miércoles, 9 de noviembre de 2011

DE VERDAD ERES REAL.

ECOGRAFIA 3D-4D

En los análisis que me habían hecho, me detectaron que tenía diabetes gestacional por lo que tuve que controlar la alimentación y tenía que pincharme todos los días tres veces para comprobar el nivel de azúcar. Pero sin ningún problema, todo controlado. El 2 de julio teníamos cita con la ginecóloga privada. Me hizo una ecografía y por las medidas que ya tenía me dijo que pesaba casi un kilo. Todo seguía bien y mi hija era ya toda una mujercita. Le comenté a la doctora que al día siguiente tenía hora para hacerme una ecografía en 3D-4D y me dijo que no pasaba nada. Mi amiga-vecina ya se la había hecho y ya habíamos visto a su hijo, ¡como se movía! le llamábamos el pequeño Chaqui Chan.

El 3 de julio fuimos a hacerme la ecografía en 3D-4D y  le vimos la carita a mi hija. Le vi como se chupaba el dedo, le vi su pequeño culito, le vi la planta de su pie con sus cinco deditos sobre mi barriga (bueno, por dentro). Era preciosa, pero lo mejor de todo, es que en esta ecografía  miran el flujo de la sangre en el corazón, en el cordón umbilical, miran el cerebro, que las medidas de su cabecita, el fémur y el abdomen estén bien, que su estomaguito se desarrolla correctamente. Cuando terminó, nos dio una copia de la ecografía en CD y una foto de ella. El gesto que tenía en la foto me recordó muchísimo a mi madre y me emocionó. De alguna forma ella estaba participando con nosotros de todas esas emociones, de toda esa alegría.

Cuando llegamos a casa, fuimos enseguida a casa de los amigos-vecinos a enseñarles la ecografía. Pero ¡sorpresa!. Se veía pero no se oía. Llamé a la consulta y me dijeron que volviera a la semana siguiente. Bueno, de esta forma iba a poder verla dos veces.

La semana siguiente volvimos, y esta vez la muñequita estaba durmiendo, por lo que el doctor estuvo apretándome la barriga para que se despertara. Y vaya si la despertó. Menudos bostezos pegaba. Nos partíamos de la risa. Hasta a él le hizo mucha gracia. ¡Que cosa tan bonita! ¡Que mofletes tenía!.

Ya estaba de seis meses y medio. El miedo empezaba a desaparecer. Podíamos empezar a relajarnos un poco. Todo estaba bien. Ella estaba bien. Su peso era bueno. Crecía e iba engordando y ya le habíamos visto su preciosa carita, esa preciosa carita que nos íbamos a comer a besos en cuanto pudiéramos. ¡Mi amor pequeñito!.



EMPEZANDO A SOÑAR

Por fín. Ya estaba de siete meses. Nuestro miedo a que pasara algo poco a poco iba desapareciendo. Ahora podíamos empezar a soñar. Podíamos empezar a hacer planes. El mayor peligro había pasado, porque si ella decidía nacer antes de tiempo, el riesgo era menor. Ya podría vivir por si sola.

Hasta este momento no habíamos comprado absolutamente nada. Es más, ni siquiera me había permitido el capricho de mirar escaparates con ropa o complementos de bebe. Tampoco había querido que nadie me regalara nada todavía, aúnque ya se habían adjudicado el regalarnos algunas cosas, como el carricoche, la bañera, la cuna, la maquita. Bueno, ya podía empezar a buscar, a recrearme, a ilusionarme con su cada vez más cerca llegada.

Al principio me sentía un poco perdida. No sabía muy bien que es lo que tenía que comprar y quizás al no tener a mi madre me hacía sentirme un poco, no se, como que me faltaba su consejo, su ayuda, la ilusión y la alegría que hubiera puesto en cada cosa que hubiéramos visto. Pero como siempre, Juan Carlos estuvo conmigo y se vino de compras con nosotras. En dos días llenamos dos camas. Creo que no quedó una tienda en Murcia donde no compráramos algo, y eso que sólo compramos lo necesario, bueno y algún caprichillo. Me volvía loca con cada pijamita, con cada body, con los zapatitos, los calcetines, ¡era todo tan pequeñito!. Juan Carlos y yo disfrutamos como dos enanos y nos mirábamos con ilusión diciéndonos: - ¡hay que ver!, ya creíamos que nunca podríamos estar comprando todas estas cositas.- Pero sí, ahí estábamos los dos, bueno los tres, porque mi pequeñita participaba con nosotros de cada cosa. ¡Como se movía ya! Como ya estaba más grande, ¡se me hacían unos bultos en la barriga!.

¡Hay mi muñequita! ¡Cómo te imaginábamos con todas aquellas cositas!, lo guapa que ibas a estar. Mi pequeñita.

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