamos!. Mi cielo!.



COMPARTIENDO

Llegó el 9 de junio. El cumpleaños de Juan Carlos. Decidimos invitar a comer a nuestros amigos-vecinos (ella estaba embarazada 15 días más que yo e iba a tener un niño), y nos fuimos a comernos un arroz y bogavante, y hay que ver lo que disfrutamos los seis. Sí, los seis, porque los pequeñines no paraban de moverse y nos reíamos diciendo que los estábamos acostumbrando a comer bien y que luego no iban a querer los potitos. ¡Que día tan bueno pasamos!

En esos días también quedamos con nuestros otros amigos, que ella estaba también embarazada dos meses menos que yo (iba a tener una niña) y me hacía gracia, porque ella me preguntaba cuando le pasaba algo. Sería porque yo lo tenía más reciente.

Pasaron los días y llegó el 24 de junio. Mi cumpleaños y el santo de Juan Carlos. Invitamos a algunos amigos a cenar a casa y cuando llegó el momento de soplar las velas, mi deseo estaba claro- Que mi hija naciera bien y sanica-. Uno de los regalos que me hizo Juan Carlos fue una figura de cuqui que era una niña comiendo sandía. Y es porque a mí y a mi amiga-vecina nos dio por comer sandía. Yo creo que fue el único antojo que tuvimos. ¡La que pudimos comer! Él siempre tan detallista y ¡que bonito recuero!.

Ya estaba de seis meses y días. Iba creciendo y sus movimientos ya se notaban bastante mejor. La barriga ya me hacía bultitos y cuando, después de pasar el día mi hija oía la voz de su padre, parecía que se volvía loca. Yo le decía a Juan Carlos que a Ángela se le hacía el culico pepsi-cola cuando lo oía, y a él le encantaba. También, aúnque parezca increíble cuando yo me metía a ducharme, creo que no le gustaba el ruido del agua porque no paraba de moverse y entonces yo me ponía a cantarle la abeja maya y a acariciarme la barriga y ella se relajaba y dejaba de moverse. Juan Carlos se moría de la risa cuando me oía, y yo me alegraba porque mi hija se sentía protegida.

¡Mi pequeño tesorico! ¡Cuanto estábamos compartiendo con lo chiquitina que eras todavía! ¡Cuanto amor!

lunes, 7 de noviembre de 2011

IR CREYENDO EN EL SUEÑO

PODER COMPARTIR NUESTRO EMBARAZO


4 de abril. Era viernes y recuerdo que esa tarde, después de la mañana de tensión que había pasado esperando que la prueba del pliegue saliera bien, me senté en la terraza, me acaricié la barriga y con el teléfono en la otra mano comencé a llamar a todas las personas que sabía que se alegrarían enormemente. Tías, tíos, amigos. Con quién más trabajo me costo hablar fue con dos amigas de mi madre, por el cariño tan grande. Yo lo sabía y así fue. Ellas se alegraron y lloraron conmigo, por lo que ese embarazo suponía para nosotros. Por lo esperado y deseado. Por lo que llevábamos pasado. Por la ilusión y felicidad que sabían nos aportaría.
¿Cómo puede uno explicar algo, que va mas allá de lo que hasta ese momento conocía? Había pasado muchos años viendo a mis amigas quedarse embarazadas, tener a sus hijos, ver sus emociones, alegrarme por ellas, habernos hecho a la idea y de repente, poder experimentar todo eso que tu veías pero que realmente no llegas a captar al cien por cien hasta que no lo vives tu mismo.
¡Que gracia y  a la vez que bonito!. A la misma vez que nosotros, unos amigos-vecinos también estaban esperando su primer hijo. A nosotros ya nos lo habían dicho dos meses y medio antes pero ellos no sabían nada de lo nuestro (les habíamos dicho que yo tenía un lumbago tremendo y que tenía que estar en reposo). El día que ella me dijo que estaba embarazada, yo estaba esperando para hacerme la prueba al día siguiente, por lo que nuestros hijos se iban a llevar unos quince días.
También otra amiga, ellos ya tenían dos hijos, iban a tener otro hijo, que se llevaría con el mío dos meses.
Me hacía mucha ilusión. Podría compartir con ellas, las dudas, los miedos, los cambios, las ilusiones, sobre todo con la que estaba pared con pared con nosotros.



UN NUEVO REGALO.

El 22 de abril, con 15 semanas de embarazo, fuimos por primera vez a la consulta de la ginecóloga que me vería por lo privado. Le comentamos el caso, la información necesaria, la ginecóloga que me había estado tratando en la IVI, las pruebas que esta entonces nos habían hecho y que todo estaba bien. Una vez comentado todo esto, y de abrirme la cartilla pertinente de embarazo,  me dijo que me tumbara en la camilla que iba ha hacerme una ecografía. Esta era ya la primera que me hacían por la barriga, hasta entonces todas habían sido vaginales.
Sin darnos tiempo casi a mirar, sus palabras me hicieron llorar de nuevo de alegría. –Es una niña- dijo. Acto seguido nos miramos Juan Carlos y yo y le dije: “ANGELA”. Nuestra hija se llamaría ANGELA. Era otro regalo. Nuestro angelito del cielo. Aunque lo más importante era que ella estaba bien, su crecimiento era normal, su corazón latía bien. Mi pequeñica, mi hijica. ¡Dios mío! Cuanto la queríamos. Si hubiera tenido que explicarlo con palabras no habría podido. Tendría que haberme abierto el pecho para que se viera mi corazón.
En un principio yo quería una niña. Después, una vez que sabes que estas embarazada, lo único que quieres es que esté bien, es lo más importante. Me hubiera dado igual que fuera un niño sabiendo que estaba sano, pero he de reconocer que me hizo mucha ilusión que me dijeran que era una niña, y así poder ponerle ANGELA. El 27 de enero fue cuando me hicieron la transferencia de embriones. El 27 de enero era Santa ANGELA y ese día mí hija empezó a crecer dentro de mí.
Los amigos-vecinos iban a tener un niño y cuando les dijimos que nosotros esperábamos una niña les hizo mucha gracia. Comentamos que así tendríamos la parejita. Por el poco tiempo que se iban a llevar y por la cercanía de nuestras casas (pared con pared), se iban a criar casi como hermanos. Nos reíamos y decíamos que serían como gemelos pero en barrigas distintas.
Ya podíamos hablarle por su nombre, decirle cosas más concretas. Mi hija. Nuestra hija. El tesoro de tus padres.



CAMBIOS FÍSICOS.


Estaba de 16 semanas, unos cuatro meses. Es curioso porque hasta el momento en que te quedas embarazada, hablas en meses. ¿Estás de un mes, dos, tres?, pero a partir de entonces los cálculos los haces por semanas y días. Estoy de tantas semanas y tantos días, lo cual no corresponde con los meses normales que conocemos. Si sacamos la cuenta, nueve meses serían menos de 40 semanas por eso, a parte de que los ginecólogos te hablan por semanas, realmente los cambios se van viendo semana a semana.
Hasta este momento no había tenido muchas nauseas. Si mucho sueño y procuraba comer en pequeñas cantidades cuatro o cinco veces al día antes de que me notara vacío de estómago. Es decir, antes de que mi pequeñica tuviera hambre. Ya había ensanchado un poco, y empezaba a notarse un poco la barriga, todavía nada significativo pero lo suficiente para que ya no me viniera nada de mi ropa y tener que utilizar ya ropa premamá. ¡Madre mía! Quién me lo iba a decir a mí. Yo utilizando ropa premamá, después de tanto tiempo.
Lo que peor llevé, fue la resequedad tan grande de nariz que tenía. Yo no lo sabía, pero es también un síntoma del embarazo. Muchas veces me sangraba y para dormir ya tenía que ponerme dos almohadas. Con los meses la cosa fue a peor, pero procuraba estar en lugares que tuvieran un nivel bueno de humedad y por las noches tenía que ponerme un humidificador y encender el aire acondicionado no por el calor, sino por quitar la resequedad del ambiente.
También al sentarme, el coxis se me clavaba y aunque me cambiaron el sillón en el trabajo al final tuvieron que dejarme un flotador de los que se compran en una ortopedia.
Daba igual. La resequedad, el dolor al sentarme, el no dormir bien, todo, todo, me daba igual. Estaba embarazada, mi hija estaba bien, y lo importante era ir viendo como iba cambiando semana a semana. No nos permitíamos ir más allá. Nos metíamos en internet para ir viendo como evolucionaba cada semana. Sus cambios, los míos. Aunque tenía curiosidad sólo miraba lo que ocurriría en esos días. Había una página en la que podías ver el cambio de una forma muy curiosa. Ponían una palma de la mano de un adulto, y dentro la mano de un bebe, y según el mes que pincharas veías la diferencia en la mano del bebé con respecto a la del adulto.
Yo me imaginaba la mano de mi hija puesta sobre la mía como sería.
La página es: …………………………………………….



20 semanas. Ya se nota claramente la barriga.

El 29 de mayo me hicieron otra ecografía en la Vega y unos días antes o después también en la Arrixaca. La de las 20 semanas. Miden el fémur, el abdomen, la cabecita, si el estómago está bien, el flujo sanguíneo, el corazón. Todo estaba bien. Mi hija seguía creciendo como una campeona y yo ya podía ir presumiendo de barriga porque de una semana a otra se me empezó a notar claramente. Te sientes como si no hubiera en el mundo otra mujer embarazada nada más que tu, y vas por la calle orgullosa de ir luciendo barriga. A Juan Carlos y a mí sólo nos faltaba llevar unos carteles luminosos con una flecha señalando mi barriga y que dijeran: “¡Eh! Mirad. Aquí está mi hija!-. De todas formas también nos hacían sentir especiales y que mi hija era especial, porque yo creo que no quedó nadie en Murcia que no me acariciara la barriga cuando me veía, cosa que he de decir me daba mucha rabia, porqué había gente con la que no tenía mucha confianza, gente que no tenía mucha delicadeza, y otras veces simplemente no me apetecía que me estuvieran sobando, porque al final te sientes así en determinados momentos. Pero bueno, lo que me encantaba era mirarme en cualquier sitio. Incluso a veces, cuando pasaba de largo por algún sitio donde me reflejaba y miraba conforme caminaba, me sorprendía pensando:- “¡Soy yo! Estoy embarazada y mi hija esta creciendo dentro de mi.-
A mi amiga-vecina a pesar de estar sólo quince días más que yo, se le notaba bastante más que a mi y además ella ya lo notaba moverse.
Estaba de 20 semanas. Me habían hecho ecografías y todo estaba bien, pero aún así me preocupaba no notarla todavía, por lo que se lo comenté al ginecólogo y me dijo que lo normal es notarlos entre la semana 18 a la 22. Así que esperé. Me habían dicho que la primera vez se notaba como una culebrina y que cuando es niña se nota un poco más tarde que cuando es niño, por eso quizás mi amiga-vecina ya había notado a su hijo a las 18 semanas.

LA EVOLUCIÓN DE UN PRINCIPIO

ALEGRÍA CONTENIDA.

En los siguientes días, después de haber oído por primera vez su corazón, no tengo ni que decir que seguí haciendo reposo absoluto, las sensaciones y los sentimientos eran tan intensos y variados. Al estar de baja, pasaba muchas horas sola y tumbada en el sofá, me miraba la barriga y la acariciaba intentando hacerle sentir el enorme amor que sentía por el/ella, la alegría que me proporcionaba. Había ratos en los que lloraba de emoción y otros de tristeza pensando en mi madre, en lo contenta que habría estado, en que no podría disfrutarlo, con la ilusión que le hacía ser abuela. Pero intentaba que esos momentos malos pasaran. No quería que mi hijo/a me notara triste.
Durante estas semanas que tuve que estar en reposo, llamaba a la psicóloga-amiga para hablar con ella y descargar mis emociones. He de decir, por eso añado lo de amiga, que su calidad humana fue más allá de su profesionalidad. Cualquier otro habría basado su trabajo en la mera consulta presencial y ella se ha implicado conmigo de una forma especial, desde entonces hasta hoy he podido contar con ella, fuera de consulta y de su jornada normal y sé que se ha alegrado enormemente con mis alegrías.
Todavía no se lo habíamos dicho a todo el mundo. Queríamos seguir esperando y viendo como iba avanzando. Estábamos contentos, muy contentos pero teníamos miedo.



TERCERA ECOGRAFÍA. Estaba bien.

Cada vez que íbamos a consulta,  el corazón se nos salía hasta comprobar que todo estaba bien.
Esta tercera ecografía me la hizo el ginecólogo que me asignaron en la Arrixaca. Como era un embarazo de alto riesgo me derivaron allí en vez de llevarme la matrona en el centro de salud. Una vez leído el informe de la IVI, y después de pesarme y tomarme la tensión procedió a hacerme una ecografía. Su corazón seguía latiendo con fuerza. Su pequeño cuerpecito empezaba a definirse. Era tan pequeño/a pero tan perfecto/a.
Nuestro hijico/ca. Estaba bien y seguía creciendo. Que cosas tiene la vida. Que milagro es llevar una vida dentro.
Siempre he creído que es un privilegio ser mujer por el simple motivo de poder notar como crece tu hijo dentro de ti. Es una experiencia que no cambiaría por ninguna otra en la vida y por este motivo, por ser yo directamente la que experimentaba el milagro, quería hacer participe a mi marido en todo momento para que él,  aunque no pudiera sentir físicamente los cambios, emocionalmente se sintiera implicado e incluido desde el principio y por eso le hacía que me acariciara y me diera besos en la barriga muchas veces al día y le comentaba lo que yo iba notando, sobre todo cambios emocionales porque quitando alguna angustia que me dio, y los pinchazos normales que te dan por el cambio que va sufriendo el útero, lógicamente aún no se evidenciaba otra cosa.



TRES MESES. EL ALTA DE LA IVI


En esta cuarta ecografía, que también me hicieron en la IVI (ya fue la última allí),  a parte de tranquilizarnos en cuanto lo vimos, nos partíamos de la risa. ¿Como era posible?. No me lo hubiera imaginado en mi vida. Con tan sólo 4 cms ya se veía claramente. Totalmente formado y moviendo sus pequeñas piernecitas y sus bracitos, como si hiciera palmas. La ginecóloga también se rió y comento: - “Mira que contento esta, que alegría tiene”. – No lo sentía todavía, ¡pero se movía, su corazón latía, iba creciendo!. Era real.
 Como ya he comentado era un embarazo de alto riesgo, y me derivaron a la Arrixaca para que me hicieran el seguimiento desde allí en vez de la matrona por el centro de salud. De todas formas como yo tenía seguro privado me recomendaron también una ginecóloga por si quería que me vieran por lo privado.
No queríamos cerrarnos ninguna puerta y preferíamos hacer el seguimiento lo mejor y más completo y decidimos llevarlo por los dos sitios.
En la segunda cita que tuvimos con el ginecólogo de la Arrixaca, volvió a hacerme una ecografía. Era el 4 de abril. Esta era importante. Iba a medir el pliegue de la nuca. Los parámetros eran normales. Otro obstáculo pasado. Pero aún había que hacer la prueba del triple screem. Con la prueba del pliegue y con la de la triple screem, si salen bien y no hay duda, se puede descartar casi por completo hacer una amniocentesis para descartar malformaciones. Pero bueno, paso a paso. La primera prueba estaba bien y todo iba bien. Estaba con la cabeza hacia abajo, como si estuviera sentado/a pero al revés. Ya se distinguía bastante bien su pequeña columna.
Había pasado el periodo de mayor riesgo. Podíamos dar un poco más de rienda suelta a nuestras emociones y podíamos empezar a compartir nuestra alegría con el resto de personas que sabíamos se iban a alegrar igual o más que la familia.

jueves, 3 de noviembre de 2011

TERCER INTENTO. EL MILAGRO DE LA VIDA

TERCER INTENTO. EL MILAGRO.

De nuevo un mes con anticonceptivos, pinchazos, ecografías. Todo bien. Después del tratamiento, la extracción y los días de espera, el 27 de enero por la mañana temprano, nos llamaron para decirnos que si se podía hacer transferencia de embriones.
27 de enero. Miré el calendario para saber a que Santo correspondía. El nombre que vi me emocionó, me hizo creer y tener esperanza y ha marcado nuestras vidas para el resto. Santa ANGELA. Los que me conocéis o sabéis nuestro caso, ya sabéis porqué. Los que no, lo iréis leyendo. Esta vez si. Esta vez tenía que producirse el milagro.
Con la ilusión y la emoción en los cuerpos nos dirigimos a la clínica. El proceso fue igual que la primera vez.
Una vez allí, nos pasaron a una habitación y cuando me hube cambiado me entraron a quirófano, junto con mi marido, para que él pudiera participar del momento.
Me tumbaron en una camilla, y el ginecólogo procedió a introducirme una especie de bastoncillo largo, no sé como llamarlo pero viene a ser como una jeringa con una aguja muy larga que introducen hasta el útero. El seguimiento lo van haciendo a través de una ecografía. En esa especie de jeringa van los embriones y una vez que con la ecografía comprueban el lugar correcto proceden a hacer la transferencia de los embriones. Después comprueban mediante el microscopio que no se ha quedado ningún embrión en la jeringa-aguja.
Ya una vez en la habitación, y después de un tiempo de reposo, nos dieron las indicaciones para seguir el los días siguientes y cuando debíamos ir, para hacerme el análisis de sangre para comprobar si estaba embarazada o no.



EL MILAGRO. AÚN CON DUDAS.

Unos días después de la transferencia de los embriones, el día que ellos nos habían citado,  fui a sacarme sangre a primera hora e igual que la otra vez, quedaron en que me llamaría la ginecóloga que me ha estado llevando desde el principio.
Nos fuimos a mi casa y a media mañana, unos minutos antes de que me llamaran, al entrar al cuarto de baño vi que estaba manchando. Me quedé helada. Se lo dije a mi marido y los dos nos volvimos a sentir hundidos. Pero entonces sonó el teléfono y era mi ginecóloga diciéndome que la prueba había dado positivo. Yo le comenté que estaba manchando y entonces decidió repetirme la prueba una semana después y que mientras estuviera en reposo.
Así lo hice. Pero seguía manchando y una semana después volví para repetir la prueba, aunque he de decir que seguíamos esperanzados, no queríamos tirar las campanas al vuelo.
Volvió a dar positivo, pero como seguía manchando, decidieron hacer un tercer análisis otra semana después. Y mientras tenía que seguir en reposo.
En esta semana el sangrado fue disminuyendo hasta casi desaparecer. Un tercer análisis volvió a confirmar que estaba embarazada.
Ahora había que ver si los embriones seguían hacía adelante y si estaban bien implantados por lo que me citaron para hacerme una ecografía el día 18 de febrero de 2008.



PRIMERA ECOGRAFÍA. Ahí estaba.
El día 18 de febrero de 2008 fuimos a que me hicieran la primera ecografía en la clínica para comprobar que efectivamente estaban ahí.
Y si, ahí estaba. Sólo había uno, pero ahí estaba. De momento podíamos seguir soñando, seguir ilusionándonos, con miedo, pero con esperanza.
Me siguieron mandando reposo relativo, aunque yo lo hice totalmente absoluto. Sólo me levantaba de la cama para acostarme en un sofá o ir al baño. Me pasaba todo el día en la misma postura, sin moverme. Se que era exagerado, pero no quería que si pasaba algo, pudiera plantearme si había sido por mi culpa. Así que no me importó.
Hasta este momento no se lo habíamos dicho a nadie. No queríamos involucrar a la familia, a los amigos en una nueva decepción hasta estar más o menos seguros de que iba bien. Pero las excusas para ir a casa de alguno cuando nos invitaban se nos acababan, ya que yo tenía que estar en reposo, y tuvimos que decirlo a los que no nos quedó más remedio, pero advirtiéndoles de que no dijeran nada hasta pasado un tiempo.
No hace falta decir lo que se alegraron, sobre todo por el último año que llevábamos vivido. Mi padre se alegró mucho aunque el me decía que si no salía bien debía de pensar que nos teníamos Juan Carlos y yo y lo que nos queríamos. El no deseaba que yo sufriera más, pero a estas alturas, ya formaba parte de mí y aunque teníamos miedo, ya lo queríamos.
Seguí con el reposo y me citaron para hacerme una segunda ecografía en la que hacía la octava semana de embarazo.



SEGUNDA ECOGRAFÍA. HABÍA VIDA


El día 28 de febrero de 2008 me hicieron la segunda ecografía. Esta que la primera vez nos hundió, en la que me dijeron que tenía un aborto diferido. Así que imaginaréis el miedo que teníamos, la incertidumbre.
Me coloqué en la camilla. Empezó con la ecografía. Ninguno de los dos veía nada con los nervios, hasta que la ginecóloga dijo: “Ahí esta” (se refería a su corazón) y subió el volumen para que oyéramos su latido y nos lo señaló para que viéramos como latía. Su corazón, su pequeño corazoncito lleno de vida. ¡Dios mío! que emoción. Los dos nos pusimos a llorar. No era un embrión, no era un feto, era nuestro hijo/a. Nuestro pequeñín. Lógicamente aún no sabíamos lo que era, pero lo que sí teníamos claro era que fuese lo que fuese, que estuviera bien y sano.
Cuando salimos, empezamos a llamar a todo el mundo. Todos estaban esperando. Mi única tristeza aquel día fue no poder llamar a mi madre la primera para poder compartir con ella esa emoción. Pero pensé que ella habría sido la primera en enterarse y que desde el cielo ella compartía mi alegría.
Estaba de 8 semanas y estaba creciendo dentro de mí. Llevaba vida y formaba parte de mí.
Aunque todo parecía ir bien, me siguieron mandando reposo relativo. Debíamos pasar la barrera de las 12 semanas (los 3 meses), para poder relajarnos un poco.
Volvieron a citarme para hacerme otra ecografía 2 semanas después, para ver como seguía evolucionando. Hasta los 3 meses el seguimiento lo hacen en la IVI.