martes, 29 de noviembre de 2011

REVIVIR POR SU ALEGRÍA

Hoy después de varios días pensando, he decidido dedicarle el post a mi pequeño ahijado. Ya os he hablado en constantes ocasiones de él, del bien que nos ha hecho y de cuanto lo queremos. Pero hoy me gustaría compartir un poquito más de él, porque es especial, igual que la madre que lo parió (mi amiga-vecina).
Muchas veces he oído la expresión de "Dios aprieta pero no ahoga" y creo que con su venida al mundo a nosotros se nos ha cumplido. No hace falta decir que sobre todo para sus padres y abuelos, su nacimiento fue una bendición, un regalo y sobre todo una alegría inmensa, pero para Juan Carlos y para mí también lo ha sido. Por el nacimiento en sí, por él mismo y porque gracias a la generosidad de sus padres, especialmente de su mamá para conmigo, hemos podido disfrutar de sensaciones, de alegrías, de sonrisas y risas, de cariño y amor, de mimos, besos y abrazos que nos hacen revivir un poquito más cada día y que después de la muerte de Ángela nos parecía tan imposible tener estos sentimientos.
Es especial y más listo que el hambre. Desde bien pequeñito ya tenía diferenciadas sus prioridades y con quién. Con Juan Carlos se deshacía cuando lo veía y movía sus piernecitas y bracitos como un loco para que lo cogiera. A mi me buscaba cuando tenía sueño, entonces era muy gracioso, porque estando en mis brazos cuando se acercaba Juan Carlos le daba pequeñas pataditas y le regruñía para que no lo molestara.
Nos hemos partido de risa al verlo regañar a sus padres o a nosotros señalando con su pequeño dedito cuando hacíamos algo por lo que a él lo regañaban, como caérsele el mando de la tele. Y cuando le ponen música o toca en su pequeño organillo, ¡hay que ver, lo que le gusta bailar!, y mira que es gracioso, porque baila él pero nos va observando a todos para ver si lo miramos y bailamos con él. Cuando se ha llevado algún alimento a la boca para probarlo y se ha puesto a hacer gestos guiñando los ojos o torciendo la boquita porque era un sabor raro para él, ¡cuanta gracia nos ha hecho! porque al darse cuenta de nuestra risa ha seguido haciendo la gracia.
¡Y con sus chapurreos de palabras!. Todavía no se le entiende nada, pero con esa bocecita que pone, nos partimos de risa cuando se pone a hablar, parece tener una conversación de lo más interesante. Le gusta fijarse mucho en las cosas y aprende muy rápido para lo pequeñito que es, por eso si cabe, hace todavía más gracia.
El otro día su última anécdota fue al cogerlo en brazos, yo me había puesto un poquito de raya en los ojos, y como no tengo costumbre el muy pillo se dio cuenta y se puso a pasarme el dedito por el ojo. Me chocó ver que se había dado cuenta.
Me gusta pensar, nos gusta pensar que Ángela está con él, que lo cuida y que lo protege y muchas veces se nos pone la piel de gallina, cuando al entrar a mi casa, en el porche, se va hasta el final y señala donde está la estrella más brillante. Yo le digo que es Ángela, su amiguita y el me mira y vuelve a señalar, como diciendo: "sí, es aquella".
Mi pequeño cansinico te doy las gracias, al igual que a tus padres, por todos los momentos buenos que nos das, por esos grititos que pegas cuando nos ves que demuestran tu alegría al vernos, por tus pequeñitos abrazos y por todo el cariño y el amor que nos das y que también gracias a tus padres podemos darte. Gracias pequeñito por alegrar la vida a todos los que te queremos.
Ángela, mi corazoncito pequeño, nos has dejado tanto amor para poder compartir con todos los que nos quieren y te quieren, que es ¡tan bonito!. Te queremos mi vida.

DISTINTAS EMOCIONES

El mes de noviembre estaría lleno de acontecimientos, buenos y malos, con momentos alegres y tristes. Pero todos ellos inevitables y que a la vez, (la mayoría) se repetirían cada año.

Por un lado Juan Carlos fue a conocer a una personita que había nacido unos meses atrás y que por nuestras circunstancias y otros motivos no había tenido fuerzas para conocer. Yo está vez no pude acompañarle, no me sentía todavía con fuerzas, ni ánimo y no sabía cuanto tiempo podría pasar hasta poder conocerla, pero como esa personita no tiene la culpa de nada y el dolor era todavía tan intenso no quería que mi primer encuentro fuera un mal recuerdo. Así que Juan Carlos fue a conocerla sin decirme nada. Pero unos días después la conversación derivó en su encuentro y me lo contó. Y sé emocionó, y me dijo que lo había pasado muy mal, pero que tenía que dar el paso y yo lo único que pude hacer fue apoyarle y sentir su mal rato y su dolor.

Por otro lado, iba a ser el primer cumpleaños de nuestra ahijada y le encargué a mi amiga-vecina que me hiciera el favor de comprarme ella los regalos, porque al ser una niña me costaba un montón acercarme todavía a las cositas para niñas. Y ese día llamamos a casa de nuestra ahijada y le dije a mi amiga que le diera un besito a su hija de nuestra parte. La pobre se emocionó y quedamos que unos días después iríamos a llevarle los regalitos. Y así lo hicimos. Ya tenía también su primer añito de vida y después de las complicaciones para venir al mundo (fue prematura), se la veía sana y feliz. Ellos estaban emocionados y nosotros también de poder compartir ese primer añito con ellos.

Unos días más tarde sería el tercer aniversario de la muerte de mi madre y este año además coincidía con una misa de duelo que teníamos por el fallecimiento de una persona muy querida para nuestro amigo-vecino. Otra de las casualidades que tiene la vida. Y ese día mientras oía misa, pedí por mi madre y recé por ella y me pareció que el tiempo pasaba rápido y lento. Parecía como si hubiera pasado una eternidad y a la misma vez al recordar, al pensar, comprobabas que el dolor por su ausencia era el mismo y sin embargo y lo curioso es que te das cuenta de que realmente aprendes a vivir con él, y al formar parte de tu vida se hace más llevadero y puedes seguir viviendo, si aprendes y quieres llevarlo, si cuentas con gente que te levante y a la que te puedas apoyar cuando lo necesites.

Y por último, nuestro aniversario de bodas. Hacíamos 12 años de casados y después de mucho tiempo, Juan Carlos me animó y salimos a celebrarlo. Ese día, decidí volver a pintarme un poquito. Sólo un poco de colorete y una raya en los ojos, pero hacía tanto tiempo....... Cuando me vio Juan Carlos no me dijo nada y yo le dije: -"debes de verme igual de guapa sin pintar, porque no te has dado cuenta que después de mucho tiempo me he dado unos rayajos"-. Y el se rió y me dijo que siempre me ve guapa.

Mi precioso ángel. Estás en la tristeza, pero también en cada momento de alegría. Te queremos.

INTENTARLO PARA HACERNOS FUERTES

NUEVA OPORTUNIDAD
Una vez que habíamos pasado el duro trance de llegar al primer aniversario sin Ángela e intentando renovar la ilusión y la esperanza, volvimos a retomar la decisión de intentar volver a ser padres y puesto que ya lo teníamos hablado con la clínica y ya me había puesto la medicación para preparar mi cuerpo, sólo faltaba que el embrión que estaba congelado sobreviviera a la descongelación. Esto sería el 19 de octubre.
Con la incertidumbre de no saber que habría pasado nos dirigimos a la IVI, con la mayor energía positiva de la que éramos capaces y la noticia fue buena. Podía someterme a la transferencia del embrión ya que sí había sobrevivido. De nuevo mi ginecóloga fue la que me asistió en quirófano y de nuevo se mostró muy cariñosa con nosotros deseándonos de todo corazón suerte y dándonos un emotivo abrazo.
Esta vez si lo sabían nuestros amigos-vecinos (nadie más), y ante un proceso nuevo para ellos, se mostraban expectantes, cautelosos, también en parte por no saber muy bien como mostrarse, ya que por un lado estaban contentos y por otro sabían nuestra mezcla de sentimientos y de nuevo el miedo al que nos enfrentábamos. A mi pequeño ahijado preferí no verlo en los primeros días porque me sería muy duro no poder cogerlo cuando me ofreciera sus bracitos. Y como dicen: ojos que no ven corazón que no siente", me resultaba más fácil así, pero lo echaba mucho de menos.
Pasaron los días, y como en las otras ocasiones, estuve de reposo, con precaución, intentando mantener mi ánimo lo más optimista posible, y aunque tenía miedo, está vez no fue tan duro como el otro intento que habíamos hecho antes del verano, en el que ya expliqué porque de ese temor, de ese pavor tan grande a no quedarme embarazada, ya que esa vez lo que yo quería era estar embarazada de nuevo de Ángela.
Unos días antes de la beta, oí a mi pequeño ahijado que estaba fuera con su padre y Juan Carlos, y ya no pude aguantar más y salí. Estaba en brazos de su padre y al verme se volvió como enfadado, pero al acercarme me volvió a mirar y me extendió sus brazos. Con la ayuda de Juan Carlos, que sostuvo su peso, abracé al pequeño que me devolvió un maravilloso abrazo que me estremeció hasta lo más profundo.
Y por fin llegó el día. Fui temprano a sacarme sangre y a media mañana, llamó mi ginecóloga para decirme que no había habido suerte. No había embarazo. Llamé a Juan Carlos y después le puse un mensaje a mi amiga-vecina porque sabía que estaban esperando. Lloré. Lloré y me desahogué y todo el optimismo que había intentado tener esos días se vino abajo. Sin embargo esta vez además de llorar por no conseguir el embarazo, lloraba por miedo. Tenía miedo a no poder quedarme embarazada de nuevo, a pensar que quizás Ángela era la única oportunidad que había tenido para poder tener un hijo. Mi amiga-vecina vino con el pequeño y al menos pude disfrutar de poder cogerlo, agacharme a jugar con el y verlo sonreír mientras lo zarandeaba en el aire. Ellos son la mejor medicina en muchos momentos.
Ángela, queríamos darte un hermanito, pero aún no es posible. Seguiremos luchando porque sé que siempre estarás con nosotros. Te queremos.


COGIENDO FUERZAS
Posiblemente el no quedarme embarazada con estos dos nuevos intentos nos iba a venir bien para ir encontrándonos, para ir volviendo al punto de origen donde una vez, la primera vez con el primer tratamiento, teníamos tan claro. Es decir, si me quedaba embarazada bien y sino, pues bueno dentro de todo teníamos suerte de tenernos el uno al otro, de querernos y llevarnos bien. Y además aunque no pudiéramos disfrutar de nuestra hija, ya éramos padres. Nos había hecho descubrir y disfrutar de ese amor durante nueve maravillosos meses. Nos había dejado soñar y a la misma vez vivir la realidad.
Sin embargo, ahora ese planteamiento que al principio teníamos tan claro, ahora se hacía mucho más duro. Ya no era lo mismo. Sí, nos teníamos el uno al otro, nos queríamos, nos llevábamos bien, pero ahora a pesar de tener miedo por no saber si volveríamos a tener un sentimiento tan grande como el que pudimos descubrir con Ángela, ahora, ya no era tan fácil, porque nuestro sueño lo tuvimos en la punta de los dedos, porque todo aquello que yo no conocía pero que gracias a mi hija pude experimentar, me llenó. Nos sobrepasó. Y es como si quisiéramos poder seguir disfrutando del resto de lo que tanto habíamos imaginado y que nos cortaron de raíz.
De todas formas, debíamos, necesitábamos, sobre todo yo, volver a poner los pies en la tierra. Necesitaba volver a ilusionarme, pero no a obsesionarme. Necesitaba saber que debía volver a luchar, desde el principio, intentando con todas nuestras fuerzas no atormentarnos por lo que ya sabíamos no tenía solución.
Si habíamos llegado hasta allí, si estábamos siendo fuertes a pesar de los pesares, queríamos volver a intentarlo. Mi cabeza empezó a hacer grandes esfuerzos por mirar lo positivo, por girar una y otra vez mis pensamientos hacía todo lo bueno, por intentar quitarme el miedo y por mirar hacia adelante.

¡Estas tan cerca mi amor y a la vez tan lejos! Te siento en mi corazón y en mis entrañas pero no puedo abrazarte ni besarte. Pero ESTAS vida mía, ESTAS. Te queremos.

16 DE OCTUBRE DE 2009

PRIMER ANIVERSARIO CON TODOS

Supongo que en la vida hay tiempo para todo, y al igual que unos días antes habíamos estado comiendo y disfrutando con nuestros amigos y sus tres hijos de los que somos padrinos de su hijita pequeña, ahora, unos días después tocaba compartir momentos tristes, pues era el primer aniversario de la muerte de Ángela.
Un año y el dolor, si que es verdad, no es como al principio porque sino creo que no se podría soportar, y sin embargo el sentimiento de angustia, de impotencia, de miedo, de rabia, por como sucedieron las cosas hacía un año, estaba igual. También es cierto que aprendes a manejar mejor estas sensaciones, pero hay ciertos días en los que no hace falta ni pensar, tu propio yo, te hacen estar diferente, te hacen sentir y experimentar de forma distinta. Es curioso, pero el día anterior y ese mismo día (15 y 16 de octubre), nuestro pequeño ahijado, también se encontraba distinto, estaba más tristón, parecía incluso que estuviera malito. Era como sí el también presintiera o sintiera el día tan triste que teníamos que pasar y no es que todos los días lo pienses, pero si que es cierto que en determinadas fechas uno se remueve más.
Ese día, 16 de octubre, amaneció lluvioso. El cielo lloraba igual que mi corazón. Recuerdo que estaba sentada mirando como caía el agua y yo no podía parar de llorar. No pensaba, simplemente las lágrimas brotaban y dejaba escapar el dolor de mi alma. Recuerdo que me llamó mi amiga-psicóloga sólo para hablar, para que supiera que podía contar con ella, para dejarme desahogarme, para llorar. Como siempre se lo agradecí de todo corazón y me vino bien.
Como el año anterior no pudimos hacerle una misa de funeral porque yo estaba ingresada, (al entierro fueron mis cuñados para acompañar a mi pequeñita), este año queríamos hacerle una misa un poco más especial que la de aniversario y así se lo dijimos al cura y a nuestros amigos y familiares. Y antes de ir a la iglesia, pasamos Juan Carlos y yo por el cementerio a llevarle unas flores a nuestra hija. Es el único regalo que podemos llevarle junto con nuestro amor. Al llegar vimos que le habían puesto otro precioso ramo en un jarrón de cristal y algo que me emocionó en lo más profundo. Le habían puesto un patito de peluche. Mis dos amigas. Mi amiga-vecina (la mama de nuestro ahijado), y la amiga de la misma calle habían ido por la mañana y le habían llevado el ramo y el peluche que sé, que fue cosa de mi amiga-vecina, no podía ser otra.
Luego ya la misa, fue bonita, muy bonita y me sorprendió cuando el cura dijo que le había parecido muy bonito que unos padres que habían perdido a su hija de bebé, de tan reciente, hicieran una misa de aniversario. Pero ¿cómo no la íbamos a hacer?, es nuestra hija, da igual que tuviera un segundo de vida o cuarenta años. Es nuestra hija, un angelito de Dios. Y fue "bonito", porque vinieron todas y cada una de las personas a las que llamamos y que quisieron acompañarnos en ese día.
Mi amor, mi hija, mi tesoro, que año tan duro sin poderte dar todos y cada uno de los besos que guardábamos para ti. Te queremos.

UN SENTIMIENTO INEVITABLE

Hoy escribo este post, porque quizás en su momento no me expresé con claridad sobre mis sentimientos relativos a lo vivido el día que murió Ángela y las consecuencias que han hecho mella en mí y que como madre me han hecho plantearme.
Creo que es inevitable y sí, a veces me pasa y lo he pensado. El sentimiento de culpa. Pero la psicóloga (a la que sigo yendo), me dijo que como madre es normal que lo piense, porque una siempre piensa y quiere en todo momento lo mejor para sus hijos y ante la imposibilidad de poder hacer nada, queda ese sentimiento. No he pensado en lo de la elección de hospital, porque realmente pensamos en su día que hacíamos lo mejor por ella, sobre todo pensando en los medios técnicos de los que disponen en la Arrixaca, desde luego no por el personal, del que no tenía noticias, ni buenas ni malas hasta la fecha, en la que por desgracia al estar metido en estas circunstancias, ya empiezas a saber, a escuchar otras historias y ves que la realidad no es lo que pensabas. Por eso, gran parte de nuestra lucha porque se sepa nuestra historia es por intentar dar a conocer lo que hay allí, (aunque también puede ayudar para otros hospitales), que por supuesto, ya lo he dicho en otras ocasiones, no puedo ni debo juzgar a todos por igual, pero es mejor ir prevenido y sabiendo muchas más cosas de las que sabemos del parto y nuestros derechos.
De lo que sí me queda duda y pienso muchas veces, es porqué no llamamos a nadie de los que conocíamos, porqué no avisamos a amigos o familiares que tenemos que son médicos. Pero rápidamente pienso que NO, que yo no tenía porque pensar nada malo, que estaba en un hospital, que no fui de urgencias, que era un parto programado y por ser In Vitro, de alto riesgo. Así que, aunque a veces piense que podía haber hecho algo más, se que no fue culpa mía y sé que no conduce a nada el pensar "que habría pasado si........." NO. Lo único que sí se me repite una y otra vez, y también trato de quitarme de la cabeza porque tampoco tiene solución y esto si me, si nos vuelve locos, es pensar que si hubieran hecho su trabajo, si me hubieran escuchado, si se hubieran molestado en ver el monitor, si hubieran atendido mis llantos, mi dolor y mi miedo por lo que estaba viendo, mi hija NO HABRÍA SUFRIDO LO INDECIBLE durante más de 3 horas, en las que vi constantes bajadas de su ritmo cardiaco por debajo de 100, 90, 70, 60 y 45 así como alguna que otra taquicardia por encima de 210 intentando luchar como una jabata, hasta que ya no pudo más y murió.
Fue tanta la angustia y desesperación por ver que nadie hacía nada, que si hubiera tenido un cuchillo a mano, me habría rajado yo misma la barriga para sacarla. 
Mi sentimiento es de rabia y de impotencia por saber que mi hija no murió por una enfermedad, no murió porque fuimos de urgencia al hospital y ya no se pudo hacer nada. Intentas con todas tus fuerzas, que esta realidad, que esta rabia e impotencia no dominen tu día a día. Y con esta fuerza que intentamos sacar muchas veces sin saber de donde y otras muchas gracias a la gente que nos quiere, que está pendiente de nosotros y que gracias a sus palabras, a sus consejos, a su compañía tanto bien nos hace. Por eso siempre agradezco en el corazón, vuestras muestras de cariño, de comprensión, vuestro apoyo y ánimo, vuestros consejos llenos de buenos sentimientos.
Y sí, se hace duro, es duro, pero vamos luchando, vamos viviendo, vamos hacía adelante, aunque a veces, es inevitable no mirar atrás y pensar y tener bajones. Pero ahí estamos.
Por ti mi amor, habríamos dado la vida tu padre o yo, pero no pudimos y hoy intentado mirar hacía delante, siempre estás en nuestros corazones. Te queremos.

DIAS AGRIDULCES

UN AÑITO DE VIDA
Se iba acercando final de septiembre y con el llegaba el cumpleaños del pequeño garbanzo, nuestro ahijado. Su primer añito, su primer cumpleaños. Era una fecha emotiva, porque por un lado significaba una enorme alegría por ese primer año de vida, por haber podido ir viendo sus evoluciones, por haber podido participar de muchas de sus nuevas experiencias, por saber que su llegada al mundo también tuvo sus problemas, pero que gracias a Dios al final todo salió bien, por saber que sobre todo su madre, nuestra amiga-vecina, lo sabe y valora,  y aprovecha y disfruta de cada segundo de su hijo con una pasión que te alegra el corazón cada vez que los ves.
Por otro lado, la tristeza. Por saber que ese primer añito de vida, lo hubiera ido compartiendo con mi hija. Que hubieran ido a la par, y que esa primera velita que ella hubiera soplado en su tarta, metiendo sus deditos y jugando con la nata y que tantas veces habíamos imaginado, no la íbamos a ver. No podríamos cantarle cumpleaños feliz, ni hacerle palmas, ni comprarle los mil y un regalos que nos hubiera gustado hacerle. Y sobre todo, no podríamos darle todos y cada uno de los besos y abrazos, que como cada día no podemos darle.
Pero aún así, iba a ser el cumpleaños del pequeño. Era una fecha importante y el pequeño debía tener su fiesta. Así que Juan Carlos y yo les dijimos a sus padres, nuestros amigos-vecinos, que ese día nosotros no íbamos a estar en casa. Que pensábamos salir y así dejarles la libertad de poder celebrar el cumpleaños sin que se sintieran mal por si oíamos el jaleo.
Después de hablar y repetirnos una y otra vez que lo hicieran, que no nos importaba, que era un día especial, ellos nos dijeron que no. Que no tenían pensado celebrarlo y que además no les apetecía, ya no por nosotros, sino por mi hija, por Ángela, porque para ellos también era un día de emociones encontradas, de alegría y tristeza, de pensar en su hijo, pero también en Ángela, que de todas formas el pequeño no se iba a enterar y que como tenían la gran suerte de poder disfrutarlo cada día, ya habría otras fiestas de cumpleaños.
Aunque de verdad, de verdad no nos hubiera importado el que lo celebraran, nos emocionó mucho su respuesta y su actitud. Aún así ese día Juan Carlos y yo decidimos irnos al cine para mantener la cabeza despejada, no sin antes pasar a darle un beso al chiquitín y felicitarlo, con el consiguiente agradecimiento profundo de nuestros amigos-vecinos.
Ese día mi amor, como todos, espero que estuvieras muy cerca del garbanzo para darle muchos besitos y arroparlo con tus alas. Te queremos Ángela.


VALORAR LO BUENO DE LA VIDA
El puente del Pilar vinieron a comer a casa nuestros amigos de los que somos padrinos de su hija pequeña, y sus tres tesoros, es decir nuestra pequeña ahijada y sus otros dos hijos a los que queremos también un montón porque desde siempre nos han demostrado a Juan Carlos y a mi mucho cariño y alegría al vernos.
Ella y yo somos amigas desde crías y es una suerte tenerla como amiga porque es la felicidad en persona. Siempre está riéndose y haciendo de los problemas un granito, en vez de una montaña; y mira que la pobre tiene también sus historias, pero intenta sacar la parte positiva de las cosas y te lo transmite con mucho optimismo. Y él se complementa perfectamente con ella porque entre los dos les gusta disfrutar mucho de la vida en todos los momentos buenos que pueden, con la familia, los amigos y sobre todo con sus hijos.
Como siempre que nos juntamos, nos hinchamos a comer, beber lo justo, con moderación, reírnos y hablar distendidamente de todo un poco. El día pasó, y fue un buen día en todos los sentidos. Hacía buen tiempo, comimos bien, la compañía fue estupenda y estuvimos muy a gusto.
Era puente del Pilar y ese próximo fin de semana sería el primer aniversario de la muerte de Ángela, pero, he aprendido desde la muerte de mi madre, y sobre todo desde la muerte de mi hija, a valorar y disfrutar cada una de las cosas buenas que tengo en la vida, y a agradecer con todo mi corazón todas y cada una de las palabras o muestras de cariño que nos da la gente a la que le importamos, por pequeños detalles que sean los valoro y aprecio como un tesoro. Por eso, días como los que pasamos con nuestros amigos, en los que nos hacen sentirnos bien, a gusto y en momentos incluso felices, los valoro. Por supuesto, lo cambiaria todo, no ya porque mi hija estuviera viva, sino sólo por el hecho de que no hubiera sufrido mi pequeñica, ni un solo segundo de su vida. Pero los acontecimientos no se pueden cambiar y aunque me pese, lo sé, por eso y a pesar del dolor y la tristeza, tenemos breves momentos de felicidad gracias a todas las cosas buenas que rodean nuestra vida, como ese buen día.
Ángela, mi amor, aunque tú no estés físicamente formas parte indispensable de todas esas cosas que por momentos, nos hacen felices, porque tú estás, tú existes y tú eres y serás nuestra hija.

COMPARTIENDO CON LOS AMIGOS

ROQUETAS DE MAR. SIN ELLA

Penúltimo fin de semana de septiembre y todos preparados para salir de viaje. Era el fin de semana que habíamos reservado para ir a Roquetas de Mar. Todavía hacía buen tiempo y daban bueno para esos días, así que una vez salvados los imprevistos, salimos viernes por la tarde hacia allí. Nuestros amigos-vecinos y el pequeño ahijado, nuestros amigos de la misma calle y su pequeño cielito y nosotros y nuestro angelito siempre en nuestros corazones.

A mi me gusta mucho hacer viajes en coche, trayectos, aunque sean cortos, porque me relaja y me gusta ir oyendo música. Así que al ser un viaje de dos horas y media, tres, tenía tiempo de ir pensando, disfrutando de la música, pensando y llorando y echando de menos no poder llevar a mi hija en el asiento de atrás, como muchas veces habíamos imaginado cuando hablábamos de ir a Roquetas con ella.

Llegamos sin ningún problema y sin tener que hacer una parada, los chiquitines se portaron bien. También iban a gusto. No conocían el sitio y les gustó. Estábamos a pie de playa y cerca del hotel hay muchos restaurantes, barecitos, cafeterías, por lo que se trataba, como siempre, de pasar un fin de semana tranquilo, con sitios buenos donde comer.

Dentro de lo que cabe, Juan Carlos y yo estuvimos bien. Íbamos bien acompañados y como siempre todos pendientes. Como hacía buen tiempo pudimos bañarnos en la piscina exterior y disfrutamos como chinos en los toboganes de agua, los mayores, los pequeños en la piscina interior con agua más calentita. Ya por la tarde, el hotel nos regalaba una entrada al balneario, y  Juan Carlos y yo decidimos que como nosotros ya lo conocíamos, nos encargaríamos de los pequeños para que ellos entraran y disfrutaran de él. Y así lo hicimos. Yo me quedé con mi ahijado en la habitación porque estaba durmiendo y Juan Carlos se fue con el otro pequeño de paseo. Cuando se despertó y me vio me sonrió y se abrazó a mí. ¡Que bonita sensación! Es ¡tan agradecido!. Luego lo vestí y nos reunimos con mi marido y el otro pequeño.

Nuestros amigos disfrutaron del balneario y nosotros de que ellos pudieran disfrutar y a la misma vez poder estar con los pequeños, que se llevan muy bien entre ellos.

El fin de semana terminó y lo pasamos bien, y de nuevo tuvimos la sensación de estar cobijados por nuestros amigos, de sentirnos queridos y de saber que aunque el dolor esté ahí y forme parte de nuestra vida tenemos la suerte de contar con ellos y poder pasar momentos buenos gracias a su cariño.

Ángela, eres un pedacito de mí, que la vida me ha arrancado y que espero y deseo con todo mi corazón que algún día vuelva a mí. Te queremos.

UNA BUENA NOCHE. CONFESIONES
La rutina del trabajo, el gimnasio, el ir al cine, las visitas a casa de nuestros amigos-vecinos, hacían que la semana se pasara más o menos rápido, o más o menos lenta, dependía de los días, pero intentando en todo momento mantener la cabeza ocupada y disfrutar de los buenos ratos de compañía o de distracción.
Uno de esos buenos momentos, fue un viernes, no recuerdo si fue el anterior al viaje o el siguiente al viaje a Roquetas, pero si recuerdo la noche tan agradable que pasamos. Nuestros amigos de la misma calle tenían una cena de trabajo y les había fallado su canguro así que nos dijeron si nos importaba quedarnos con su hijo y por supuesto nos encantó. Trajeron al pequeño a nuestra casa y les dijimos que se fueran tranquilos. Por otro lado nuestros amigos-vecinos iban a venir a cenar y mientras él iba a recogerla del trabajo, nos dejó a nuestro ahijado. Aún recordamos muchas veces la escena de los dos pequeños en mi casa. Por un lado el mayor quería que estuvieran dibujando con él, por otro el pequeño, nuestro ahijado se enfadaba y empujaba al otro para que yo lo tomara. Y mientras Juan Carlos intentando poner paz y muriéndose de la risa, de ver lo que hacía uno y otro por llamar nuestra atención.
Una vez que llegaron nuestros amigos-vecinos, nos pusimos a cenar. El pequeño de los amigos de la misma calle, se fue al sofá a ver los dibujos y se quedó dormido una vez que se tomó su biberón. El otro dio un poco más de guerra pero al final también se quedó dormido en su silleta.
Aprovechamos esa cena también, para contarles que habíamos vuelto a intentar un nuevo tratamiento, que no había ido bien, y lo realmente mal que lo pasamos. Les dijimos también que quedaba un embrión congelado y que posiblemente haríamos un nuevo intento pasada la fecha de la muerte de Ángela.
Sin grandes manifestaciones de alegría, porque sabían lo delicado de la situación, y nuestros sentimientos encontrados, pero con la delicadeza y el cariño propio de ellos, nos dijeron que se alegraban de que volviéramos a intentar tener una nueva ilusión y que contáramos con ellos para lo que quisiéramos. Como siempre.
Fue una buena noche. De confesiones,  de sonrisas y risas gracias a los pequeños y de amistad, por su comprensión y su cariño.
Muñequita, panecillico, eres todo mi vidica pequeña. A cada paso que damos, tú nos acompañas. Te queremos.