jueves, 24 de noviembre de 2011

DE VUELTA A LA REALIDAD

Habíamos estado en Roma 5 días y contando con el día siguiente que lo dedicamos a organizar y descansar, estábamos seis días sin ver a nuestros amigos-vecinos y por supuesto a su pequeño hijo. Aún recordamos el momento en el que al entrar en el salón de nuestros amigos y vernos su hijo, la emoción con la que nos miró, el patalear continuo de sus piernecitas, la alegría en su cara y por supuesto el nerviosismo para que lo cogiera Juan Carlos. La alegría por supuesto era mutua y en cuanto lo cogío Juan Carlos el pequeño no hacía más que tocar su cara, mirarme, tocar su cara. Era como si pensara: -"¡estáis aquí!, ¡sois vosotros!- Era tanta su alegría que de la misma emoción, de los mismos nervios el pobrecillo se puso a vomitar. Sus padres se reían de ver la escena y Juan Carlos y yo alucinábamos de ver la reacción del pequeño.

¡Cómo nos llenaron esos momentos!, que como digo, aún hoy recordamos con una sonrisa en la boca. ¡Si supiera este pequeño, el cariño que nos ha dado, y nos da cada día! ¡Si supieran sus padres, (que sé que lo saben), que esos momentos que nos hacen compartir con su hijo nos hacen poder liberar muchos sentimientos de amor que físicamente no podemos darle a nuestra hija!. Y de alguna forma es como si su pequeño lo supiera y nos regalara cada día una sonrisa, un abrazo, un gesto. Había momentos, en los que se nos ponían los pelos de punta, porque en determinadas habitaciones, en mi casa o sobre todo en el cuarto de baño donde lo bañaba su madre, al estar tumbadito boca arriba no paraba de empujar con sus piernecitas hacía un sitio determinado y miraba hacía arriba y se reía. Yo siempre he querido pensar que es mi hija Ángela, que está con él, y que es su angelito de la guarda y lo cuida y protege, porque hubieran sido como dos hermanitos.

Y pasó la Semana Santa y las fiestas de primavera (en Murcia), y decidí incorporarme al trabajo. Con mi madre estuve de baja 18 meses, porque además se me juntaron los tres meses de reposo que tuve que estar por el embarazo, pero fue distinto, el proceso fue diferente. Con la muerte de Ángela, pasé y paso por tanto procesos emotivos, de sensaciones distintas, que igual que con mi madre necesitaba recluirme, aislarme, con mi hija me agobiaba y me agobia estar sola, necesito estar continuamente distraída porque sino mi cabeza no para y hay momentos en los que pienso que me voy a volver loca de dolor y de rabia.

Vida mía, sigo añorándote, sigo soñándote. Ángela mi lucero.

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